No tengo ni la más remota idea

Sobre el libro “¿Qué hace usted con 
un libro como éste?” de Rogelio Villarreal


Hace algunos años, creo que siete, más o menos, me dediqué a reseñar un libro de Rogelio Villarreal. Recuerdo que gasté por lo menos dos cuartillas para hablar sobre las distintas maneras de perder amistades y no tanto sobre el libro. Esto no es ningún pecado, por el contrario, la reseña acepta gustosa una serie de reflexiones que aparece a raíz de las lecturas. Aunque, creo que, en mi caso, esas reflexiones no me llevaron muy lejos porque desde entonces mis amigos me siguen abandonando. Ya no tanto como antes, pero creo que eso significa que tampoco tengo muchos amigos como hace diez años.

En fin, me gustaría remediar lo anterior y escribir aquí sobre la última publicación del periodista y editor: ¿Qué hace usted en un libro como éste?

Villarreal se ha dedicado por más de tres décadas al periodismo, a la crítica y a la edición de revistas y libros. Con los años, contrario a lo que le sucede a otras personas, sus diatribas son flechas más mordaces y violentas. Tiene la tendencia de desenmascarar a quienes, dentro de la política cultural, principalmente, muestran una mano franca mientras engañan con la otra.

También le agrada destrozar a la izquierda mexicana, esa que ya no es izquierda, pero mantienen esa bandera en el asta y esperan que todos pensemos que sí, que hay un camino lleno de amor y buenas intenciones políticas, sociales y económicas.

Y, en los últimos años, se ha montado en una cruzada para demostrar que los musulmanes profesan una fe violenta y destructiva. Un asunto delicado que afecta a muchos, quienes se sienten ofendidos tan profundamente cuando se opina sobre Israel o el terrorismo que casi parece que vivimos allá.

Con todo lo anterior, creo que lo que mejor le sale a Rogelio es escribir, sobre todo, hacer periodismo. ¿Qué hace usted en un libro como éste? es un buen ejemplo de esto. El tomo consiste en una recopilación de artículos y crónicas publicadas en medios como La Jornada Semanal, Complot, Moho y Milenio Semanal. Incluye también fragmentos inéditos que quedaron fuera en sus publicaciones originales por razones de espacio o porque el autor decidió agregar párrafos en este libro. Los textos datan de los noventas hasta el 2010, a pesar de lo anterior, no han perdido vigencia y funcionan como testimonio de ciertos momentos históricos dentro del archivo cultural mexicano.

Publicado en una coedición de Almadía y El salario del miedo, la calidad de la edición debe destacarse, no sólo por la limpieza de los textos, sino también por el diseño. Un tamaño cómodo, de bolsillo pero al mismo tiempo muy agradable a la vista y el tacto. A todo esto, se debe agregar que la mirada se desliza sin dificultad por las páginas, algo que a veces no sucede entre algunas editoriales independientes mexicanas. El salario del miedo es una editorial que se dedica a publicar libros de periodismo narrativo con fuerte carga subjetiva y que representan la realidad que vivimos. Han publicado, hasta el momento, 12 libros muy recomendables y un par de cuadernos repletos de periodismo gonzo. Un esfuerzo muy interesante y original de los escritores J. M Servín y Bibiana Camacho y del diseñador René Velázquez de León.

El libro de Rogelio es parte de la colección Fábrica de Monstruos, algo que no sé cómo, pero sí parece una descripción del trabajo editorial que ha realizado el autor a lo largo de su vida.

Estas crónicas ultrajantes comienzan con una polémica sobre la validez de Kapuściński como cronista, algo que cualquier lector de Villarreal puede esperar; después avanza sobre distintas crónicas de viajes fusionadas con crítica de arte y nos lleva a través de las memorias o confesiones en donde el autor recuerda a sus padres y su ciudad natal: Torreón.

Podría parecer contradictorio, pero en donde aparece la mejor pluma de Villarreal es cuando se lanza a escribir sobre él mismo y, especialmente, sobre su padre, el célebre y ya fallecido editor lagunero Rogelio Villarreal Huerta.

Dos crónicas destacan por su extensión, pero también porque el autor intenta comprender aquello que es diferente y extraordinario, por un lado, ¿qué significa vivir en el norte de Irlanda?, y por otro, ¿cómo viven los artistas mexicanos en Los Angeles? Pienso que sus crónicas mezcladas con reflexiones consiguen desentrañar las respuestas a esas preguntas de alguna manera.

También hay aquí una serie de crónicas sobre Monterrey, una que cuenta un viaje a Buenos Aires, además de otras historias que el autor escuchó de sus amigos. Pero, insisto, creo que podemos internarnos en la personalidad del autor cada vez que habla de su padre.

Aquí encontramos un amor que supera los defectos de su propio padre, una admiración constante que se mezcla con una decepción entristecida. Rogelio Villarreal observa a Rogelio Villarreal a la distancia y comprende cómo fue que terminó en este oficio editorial. Para mí, encuentro cierta calma cuando descubro a alguien que puede voltear a ver a su padre con cariño a pesar de todo lo que aquel hizo mal. Algo que no puedo sentir en mí mismo, lo puedo entender cuando leo a Rogelio.

El libro es una combinación de emociones complejas, tal como es el editor, quien lo conozca podrá comprobarlo.

Es interesante el título, porque, aunque tiene una intención irónica, muy en el estilo de las famosas, hilarantes e inteligentes frases de Groucho Marx, en mi caso funciona bien. Más de una vez aparece mi nombre entre las páginas del libro, y sí, es verdad, no sé qué hago en un libro como éste. ¿Ustedes saben?

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