El muro de Trump: una locura en Coahuila

Portada #305

La intención de Donald Trump de construir un muro en la frontera con México sería, en buena parte de Coahuila y Chihuahua, una locura. Además, esta medida antidiplomática se vuelve una tarea tan absurda como imposible en zonas como la que comparten el Parque Nacional Big Bend y la reserva ecológica Maderas del Carmen.




Para ser las nueve de esta mañana de verano en Múzquiz, Coahuila, el clima se siente agradable, porque ha llovido el día anterior, pero esto se puede volver una hornilla atizada con fuego si el cielo se mantiene despejado.

En el mapa hay que recorrer de esta población 238 kilómetros para llegar hasta Boquillas del Carmen, la frontera con Texas, en territorio del municipio de Ocampo. No pareciera una gran distancia, sólo que todo el trayecto es de brecha, lo que puede alargar la travesía de cuatro hasta cinco horas.

Y así ocurre. La brecha que se tiende interminable sobre el desierto y semidesierto está en su mayoría en buen estado, pero como ha llovido, algunos arroyos han causado daños y no hay más que aventurarse a reventar una llanta, pero finalmente todo va bien, excepto por el calor que ha subido hasta casi los cuarenta grados a medida que se avanza más hacia la frontera.

El desierto luce hermoso, pero no aparece un alma por ningún lado y no hay más ruido que el de algunos pequeños animales, hasta que finalmente encontramos a un par de campesinos que van montados en sendos burros, llevando cada uno una carga de yerba de candelilla.

–Buenas tardes. Pos qué hacen acá tan lejos –nos saluda el más joven de ellos, un hombre que debe estar por los cincuenta años, pero su rostro parece hecho de madera vieja; reseco, lleno de surcos y curtido por el sol del desierto.

–Vamos a Boquillas del Carmen ¿Cómo vamos, ya está cerca?

–No pos todavía les falta, pero train buen mueble pos qué problema.

–Pues gracias, ¿ustedes van para el rancho?

–Pos sí, hay vamos pa quemar la candelilla, no trairán por hay un refresquito que les sobre, hay pa repetir nomás.

–Claro que sí, hay les van dos cocas y dos coronas también, pa que repitan mejor.

Se muestran sonrientes, dan las gracias y seguimos el camino dejando atrás a estos dos candelilleros, los pocos hombres que sobreviven a este enorme desierto, llevando una vida apenas imaginable ya en un mundo moderno. Habitan como habitaban sus abuelos hace 100 años o más: cursados por el desierto, duros, invencibles.

Dos horas después aparecen los espectaculares murallones de la serranía de Maderas del Carmen, que se alzan imponentes y forman una especie de fortaleza natural que divide, de la manera más inesperada, el desierto de una zona de montaña densamente arbolada con diferentes especies, la mayoría pinos, donde se guarda un tesoro de la biodiversidad.

Estamos arribando a Boquillas del Carmen, un pequeño caserío a orillas del Río Bravo para nosotros y “Rio Grande” para los norteamericanos. Se percibe mucho menos movimiento y muchos menos habitantes que la última vez que lo visitamos hace ya más de 20 años, en contraste con Boquillas, el caserío del lado norteamericano, que muestra más movimiento de gente, sobre todo grupos de ecoturistas.

Estamos en un territorio muy especial, único en la frontera entre los Estados Unidos y México. El Río Bravo o Grande, como se le quiera decir, es el punto de encuentro del Parque Nacional Big Bend, que abarca una enorme superficie de 3,242 kilómetros cuadrados desde Ojinaga, Chihuahua, hasta el municipio de Acuña, aunque gran parte del parque hace frontera con el municipio de Ocampo, que está considerado territorialmente como el más grande o uno de los más grandes del país, pero también, con seguridad, uno de los más pobres y despoblados.

El Big Bend, llamado así por la gran curva que hace en esta zona el río, se encuentra con el Área de Protección de Flora y Fauna Maderas del Carmen, la cual abarca 208,301.15 hectáreas y se encuentra en expansión.

Desde el año de 2007 la UNESCO decretó a Maderas del Carmen como reserva de la biósfera, lo que le convierte en un patrimonio de la humanidad.

Ambas reservas protegidas albergan 400 especies diferentes de pájaros y 70 especies de mamíferos, la mayoría de estos últimos en serio peligro de extinción, como el oso negro, el puma, el berrendo (considerado como el único antílope de América) el halcón peregrino, el águila real, el venado cola blanca o la musaraña del Carmen, por referir sólo algunos de ellos.

La parte más valiosa es la que alberga a la mayoría de las especies de mamíferos y aves en peligro de extinción es la reserva de Maderas del Carmen, del lado mexicano, que se encuentra bajo el resguardo y patrocinio de la empresa regiomontana Cemex.

Lo distante y aislado de toda esta región ha permitido la protección de ambas reservas y, principalmente, la protección de las  especies animales. Hoy Boquillas del Carmen debe tener apenas un poco más de 100 habitantes y en Boquillas, Texas, debe haber una población aún menor, pero de acuerdo a la información que proporcionan los guardas forestales del lado norteamericano, se están recibiendo en el parque un promedio de 400 mil visitas anuales, muchos de los cuales descienden hasta el área de la frontera, porque el río es un gran atractivo turístico.

En esta parte del verano, por las lluvias y el descenso de las avenidas del río Conchos, el caudal del río Bravo sube considerablemente, entrando a un área que es un gran cañón impresionante, formando rápidos en algunas áreas, lo que le vuelve muy propicio para el llamado turismo de aventura.

Este cañón es parte de la gran elevación natural de la Sierra del Carmen, que se aprecia en los murallones del lado mexicano y hace difícil el acceso a la reserva de Maderas del Carmen, en lo que es una inmejorable protección natural de la zona.

Cuando pasa el verano y se presentan sequias, el nivel del río baja tanto que se puede cruzar inclusive caminando o a bordo de un burro o caballo. Los osos y oseznos bajan de la serranía del Carmen y atraviesan el río para internarse en territorio del Big Bend, en busca de comida, lo mismo hacen otras especies por las noches.

En el año de 2002 fue cerrado el paso fronterizo por Boquillas del Carmen, que sólo era utilizado de manera esporádica para realizar algunos contrabandos o paso de ciertas mercancías, pero tenía un movimiento muy reducido.

Su eliminación se dio básicamente por los proyectos ecológicos, así que ahora no hay paso fronterizo pero tampoco hace falta: los ecoturistas, que están sujetos a una normatividad de ambas naciones, disfrutan del río y de la zona sin ningún interés migratorio.


EL MURO: UNA LOCURA

La intención de Donald Trump de construir un muro en la frontera con México sería, en esta parte de Coahuila y Chihuahua, una locura, pero a estas alturas parece bastante claro que el nuevo presidente de los Estados Unidos es, en la opinión de los especialistas, un psicópata calificado como megalómano maligno, que puede ser inclusive sádico.

Un muro en el área de los dos parques motivará, obligadamente, la lucha de los ambientalistas de la parte norteamericana, porque lamentablemente en la parte de México las organizaciones ambientales desconocen en su mayoría lo que podríamos considerar como la reserva natural más importante de Coahuila, y una de las más importantes de todo el norte mexicano.

En lo que es la serranía del Carmen, por la orografía misma del terreno (cañones y elevaciones naturales sumamente altas) parece imposible la construcción de un muro que destruiría, además, el paso natural del río y eso, técnicamente, también es imposible.

En el otro extremo del municipio de Acuña se encuentra la Presa de la Amistad, cuyo gigantesco embalse es realmente un lago artificial que abarca una superficie de 300 kilómetros cuadrados, con un almacenamiento de 7,050 millones de metros cúbicos, un poco más del doble de la presa Lázaro Cárdenas en el estado de Durango, pero muchísimo más extendida, ya que cuenta con 130 kilómetros de largo y 1,600 kilómetros de playas.

Esta presa es realmente un complejo hidráulico que incluye cañones, islas, ríos afluentes, arroyos de diverso tamaño y parques de conservación de flora y fauna, además de toda la infraestructura recreativa. Es realmente un lago en medio del desierto y el semidesierto.

Las aguas y la energía que genera la presa se reparten, a partes iguales, entre los Estados Unidos y México. ¿Cómo construir un muro en esta zona? Eso es algo que desde el punto de la ingeniería, de la hidráulica, de la ecología y de los tratados internacionales de aguas. Sólo alguien absolutamente ignorante o una mente desquiciada pueden pensar en un muro.



LOS REPUBLICANOS TEXANOS, INSTIGADORES

El problema que está generando el proyecto de Donald Trump para la construcción de un muro fronterizo entre México y los Estados Unidos, es en buena medida una instigación del partido republicano en Texas, muy en especial del llamado “Partido del Té” (Tea party), compuesto por el ala extrema de los conservadores, quienes han vendido la idea en sus campañas político-electorales que los dos principales problemas de Texas son la inmigración y la inseguridad en la frontera.

El exgobernador Rick Perry, de línea ultraconservadora, estuvo presionando durante todo su periodo al presidente Barak Obama para que le proporcionara recursos, a fin de dedicarlo al reforzamiento de la frontera con México, cuando los expertos consideran que éste es en buena medida un problema ficticio, creado más con fines electorales que con hecho concretos.

James Henson, coordinador de una encuesta de opinión en 2014 sobre el tema y Director del Proyecto Política, en la Universidad de Texas, en Austin, considera que los sectores republicanos creen que realmente los dos principales problemas del estado de Texas son la migración y la inseguridad en la frontera, a la cual consideran muchos inclusive como una “zona de guerra”, pero esto se debe a la instigación de los políticos republicanos de línea ultraconservadora.

Inclusive en ciertas zonas de la frontera de Texas operan grupos paramilitares, dedicados a la “cacería” de migrantes indocumentados que se aventuran a cruzar territorios verdaderamente inhóspitos del llamado Desierto de Chihuahua. Esto sucede con la complacencia del gobierno estatal texano.
Aun cuando las estadísticas demuestran que el flujo de migración ilegal ha descendido en la última década de manera sensible, Barak Obama, quien en muchas ocasiones fue complaciente con los antimigracionistas, permitió que el estado de Texas extendiera el amurallamiento de su frontera, hasta alcanzar hoy una superficie de 1,044 kilómetros , casi exactamente la mitad de los 2018 kilómetros de frontera que comparte Texas con México, los que representan casi dos terceras partes de la frontera total.

Los hechos muestran que aun cuando los estados del norte mexicano, como Chihuahua, Coahuila y Tamaulipas enfrentaron y enfrentan serios problemas de inseguridad en sus regiones y ciudades fronterizas, del lado de Texas dicha inseguridad no se trasladó. El ejemplo más contundente de lo anterior lo representan El Paso y Ciudad Juárez; mientras Juárez estaba considerada como la ciudad más insegura de México, El Paso está considerada como una de las ciudades más seguras de los Estados Unidos.

Del muro que desea construir Donald Trump, de hecho ya están construidos algo más de los 1,044 kilómetros en estados como California, Arizona y Nuevo México, pero ahora tendrán que entrar al territorio del Río Grande o río Bravo y ahí comenzará otra historia.

El nuevo gobernador de Texas, Greg Abbott, otro republicano ultra conservador del “Partido del té”, ha manejado desde su campaña las mismas políticas de sus antecesor, no obstante que Texas tiene la segunda población de migrantes hispanos, en su mayoría mexicanos, más grande de los Estados Unidos y, aunque se quiera poner la historia a un lado, Texas es el territorio más grande que se ha arrebatado a México, aun antes de la guerra de 1847.

En rigor la idea del polémico muro no es de Donald Trump, sino del ala ultra conservadora del partido republicano, afiliada en su mayoría al “Partido del té”. Sin embargo también hay que consignar que la construcción de un muro en la frontera se inició nada menos que durante el gobierno de Bill Clinton, en 1994, como parte de la operación “Guardián” y el gobierno de Barak Obama también destino recursos para la construcción de una parte del muro que ahora existe.

Lo que hizo Donald Trump fue tomarlo como lema de campaña y llevar el tema a los medios de comunicación, con un tratamiento estruendoso, muy a su estilo, dándole un enfoque neofascista  y racial, además de pretender que México debiera pagar lo que sería una construcción mucho más grande y tecnificada; una verdadera muralla, distinta a las vallas o estructuras que han sido colocadas hasta ahora, lo que le da al asunto un toque totalmente distinto.

El problema de la inseguridad tan alarmante que se suscitó durante el gobierno panista de Felipe Calderón en la mayoría de las ciudades fronterizas vino también a fomentar, del lado norteamericano, la idea de crear un muro como el que propone Trump, por más aberrante que resulte esta obra.

El partido republicano es en gran medida el responsable de lo que está ocurriendo, como lo es de la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, al anteponer sus intereses y posiciones de poder a los intereses generales de la Unión Americana y del mundo en general. Una ceguera y avaricia política que puede tener consecuencias históricas para el mundo como hoy lo conocemos y, en particular, para México.











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