¿Son un problema los partidos políticos?

Por: Francisco Borjón

El gran cuestionamiento que tiene hoy la sociedad norteamericana e internacional es ¿cómo pudo un individuo de las características de Donald Trump ganar la candidatura del Partido Republicano? Entre más avanza la campaña de Trump resulta evidente que el partido republicano tiene serios problemas internos; que hay una crisis severa en uno de los dos partidos tradicionales de los Estados Unidos.

Durante los dos periodos de Obama, el partido republicano ha controlado el poder legislativo de Estados Unidos, bloqueando la mayor parte de las iniciativas más importante del demócrata, lo que tiene paralizados muchas de las políticas públicas que requiere el país, porque, en contraparte, no proponen nada.

Un ejemplo es el problema migratorio, ante el cual se han negado a proponer una solución, lo que no ha hecho sino acrecentarlo y volverlo más complejo. Es muy explicable que gran parte de los norteamericanos se sientan decepcionados de su clase política, la cual consideran que no representa ni los intereses ni las expectativas de la sociedad y sí, en cambio, protege a la clase económica más poderosa.

En México vivimos una situación muy similar. Los partidos políticos son corporaciones que agrupan a un conjunto de camarillas, algunas de ellas verdaderamente perniciosas socialmente, cuyo propósito básico es la búsqueda y el control del poder, no los intereses de la sociedad.

Cuando el nivel de aprobación de Enrique Peña Nieto está sobre un escandaloso 20%, el cuestionamiento obligado es cómo un hombre puede gobernar en un país donde lo desaprueban el 80% de sus ciudadanos, pero además cómo es que alguien de tales características es presidente de la república y, de paso, cómo es que tenemos políticos de tan bajo nivel en las posiciones claves del gabinete presidencial y en muchas, muchas, de las gubernaturas.

Pero si se voltea a la escena internacional, hay casos como el de España, donde tienen por lo menos lo que va de este año sin poder formar gobierno, en medio de un canibalismo salvaje entre los diferentes partidos políticos.

Otro ejemplo penoso: cómo la izquierda se volvió una cueva de corrupción en su primeros gobiernos en Brasil.

En México vivimos una partidocracia que manipula todos los accesos al poder; un rejuego de pequeñas camarillas de políticos la mayoría de ellos impresentables, donde lo que importa son ellos o, más bien, donde el proyecto son ellos. Y esto vale para el PRI, para el PAN, para el PRD y para Morena.

Cuando comenzaron a aparecer candidaturas independientes, las bloquearon de inmediato, porque esto era una herejía, o más bien la pérdida de su control.

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