¿Qué hacer con Humberto Moreira?


Por: Francisco Borjón

Si el PRI desea una campaña ganadora en la elección que se avecina, en apariencia se tendrá que deslindar de Humberto Moreira de un modo inteligente y claro; no parece haber más alternativas en el menú del día.


El PAN ya ha definido su discurso de cara a las elecciones de 2017 en Coahuila: la llamada megadeuda y la inseguridad de once años a la fecha como temas principales; a manera de temas menores la transparencia en las cuentas públicas y la crítica a algunos servicios básicos, aprovechando que ha sido un año excepcionalmente lluvioso.

Estos serán los temas para la contienda por la gubernatura. Por las alcaldías se tomarán algunas problemáticas específicas de los municipios donde no gobiernan, que en este caso el único importante es Torreón.

Se puede anticipar que la megadeuda  y la corrupción van a terminar siendo los dos caballos de batalla en la campaña electoral, porque la seguridad ha tenido en los últimos cuatro años una mejora muy importante y no se sostiene como tema de crítica, por lo menos no hacia el gobierno de Rubén Moreira.

El problema es que el problema se llama Humberto Moreira Valdés. Tanto la megadeuda, como la corrupción y la inseguridad se dieron durante el gobierno de Humberto Moeira y esto es algo que, inevitablemente, tiene que asumir electoralmente quien sea el candidato del PRI.

Resulta mucho más inteligente preparar un discurso y una postura creíble ante el problema de la deuda y de la gestión de Humberto Moreira que, infructuosamente, tratar de eludir el tema, algo que es imposible en campaña, porque esto le daría todo el espacio al candidato panista para tener una buena bandera.

Hasta ahora se ha dejado de lado que además de Humberto Moreira, el segundo principal implicado es el exgobernador interino Jorge Torres López, hoy prófugo de la justicia, quien no casualmente es primo hermano de Isidro López Villarreal, quien ahora es uno de los precandidatos panistas, alcalde en funciones de Saltillo y, en consecuencia, posible candidato.

El no plantear una postura más contundente y creíble ante la deuda del gobierno estatal, se ha complicado porque Rubén y Humberto Moreira son hermanos y, aunque de hecho están fuertemente distanciados, Humberto está fuera de control para Rubén, pero no debe estarlo para quien resulte candidato del PRI a la gubernatura ni, en teoría, para el dirigente nacional del PRI, porque el fin máximo es ganar la elección, no cuidar la imagen ni la relación con un exgobernador que se niega a asumir sus culpas.

Está tan complicada la situación para Enrique Peña Nieto que el PRI no puede perder más estados, lo que le obliga a ser pragmático y poner a un lado las cuestiones filiales y ciertos compromisos, como lo tuvo que hacer con Luis Videgaray, quien era su brazo derecho y una de sus dos principales alternativas para la candidatura a la presidencia en 2018.

Un discurso que es creíble y necesario es que la deuda se debe revisar, tanto en su origen como en su manejo, porque, aun cuando ya se ha renegociado, las finanzas estatales siguen en una situación muy difícil, pero además el escenario de las finanzas del gobierno federal se ha complicado casi al límite, así que vienen años muy difíciles.

Por su parte Humberto Moreira, lejos de cooperar, no ha hecho sino complicar más las cosas. Cuando se da una dura reforma a la ley de pensiones de los maestros del estado, Humberto, como un hecho realizado para provocar, hace que le otorguen una pensión por su “carrera”  magisterial por 37 mil pesos mensuales, un rango que ningún maestro alcanza, en ninguna categoría, pero además todo mundo sabe que Humberto no tiene una carrera que justifique tal pensión, menos ahora que es un hombre acaudalado, tal vez enormemente acaudalado.

Luego viene lo de España, donde el gobierno federal lo ayuda de manera decisiva, pero, principalmente, la justicia norteamericana se niega a aportar los elementos que tiene, porque desea juzgarlo en los EEUU y confiscar todas sus cuentas y bienes, como lo ha hecho con el resto de los involucrados a quienes sí ha logrado capturar y procesar.

Después del proceso en España el exgobernador debió bajar totalmente el perfil, pero lejos de ello ahora demanda al periodista Sergio Aguayo por “daño moral”, solicitando una compensación por 10 millones de pesos. Legalmente no va a obtener nada, pero mediáticamente ha logrado reavivar la animadversión de los medios periodísticos de la ciudad de México, que se han solidarizado con Sergio Aguayo.

El daño moral es muy difícil de comprobar jurídicamente, aun cuando le asista la razón al demandante, pero en el caso de Humberto Moreira tal demanda por ese concepto es un total despropósito. 
Tal vez lo que deseaba es lo que están buscando ahora algunos políticos involucrados en asuntos de corrupción: que el juez que lleve el caso dicte, como medida precautoria, la prohibición al demandado de publicar cualquier cosa en contra del demandante mientras dure el proceso y, al ritmo que camina el sistema judicial mexicano, esto puede implicar hasta dos años, justo lo que le resta al gobierno de Enrique Peña Nieto. 

Ya con los medios de comunicación encima, porque el único demandado es Sergio Aguayo, Humberto Moreira se ha puesto a juguetear con la posibilidad de ser candidato a la presidencia municipal de Saltillo, donde se piensa muy popular entre los barrios y colonias pobres.

Para poner la cereza al pastel en este año de 2016, los hermanos Junco de la Vega, propietarios de los importantes diario El norte de Monterrey y Reforma, de la ciudad de México, habían jurado venganza por el fracaso que tuvieron con el periódico Palabra en la ciudad de Saltillo, cuando Humberto hacía negocios ilícitos con otros medios impresos y electrónicos en todo el estado, una parte de los cuales ha aflorado con el escándalo del proceso judicial en San Antonio, Texas.

Con la capacidad económica, los grandes espacios de que disponen y la animosidad, Reforma es ya un aliado decidido del PAN de cara al proceso electoral de Coahuila en el 2017, y ésa es otra deuda de Humberto que está siendo pagada; no se trata de un asunto periodístico, por lo menos no en su motivación de fondo.

Si el PRI desea una campaña ganadora en la elección que se avecina, en apariencia se tendrá que deslindar de Humberto Moreira de un modo inteligente y claro; no parece haber más alternativas en el menú del día; sólo hay de esa sopa.

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