Carne y leche en el desierto

Visiones del documental Cowspiracy en La Laguna


Hace algunos meses, mi hermano menor, nuevo universitario foráneo, le avisó a mis padres que había tomado la decisión de ser vegano, es decir, que ya no consumiría carne ni cualquier producto de origen animal (lácteos, huevo, grasa animal, etc.). Luego de echarle la sana carrilla norteña y platicamos del tema. Supe que su veganismo es ambiental, no tanto ético o dietético: su razón primordial para ser vegano es que la crianza industrializada de seres vivos para el consumo de su carne y de sus productos es, por mucho, la principal causa de la apabullante destrucción ambiental que sufre nuestro planeta. 
Mi hermano, que además de ser vegano ambientalista comienza a enfocar sus estudios universitarios al desarrollo e implementación de fuentes de energía sustentable, me pidió que viera el documental Cowspiracy: el secreto de la sustentabilidad (Estados Unidos, 2014); lo hice.


Documental completo subtitulado:


Es dato conocido y repetido por los laguneros que para producir un litro de leche se utilizan mil litros de agua; no falta quién arroje dicha información en cualquier plática casual el daño que los conglomerados lecheros han ocasionado a los mantos acuíferos de la Comarca Lagunera, pero poco conocemos sobre las verdaderas consecuencias que la ganadería en general tiene en el medio ambiente, no sólo en nuestra región desértica sino a nivel mundial. En La Laguna estamos orgullosos de nuestros rituales de carne asada y de la calidad de los cortes que por acá se consumen: ninguna como la carne que se produce en esta parte del norte, nos gusta repetir.

Yo aún consumo carne, así que no te estoy satanizando si tú también lo haces; pretendo que aquí comience la invitación a que también veas el documental y te informe aún más de las consecuencias que para nuestro planeta tiene el que sigamos avalando y permitiendo la industrialización desmedida de toda la industria ganadera y sus implicaciones.


COWSPIRACY: UNA INDUSTRIA INTOCABLE

Kip Andersen, creador y productor de Cowspiracy (EU, 2014)
El estadunidense Kip Andersen, motivado por Al Gore, documentales, algunos movimientos ambientalistas y tal vez por un poco de sentido común, comienza a cambiar varios de sus hábitos diarios buscando reducir su daño al medio ambiente: se convierte en un ecologista obsesivo que cambia el automóvil por una bicicleta, recicla religiosamente, ahorra al máximo electricidad y agua.

Conforme pasan los años, Andersen ve cómo la crisis ambiental en el planeta se sigue agravando; él sabe que con las condiciones ambientales en las que vivimos los humanos y nuestra creciente manera nociva de tratar a la naturaleza, científicos estiman que, si no modificamos inmediata y drásticamente el impacto de nuestra huella ecológica, la vida humana como la conocemos podría ya no ser posible dentro de 50 años. Ante estas condiciones, Andersen se pregunta si con la creciente crisis ambiental, incluso si todas las personas adoptaran sus mismos hábitos de conservación, sería suficiente para hacer un cambio benéfico sustancial en el planeta.

El activista pide consejo en sus redes sociales y un contacto le comparte un vínculo que cambiará todo el enfoque de su lucha ecológica: un informe de la ONU publicado en 2006 advierte que la crianza de ganado es causante del 18% de los gases que causan el efecto invernadero, mientras que el total de las emisiones de todos los medios de transporte de combustión interna (automóviles, camiones, barcos, aviones, trenes) constituye el 13%. Más tarde Andersen encuentra un estudio de la organización World Watch, publicado en 2009, en el que se indica que la ganadería es responsable del 51% de los gases causantes del calentamiento global, no del 18%. Entonces, el metano producido por los gases y el excremento de las vacas contamina casi tres veces más que todos los medios de transporte que requieren combustibles fósiles, considerando además que este metano es de 25 a 100 veces más destructivo que el dióxido de carbono que emiten dichos transportes. La actividad humana de consumir carne es, pues, sin duda, la causa mayoritaria de la contaminación mundial.


20’800 LITROS DE AGUA POR UN KILO DE CARNE

Alarmado por el dato inicial, Andersen decide seguir investigando. Los datos más impactantes comienzan a surgir: la ganadería, además, es la causa principal del consumo desmedido de recursos (tierra y agua, sobretodo) y la degradación del ecosistema. Pero tal vez lo que más llama la atención del activista es que ninguna de las principales organizaciones ambientalistas estadunidenses menciona siquiera este gran problema: Greenpeace, Sierra Club, 350.org, Rainforest Action Network, Amazon Watch, Climate Reality; ninguna proporcionaba en sus páginas de internet información sobre el daño ambiental causado por la ganadería; la mayoría de estas organizaciones centraban sus protestas más fuertes en el también grave problema de la extracción de gas natural mediante el tan nocivo “fracking”, que tan sólo en Estados Unidos emplea al año 378 mil millones de litros de agua, mientras que el gasto de la ganadería es de 128.7 billones. Es decir, referente al consumo de agua, la ganadería es 340 veces más grave que el principal problema que las organizaciones ambientalistas más atacan. Para comparación lagunera de este estimado: los litros de agua que en Estados Unidos se emplean anualmente para que el ganado beba y coma equivalen a 415 presas Francisco Zarco llenas a su máxima capacidad.

El documental brinda algunas cantidades más asimilables sobre el agua que requiere el consumo de carne. La crianza de animales para alimentación humana utiliza un tercio del agua dulce que se consume en el planeta. Para producir un kilo de carne de res se gastan 20’800 litros de agua; esto se traduce en que la carne que normalmente lleva tu hamburguesa (un cuarto de libra) necesitó cerca de 2400 litros de agua, cantidad similar a la que en promedio gasta una persona en la regadera bimestralmente.

De toda el agua que se consume en Estados Unidos, el gasto doméstico ocupa apenas el 5%, mientras que la ganadería constituye el 55%, sin embargo las principales campañas del gobierno estadunidense y de las ONGs más fuertes en esta materia se centran en concientizar acerca del gasto doméstico y nada mencionan sobre los costos de la ganadería, e incluso los funcionarios encargados de dichas campañas dicen desconocer el tema o se niegan a hablar de él, advirtiéndole al entrevistador que se está metiendo con algo demasiado poderoso.


EL SILENCIO DE LOS DEFENSORES

De acuerdo a las investigaciones de Andersen, el territorio empleado para crianza y alimentación de ganado constituye el 45% de la superficie sólida del planeta (según el CONARGEN, en México es el 58% del territorio nacional). La ganadería, además, es responsable del 95% de la deforestación de la amazonia y es la principal causa de la destrucción de hábitats y la extinción de especies tanto terrestres como marinas, y sin embargo, ninguna de las principales organizaciones ambientalistas critican a dicha industria.

Durante meses, Andersen intenta conseguir declaraciones de estos grupos, pero como ninguno lo recibe, recurre a entrevistarse con activistas independientes.

Autores, investigadores y profesores, como Richard Oppenlander, Kirk R. Smith (Universidad de California en Berkeley), Dr. Will Tuttle y Michael Pollan, concluyen que estas grandes asociaciones cuya imagen es la de ser protectoras ambientales (siendo Greenpeace la líder) no pretenden atacar la principal causa de la devastación ambiental del planeta debido a que operan como negocios y no quieren poner en peligro las contribuciones millonarias que grandes empresas les hacen: su intención no es “salvar” el planeta, sino mantenerse a flote con una buena imagen remunerable gracias a campañas que, aunque sean exitosas, poco hacen por mejorar el ambiente, pues se centran en romantizar el cambio de hábitos humanos que, en comparación con el cáncer que es la ganadería, prácticamente son sólo un dolor de cabeza.

Will Tuttle, PhD en educación. Autor ambientalista,
investigador, conferencista y músico.
Hoy los humanos y los animales que consideramos nuestra propiedad ocupamos el 98% de la biomasa, siendo que hace 10 mil años éramos tan sólo el 1%, dice el doctorado Will Tuttle. Incluso si de hoy en adelante, afirman Oppenlander y Smith, dejáramos absolutamente de utilizar cualquier combustible fósil, de emitir dióxido de carbono con nuestras máquinas y fábricas, y aun de generar energía eléctrica, no habría ninguna mejora sustancial durante 100 años en la contaminación del planeta ni en el efecto invernadero, debido a la crianza de ganado. La deforestación masiva, el uso del suelo, la extinción de especies, la escasez de agua, la hambruna mundial, la inestabilidad social y la mutación climática son problemas que se seguirán agravando sobremanera mientras no dejemos de producir y criar animales para comerlos.


COMARCA LECHERA Y CARNÍVORA

Si bien Cowspiracy se centra en el veganismo ambiental, no puede dejar de lado el veganismo dietético. Recordemos que la Organización Mundial de la Salud recomendó en octubre de 2015 que redujéramos considerablemente el consumo de carne roja, y más de la carne procesada, pues las clasificó como “probablemente cancerígenas” equiparándolas al humo del tabaco y el plutonio. Dos años y medio antes, la escuela de salud pública de la Universidad de Harvard había eliminado a los lácteos de su guía de alimentación saludable, al advertir que su consumo es un fuerte factor en el riesgo de padecer cáncer de próstata y cáncer de ovario. El catedrático inglés Jeffrey Holly señala en sus investigaciones que el consumo de leche de vaca aumenta además los riesgos de padecer cáncer de mama.


En entrevista con Andersen, el doctor Michael A. Klaper, del True North Health Center, en Santa Rosa, California, dice “El propósito de la leche de vaca es convertir un becerro de 30 kilogramos en una vaca de 200. Todo en ese líquido blanco, las hormonas, las proteínas, los lípidos, el sodio, la grasa, está diseñado para que crezca una vaca. Y si tú lo pones en tu cereal como líquido, o lo consumes como coágulo en yogurt, o fermentado como queso, sigue siendo fluido de crecimiento para vacas. La leche de vaca es la secreción de crecimiento de un mamífero bovino que acaba de tener una cría. Si no eres una vaca, por favor no bebas líquido de crecimiento para vacas; en cualquier nivel, no hay nada en esa leche que una persona necesite”.

No obstante, cuando hablamos de La Laguna, parece obligatorio hablar antes de las repercusiones ambientales que nos acarrea la multimillonaria industria lechera que radica en esta zona desértica.
Según la SAGARPA, La Laguna es la principal cuenca lechera del país, con una producción de casi 9 millones de litros diarios y con 600 mil cabezas de ganado vacuno: hay una vaca por cada 2.5 habitantes (más del doble del promedio nacional, 4.3 habitantes por vaca) y se producen 6 litros diarios de leche por cada persona.

De acuerdo a información otorgada en diciembre de 2015 a Revista de Coahuila por el Encuentro Ciudadano Lagunero en Defensa del Agua, 90% del agua de los acuíferos laguneros es de uso agrícola, pero 80% de las tierras irrigadas son de alfalfa; es decir que 72% de nuestra agua es usada para cultivar alimento para vacas.

En Lucero, Durango, se encuentra el nuevo rancho ganadero de SuKarne con 250 mil cabezas de ganado y autopromovido como el más grande del mundo. El llamado “Complejo Agroindustrial Lucero” fue inaugurado en 2015 y abarca 475 hectáreas; se estima que sacrifica al día 2’500 reses y exporta hasta el 70% de su producción.

Si hacemos caso a la información mundial que brinda Cowspiracy, resulta alarmante imaginar los altos índices de sobreexplotación de los recursos hídricos y contaminación del aire que padece nuestra región debido a la ganadería.

Y sin embargo, en octubre de 2015, el Instituto Municipal de Planeación y Competitividad de Torreón (IMPLAN Torreón) publicó un reporte titulado “Calidad del aire en Torreón y sus efectos en la salud” en el que se señala como consecuencia mayoritaria de la contaminación de nuestro aire a las emisiones de CO2 de los automóviles y a los gases de las zonas industriales. En este reporte, según la Dirección General de Medio Ambiente, 75% de la contaminación ambiental en nuestra zona es producida por los automóviles; Susana Estens de la Garza, directora de dicho organismo municipal, habla sobre responsabilidad compartida de los ciudadanos y promueve un programa de verificación vehicular, augurando que dicha estrategia mejorará la calidad del aire y por lo tanto la salud de los torreonenses. Según las autoridades municipales competentes, en la principal cuenca lechera del país, que además cuenta con grandes zonas industriales, Peñoles y 600 mil cabezas de ganado, el principal factor de contaminación son los automóviles.

¿Por qué en una zona desértica como la nuestra, con serios problemas de agua, se sigue permitiendo que sus mantos acuíferos sean saqueados a este grado por gigantes conglomerados ganaderos? ¿Cómo es posible que una zona gravemente enferma de sequía continúe siendo el centro del negocio lechero a nivel nacional?

Si el panorama ambiental del planeta es tan desastroso como señala Cowspiracy, ¿qué podemos esperar entonces de nuestra zona, donde la incongruencia de su nombre acuático es tan irónica como nuestro culto a la carne?

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