Coahuila y el efecto Trump

Por: La Redacción


SE SABE AÚN MUY POCO del real comportamiento que va a tener Donald Trump como presidente de los Estados Unidos, pero hay indicios bien fundados de que deberá cumplir, de una u otra manera, por lo menos una parte de las promesas que hizo en campaña y para las cuales tiene mandato.

A diferencia de México, Estados Unidos es un país de instituciones sólidas y de leyes, además es una unión de estados confederados que son muy celosos de su autonomía. Aunque los republicanos tengan la mayoría del senado y de la cámara de representantes, una gran parte de ellos no están de acuerdo ni piensan como Trump, lo mismo que la cúpula del partido. Un mal gobierno por parte del extravagante y nuevo presidente les afecta de manera directa; de hecho serán responsables de gran parte de lo que suceda, pues fueron ellos quienes hicieron posible a Trump y, al final, lo apoyaron por la mezquindad de conservar el poder, antes que los intereses del país.

En términos de la real política, Donald Trump va a tener que negociar y enfrentar la presión de los poderes fácticos norteamericanos, entre los cuales el más poderoso es el capital, pero además están los partidos políticos, las organizaciones civiles (que allá si funcionan) el poder judicial y los intereses y compromisos internacionales.

El escenario económico norteamericano es sumamente complicado, mucho más de lo que el común de los propios norteamericanos lo supone, de ahí que hayan votado con una ignorancia que sorprende. Al cierre de 2015 la deuda externa de los Estados Unidos ascendió a 17,092,167 millones de euros, lo que representa el 105.15% de su PIB, convirtiéndolo en el segundo país más endeudado del mundo. Deben, literalmente, hasta la camisa que traen puesta. Un mal manejo de su economía y estarán metidos en un desastre, lo que hace prever que, por lo menos en materia económica, entre lo que dice Trump y lo que va a tener que hacer habrá una gran diferencia.

Una cosa es la cuestión migratoria, donde puede actuar por mandato presidencial y tomar decisiones que suenen espectaculares, como expulsar a todos los ilegales con antecedentes criminales, algo que inclusive le aplaudirían, pero otra cosa muy distinta es el manejo de sus relaciones comerciales con el mundo y, más específicamente, con sus vecinos Canadá y México, porque la lógica indica que lejos de cancelar el TLC, deberá abrir una parte del mismo para actualizarlo, lo cual es inclusive necesario después de más de 20 años de vigencia, pero eliminarlo sin sustituirlo por algo mejor sería una locura.
Frente al bloque europeo y frente a las agresivas economías de China y la costa asiática, el fortalecimiento del bloque de América del norte resulta estratégico. El verdadero problema parece China, que se ha llevado gran parte de la manufactura y está manipulando su moneda y su mercadeo de formas que sí están causando problemas, inclusive a México.

Lo del famoso muro en la frontera sur ya ha comenzado a matizarse. Es otra medida espectacular utilizada en la campaña, pero que en la práctica va a edulcorarse. Por ejemplo Coahuila tiene una frontera natural que es el Rio Bravo, lo que hace  absurdo el construir de aquel lado del rio un muro, que va a quedar en esas bardas que ya conocemos en Baja California Norte y en una parte de Arizona, así que el tal muro no es ningún problema para Coahuila.


LAS AUTOMOTRICES Y LAS EXPORTACIONES

Tampoco es Coahuila un expulsor muy importante de migrantes, a diferencia de estados como Zacatecas, Durango, Michoacán o Jalisco, así que la expulsión de ilegales, que también ha comenzado a tener cambios con respecto al discurso de campaña, puede afectar de una manera moderada. ¿Qué va a suceder con el resto de los migrantes indocumentados? Eso será algo más complejo, que tampoco podrá ejecutarse de acuerdo al discurso de campaña, pero el endurecimiento de los procedimientos migratorios se puede dar como un hecho.

El problema para Coahuila, que es un estado industrial y exportador muy importante cuyo mercado son los Estados Unidos, consistirá en la revisión del TLC y las nuevas políticas comerciales y fiscales que surjan del gobierno de Donald Trump, que son un asunto sumamente delicado, crucial.

Todo el sureste de Coahuila tiene una economía basada en el cluster automotriz, que es el más importante del país, pero el cual comenzó mucho antes del TLC con la apertura del complejo de Ramos Arizpe por parte de GM y Chrysler.

Además de la región sureste, casi todo Coahuila tiene industrias de fabricación de autopartes y componentes, además de otros productos muy diversos, todos destinados, directa o indirectamente al mercado norteamericano, a lo que se agrega el sector ganadero y, en menor proporción, el agropecuario.

Si se hace una lectura simple del discurso electoral trumpista, podríamos estar pensando en el desastre, pero el rumbo real del nuevo gobierno está por definirse. Lo que fueron los slogans de una campaña populista y espectacularmente mediática, entran ahora en una fase de complejas negociaciones y definición de estrategias comerciales, fiscales, financieras y diplomáticas.

El 14 de noviembre pasado la empresa Toyota puso la primera piedra de su nueva planta en Guanajuato, donde producirá el modelo Corolla, que es el automóvil más vendido del mundo. Hará, en la primera etapa, una inversión de 2 mil millones de dólares, generará 2 mil empleos directos y 10 mil indirectos. El gigante japonés no ha cambiado ni un milímetro sus planes de inversión en México, ya con Trump electo. Ése es todo un mensaje por parte de los japoneses sobre la forma en que contemplan el futuro inmediato.

Se calcula en 5 mil empresas, muchas anteriores al TLC, las que están importando y exportando a los Estados Unidos de Norteamérica, pero además está Canadá de por medio.

La negociación y la batalla, si así se le puede decir, apenas va a comenzar y se dará en su mayor parte al interior de los Estados Unidos.

Hay algo que sí preocupa, y mucho, a los medios empresariales y a los estados, especialmente a los estados como Coahuila, que mueven gran parte del sector industrial y exportador del país: la ineptitud del gobierno de Enrique Peña Nieto.

Entramos a una coyuntura histórica, sin grandilocuencias, con un gobierno sin respaldo social, completamente desgastado, con un gabinete de medio pelo que ya ha mostrado enorme ineptitud en procesos de negociación interna; en sus dos últimos años del sexenio, cuando ya tiene encima la sucesión presidencial y, lo más delicado de todo, con un presidente que ya mostró uno de los niveles de competencia más bajos que hayamos tenido.

La cúpula priista no lo puede externar por razones obvias, pero lo piensa; el resto de la clase política y del empresariado mexicano sí lo puede decir y lo dice. Todo este trance que viene nos ha tomado en uno de nuestros peores momentos. Cuando creíamos que la estupidez tenía límites ahí tenemos el caso de Javier Duarte, el sociópata exgobernador de Veracruz.

El país necesita a sus mejores personas en este proceso que ya comenzó, desgraciadamente esta gente no está en el gabinete de Enrique Peña Nieto. Urge que todos los demás actores del país se pongan en movimiento y exijan (no pidan) participar.

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