Aplastando a la clase media


La corrupción gubernamental y privada ha ido degradando instituciones fundamentales de la sociedad y la cultura mexicana, lo que tiene como consecuencia inmediata la profundización de la desigualdad social, seguida del aumento en la cantidad de mexicanos en estado de pobreza (oficialmente la mitad de todo el país); la riqueza se concentra brutalmente en un grupo social más reducido y, como consecuencia, no sólo se impide el ascenso social de los más pobres, sino que además se ejerce una presión cada vez más intensa sobre la delgada clase media.

El proceso es algo muy simple de entender: al degradarse las instituciones básicas, los bienes y servicios públicos se vuelven deficientes, al mismo tiempo que los bienes y servicios que ofrece el sector privado se encarecen y, por lo tanto, se vuelven inaccesibles.

Los servicios de salud, que es el primer bien básico de cualquier sociedad, se han ido deteriorando por la corrupción. El IMSS y el ISSSTE, las dos principales instituciones públicas de salud en el país, lejos de expandirse y modernizarse han ido reduciendo su cubertura en relación a la población total del país; sin embargo, aun teniendo acceso a estas instituciones, la calidad de sus servicios es muy baja, lo que empuja a la clase media a buscar la medicina privada, cuyos costos han aumentado a niveles casi prohibitivos durante las dos últimas décadas.

La única posible alternativa es la contratación de seguros de gastos médicos mayores, pero las compañías aseguradoras, que cotizan en dólares, han encarecido los seguros hasta niveles inaccesibles para la mayoría de la clase media. No existe ninguna regulación sobre el incremento de los costos, lo que deja todo a la ley de la oferta y la demanda o, mejor dicho, a una ley de mercado salvaje.

El segundo bien básico es la educación. Haciendo a un lado toda la demagogia gubernamental sobre la llamada reforma educativa, el problema real de fondo del sistema de educación pública es la corrupción. Los gobiernos utilizaron clientelarmente el gremio magisterial oficial, enviciando todo el aparato, lo que se agravó por la corrupción de los funcionarios que manejan el sector.

Aspirar hoy a una educación de mejor calidad obliga a la clase media a tener que pagar educación privada, lo que le acarrea un gasto permanente a las familias, mermando su ingreso considerablemente.

La clase alta ha creado su propio sistema educativo de élite, por lo menos en lo que a costos se refiere, con colegiaturas universitarias que pueden alcanzar hasta los 120 mil pesos por semestre, más todos los gastos adicionales. Para ahorrarse la crítica, el gobierno permite fiscalmente que las grandes empresas destinen recursos muy importantes a la red de educación privada media superior y superior, lo que son realmente impuestos canalizados selectivamente por medio de la deducción de donativos y el financiamiento de fundaciones.

La educación, que era el principal vehículo de ascenso social, se está obstruyendo y con ello el crecimiento de la clase media.

La jubilación, que es el otro bien básico al que toda sociedad desarrollada aspira, ha quedado reservada, en términos reales, a los empleados de las instituciones gubernamentales y a empleados privados de nivel ejecutivo, porque el resto de la población ha sido enviado al sistema de AFORES, con lo cual se deshizo de la responsabilidad social, pero además ha creado un sistema bancario que otorgará pensiones de miseria, debido a que el sistema de cotización patronal y obrero para la jubilación lejos de ser modernizado y mejorado, empeoró.

Ante la crisis de las finanzas públicas, debido a la corrupción y a la ineficiencia de décadas, la carga de los fondos de pensiones gubernamentales se ha vuelto un problema grave que está absorbiendo una gran parte del gasto público, en beneficio de un sector muy reducido de la población que sí vivirá con dignidad su vejez. Tan sólo los pasivos laborales de CFE y de PEMEX están devorando gran parte de los ingresos, mismos que tiene que pagar toda la población a través de las tarifas y de impuestos a través del costo de las gasolinas y el diesel.

Pero si  la mayoría de los trabajadores que están adscritos al régimen general recibirán una pensión miserable, lo más dramático es que la mitad de la población vive de la economía informal, donde los ancianos trabajarán hasta su muerte o, ya incapacitados, de la ayuda familiar.


SUELDOS BAJOS; VIDA CARA

Otro bien social, que repercute mucho en el gasto de las familias pero se relaciona poco con el ascenso social, es la muy deficiente movilidad que tienen la mayoría de las ciudades del país. Una ciudad como Torreón, que rebasa apenas el medio millón de habitantes, aunque está integrada a una zona conurbada de casi un millón, tiene un sistema de transporte público muy deficiente, lo que obliga a la compra y el mantenimiento del automóvil para poder desplazarse, pero no de un solo automóvil por familia, sino hasta dos.

Los automóviles en general son muy caros para el ingreso de una familia de clase media promedio, pero comprados a crédito, que es lo más usual, los vuelve mucho más caros. Tener un automóvil implica pagar mensualidades altas con intereses también altos, impuestos de tenencia, placas, seguros caros, consumo de gasolina cara que lleva implícito un impuesto y mantenimiento periódico. Si esto se multiplica por dos, se absorbe buena parte del gasto familiar.

En una gran parte de las ciudades europeas, una persona puede desarrollar todas sus actividades diarias desplazándose en transporte público o, con frecuencia, en bicicleta. Esto es imposible en una ciudad como Torreón o Saltillo. Apenas este año el gobierno municipal de Torreón ha lanzado el proyecto del metrobus, lo que es un paso importante para el mejoramiento de la movilidad, pero la pérdida del control de la planeación urbana por parte de los gobiernos estatales y municipales ha provocado que una ciudad de tamaño medio pueda ser recorrida de manera rápida y eficiente sólo en automóvil, en lo que es un pésimo esquema de desarrollo.

No sólo la ineficiencia y la corrupción gubernamental de décadas están presionando a la clase media; los empresarios privados han puesto también su parte. El sector de la construcción ha especulado con el valor de la tierra de una manera atroz, lo mismo que con la calidad y el precio de la vivienda. El caso de la especulación del suelo urbano en Torreón es una historia dramática, donde un grupo de empresarios se ha apoderado de casi toda la tierra ejidal: la compra a precio sumamente bajo, corrompe funcionarios para capitalizar la urbanización que paga el sector público y sube así el valor del suelo a niveles absurdos. Hoy, una vivienda de 200 metros cuadrados de construcción, edificada sobre un terreno de apenas 250 metros cuadrados, cuesta en promedio un millón 200 mil pesos, lo que implica un enganche de hasta doscientos mil pesos, el pago del trámite de escrituración de la hipoteca (que se ha vuelto otro impuesto sumamente caro) y una hipoteca, a razón de 11 mil pesos mensuales en promedio, por hasta 20 años, con intereses bancarios que están muy por encima del estándar internacional.

¿Por qué el metro cuadrado de una huerta nogalera convertida en fraccionamiento bardado cuesta 6 mil 500 pesos en una ciudad como Torreón, cuando el precio por metro cuadrado de la colonia más cara, que era el Campestre La Rosita, costaba el año pasado un promedio de 3 mil 500 pesos?

Un terreno de apenas 250 metros cuadrados en una colonia media fincada en tierras ejidales se vende por hasta 2 mil 500 pesos el metro cuadrado, pero en varios fraccionamientos alcanza hasta los 3 mil y 3 mil quinientos pesos, porque es “una zona exclusiva”, donde no se garantiza tan siquiera ni la calidad del agua para consumo humano.

Si el sueldo promedio de un profesionista recién egresado está sobre los 7 mil pesos, ¿cómo es posible que la mensualidad de una casa de 200 metros cuadrados de construcción sea de 11 mil pesos, mientras que la mensualidad de un coche apenas mediano puede alcanzar los 4 o 5 mil pesos durante hasta 5 años, más todos los costos que implica?

Los costos de los servicios bancarios han provocado el encarecimiento del dinero, pero no sólo esto: el acceso al crédito productivo es muy difícil, pero el crédito al consumo, como el expandidísimo sistema de tarjetas de crédito, es de acceso masivo e inmediato, además de escandalosamente costoso para los estándares internacionales.

Todos estos factores pueden explicar por qué la clase media en México es tan reducida y sus tendencias de crecimientos son tan bajas. Tal vez lo más inquietante es que las condiciones para mejorar la calidad de vida en México durante los últimos veinte años se han mantenido estáticas o han empeorado, mientras que el futuro al corto y mediano plazo dibuja un escenario inquietante, pesimista, algo muy delicado en especial para la gente joven que comienza su vida productiva y la construcción de una familia.

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