Jóvenes y familia: de lo tradicional a los nuevos modelos

Por: Bun Alonso

NACIMOS BAJO UNA IDEA donde la familia es unidad, apoyo, proveedora de valores, un equilibrio entre una figura paterna y una materna. Y cuando no encontramos esa forma —la que se ha denominado en estos tiempos como la tradicional—, ocurre un desajuste que lleva a sentirnos arrojados fuera de lo normalizado.



Al momento que mi mamá falleció, todos me dieron la espalda. Desde ahí empezó una carrera, una vida nueva —dice Josué Soto González, de 24 años.

A su padre no lo conoció y a la fecha no sabe qué ha sido de él. Josué nació en el municipio de Nazas, Durango. Fue el menor de tres: un hermano mayor que ahora es exmilitar, y una chica, hoy casada. Antes de que cumpliera los siete años, la familia se mudó para Ciudad Juárez, Chihuahua, donde vivieron un año. Un cáncer de mama estaba acabando con su madre. Josué la recuerda muy enferma y desahuciada, lidiando solos con la enfermedad pues nunca tuvieron una buena relación con la familia de ella. Regresaron a Nazas. Y ella murió al poco tiempo.

—Desde ahí me di cuenta que las personas que yo creía que eran muy cercanas, te comienzan a dar la espalda, te comienzan a hacer a un lado.

Su muerte significó ir de regreso a Ciudad Juárez. Esta vez sin su hermana, que en ese tiempo estaba por terminar la secundaria y se había quedado viviendo en casas de algunas amigas. Josué quedó a cargo de una prima casada y con dos hijos. Pero no todo fue bien.

—Fue fuerte pero aprendí mucho, ahí te haces fuerte mentalmente; vivía en barrios muy bajos.
Dice ahora. Después de un año, su hermana fue por él y regresaron juntos a Nazas. Entonces vino el gran cambio.

—Duré una semana ahí, con la familia de la amiga con la que se quedaba mi hermana, y unos vecinos de esa familia pues me vieron que yo llegué, pues igual no les caí mal porque con los hermanos ahorita, se podría decir adoptivos, fue con las primeras personas que yo comencé a convivir, a jugar.

A los pocos días ya estaban reunidas las familias —la de la amiga de su hermana y la aspirante a adoptarlo— para decidir el futuro de Josué y su hermana.

—Fue intercambio de ganado o qué onda. Es que así sinceramente era como lo veía.

Con nueve años recién cumplidos, Josué llegó a una nueva familia: papá, mamá y cuatro hermanos. Aquello se le presentaba como un riesgo y un miedo. En los años siguientes, comenzaría a notar diferencias. Su madre adoptiva empezó a mostrar ciertas preferencias para con sus hijos biológicos.

—Para ella son sus hijos primero. Yo claro que, con todo respeto, lo acepto, pues sí, está bien; pero llega un momento en que tú como persona te vas enfadando de cada momento, de cada situación, por mes, años y años. Y ahorita, que ya estoy por terminar mi carrera, me digo «un añito y medio nomás me queda». Ya al terminar mi carrera será otra aventura, otra vida.

Josué estudia la licenciatura en Educación Secundaria con especialidad en Biología en la Escuela Normal de Lerdo. Llegar a la ciudad de Lerdo fue otro temor y miedo para él. La familia adoptiva se mudó a esa ciudad cuando el padre obtuvo un trabajo de maestro allá. Josué cursaba entonces el tercer año de secundaria. Fue, también, cuando se acercó a las drogas.

—Esto de las drogas, ¿crees que hubiera pasado con tu mamá biológica?

—Yo pienso que no hubiera pasado, pero no porque aquí estuviera mi mamá sino que también nosotros teníamos una forma de vida muy diferente, que era la religión. La religión sí influye, bien o mal. Era de religión cristiana mi mamá. Era muy buena gente, yo la recuerdo muy buena gente. Siempre nos inculcó valores, valores como el respeto.

La adolescencia fue dura, dice. Las diferencias continuaron, pero actualmente ya no le asustan como antes cuando lo hacían llorar; ahora, dice, las ha normalizado, no porque se haya resignado a ellas, sino que uno madura, uno sabe lo que le espera. Con su padre adoptivo es con quien lleva una mejor relación.

—Yo pienso que tiene un corazón muy grande. Me ha regañado pero fue el que quiso tener un hijo como yo.

Mientras tanto, sus dos hermanos de sangre continuaron sus vidas, también con quiebres, altibajos. Su hermana siguió viviendo en diferentes casas de amigas. Su vida también ha sido una aventura, dice Josué sin explicar detalles. Ahora es maestra en el municipio de Nazas y de vez en cuando se encuentran.

Su hermano mayor, al igual que él, tuvo problemas con la drogadicción, incluso ejerciendo como militar. En una ocasión, cuenta Josué, su hermano, drogado con cristal, tomó su camioneta y comenzó a chocar patrullas y otras camionetas.

—Entonces todo ese tipo de situaciones sinceramente el gobierno no las ve, pero fíjate cómo afecta a dos familias, porque yo por él me meto en problemas con mi familia adoptiva. El gobierno, la verdad, no ve que la guerra que hizo contra el narco también afectó a terceros.

Hoy, ya retirado, su hermano está en rehabilitación. Aunque, dice, tuvo una recaída reciente.
—¿Los considerarías tu familia?

Le pregunto después a Josué acerca de su familia adoptiva.

—Sí, como te digo, tenga sus motivos personales o no, mi madre adoptiva siempre será mi madre porque al fin y acabo, como te comento, tenemos momentos también buenos, no todo es malo, no te la quiero poner como una ogra, pero sí ha habido momentos donde se enoja y me tira indirectas de por qué no estoy con mi hermana si mi hermana ya trabaja. Mi padre adoptivo, pues es el único padre que he tenido y es la única imagen paterna que siempre tuve, entonces por lo mismo lo considero un padre, y lo raro, lo muy raro, es que nunca le he dicho papá, entonces siempre ha sido como ese sentimiento que tengo de «ah, pero es que no me sale decirle papá». Y yo quiero lograr llegar a ese momento en poder decirle papá.

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Han sido meses donde el tema de la familia ha estado muy presente en el panorama nacional. Un grupo de conservadores decidieron salir a defenderla ante la amenaza —¿amenaza? — de los matrimonios gays y de su derecho a abortar. Recurren a un error en el que caemos muchos: el de entender un producto cultural como si fuera uno natural. Digo «entender» y es un despropósito. El asunto es que no entendemos y asumimos cosas y hechos como si fueran lo único que siempre ha habido, y entonces nos creemos con el derecho de denostar a tantos otros que parecen salirse de esa normalidad. Lo que aparece ante nosotros como natural, no lo es: es un producto de años y años de accidentes, de cambios de dirección en la rueda de la historia. La familia tradicional, como la conocemos actualmente, es un buen ejemplo.

Para Miguel Ángel Saucedo, sociólogo y profesor de la Universidad Autónoma de Coahuila en Torreón, el nacimiento de esta familia tiene que ver con el modelo patriarcal.

—Porque de acuerdo con lo que dicen algunos antropólogos, algunos historiadores, algunos estudiosos, en el caso particular de Federico Engels, hay una coincidencia en el nacimiento de tres grandes instituciones, que es la familia, tal como la conocemos, la propiedad privada y el Estado. Es decir, cuando deja de ser la mujer el eje alrededor del cual gira la organización social, la cual se llamaba matriarcado, es cuando emerge el hombre con la necesidad de instaurar un nuevo orden social. El problema es que el hombre, y al igual que la mujer, no sabía bien el papel que biológicamente cumplía el hombre en la reproducción, entonces el hombre tiene que inventar una forma de organización familiar, o sea, tiene que inventar su paternidad; ahí nace la paternidad, cuando el hombre dice «yo necesito de ciertas reglas, que hasta ahorita no existen, para transmitir, para heredar lo que logré acumular».

—Esta cuestión de la familia aunada a lo reproductivo, ¿desde cuándo surge? ¿Por qué están como muy hiladas?

—Bueno, si uno lee o rastrea el origen de la familia, verá uno que desde antes de que se supiera que el hombre jugaba un papel importante en la procreación, ya de todas maneras se buscaba la manera de que hubiera hombres y mujeres, porque de esa manera se cumplía una función que toda sociedad necesita, que es reproducirse como tal. Las formas en que culturalmente se ha venido asimilando pues depende también de qué sociedad estemos hablando. En caso de occidente, por parte del cristianismo, se institucionaliza esta forma de ver a la familia y es la que nos llega a nuestro país con la conquista española.


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Ana Laura Castillo Hernández fue alumna del profesor Miguel Ángel Saucedo. Para las prácticas y servicio social de su licenciatura, participó en la organización de conversatorios con temáticas alrededor de la familia. Ahora vive en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, donde estudia un doctorado y participa en talleres en un Centro de Rehabilitación Juvenil, trabajando principalmente con jóvenes de pandillas como La Mara Salvatrucha.

Charlamos por video-llamada en Skype. Ana Laura dice que la familia está trastocada por este contexto neoliberal en que vivimos que crea, al tiempo, contextos de crisis financieras. De ahí que surjan casos como el de madres que abandonan a sus hijos, padres separados, violaciones dentro de la familia, adicciones, alcoholismo: la desintegración de los vínculos sociales. De ahí, también, que para ella la idea hegemónica de familia en la realidad no exista.

—Cumplir ese modelo hegemónico de familia, por un lado, tiene que ver con funciones de cumplir también con modelos hegemónicos de masculinidad y con modelos hegemónicos de feminidad. Ahora, si le añadimos la cuestión de clase social, de etnia, de cuerpos, de color de piel, etcétera, son como muchas cosas que se unen para que en realidad digas, vamos, una familia tal cual no existe  —dice Ana Laura, y que eso lleva a la búsqueda por crear nuevas relaciones.

Leslie Moreno, 29 años, vive desde hace poco más de un año en Ciudad Juárez, Chihuahua, con su pareja David, su primo lejano.

—Mi abuelo paterno es hermano de la bisabuela paterna de David; mi papá es primo del papá de David.

 Los dos se frecuentaban de niños pero perdieron relación cuando tenían seis años y no se reencontraron sino hasta cuando tenían 24.

—Esta brecha temporal dio lugar a que no nos sintiéramos cercanos y la verdad nunca lo pensamos —dice Leslie acerca de que si nunca pensaron en su parentesco como impedimento para establecer una relación sentimental entre sí. La relación comenzó a distancia: ella en Torreón, él desde Ciudad Juárez. Ella, además, ya tenía un hijo, de 11 años hoy.

—¿Cómo fue el proceso para hacérselo saber a sus padres? ¿Y cómo lo tomaron?

—Creemos que fue un poco obvio. Al principio todo empezó por Facebook, las 2 familias sabían que teníamos contacto; después nos visitamos, yo vine a Ciudad Juárez seis veces y David fue tres veces a Torreón, una de las cuales él se quedó casi un mes en mi casa y en otra ocasión yo también me quedé un mes en la suya. La familia de David se lo tomó con calma y con gusto, pero el miedo venía con mi familia; en el momento que se los dije directamente, creo hubo rechazo por parte de ellos hacia David, pero con el tiempo, y viendo cómo era nuestra relación, terminaron aceptándolo.

—¿Alguna vez has hablado con tu hijo respecto a este tema?

—No, a veces se confunde y no sabe si decirle tía, porque así le digo a mi suegra, o decirle abuelita a la mamá de David. Al no ser un tema grave, no creemos que sea necesario aclararlo. Nuestro parentesco es muy lejano en verdad, si en algún momento le llega la duda suponemos que será cuando esté más grande y así tendrá un mejor criterio.

Para la socióloga Ana Laura Castillo, este tipo de relaciones sentimentales tiene como base la idea de quitarle lo natural a la familia, de desbiologizar el concepto.

—Los lazos familiares que se establecen están supeditados a construcciones sociales, es decir: «pues yo no lo podría hacer con un primo lejano porque pues no, cómo crees, es antinatural». Que creo que ese fundamento es muy usado para esa cuestión que se estuvo debatiendo hace poco, de las familias homoparentales. Me tocó bastante ver la cuestión de «no, o sea, no puede haber en una familia dos padres o dos madres, eso es antinatural». Y es cuando te das cuenta cómo es muy común que la cuestión de la familia sea como algo que se vea totalmente naturalizado o desde la parte biológica. Entonces viendo esta parte, pues yo creo que el problema de estos matrimonios entre familiares lejanos obedece más a estas ideas de la familia como fundamento biológico.


Por fortuna para Leslie y David, este fundamento biológico no ha pesado sobre ellos: familia y amigos suelen hacer chistes al respecto.

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