El protagonismo de Felipe Calderón

Por: Marcela Valles

Una regla no escrita pero inquebrantable del sistema político mexicano era que un presidente de la república que concluye su mandato se retira a la vida privada, para lo cual recibe una pensión vitalicia y un cuerpo de seguridad permanente que lo protege a él y a su familia.

Felipe Calderón Hinojosa no sólo ha roto la regla sino que ha asumido un protagonismo agresivo al interior del PAN y de la vida político-electoral del país, al grado de que puede determinar que su propia esposa, Margarita Zavala, sea la candidata del PAN a la presidencia de la república en 2018, algo con lo que no están de acuerdo la mayoría de la militancia panista a nivel nacional.

Pero no sólo maniobra abiertamente al interior de la cúpula panista, sino que acude a los estados para brindar “apoyo” a los candidatos a las gubernaturas o a ciertas alcaldías estratégicas.

En los últimos días se ha enfrascado en algunas polémicas con políticos como Andrés Manuel López Obrador y Humberto Moreira, el controvertido exgobernador de Coahuila, además de ingerir en la campaña electoral del estado de México.

Vicente Fox, quien sin hacer una gran gobierno terminó su periodo mucho mejor calificado que Felipe Calderón, puso una fundación, imitando a Bill Clinton, ex presidente estadunidense muy exitoso, y ha mantenido presencia en los medios para opinar de los temas de la vida pública del país, pero de opinar a asumir una posición activa en la política hay una enorme diferencia.

Ningún ex presidente de México desde 1940 a la fecha había regresado a hacer política; todos, aun los más poderosos, como un Carlos Salinas de Gortari, se retiraron a la vida privada, donde continúan aquellos que siguen vivos, inclusive manejando un perfil social bajo o muy discreto, como es el caso de Ernesto Cedillo, el propio Salinas de Gortari o el nonagenario Luis Echeverría.

No sólo han mantenido perfiles bajos sino que ninguno de ellos ha publicado sus memorias políticas, ateniéndose a esa regla de discreción que era inquebrantable.

En un contexto moderno parece muy aceptable que un expresidente pueda impartir conferencias, dar cátedra en alguna universidad, escribir o dedicarse a cualquier actividad académica o intelectual; de hecho se suponía que Felipe Calderón se dedicaría a la cátedra en la Universidad de Harvard, pero pronto estaba de retorno en México.

Miguel de la Madrid Hurtado fue director del Fondo de Cultura Económica, donde se manejó con gran discreción y un perfil más bien bajo. Ernesto Cedillo se desempeña como consultor internacional en su profesión de economista y radica en el extranjero; fue el primero que renunció a su pensión vitalicia, un acto que ha imitado Felipe Calderón, pero con mucha intención política.

La presencia de Calderón Hinojosa, cuyo gobierno concluyó hace apenas un poco más de cuatro años, parece delicada no sólo para el propio PAN sino para la vida política del país. Su gobierno se convirtió en un baño de sangre y un periodo de terror, del cual hay regiones como La Laguna que todavía están en recuperación. Una guerra sucia que dejó, en números oficiales, por lo menos 70 mil muertes violentas y una cantidad no cuantificada de desaparecidos, que asciende a miles de personas, de acuerdo a los últimos descubrimientos.

Sobre el gobierno calderonista pesan demasiadas sombras y un costo brutal para el país que, a la fecha, está ayuno de explicaciones serias, de fondo.

Imponer a su esposa como candidata del PAN a la presidencia de la república es un exceso mayor que imita lo que ha sucedido en algunos países sudamericanos, como Argentina, con las consecuencias que están a la vista.


PERFIDIA Y POLÍTICA SUCIA

Andrés Manuel López Obrador había sostenido que Felipe Calderón era “un mal individuo”, haciendo referencia indirecta a la perfidia y el manejo oscuro y sucio del poder, lo cual no parecía inicialmente, pero los hechos muestran que hay elementos sobrados para tomar en serio y fundamentar la apreciación de López Obrador.

Felipe Calderón está obrando con engaño y aprovechando su condición de expresidente para impulsar a su esposa a un cargo para el que no está calificada ni tiene la trayectoria ni los méritos propios, más allá de ser precisamente su esposa y una primera dama de corte bastante tradicional. Hacer referencia y comparaciones con respecto a la pareja de Bill y Hilary Clinton es una desmesura, por el perfil y la calidad política de ambos personajes.

En el caso concreto de Coahuila, se suponía que la camarilla de Felipe Calderón apoyaría a Guillermo Anaya Llamas como candidato a la gubernatura por el PAN, pero optó por brindarle su apoyo a Isidro López Del Bosque, al mismo tiempo que jugaba como alternativa a Luis Fernando Salazar Fernández. Finalmente quedó Anaya Llamas, quien, antes de iniciar su campaña electoral, mostró su acercamiento con Rafael Moreno Valle, exgobernador de Puebla y un precandidato al que las camarillas de la cúpula panista le han tratado de cerrar todos los caminos, para favorecer a Margarita Zavala.

El grupo calderonista presionó hasta el final, inclusive pidió la anulación del proceso interno de selección por el cual ganó Anaya y, se supone, que entre Anaya y Calderón había una relación estrecha, personal. Lo menos que podía hacer el expresidente era mantenerse al margen, pero hizo todo lo contrario.

Hasta ahora nadie al interior del PAN parece tener la autoridad legal o moral de contener el activismo del expresidente, como en su momento sí lo hicieron con el presidente nacional del partido, Ricardo Anaya, a quien inclusive exhibieron ante los medios de comunicación en su incoherente estilo de vida personal y familiar.

No sólo no hay contención sino una camarilla muy importante de panistas influyentes que integran el círculo de Felipe Calderón, quien además de las relaciones, complicidades y favores otorgados durante su mandato, tiene un recurso muy, muy estratégico: información confidencial de todo el medio político, que fue obtenida, en su momento, a través de los organismos e instituciones oficiales, como el Cisen, la PGR, el ejército, la marina, entre otros, y esa información la puede emplear o inclusive manipular para sus intereses políticos.

Quiérase o no, conforme a los resultados electorales de 2016, el PAN sigue siendo el principal partido de la oposición en México, frente al viejo PRI y frente a la izquierda populista de Andrés Manuel López Obrador, lo que hace más delicado el accionar de Felipe Calderón, cuyo grupo político no tuvo escrúpulos para sabotear la campaña presidencial de Josefina Vázquez Mota en 2012, hoy candidata a gobernadora por el estado de México, en revancha por no haber podido colocar a Ernesto Cordero, hoy senador de la república e íntimo de la camarilla calderonista.

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