The Cookers y la displicencia



NEW YORK JAZZ ALL STARS
Torreón 2017



La frase “era un público difícil” es muy conocida, tanto que ya casi es un lugar común. Pero no voy a caer en eso, en este momento quiero escribir: “vaya que era un grupo difícil”. Algo así puede aplicarse a The Cookers y su presentación en Torreón dentro de la nueva temporada del New York Jazz All Stars 2017.

The Cookers es un supergrupo neoyorquino formado por músicos veteranos que pertenecieron a distintas alineaciones de estrellas como Herbie Hancock, Charles Lloyd, Keith Jarrett, Jack DeJohnette, Lee Morgan, Max Roach, Art Blakey, Miles Davis, Stan Getz, McCoy Tyner, Pharoah Sanders y otros músicos consagrados de la historia del jazz.

En la versión original del grupo hay siete elementos; a México viajaron como quinteto. Todos los integrantes fueron reunidos por el trompetista David Weiss, quien pensó que Billy Harper, Eddie Henderson, Donald Harrison, George Cables, Cecil McBee y Billy Hart, a pesar de ser extraordinarios músicos, eran poco valorados en este nuevo mundo musical de streaming y fama youtubera.

Así, The Cookers nació tanto para grabar discos como para salir de gira. Y hasta acá llegaron, al teatro Nazas a principios de marzo.

Con todas las credenciales anteriores y después de escucharlos en un concierto neoyorquino colgado en YouTube, por supuesto que sentí cierta emoción. Iba a escuchar a los músicos que acompañaron a los más grandes. Esto sería lo más cerca que podría estar de Miles Davis en mi vida.

Pero como siempre, las expectativas demasiado altas casi nunca son satisfechas. Y esta queja no tiene nada que ver con las habilidades interpretativas de los músicos. Vamos, que ya quisieran muchos jóvenes tocar la batería como Billy Hart, quien nació en 1940, sólo por poner un ejemplo. Mi decepción proviene más de una actitud general del grupo hacia su público. Tal vez todo comenzó porque existieron algunos problemas técnicos con un monitor que impedía al saxofonista Billy Harper y al trompetista David Weiss escucharse con claridad. El asunto, que debió sobrepasarse con sencillez causó más dificultades de las que cualquier músico y público quiere vivir en un concierto.

La incomodidad de Weiss dio la impresión de que exigía demasiado. Viéndolo a distancia, sólo pedía lo básico, pero el desplante contenido, la molestia que exhibió pudo afectar el resto del concierto. No lo sé.

Por otro lado, a pesar del despliegue virtuoso que hicieron, creo que no lograron conectar con el público. Tal vez tenga que ver con un recogimiento creativo, en donde, estos músicos que tienen ya tantos años arriba del escenario, han pagado su derecho a no voltear a ver al público. Ya no necesitan hacerlo, pero no estaría mal que de vez en cuando recordaran que, para un artista, el público es elemento fundamental del proceso estético. Por ejemplo, al final, en el momento en que aplaudíamos casi a rabiar ni siquiera voltearon hacia el público. Sólo dejaron sus instrumentos y se retiraron, sin siquiera mirar atrás. Tal vez parezco demasiado quejoso, pero pienso que esto es un asunto de dos vías. El artista puede tocar lo que quiera sin hacer demasiadas concesiones, pero si el público la pasa bien, también debe voltear hacia él, porque se da cuenta que ha logrado un punto de encuentro.

En fin, el concierto estuvo lleno de grandes momentos. Solos impresionantes, piezas de bop cargadas de detalles y referencias al jazz moderno. Billy Harper no sólo toca el saxófono con cierta reminiscencia a Coltrane, sino además es un excelente compositor y cantante. El pianista Danny Grissett, el más joven del grupo, tiene un ataque preciso, su toque es casi imperceptible, pero al mismo tiempo cubre todas las áreas sonoras del grupo. El bajista Cecil Mcbee, ya veterano, tuvo algunos momentos dubitativos, pero con toda su experiencia no tardó mucho en resolver sus solos.

Las piezas que tocaron, casi todas escritas por Billy Harper están cargadas no sólo de postbop y algo de avant garde, sino también de mucho soul, incluso él parecía más cómodo cuando la música se ponía ese suéter. The Peacemaker, Slippin’ and Slidin’ y la divertida Croquet Ballet, fueron algunas de las piezas que llamaron más la atención en la noche.

Al final de la noche, después de interpretar un standard de Freddie Hubbard, como ya apunté, dejaron sus instrumentos y caminaron fuera del escenario sin voltear hacia atrás ni una sola vez. No lo sé, tal vez es debemos entender que no se trata del show sino de la música, por otro lado, no puedo quitarme esa sensación de que el jazz es para acercarse a los demás, no para demostrar el ego musical.

En fin, sentí que, a pesar de esto, la noche valió la pena y pensé en los siguientes conciertos que tiene esta temporada. Entonces recordé que la noche del tres de marzo fue pura fortuna, porque el Instituto Municipal de Cultura y Educación ya no tiene dinero para traer a todos los músicos programados. Además, estamos en medio de un año electoral y ya sabemos cómo funciona esto. Así que, lo que hicieron con nosotros el año pasado, fue darnos la esperanza de que Torreón podría ser una plaza viable para el jazz y ahora, al parecer, nos han arrebatado esta ingenua idea. ¿Podrá el New York Jazz All Stars continuar en Torreón? Espero que sí, pero mis esperanzas son tan débiles que casi ni pueden seguir el ritmo de la música.



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