BODEGÓN: abril 2016

FORMATO DE DEBATES IMPOSIBLE, INÚTIL.

De por si la tendencia de los debates político-electores está fuertemente influenciada por los formatos de la televisión, que buscan tener más un espectáculo que lo que con seriedad debe ser un debate entre candidatos a un puesto gubernamental de importancia, pero el formato que se está manejando para los candidatos a la gubernatura de Coahuila 2017 es sencillamente imposible.

Confirmando lo que ya se comenta en algunos trabajos de análisis electoral publicados en esta edición de Revista de Coahuila, tener siete candidatos en un estrado, con temas esenciales y dos horas y media para exposiciones y réplicas, es un embrollo que deja precisamente en el espectador la impresión de una mezcolanza de descalificaciones con algunas propuestas, pero terminan por predominar las descalificaciones e inclusive lo que se pueden considerar como insultos de carácter personal: corruptos, ladrones, hipócritas y toda una serie de linduras que ya tienen saturado al ciudadano común, por toda la propaganda que se transmite obligatoriamente en los medios de comunicación electrónicos.
Cada candidato dispuso de un tiempo de sólo 18 minutos para presentar su propuesta de seguridad, justicia, educación, cultura y nada menos que salud pública, menos de cinco minutos por cada tema, eso si se hubiera dedicado cada uno a exponer su propuesta, pero a eso hay que  quitarle las réplicas, dedicadas todas ellas a proferir o defenderse de críticas o ataques de orden personal o partidista.

Ya viendo el primer debate y siendo concesivos en que es sano que exista un candidato independiente que sea una opción política seria, por lo menos salen sobrando tres candidatos en los debates, porque además potencialmente representan a una cantidad mínima de votantes y de ciudadanos participantes. Están ahí porque la ley electoral se ha vuelto una pachanga, donde hasta Humberto Moreira Valdez hace lo que le viene en gana, mucho más otros.

Luis Horacio Salinas (independiente), José Ángel Pérez (PT) y hasta Telma Guajardo (PRD) salen sobrando, pero si no los invitan van a manejar el sobadísimo discurso de la pluralidad y la inclusión.
El formato del debate que propone el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Coahuila no tiene nada que ver con lo que desea ver el grueso de la ciudadanía coahuilense: una discusión serie en torno a los problemas del estado y una posibilidad de valorar, sin insultos, las propuestas de cada candidato.

Lo que hemos visto es un espectáculo bastante lamentable donde lo que interesa sólo es mencionado de prisa pero sin poder dar ninguna explicación al respecto. Además, inclusive los simpatizantes de los principales partidos políticos saben que algunos de los debatientes no tienen ninguna calidad moral y profesional para estar ahí, porque sencillamente los conocen, como también conocen parte de un sobadísimo discurso.

El tema más repetitivo fue el de la deuda pública que generó Humberto Moreira, acompañado de la sentencia de que se meterá a la cárcel a los responsables de la misma. ¿Cuántas veces se ha repetido esto en la propaganda política durante el mes de abril? Miles de veces. ¿Qué se dijo de nuevo en el debate al respecto? Nada.

La palabra más utilizada en las réplicas fue corrupción, pero pasó exactamente lo mismo: no se dijo absolutamente nada nuevo, por el contrario; las réplicas fueron en gran parte un cruce de mutuas acusaciones de corrupción personal e institucional.


UN DEBATE QUE NO 
CAMBIA NADA

En teoría un debate debe tener la capacidad de generar un cambio en la reafirmación o el cambio de preferencias de los electores, a través de una mayor información y apreciación de los candidatos, de otro modo los debates no sirven para absolutamente nada, más que para ocupar espacios forzados en los medios de comunicación.

Vamos, no hubo ni novedad en los ataques personales entre Guillermo Anaya y Miguel Riquelme, que son los dos principales protagonistas y uno de los cuales será, de acuerdos a las preferencias electorales, el ganador de la contienda.

Guillermo Anaya atacó a Miguel Riquelme de tener una mansión en la colonia Las Trojes, de enriquecimiento y de disponer de un poco más de mil 300 millones de pesos del erario, esto último sin aportar ninguna prueba, pues es en principio una deducción.

Miguel Riquelme le contestó que en el fraccionamiento donde él vive el metro cuadrado de tierra vale 2 mil pesos y tiene viviendo en Las Trojes ocho años, mientras que en la colonia Las Villas, donde ha construido Guillermo Anaya una mansión, el metro vale más de nueve mil pesos en la zona más exclusiva, refiriendo algo que ya ha sido difundido a nivel nacional a través de la televisión por El Financiero Bloomberg, que difundió fotografías y dio detalles sobre la gran mansión asentada en una superficie de 1,500 metros cuadrados, con doce habitaciones, alberca, huerto, etc.

José Ángel Pérez (PT), se puso a descalificar al independiente Luis Horacio Salinas, acusando a su familia de tener grandes contratos a través de las diferentes empresas de la familia. Una pérdida de tiempo si se toma en cuenta que la posición de Luis Horacio Salinas es marginal, como lo es el PT que representa el exalcalde panista de Torreón, quien, todo mundo lo considera así, fue un muy ineficiente funcionario. Quienes conocen de seguridad saben que JAP actúo de manera cobarde y entregó la policía municipal al crimen organizado.

Total, un cruce barroco de descalificaciones que nada tienen que ver con los intereses y las expectativas de los ciudadanos. Morena descalifica al PAN porque lo considera su principal adversario; el PAN descalifica al PRI por razones obvias y el PRI hace lo mismo con respecto al PAN, quien tiene problemas para manejar con coherencia un discurso anticorrupción; el PRD descalifica al PAN y AL PRI, pero su principal adversario es Morena, porque lo deja como el Magníficat, sin clientela alguna; el PT descalifica a los independientes porque teme que se lleven dos de los tres votos que piensa obtener y los independientes, que son realmente disidentes del PRI, pues tienen que descalificar al mismo PRI y al PAN.

Hay cosas chuscas, grotescas, como un Armando Guadiana Tijerina hablando de honestidad y de seguridad. ¿Pero con qué calidad moral?

Habrá al menos otro debate oficial organizado por la autoridad electoral, pero si las cosas no cambian, y es sumamente difícil que cambien, resulta muy difícil que sirva para algo.

Al mismo tiempo de los debates, se ha desatado una guerra de denuncias judiciales por actos ilícitos, donde, contra lo que se espera de parte de su clientela, el PAN no va a salir muy bien librado.

Me quedo con una frase que me pareció importante en medio de este enredo: la petición de Guillermo Anaya a Morena de evitar dividir el voto opositor en la próxima elección. Esa es una preocupación del candidato panista que hay que leer con detenimiento.


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