Saltillo: de la tradición a las trasnacionales

Por: Cristina Orozco

Cuando se habla de desarrollo urbano, es común escuchar las características que una ciudad debe tener. Las propuestas modernas hablan de ciudades inteligentes, incluyentes, autosustentables, verdes, digitales y funcionales; pero, realmente, ¿qué es una ciudad?, ¿cómo se forma?, ¿cuáles son las necesidades de la ciudadanía? Para comprenderlo, echemos un vistazo a la historia, y en particular a la Ciudad de Saltillo en los últimos 37 años.

Como toda ciudad, Saltillo está ligada a su historia y su proceso de cimentación dependió de su ubicación geográfica, de sus condiciones de suelo, ecosistema, así como de la cultura e ideología de sus habitantes y su evolución a través de los siglos.

Sabemos que Saltillo se fundó en 1577, por Alberto del Canto, hace 440 años.  En 1591 el capitán Francisco de Urdiñola con 70 familias tlaxcaltecas sentó sus reales en el pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala, aledaño a la villa del Santiago de Saltillo.

Las fiestas del Santo Cristo, de San Francisco y la del Cristo del Ojo de Agua, confirman la tradición católica de los saltlllenses. La música, el baile, la venta de productos, las procesiones y celebraciones religiosas son parte de ellas. Se llevan a cabo en el ombligo de la ciudad: entre la Catedral y el Palacio de Gobierno, con danzas de matachines tlaxcaltecas y música de tambora y violines. Cuando era Villa de Santiago, Saltillo se sustentó del trabajo de actividades primarias como la agricultura, la ganadería y artesanía textil tlaxcalteca. Tiempo después se afamó con la Feria y presencia anual de mercaderes procedentes de otras latitudes.

La Ciudad de Saltillo no es mejor o peor que otras ciudades del país. Durante el siglo XX, como todas las autoridades municipales de la República, la obtención de recursos económicos fue un problema constante. El descuido de Saltillo como ciudad no fue por malos manejos públicos, en muchos sentidos la pésima urbanización no se debió a la ignorancia de los presidentes municipales, sino a la pobreza del erario. Simplemente, no había dinero. Hoy existe mayor justicia fiscal, aunque la federación imponga castigo por las crisis financieras, de hecho, las demandas interpuestas desde 1812 por don Miguel Ramos Arizpe a las Cortes de Cádiz contra el centralismo son tema vigente como el que hoy existe: mal manejo de los recursos públicos.

Saltillo en 1980 era una ciudad pequeña. Nunca se supo cuántos eran sus habitantes, pues si venía usted de Monclova había un anuncio que indicaba un número de residentes que no coincidía con los que estaban colocado en las carreteras de México, Torreón, Zacatecas y Monterey.  Eran cuatro las arterias principales de la ciudad y todas de doble sentido: Allende, Aldama, Victoria y Venustiano Carranza, lo que hacía inevitable socializar, pues con tan pocas calles el tráfico era lento sin llegar al agresivo sonido del claxon. Para darnos una idea, Saltillo terminaba: al Norte, donde hoy se ubica la agencia Ford; al Sur, hasta el Mirador y Ojo de Agua; al Este, el Panteón de Saltillo junto al Cerro del Pueblo y al Oeste el Centro de Convenciones.

El crecimiento económico de Saltillo fue lento. A diferencia de hoy, el comercio en 1980 tenía la particularidad de ser un servicio personalizado. En Auto Mercado de las Fuentes, Casa Chapa, Mercería Esmeralda, Las Novedades, Casa Chalita, Platería Taxco y La Zapatería Flores, y otros comercios, que eran atendidos por sus propietarios. La única nevería era la Nakasima;  había tres salas de cine: el Palacio, el Saltillo y  Florida.  A Saltillo acudía la gente de otras ciudades para descansar, era un lugar tranquilo, de cultura y sosiego. Monterrey se consolidaba como una ciudad industrial, grande de arterias rápidas y pasos a desnivel; enervaba la violencia de las vialidades de la capital de Nuevo León. En cambio, en Saltillo podías dejar tu auto en cualquier vía en doble fila, bolearte los zapatos, platicar con el transeúnte, pasar lista en clase y regresar a estacionarte sin problema.  

La gente venía simplemente para disfrutar del clima, era la ciudad que no requería de aire acondicionado, a diferencia de Torreón, Monterrey y Monclova, cuyo clima los abrasa casi todo el año. Por las noches refrescaba, en invierno y primavera nos sorprendía la neblina, cada otro año nevaba, en los cafés y entre amigos, en realidad, el estado del tiempo era el tema de conversación, éste se escurría describiendo la “candelilla” y con asombro infantil admirábamos a la Sierra de Zapalinamé: “¡hay nieve en la sierra!”.

Saltillo destaca por sus museos, entre ellos el Museo de las Aves, pero el Museo del Desierto es de fama internacional, además por el piso de barro “Saltillo Tile” comercializado y exportado por “El Charro“,  Jesús Garza Arocha, y por sus tradiciones culinarias: el pan de pulque, los dulces de leche, las tortillas de harina, los vinos de mesa, la cajeta y el cabrito, entre otras, pero al hablar del Saltillo de los ochenta, sin duda alguna, visitantes nacionales y extranjeros, hablan en primerísimo lugar del restaurante “La Canasta”, fundado el 11 de septiembre de 1965. Hablar del restaurante “La  Canasta” es hablar del “Arroz huérfano”, famoso en toda la nación por su nombre y su sabor. Hace muchos años, la señora Graciela Garza Arocha, lo sirvió a quien lo probó y lo bautizó. Roberto Orozco Melo lo narró mejor,  dijo:

“…Graciela me invitó a que probara un plato que, así dijo, fue un alarde. Era un arroz bien guisado con trozos de filete, tocino, un toque de curry hindú, almendras tostadas, nueces fritas y otras cosas deliciosas que no quiso detallar. Probé el arroz, de inmediato me sedujo su sabor y antes de que fuera tarde me despaché otra ración, y en una más mientras pensaba: qué derroche de buen gusto, que delicado sabor, que condimento… Hablé con emoción: Aunque quizá no te cuadre, Graciela, lo voy a decir. ¡Éste arroz no tiene madre!... Arroz Huérfano,  su nombre le quedó.”

Dicen que ir a España y no visitar un “tablao”, no asistir a una corrida de toros y no beber vino tinto es como no haber ido. Dicen que ir a Niza y no nadar sin ropa en sus playas nudistas es como no haber ido. Una vez más, Don Roberto Orozco Melo lo dijo mejor: “Quien estuvo en Saltillo y no comió en “La Canasta” perdió el tiempo”.

En Saltillo hubo un fenómeno cultural importante, seguramente por el carácter imaginativo, y empeñoso de sus habitantes, durante muchos años se le conoció como “La Atenas de México”. Hubo una gran inclinación por las diferentes áreas del conocimiento humanístico y artístico: teatro, literatura, pintura, música, danza etcétera. Surgieron grandes representantes de estas artes: el poeta, Manuel Acuña; pintores, Rubén Herrera y Doña Piedad Valerio; sin olvidar a la insigne maestra de teatro que formó a muchas generaciones de actores locales: Doña Carmen Aguirre de Fuentes, madre de Armando Fuentes Aguirre, Cronista de la Ciudad; la gran maestra de ballet, Carmen Guerra de Weber; la profesora Cecilia Rodríguez Melo, fundadora del Centro Cultural y de Bellas Artes Santa Anita; los historiadores, Jesús Alfonso Arreola Pérez, Arturo Berrueto González y Javier Villarreal Lozano; el periodista, Roberto Orozco Melo; el arquitecto y acuarelista, Alfonso Gómez Lara; el gran torero, Miguel Espinoza Armillita; el pianista, Salvador Neira Zugasti; los actores, Rubén Aguirre Fuentes y Mundo Flores Arizpe; el escritor, Don Artemio de Valle Arizpe y muchos más que por espacio no puedo mencionar.

La Escuela Normal, La Facultad de Jurisprudencia, El Ateneo Fuente, La Escuela de Agricultura Antonio Narro y El Tecnológico Regional de Saltillo fueron un gran semillero de excelentes profesionistas que con su brillantez lograron transmitir valores cívicos y morales, hoy olvidados desafortunadamente para las nuevas generaciones.

En lo que hoy es el Recinto de Juárez, por la calle del mismo nombre, en pleno centro histórico,  se hospedó en 1864 en su paso por Saltillo, don Benito Juárez y su familia. En 1977 se transformó en el Colegio Coahuilense de Investigaciones Históricas. En el Recinto existen una sala de Banderas, una sala dedicada a Juárez, una sala de conferencias y una biblioteca.  Sus patios son escenario de diversos actos culturales.

En agosto de 1983 se iniciaron los arreglos del Archivo Municipal que había sido ignorado por 400 años, se inició el programa de clasificación, ordenamiento, descripción y catalogación de los documentos históricos, contando con el apoyo de la especialista en historia y archivística Martha Rodríguez García y de siete analistas.

Saltillo tenía que crecer. Sus buenos climas ambiental, comercial, cultural, empresarial y su ubicación geográfica fueron fundamentales para el desarrollo económico. El Grupo Industrial Saltillo se fundó a mediados del siglo pasado. En el sexenio del Gobernador Óscar Flores Tapia se gestionó la llegada de la General Motors y la Chrysler.

Saltillo es conocido en el mundo por ser un conglomerado automotriz, aunque hoy destaca más por los escándalos políticos de sus últimos gobernantes.  Al paso de treinta y siete años, la ciudad ha cambiado, el tránsito vehicular dejó de ser previsible. Estamos rodeados por empresas extranjeras. La ciudad se divide en cinco distritos en donde cada quien hace lo suyo, haciendo difícil socializar y todos, menos la zona centro, pinta un escenario americanizado, saturado de espectaculares. Pronto empeorará con la entrada de las gasolineras extranjeras.

Enhorabuena por contribuir a fuentes de trabajo. Qué lástima que favorezcan al mismo sector y las ganancias sean para los extranjeros. En cuanto acaben con nuestros recursos naturales se irán. ¿Cuáles son nuestras reservas de agua en esta aridez? ¿Existe un desarrollo ordenado y sostenible en nuestro estado? Las ciudades inteligentes se forman, dicen los expertos, a través de generar un desarrollo económico, ambiental, cultural y social, ahorrando energía y no contaminando, para ello echan mano de la tecnología y principalmente de un buen gobierno.

Al tiempo…

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