¿A qué juega el PAN en la sucesión presidencial?

#Elecciones2018

Por: Álvaro González



En una sucesión presidencial que será histórica para el país, el PAN parece estar jugando con las grandes posibilidades que tiene de volver al poder federal, ante la inminente retirada del PRI y la tendencia político-electoral del electorado, que tiende más a una opción de centro que a una de izquierda. Andrés Manuel López Obrador, quien además enfrenta la división de las izquierdas e inspira fuertes temores con su “proyecto de nación”, no propone una alternativa seria a la grave problemática que presenta el escenario de México al corto y mediano plazo, ni siquiera en lo que se refiere a temas como la lucha en contra de la corrupción, menos aún en el proyecto económico.

En junio de 2015, Margarita Zavala Gómez del Campo, esposa del expresidente Felipe Calderón Hinojosa, lanzó por medio de un video su intención de buscar la candidatura del PAN a la presidencia de la república.

Inicialmente al hecho no se le dio mayor importancia, aunque no era esperado y carece de cualquier lógica política, pero pronto la exprimera dama del país comenzó a recibir una cubertura inusual en los medios de comunicación y un apoyo también inusual al interior del Comité Ejecutivo Nacional del PAN.

Además del hecho de que el gobierno calderonista tiene apenas un poco más de cuatro años de haber concluido con un saldo de violencia escalofriante, Margarita Zavala, por sí misma, pareciera la antítesis del perfil que requiere una candidatura presidencial para el escenario que se le viene encima al país.

Antes de ser primera dama del país, algo que se da de manera accidental y no por algún tipo de mérito propio, sólo había sido diputada local ante la Asamblea Legislativa del Distrito Federal y, en el periodo de 2003 a 2005, diputada federal, también más por relaciones familiares que por méritos propios.

Es claro que no tiene ni la experiencia profesional, ni política para buscar la presidencia de la república, tampoco el perfil. Es una persona de clase media, con un perfil muy tradicional de ama de casa, sin carisma alguno y, menos aún, una personalidad que impacte ni siquiera entre el electorado femenino de clase media, ya no digamos a nivel general.

¿Por qué le han estado dando juego político cuando es un proyecto que no tiene la mínima posibilidad? La explicación es una sola: Felipe Calderón Hinojosa y las viejas camarillas tradicionales que controlan la dirigencia nacional del PAN, de las cuales forma parte.

El segundo aspirante y precandidato presidencial panista, Ricardo Anaya Cortés, un muchacho de apenas 37 años de edad, abogado de profesión y presidente nacional del propio PAN, llegó al cargo de un modo accidental, cuando Gustavo Madero Muñoz, un político de bajo perfil y bastante mediocre como dirigente nacional, lo dejó como interino para buscar una simple diputación federal plurinominal.

Posteriormente, las mismas camarillas tradicionales del panismo nacional lo designan presidente del partido, con la suerte de que se dan grandes resultados en las elecciones para gobernadores del 2016 (se ganan siete de doce gubernaturas en disputa), que no tienen mucho que ver con las decisiones de Ricardo Anaya, sino de escenarios estatales que ya estaban dados.

El dirigente del PAN ha ocupado, precozmente, algunos cargos menores y por un periodo corto una subsecretaría, en lo que se refiere a experiencia administrativa. En lo político ha sido, como Margarita Zavala, diputado local por Querétaro y diputado federal. No tiene experiencia alguna de gobierno, de ningún tipo y, aunque sin duda es un joven político inteligente, tiene apenas 37 años y, en una carrera pública razonable, debería estar en busca de algún cargo de gobierno, como la presidencia municipal de su natal Querétaro, por citar un ejemplo.

Pero aunque no tiene el perfil y la estatura para ser candidato presidencial, sí tiene una ambición desproporcionada. Todos los miles de spots de televisión y radio destinados al PAN a nivel nacional, los ha manejado como una campaña de promoción personal, lo que desató a finales de 2016 fuertes fricciones al interior de la cúpula panista, por parte de un grupo importante de miembros del Comité Ejecutivo Nacional, quienes le pidieron que se definiera: la candidatura o la presidencia del partido, pero Anaya ha seguido en “campaña”.

Como consecuencia, se filtró a los medios de comunicación que su familia (una joven esposa y tres niños pequeños), viven en la ciudad de Atlanta, a donde él viaja, infaltablemente, cada semana para convivir con ellos. Su mujer sencillamente no desea vivir en México ni educar en este país a sus hijos.
El periódico El Universal de la ciudad de México, realizó una investigación sobre los ingresos de Ricardo Anaya y su costoso nivel de vida (tan solo por renta de casa paga algo más de 4 mil dólares mensuales) y, en lo que es evidente, las cuentas no salieron. Él se justificó afirmando únicamente que lo obtiene “de aquí y de allá”, lo que no es ninguna explicación seria.

Mientras el PAN, literalmente, juega con estas dos “alternativas”, las camarillas tradicionales le han cerrado el paso en el interior del PAN a políticos como Rafael Moreno Valle, gobernador saliente de Puebla y uno de los perfiles más altos que posee el PAN a nivel nacional, utilizando como principal argumento que no es “un panista puro”, pues en sus inicios militó en el PRI, de lo que hace ya casi dos décadas.

Ante una gran coyuntura nacional, a la cual se puede considerar, sin exageraciones, como de histórica, el principal partido de la oposición no ha presentado un proyecto político viable de cambio para el país y gasta tiempo sumamente valioso, enormes cantidades de recursos y su activo político en promover dos perfiles a la presidencia de la república que, en una opinión generalizada, no pueden considerarse como serios.

Hoy el país necesita a la mejor persona en la presidencia de la república, no importa de dónde provenga. ¿Será muy difícil entender eso o poner los intereses mezquinos del partidismo y las camarillas políticas a un lado para entenderlo?

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