Jóvenes: decepción y hartazgo de la política


Las cifras son desastrosas, preocupantes: en las elecciones realizadas en Coahuila en 2015 sólo 3 de cada 10 jóvenes salieron a votar y, ese es el problema, el 29.79 por ciento del padrón electoral del estado está compuesto por jóvenes, lo que significa que aquellos que se abstienen suman alrededor del 20% del padrón general, un porcentaje que puede definir cualquier elección de cualquier nivel.
Alejandra Wade, directora del Consejo Cívico de Instituciones de Coahuila (CIC) lamenta lo que está sucediendo, tras presentar su campaña #YoSíVoto, que busca promover la participación de los votantes jóvenes, quienes se ubican entre los 20 y los 39 años de edad.

En el 2015, de acuerdo a cifras del INEGI citadas por la dirigente, Coahuila ocupó el lugar número 20 en participación electoral a nivel nacional. En ese año votó únicamente el 44.39% de los ciudadanos inscritos en la padrón electoral y el rango de ciudadanos que más participó  fue de personas entre los 60 y los 65 años de edad.

En la opinión de Alejandra Wade, uno de los principales factores que influyen para que los jóvenes no voten sigue siendo la apatía, lo cual puede ser una explicación bastante simple a lo que parece un problema mucho más complejo sobre el comportamiento de la nueva generación.
No obstante, hay esperanza en que en esta elección del 4 de junio aumente el porcentaje de jóvenes que acudan a votar. “Esperamos, dijo, que este número pueda crecer y no quedarnos con sólo dos o tres jóvenes que votan”.

La estrategia principal de la campaña, que ya está en operación, es a través de las redes sociales con la participación de jóvenes, quienes realizan videos en donde hablan de democracia y participación ciudadana para fomentar el voto.


MIENTRAS NO HAGAS NADA, ¡DI LO QUE QUIERAS!

El gran cuestionamiento evidente es ¿cómo piensa esta nueva generación y por qué no acude a votar o inclusive detesta la política de partidos y en general cualquier forma de política organizada?

No existe ninguna investigación profunda sobre el fenómeno, por lo menos no conocida, pero sí hay varios trabajos periodísticos y algunos ensayos que coinciden en varios aspectos: una deficiente formación cívica en la familia y en la escuela; una gran desesperanza y decepción del sistema político en general, que tiene empantanada la economía y obstruido el desarrollo; una tendencia hacia una sociedad llamada “líquida”, donde los jóvenes están inmersos y, en consecuencia, manipulados por las llamadas redes sociales, donde existe una aparente libertad irrestricta para opinar sobre cualquier tema empleando cualquier lenguaje, inclusive haciendo un uso común de la procacidad, la agresión, el sarcasmo y hasta la misma escatología.

El intercambio de opiniones, comentarios y críticas hacia el medio político a través de estas redes sociales es vertiginoso, apabullante y sin aparente perjuicio a la vista, pero, en la opinión de algunos analistas, no deja de ser virtual; existe en “la nube” pero no pone un pie en el mundo de la real política. Pareciera haber una disposición no escrita: ¡Mientras no hagas nada, di lo que quieras!

En 1966 el Diario de México, un periódico de la capital del país, fue cerrado por órdenes presidenciales. ¿El motivo?, un simple error de imprenta en el cual se dio el cambio de dos pies de foto. Una fotografía era sobre el arribo de nuevos monos al zoológico y la otra un acto de la CNOP presidido por el presidente Gustavo Díaz Ordaz.

Debajo de la foto del presidente decía: “Se enriquece el zoológico. En la presente gráfica aparecen algunos de los nuevos ejemplares adquiridos por las autoridades para divertimento de los capitalinos. Estos monos fueron colocados ayer en sus jaulas”.

Luis Spota comentaba como anécdota que cuando el director del periódico hizo llegar sus disculpas al Secretario de Gobernación, que era Luis Echeverría Álvarez, argumentando que había sido un lamentable error de imprenta, como todo indica que efectivamente así fue, el presidente habría dicho “¡Error, mis huevos!” Y el periódico jamás volvió a ser publicado.

Ése era el sistema en 1966, hoy no existe un adjetivo o un insulto que no se emita en las redes sociales sobre el presidente de la república, sin que pase absolutamente nada, pero singularmente, el nivel de abstencionismo de los jóvenes era casi semejante al actual, con una enorme diferencia: en aquel año de 1966 se estaba gestando una gran participación ciudadana de los jóvenes, a la que podríamos llamar más correctamente como militancia, dado sus características de compromiso y riesgo que implicaba.


LA DECEPCIÓN Y LA DESESPERANZA

Entrevistados por Revista de Coahuila, varios jóvenes exponen sus puntos de vista sobre su comportamiento político, el cual tiene posturas muy diversas pero también puntos en común muy repetitivos.

María Luisa, estudiante de mercadotecnia en la Universidad Iberoamericana de Torreón, comenta: “Todos hacen sus campañas, que me parecen pésimas porque principalmente se dedican a atacarse unos a otros, pero no te presentan cómo es que van a cambiar el gobierno, que tiene problemas de corrupción, cierto, pero también tiene problemas de que no son capaces de buscar cambios sociales importantes. Yo egreso en dos meses y no encuentro una alternativa de trabajo en mi campo. ¿Voy a ser una subempleada más haciendo cualquier cosa? No, yo me voy a ir de aquí; porque además si consigo trabajo, me van a pagar una porquería; eso creo yo que es lo que más nos preocupa a los jóvenes de mi generación. He votado dos veces, una por el PAN y otra por el PRI y ahora no sé si voy a votar, porque vi el debate que hicieron aquí en la universidad y ninguno de los candidatos me convenció; veo mugre, mucha mugre, no veo que le pongan talento siquiera al diseño de las campañas, eso lo digo porque yo estoy terminando mercadotecnia”.

Antonio, se irrita cuando se le cuestiona sobre el tema de la política. Es estudiante de ingeniería del Tecnológico de La Laguna. “¿Cómo voy a ir a votar si tenemos uno de los sistemas más corruptos e ineptos en el mundo cuando deberíamos ser grandes? Nunca he votado y me da vergüenza que tengamos un presidente de la república como el que tenemos, pero el año que entra voy a ver si voto, si hay alguien que me convenza; ahorita no veo a nadie, las mismas caras de siempre. ¿Por qué en México no surge un líder diferente, alguien que por lo menos sepas que va a hacer honesto, que va a poner orden?

Luis Gerardo, estudiante del tercer grado de normal superior: “El problema de los políticos y de los partidos en México es que es una estructura corrompida que busca el poder por el poder; el poder para un grupo social de profesionales de “la grilla” que se buscan un beneficio personal y los demás poderes, como los empresarios, la iglesia, los sindicatos, se los permiten porque transan con ellos y también hacen lo que quieren. La estructura del poder está corrompida y lo vez en todos los partidos; aquí en México no hay derecha, ni ultraderecha, ni izquierda, son puras mentiras, lo que hay es una clase política con varios grupos y todos buscan lo mismo y todos son corruptos. Por eso no voy a votar. ¿Para qué? Menos por ese partido que dicen que es de maestros (Nueva Alianza) y es propiedad de una líder que da vergüenza que diga que es maestra, lo que necesitamos es un movimiento social”.

María Luisa, quinto semestre ciencias políticas de la UA de C: “La política y los políticos me dan como asco. Veo cómo mis papás trabajan tanto y llegan tan cansados y apenas nos alcanza para vivir, mientras los políticos viven como ricos. Y eso no me escandaliza, Donald Trump es más rico y pienso que debería haber alguien que lo matara, pero es lo que ya sabemos todos, el sistema político se ha corrompido, no sólo porque roban, sino porque todos tenemos una pésima imagen de los gobiernos y de las instituciones públicas, desde la policía hasta el Seguro Social. Esto está agotado desde hace mucho tiempo; se necesitan líderes nuevos, porque la estructura política va a seguir siendo la misma, ése no es el problema; el problema son los grupos que están en el poder y que controlan los partidos. Yo quería votar la vez pasada por el Peje, pero no pude, ahora no votaría tampoco por él porque me parece otro político viejo y pura demagogia. Hemos analizado su discurso en clases y en concreto no sacas nada, además ya es anacrónico.


LA APATÍA, EL DESINTERÉS

Julia, estudiante de administración del ITESM, Campus Laguna: “Ay, no, qué güeva ir a votar, para qué; mi papá me quiere llevar junto con él a votar pero yo le digo que para qué, no me interesa la política, terminando la carrera ya le dije a mi papá que me voy a hacer una maestría a Estados Unidos y si me gusta yo allá me quedo.

¿Ves noticieros o escuchas noticias de política?

Julia: ¡Noooo! No me interesan; siempre sale sólo lo que ellos quieren y sacan cosas que ya te llegaron al cel en la mañana. Veo series y películas en Netflix y le agarro a mi papá algunas revistas que me gustan y que le llegan a su negocio; se me hacen más interesantes y creo que no pierdo mi tiempo.

Roberto, sexto semestre de ingeniería en el Instituto Tecnológico de La Laguna: “A mí me interesan los ‘fierros’, por eso estudio ingeniería; en México en lo que es ciencia y tecnología andamos de la chingada, todo lo traen del extranjero; vete a una fábrica y hasta los tornillos los traen del extranjero. Tenemos un gobierno y un sistema educativo que no hace ciencia y tecnología, que no desarrolla talentos; les vale madre y nos han convertido en una maquiladora gigante. En México un ingeniero cuando sale de la universidad gana en un día lo que un obrero industrial en una hora en Alemania o Estados Unidos. Los políticos son puros ‘grillos’ y puros cuates improvisados que andan tras la lana, es pura mugre, no me interesa, nunca he votado y saqué la credencial porque te la piden en todos lados para identificarte, si no, no la saco”.

Augusto, estudiante de mecatrónica del Tec Milenio: “No me interesa la política, con esta gente no va a cambiar nada; lo que me interesa es prepararme y dedicarme a mi carrera, el tiempo que me sobra después de estudiar se lo dedico a mi novia, al futbol y los fines de semana al antro. Nunca he votado ni creo que vaya a votar; los políticos no son los que crean los empleos, quienes los crean son los empresarios; lo que necesitamos son empresas y empleos bien pagados; si tú tienes un buen empleo y ganas un buen sueldo, de ahí sale todo. Mi mamá sí anda con un partido, con los verdes, pero porque le dan cosas.

¿Qué cosas?

Augusto: Pues cosillas, como pintura para la casa, impermeabilizante y también le han de dar su dinerillo pero no dice porque le da vergüenza, pero pos allá ella porque de todos modos todo lo sacan del dinero del gobierno. ¿A poco no? No, eso de votar para qué.

Adrián, estudiante de ingeniería de la UTT Torreón: “No, esos güeyes de la política todos andan tras la lana, por ejemplo aquí el rector es bien ‘grillo’, o sea pues que es político y dicen que tiene la pura lana, que tiene un hotel de lujo en Parras y muchas otras cosas; el güey se gasta una lana en organizarle festejos a los viejitos porque andan pero bien clavado en el PRI, siempre ha andado, es bien cabrón, trae muchos problemas pero siempre se las arregla. Yo digo que no es por ahí, toda su lana la ha hecho con las cosas de los maestros y con la educación, por lo menos eso dicen y esa no es onda; hacer lana así no se vale. No creo en los políticos y no voto ni voy a ir a votar”.

Ante este panorama resulta sumamente paradójico que el político más acusado de corrupción, de nexos con el crimen organizado y de una carreta de trapacerías, Humberto Moreira Valdez, ex gobernador del estado, haya creado un partido que se denomina precisamente Partido Joven.

¿Por qué un político así crea un partido que se dice de jóvenes si la mentalidad de éstos es la antítesis de su comportamiento y de su estilo como político?  Es posible que lo haga porque los puede manipular, pero sobre todo porque puede aprovechar las necesidades económicas de jóvenes que provienen de familias de escasos recursos y encaran un futuro con muy pocas alternativas, lo que no deja de ser aberrante desde un punto de vista ético.

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