COAHUILA: todos por lo mismo

2017: la elección más enredada en
la historia del estado

Por: Álvaro González

Es muy probable que no exista ningún político profesional que pueda citar de memoria el nombre de los 14 partidos políticos que participarán en la elección del próximo 4 de junio y hoy están en campaña, como también es casi imposible encontrar a un ciudadano común que pueda citar de memoria el nombre de los 7 candidatos a la gubernatura.




Aun un periodista de oficio tiene que consultar para poder definir con precisión cómo están conformadas las alianzas que encabezan el PRI y el PAN, en las que aparecen partidos  que jamás habían sido siquiera escuchados entre el común del electorado.

Las boletas electorales seguramente parecerán una especie de cuadro de lotería, con catorce logotipos de sendos partidos políticos, más dos nombres de candidatos independiente, más los que probablemente se agreguen, lo que daría la incomprensible cantidad de 18 opciones, algo que jamás se había visto en una elección en Coahuila, donde se decidirá gobernador, alcaldes y diputados locales.
Además de este embrollo de nombres y logotipos, está la diferenciación del voto al nivel de las diputaciones locales, donde los pequeños y desconocidos partidos políticos van por su cuenta y no en alianza, lo que seguramente generará problemas de confusión al momento de ejercer el voto.

Sencillamente para la elección de gobernador hay siete opciones: Miguel Riquelme Solís, Guillermo Anaya Llamas, Armando Guadiana Tijerina, Telma Guajardo, José Ángel Pérez, Javier Guerrero y Luis Horacio Salinas.

En un esquema político-electoral serio, es muy probable que salgan sobrando por lo menos cuatro candidatos, porque la contienda real se dará entre el PRI, el PAN y MORENA; los demás están en la elección por intereses estrictamente personales o porque supuestamente representan alternativas ciudadanas independientes, lo cual no es creíble, pues se trata de viejos militantes del PRI que tienen diferencias aparentes con el partido, pero una tan escasa clientela política, que sus probabilidades no rebasan siquiera el 1% de la votación esperada.

Por citar un ejemplo: ¿Qué hace José Ángel Pérez como candidato a la gubernatura y, todavía más, por un partido como el PT? Un pésimo ex alcalde de Torreón, sin plataforma política y representando a un partido que lo que busca, básicamente, es no desaparecer.

En la publicidad José Ángel Pérez aparece vestido de negro, con cara de duro y amenazante, proclamando que meterá a la cárcel a quienes han robado al erario público. Si algo le falta a José Ángel Pérez es carácter, como para asumir el papel de justiciero. Sus posibilidades de cosechar el voto opositor son mínimas, por no decir inexistentes.

Telma Guajardo, del PRD, está como candidata por intereses políticos bastante oscuros y con el principal propósito, maquinado por la propia Telma Guajardo, de romper la alianza que originalmente tenía con el PAN. El pronóstico es que bajará los de por sí bajísimos niveles de aceptación electoral del PRD en Coahuila, pues el momento político es de Morena.

Javier Guerrero es un buen político del PRI, pero opuesto al actual grupo en el poder, por lo que sus intención principal es jalar toda la clientela priista opuesta a este grupo. Ha elaborado un libro donde presenta su proyecto político y está haciendo proselitismo en sectores sociales del llamado “círculo rojo” y de la estructura priista inconforme. Su pronóstico es obtener una votación marginal pero que le mantendría políticamente vigente. Será uno más de quienes “jalarán” el voto en contra de Humberto Moreira, quien fue su compañero de equipo durante el gobierno de Enrique Martínez y Martínez, en el cual Javier fue tesorero estatal; bueno, por cierto, habrá que decirlo, pero no obtuvo la candidatura a gobernador que pretendía.

Luis Horacio Salinas, miembro de una familia política muy conocida de Saltillo que, en la opinión de él mismo, ha sido desplazada; sin embargo, por décadas ha obtenido beneficios de su relación con el gobierno estatal y los  municipales. “Lucho, sin partidos” es un candidato independiente que va también por una parte de la clientela del PRI, pero sus posibilidades son mínimas.

Para completar este escenario enredado y confuso, Humberto Moreira Valdez ha tenido el cinismo de lanzar un partido político, denominado Partido Joven, y, con trucos y huecos que deja la ley electoral, se propone ir en contra del propio PRI y, más específicamente, de la candidatura de Miguel Riquelme, en lo que es una venganza absolutamente personal contra su propio hermano, Rubén Moreira Valdez.
En una mente que es difícil de descifrar, e inclusive de determinar cuánta insania existe y dónde comienza la perversidad y termina un desquiciamiento, dónde hay pérdida de realidad, Humberto Moreira cree, y lo dice, que todo el actual PRI es obra suya; es su creación.

Sería algo así como pensar que Enrique Martínez y Martínez afirmara que él es el creador de todo cuando vino después de él, y conste que Martínez y Martínez sí inventó políticamente a Humberto Moreira, sacándolo prácticamente de la nada en el sentido político, pero él lo considera como el mayor error político que ha cometido en su larga carrera pública, al grade que le irrita sólo referirlo y, por supuesto, le apena.


LOS TRES PROTAGONISTAS

Pareciera que la situación es especialmente complicada para Miguel Riquelme Solís, quien se enfrenta a la alianza que encabeza el PAN, donde el único partido aliado que tiene clientela en el norte del estado es la UDC; que enfrenta a los independientes, ambos ex priistas y en busca de la disidencia; al propio Humberto Moreira Valdez que ha venido a ensuciar la elección y, además, a Armando Guadiana Tijerina, quien era el principal opositor a Humberto Moreira y ahora, por el acomodo de las circunstancias, ha tenido un incremento muy notorio en las preferencias, gracias al buen momento que vive Andrés Manuel López Obrador y su partido Morena.

Pero en medio de este pancracio donde los enemigos parecen ser tumulto, puede encontrar una ventaja muy importante: que la elección se vaya a tercios y no, como se esperaba, que sea entre el PRI y el PAN.

Tanto frente opositor puede terminar quitándole al PAN el voto de castigo hacia el PRI que estaba esperando cosechar, para lograr una diferencia importante de votos el próximo 4 de junio. Si el anti priismo se reparte en tres o cuatro bolsas y queda muy poco para el PAN, la situación de Guillermo Anaya se puede complicar demasiado, debido a que el PRI tiene una estructura y un voto duro que sigue siendo el más grande a nivel estatal.

De los siete candidatos, seis están manejando una campaña en busca del voto de castigo y están utilizando eslogans y mensajes que se parecen bastante, lo que perjudica la contundencia y el liderazgo panista ante la sociedad civil, porque lo puede colocar como uno más.

La expectativa de Guillermo Anaya y la alianza que encabeza el PAN, es que una parte de los opositores logre “morder” parte de la estructura y la clientela dura del PRI, bajando su índice de votación cautiva.

Armando Guadiana Tijerina, de Morena, sabe que no va a ganar la elección, pero está alagado por el porcentaje de simpatizantes que registra, de acuerdo a las encuestas de inicio de campañas. La estrategia de Morena es lograr precisamente eso: toda la clientela posible en un estado norteño como Coahuila, donde el PRD, del que se desprende Morena como una facción dura y populista, ha tenido, históricamente, porcentajes muy bajos de votación.

Si Morena lograra alcanzar un 15% de la votación total, Andrés Manuel López Obrador estaría sumamente complacido con Armando Guadiana, pues es una votación que se trataría de mantener  para las elecciones presidenciales de 2018, que es el verdadero proyecto de fondo.

El enemigo electoral de Morena es, en términos reales, el PAN, pues este partido es el que ha canalizado casi todo el voto opositor en el norte de México y representa, desde hace décadas, la opción de alternancia.

Es muy probable que una buena parte del voto libre opositor al PRI lo pueda canalizar Morena, lo cual inquieta de manera especial al PAN y específicamente a Guillermo Anaya, sobre todo en las regiones centro, carbonífera y norte de Coahuila.

Será hasta finales de abril, cuando ya exista una mayor definición de las preferencias electorales, cuando se pueda despejar un poco este enredadísimo proceso electoral, donde hay un verdadero exceso de partidos, de protagonistas, de intereses, enconos y perfidia, como nunca antes habían vivido los coahuilenses.

Como conclusión más importante parece desprenderse el hecho de que la política oficial de partidos tiene bastante de artificio, hasta de ficción, con respecto a la sociedad real.

Sería de lo más saludable que una buena parte de todos estos partidos extraños y vampiros del erario público desaparecieran por falta de votos, como también sería razonable que se despejara el escenario y en la contienda quedaran solo los verdaderos protagonistas, que no son sino el PRI, el PAN y, en este caso, Morena, lo que haría mucho más razonable la elección y mucho más simple, como debe ser, no un circo en el cual hasta los payasos quieren robarse el espectáculo principal.    
   

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