Elecciones: protesta ciudadana y partidos políticos

#Coahuila 2017

De un régimen unipartidista, autoritario y de un sistema político autócrata, todo indica que hemos pasado a una especie de “partidocracia”, a falta de un término mejor que defina lo que pasa hoy con el sistema político mexicano, que sigue atorado en el avance hacia una democracia realmente plena y madura. 

¿Los partidos políticos (PRI, PAN, PRD, MORENA, PVEM) representan las demandas y las necesidades de la sociedad mexicana? 

Aunque una buena parte de la problemática social sí sea abordada por los partidos en sus discursos,  se trata ordinariamente de retórica. Además, lo que preocupa a un sector de la sociedad mexicana y, más específicamente, lagunera, no preocupa de igual manera a otros sectores.

En lo que es más paradójico: la línea editorial de la mayoría de los medios de comunicación tampoco representan necesariamente lo que ocurre y lo que piensan los diferentes sectores sociales y, con mucha frecuencia, hay una manipulación de temas y un tratamiento sesgado de temas de gran importancia o bien, se cae en el tema de momento y se deja en un papel secundario todo lo demás.

El pasado domingo 5 de febrero, que era por cierto día de fiesta nacional por el aniversario de la Constitución Mexicana de 1917, asistí a una marcha convocada por un grupo de 20 organizaciones civiles que invitaron, al menos ese fue mi caso, por medio del Frente Ciudadano de La Laguna, a quien, debo reconocer, no conozco, como tampoco conozco a la mayoría de las organizaciones civiles.
La “megamarcha”, como se le denominó, tuvo una gran convocatoria, si consideramos que la región no se caracteriza por tener una participación cívica muy activa. La prensa contabilizó cuatro mil asistentes. Dejamos la cifra así porque es muy difícil calcular con precisión, pero aquello era tumultuario y estaba compuesto en su mayoría por gente de clase media y una poca de clase alta.
Las consignas, las mantas y el discurso que se manejó estuvieron centradas básicamente en el rechazo a la corrupción y a la impunidad de los gobernantes y políticos, pero también en la exigencia de ser tomados en cuenta en las decisiones gubernamentales.

Era una multitud indignada, con hartazgo del comportamiento de los políticos y de los gobernantes. El villano unánime era Enrique Peña Nieto, sobre quien se exigía juicio político, pero la indignación y el hartazgo va en contra de la clase política en general, a la que se considera corrupta, contraria a los intereses de la ciudadanía e impune en sus actos ilícitos.

Por lo menos en esa marcha lo que se podía palpar era hambre de justicia, de rendición de cuentas, un sentimiento que debe ser ya viejo, pero que el gobierno de Peña Nieto ha puesto al rojo vivo con sus acciones y omisiones, según se desprendía de las pancartas, de los gritos y de las mantas que llevaban consigo algunos contingentes.

Una real irritación ante la impunidad y la falta de aplicación de la ley de miles de manifestantes laguneros, una gran parte de ellos profesionistas y gente con educación formal alta, sin partidos políticos de por medio, sin líderes visibles o ninguno de ellos protagónico.

Por lo menos entre estos manifestantes se pudo apreciar poca credibilidad hacia todos los partidos políticos; así, todos. Esto debe ser inquietante para estas organizaciones que detentan el poder y dominan toda la estructura política: estamos en precampañas por la gubernatura y el próximo 4 de junio, dentro de un poco más de tres meses, habrá elecciones para renovar la gubernatura, las alcaldías y las diputaciones locales.


DE LA INSEGURIDAD AL PAVIMENTO, DE LA IMPUNIDAD AL “GAZOLINAZO”

Todavía en 2012 el clamor general de la sociedad lagunera era por la terrible ola de inseguridad, pero este tema hoy parece casi por completo desplazado. Le siguió el malestar por el deterioro de los servicios y el estancamiento económico de la región, en especial la falta de empleo.

Para el año pasado atrajo la atención la enorme corrupción que afloró a nivel nacional, en torno a un grupo de exgobernadores, entre quienes destaca un sociópata evidentemente protegido por el gobierno peñista, Javier Duarte. Cuando se pensaba que finalmente habría rendición de cuentas, el gobierno de Peña Nieto empantanó como nunca la credibilidad y empoderó la impunidad.

En Coahuila los escándalos de Humberto Moreira aproximaron ese sentimiento de indignación por la impunidad y el cinismo del exgobernador, evidentemente otro protegido del gobierno peñista.
El verano extraordinariamente lluvioso llevó la atención ciudadana torreonense hacia la carencia de un drenaje pluvial en la zona conurbada, algo de lo que se ha carecido desde siempre, y el pésimo estado del pavimento, aún en colonias de clase media y alta.

Le siguió el tema de la elección presidencial norteamericana y el error increíble de Enrique Peña Nieto frente a Donald Trump, quien fue invitado a México cuando estaba en el peor momento de su campaña y cuando ya se había declarado como un enemigo de México y su ciudadanía en general.

Pero la chispa que avivó como nunca el fuego de la irritación social que ya era alto, fue el “gasolinazo” con que abrió 2017, el que golpeó a todos los sectores sociales, sin excepción, derrumbando además todas las promesas de las llamadas “reformas estructurales”, por parte de un gobierno que, en los hechos, ha tenido un mal manejo de la economía y ha sido un desastre en el problema de la corrupción y la mejora del sistema judicial del país. Ningún sector social parece tener motivos para estar ya no satisfecho, sino medianamente conforme con lo que está sucediendo en México.

Después de la victoria de Donald Trump y las muy graves consecuencias que ha comenzado a tener para el país, existe una preocupación generalizada, desde la familia de campesinos que recibe mensualmente dinero de un pariente inmigrante, hasta los empresarios más importantes del país y las clases medias.

Si en Torreón tenemos estas manifestaciones de protesta contra la corrupción y la impunidad de la clase política, en ciudades como Saltillo y Ramos Arizpe las elecciones del próximo 4 de junio son un tema secundario. La preocupación hoy es qué va a suceder con la industria automotriz norteamericana instalada en México, porque es el corazón de la economía del sureste del estado y de ella depende casi la totalidad del empleo y de los negocios.

En las ciudades de la frontera comparten esa preocupación, porque ellos, río de por medio, son vecinos directos de los Estados Unidos y su convivencia con Texas es íntima.


¿Y LOS PARTIDOS?

En medio de esta indignación general, las precampañas de los precandidatos a la gubernatura han transcurrido, al menos a nivel mediático, casi silenciosas, como quien pisa entre lozas quebradizas y lo menos que quiere es hacer ruido. 

El PRI ha manejado como tema principal y casi único la distribución de los recursos federales a los estados y municipios, lo que es un asunto perfectamente neutro, es el único partido que realmente ha realizado lo que se puede considerar como una precampaña, porque el PAN, que es el partido opositor que al menos en teoría tiene el poder de la alternancia, pareciera querer pasar desapercibido, aparentemente ocupado en resolver sus problemas internos y la distribución de las candidaturas. Mientras tanto, Morena sólo tiene como tema la megadeuda que heredó Humberto Moreira, y el PRD se debate en la división interna.

Las pocas encuestas que han sido publicadas, pues el descrédito de las mismas es tal que casi nadie se atreve a publicar alguna, indica que más del 70 por ciento de los ciudadanos desea un cambio político, pero ésa es una constante a nivel nacional, pues sólo alguien irresponsable no desearía un cambio en el rumbo del país, y no sólo en lo político.

Estamos en lo que se puede considerar como un punto de quiebre histórico, pero los líderes políticos, intelectuales, empresariales y de todo tipo parecen estar pasmados sobre hacia dónde ir y cómo.

Los políticos estaban muy cómodos en la impunidad. Los empresarios, igual de cómodos en su nicho de confort, no obstante la mediocre marcha de la economía del país. Los intelectuales y comentócratas, también muy cómodos en su mediocridad y falta de visión. Los medios de comunicación, donde tomo la culpa que nos toca, estamos pasmados después de todos los años de terror que vivimos del 2007 al 2012 y que siguen viviendo varios estados del país; rebasados por las redes sociales que se mueven a velocidades vertiginosas y ofreciendo, con gran frecuencia, un periodismo de un nivel bastante bajo, cuando el momento del país requiere de especial agudeza, crítica profesional, cubertura informativa de real fondo y calidad, ya no digamos de valor civil. 

Desde el escenario de hoy, que será muy cambiante y, de entrada, no estará completo hasta la designación de los candidatos formales a las alcaldías, es muy probable que las próximas elecciones se ganen y se pierdan con base en el voto duro de cada partido.

La contienda se percibe sumamente cerrada, de tal manera que se ganará o se perderá por estrechos márgenes, pero lo cierto es que entre un sector muy amplio de los votantes potenciales, hay un fuerte desencanto hacia los partidos políticos, y en general hacia toda la clase política.

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