Teatro cultural y comercial

Del contenido al entretenimiento

Por: Cecilia Guerrero

Ni todo “teatro comercial” es malo ni todo “teatro cultural” es invendible. Bajo esta premisa personal me gustaría comenzar el tema sobre el teatro comercial y cultural, además de tomar en cuenta la óptica de quienes viven y se desarrollan profesionalmente o por convicción en estos dos esquemas de trabajo; mostrándoles pequeños fragmentos de interesantes charlas. con promotores de teatro comercial, actores egresados de universidades, directores de teatro local con reconocida trayectoria, actores afiliados a la ANDA y con carreras en televisión, promotores culturales y actores empíricos. 

Todos estos actores sociales identifican al teatro como un medio de expresión, que involucra signos y códigos, que transmite determinados mensajes, y que tienen la capacidad de influir en las ideas, emociones y pensamientos de los espectadores.

Esto es respaldado por lo que Gilberto Jiménez dice sobre el teatro: que por su naturaleza no deja de ser un proceso comunicativo, el cual no tiene que cumplir con la función inmediata de ser entendido, ya que, para su interpretación, es necesario abarcar el análisis del texto, la perspectiva del ejercicio actoral, la dimensión psicológica y psicoanalítica del proceso de la representación, los aspectos psicológicos de la puesta en escena, y la visión antropológica de la misma.

Nos encontramos con un hecho humano, rico en su concepción y que se convierte en el reflejo de lo que es, vive, piensa y le preocupa a la colectividad, de la cual se extrae al espectador, quién responderá de distintas formas ante los mensajes emitidos, reaccionando con posturas subjetivas y bajo referentes personales, para así completar el círculo virtuoso de la comunicación y el hecho escénico.


UNA FORMA DE HACER TEATRO

Aunque considero que el versus de lo comercial y cultural no es necesario, puesto que no compiten entre sí, sino que coexisten, es importante reconocer características de ambas formas de expresión, planteadas desde la visión de varios actores sociales involucrados en el fenómeno.

La producción del teatro comercial va enfocada al común de la gente, tiene dentro de sus elencos, rostros conocidos que provienen del cine o la televisión, y por lo general, las obras que se montan son de corte cómico o melodramático, donde se aprovecha lo que está de “moda”, siendo complaciente con el público y ofreciéndole un entretenimiento fácil de digerir.

Para Ricardo Violante, clown y promotor cultural,  "el teatro comercial construye un mensaje masivo, utilizando un tema de interés comercial fácilmente vendible, produce imágenes acordes al canal por donde se busca comunicar dicho mensaje, poniendo énfasis en los contenidos que actualmente sólo atienden al estímulo directo de entretener, sin llegar a temas de profundo análisis; mientras que las agrupaciones de teatro que abordan temas sociales o de propuestas de arte conceptual, no logran masificar su mensaje, por lo ajeno que le resulta al espectador vivir una experiencia de ese tipo, no hay un puente que facilite la aceptación del mensaje".

Bajo una mirada similar, encontramos la aportación de Alejandro Alvarado, director y coordinador del Teatro de Cámara Jorge Méndez: “el teatro comercial también implica dinero, trabajo y esfuerzo. En el teatro existen diferentes maneras de hacerlo, mientras no desaparezca la esencia escénica, es válido”. Afirma que el teatro comercial obedece a un objetivo mercantil, que ofrece a cambio entretenimiento, pero que, como realizadores del teatro cultural, es necesario presentar propuestas interesantes.


Una crisis para todos

Por su parte, el director y promotor cultural Hugo Dena, observa un hecho actual y real del teatro comercial, “una crisis de inversión, de públicos, de difusión, los productores comerciales tardan más para recuperar su inversión, las salas de los teatro ya no se llenan como hace algunos años”. Postura que respalda la promotora comercial Rosina Rojas, quien afirma que “se vive una crisis generacional; a los chavos no les gusta el teatro, no van a ver obras, aun comerciales”; a pesar de las fuertes sumas de dinero invertidos en la publicidad y la actualización en las estrategias de difusión, “el público no consume teatro, ni comercial ni cultural”.


Voces, posturas, experiencias.

Con el fin de ampliar el tema, contactamos compañeros del gremio, de diferentes partes de la república para conocer sus posturas.

“Hay teatro bueno y malo en los dos ámbitos”, afirma Raúl Adalid, actor lagunero que radica en la Ciudad de México. “La función social del teatro es presentar al ser humano dentro de un contexto determinado. El público irá al mirador, al teatro a ver el acontecer del hombre. De ahí sacará conclusiones, vivirá emociones y se reconocerá. Se confrontará para lograr una transformación dentro de su momento histórico. Ésa es la verdadera finalidad del teatro. Este tipo de manifestaciones son subsidiadas por organismos culturales, es el reducto donde grandes obras se representan. Grandes directores se encuentran en este ámbito, así como actores y escenógrafos. Cuentas con un salario por función mientras dure la temporada. El negocio no es el fin, pero es bienvenida la recuperación”.
“El teatro llamado comercial sí va a la ganancia; una empresa toma la producción y presenta obras que buscan el divertimento: comedias musicales, obras ligeras, con elencos llamados de nombre, actores generalmente televisivos. La calidad es variable. Su público no es de mucha exigencia. La finalidad es divertir ganando dinero. Sus enseñanzas cuando lo hacen son ligeras, no profundas”.

Emilio Galván, actor de acción y miembro de la ANDA, afirma que “el teatro comercial debe progresar al igual que lo están haciendo los contenidos audiovisuales, y no debe copiar fórmulas de la televisión, las cuales ya son un fracaso rotundo. Deben mantener la realidad de la historia, hacerla creíble, apoyarse en sus elementos básicos: la escenografía, los diálogos, las historias, las situaciones. Y si hay que enseñar cuerpo, que sea porque lo amerita, que sea orgánico, creíble, no sólo porque tienen buen cuerpo, porque el común de la gente no tenemos esos cuerpazos. Sobre el teatro cultural, algo interesante que está pasado en la Ciudad de México, que está funcionando, es que en Microteatro participan actores de televisión, que muestran propuestas creativas y de mucha calidad. Ambas formas tienen sus ventajas, son sólo formas”.

Según la opinión de Marcela Flores Ruvalcaba, gestora cultural de la ciudad de Colima, “es un hecho que las nuevas tecnologías hacen que las personas quieran salir menos de sus hogares; tienen sus necesidades de esparcimiento satisfechas mediante la oferta televisiva y por medio de internet como Facebook, Netflix, etc. El bajo contenido de los programas televisivos, más el estatus que ofrecen, no favorece el consumo de productos artísticos con mayor elaboración. El público busca una oferta cultural más digerible, sin importar que lo que consuma se pueda considerar ‘chatarra’ porque al fin de cuentas es sólo divertimento. Un artista de televisión es más rentable, aunque no tenga la mínima preparación artística. Como parte del desarrollo de público es necesario buscar mecanismos que hagan que el público se acerque a opciones de reflexión. Al teatro ‘cultural’ lo han estancado, de alguna manera, la dependencia de becas o apoyos gubernamentales, así coma la falta de visión comercial y empresarial.  Estos apoyos adquiridos para llevar a cabo una obra escénica generalmente se trasforma en gratuidad, la cual muchas veces no es valorada por el consumidor”.

Para Uriel Rangel González, director de teatro, "el hecho teatral es eso, sea la rama que sea, mientas tenga los requerimientos mínimos necesarios para contemplarse como un hecho escénico. Si bien hay una controversia entre, teatro comercial vs cultural, lo importante es la sobrevivencia de la disciplina frente a las nuevas propuestas tecnológicas de entretenimiento. Ya el teatro se enfrentó al cine y la televisión en su modo convencional, ahora a la inmediatez del internet y las nuevas tecnologías, y pese a eso se sigue haciendo teatro.” Rangel González niega la existencia de una disputa entre el treato cultural y el comercial, afirmando que sólo se trata de diferencias en la manera de comunicar. “Lo que sí considero fundamental es mantener el respeto por el oficio. A veces sin darnos cuenta las malas producciones teatrales vacunan al público que tiene su primer acercamiento a esta disciplina para que no vuelva nunca a las salas a ver un espectáculo. Nuestra responsabilidad es hacer cosas de calidad, con mensajes claros, contundentes, que generen reflexión en el espectador o en el caso del teatro comercial, que sea un entretenimiento de calidad".

Por su parte, Héctor Iván González, actor lagunero egresado del CUT, asegura también que "no existe comparación ni competencia entre ellos, porque van dirigidos a públicos completamente diferentes. Alguien que va a ver una de estas obras comerciales de mala calidad, en las que trata de reproducirse a las telenovelas, difícilmente se parará en un teatro institucional o independiente a ver una obra de teatro de otro tipo. Creo que este fenómeno se debe a varias cuestiones; una de ellas es porque ese espectador ni siquiera se entera de la existencia de que el teatro de arte, existe. Y ésa es responsabilidad nuestra, de los teatreros. Pues pocas veces hacemos esfuerzos para llegar a ellos. Cosa que el teatro comercial hace muy bien. Ahora bien, quiero hacer una diferenciación grande; hay teatro comercial bueno, de mucha calidad, y actualmente hay incluso de contenido poético y artístico.  Para ejemplificar está ‘El hombre de la mancha’, ‘El rey león’, entre otras. Cuyo objetivo y resultado sobrepasa la línea del mero entretenimiento; aunque también hay teatro cultural chafa y mal hecho. Creo que no existen reglas para la manufactura y los resultados”. González señala que “desde hace unos años está sucediendo un fenómeno interesante; un híbrido que mezcla a ambos ámbitos, y son las producciones realizadas con EFITEATRO, que usualmente mezclan a artistas de cartel (famosos) con actores de reparto, que por lo general son gente mucho más enfocada al teatro. También con directores, escenógrafos, iluminadores y vestuaristas de gran prestigio en el medio teatral. Cuyo resultado la mayoría de las veces es afortunado, y además la respuesta del público y la taquilla le hacen justicia al trabajo agotador que implica hacer teatro. Considero  que ésta es una solución adecuada a lo que en la actualidad sucede, buscar la fusión, la mezcla para unir fuerzas y no seguir separados".

Por último, Sandra Muñoz, maestra y directora de teatro, también comparte su punto de vista. "La diferencia fundamental entre el teatro denominado comercial y el denominado cultural son los modos de producción y financiamiento. Generalmente el teatro comercial obtiene sus recursos económicos de la iniciativa privada y por tanto le es fundamental recuperar con la taquilla no sólo la inversión original sino también los sueldos y la mayor ganancia monetaria posible. Por eso, generalmente cuenta entre sus elencos a figuras reconocidas e invierte además una buena parte de su producción en campañas publicitarias. Los recursos del teatro denominado cultural, provienen mayoritariamente del estado -ya sea a través de convocatorias, o becas o montajes ‘por encargo’- y rara vez de grupos independientes financieramente hablando. Las temáticas son también distintas: mientras el teatro comercial busca llegar a la mayor cantidad de personas posibles, autónomas económicamente, y con textos que puedan entender la media educacional de la población; el teatro cultural casi siempre busca especificidad en los públicos, y en aras de esa especificidad las temáticas se vuelcan. Además, en los últimos cuatro o cinco años ha habido en México un esfuerzo importante por enlazar productores de teatro comercial que se apoyan de directores con una trayectoria artística sólida, y que entre sus elencos mezclan estrellas televisivas con actores de probada talla teatral. Creo que aún no alcanzamos a ver del todo los resultados de estos esfuerzos, pero sin duda, van en pos de una mejora para nuestros modos de producción teatral".



El público

Por otro lado, uno de los elementos importantes en esta fórmula, es el público, así como entender su comportamiento ante ambas formas de expresión o entretenimiento. Es claro que la gente elige lo que le gusta o le llama la atención, elección en la cual intervienen varios factores: el precio, la moda, las estrategias de publicidad, la recomendación personal, la fama de quienes participan en el espectáculo u obra de teatro; la calidad de la obra y actores, dejando al espectador con la decisión final, entonces sucede lo que observa Hugo Dena, director de la compañía Desierto Teatro: “ahora el público está dividido en dos, el que ve el teatro formativo o como aspecto cultural, y el público que es meramente comercial y que asiste a la obra para ver a una estrella de la televisión o del cine”. En esta reflexión se abre una coyuntura sensible, para quienes nos dedicamos al quehacer teatral, donde el público interesado en el teatro formativo o como aspecto cultural, tiene que dividirse para ir a ver las propuesta de todas las compañías locales, enfilándonos en una lucha común, donde buscamos que el público se forme viendo teatro independiente, pero que también vea teatro comercial, para que ellos mismo distingan qué es lo mejor que quieren ver.

Pero, ¿qué sucede con el público que sólo busca entretenimiento, ver caras famosas y le interesa escuchar temas cotidianos ridiculizados a través de las anécdotas de lo que toman el escenario?  Desgraciadamente en porcentaje son la mayoría, son quienes sin importar el monto, pagan un boleto y llenan las salas de los recientos. Espectáculos a los que comienzan apostarle los promotores comerciales. Rosina Rojas afirma que “ahora lo que vende son los standuperos, personas con la cualidad de desarrollar temas, de burlase de lo cotidiano y conseguir que el público reaccione”.
¿Será qué a la gente ya no le interesa pensar, procesar, sentir, ni reflejarse con lo que sucede en el escenario? ¿Somos productores de una generación que ya no se sorprende, y que tiene a la mano cientos de formas de expresión, desbancado la función primordial del teatro? ¿Será que el teatro comercial le da al público “lo que el cliente pide” y el teatro cultural construye mensajes tan complejos que el público no entiende y lo aleja?

Es quizás el momento de apostarle a las fusiones, como lo comentan el actor Héctor Iván González y la maestra y directora Sandra Muñoz, o lo que nos comparte Diego García miembro de la producción y promotor de “La Dama de Negro”: "la publicidad es fundamental, pero yo me iría más al tema de generar la cultura en generaciones nuevas de asistir al teatro, que desde niños se nos enseñe que es normal y divertido asistir al teatro. Parece que sólo en ocasiones especiales se nos antoja ir, y debería ser pan de cada día. Hay propuestas para todos los géneros, gustos y presupuestos. Quizás las escuelas deberían presionar para que los papás lleven a sus hijos y les enseñen que el teatro en la vida es una fuente de conocimiento y diversión".

En lo personal, sostengo que no debiera existir una “lucha” entre ambas formas del quehacer escénico, sino enfocarnos en los contendidos y la calidad de los productos comerciales y culturales.  No hay punto de comparación ni considero que sea necesario, ambas manifestaciones muestran un reflejo de lo que la gente quiere, dice y habla. Creo que no queda más que seguir buscado crear códigos más claros de comunicación para abarcar más públicos o mantener nuestros esquemas de identificar y segmentar más a nuestro público. Debemos seguir creando, construyendo y estando en el menú de lo que el público puede elegir, tener claro cuál es nuestro objetivo, ya sea mercantil o expresivo.

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