Torreón: la recuperación de la noche

Por: Marcela Valles

Sábado, siete de la noche o de la tarde, el cielo gris amenazando lluvia y el clima agradable, lo que ya es un motivo de felicidad en plena “canícula” del verano lagunero, donde el pavimento suele arder en estas fechas a temperaturas de 40 grados centígrados o más.

La cantina es chica, con mostrador negro y muy poco espacio dentro, pero la banqueta es ancha y está repleta de mesas. Todo el lugar está repleto con una clientela de muy variadas edades, de hombres y mujeres, aunque debe de haber algo más de jóvenes. Se bebe, se conversa de todo usando un tono muy alto, casi gritón por el ruido que forma el tumulto.

Adentro, en la única mesa grande, ocho jóvenes beben en lo que debe ser el inicio de una larga travesía etílica que debe terminar allá por la dos o las tres de la mañana, aunque cada quien tiene su horario. Ahora hombres y mujeres beben al mismo ritmo y usan un lenguaje igual de desenfadado: pendejo, güey, chingada, baboso, idiota… se acabaron las delicadezas del lenguaje femenino de las generaciones anteriores.

Cincuenta pesos por tres cervezas oscuras bien frías, no está nada mal el precio, aunque mi acompañante encuentra amargosa la cerveza y prefiere una bebida preparada: es tequilero de corazón.
Estamos en uno de los muchos, de verdad muchos lugares tipo bar que se han instalado a partir del año pasado en las inmediaciones de la Alameda Zaragoza de Torreón y la avenida Colón, una vía muy corta en extensión pero muy agradable por la amplitud de su gran camellón central, donde cabe un andador central y dos líneas de jardín a los lados. Aquí terminaba antiguamente Torreón, ahora aquí comienza la noche.

En la emblemática calle Morelos, que es la siguiente a donde estamos, avanzan las obras de una remodelación que la dejará como el paseo más atractivo no sólo de Torreón, sino de todo Coahuila. Las enormes palmeras, que alcanzan hasta los 20 metros de altura le dan un toque especial. Finalmente parece que un gobierno municipal ha encontrado un proyecto serio para cambiar la dinámica del viejo centro de la ciudad, que se estaba muriendo de abandono.

Pero esto es muy nuevo: hace apenas cinco años la sociedad local toda vivía un periodo de inseguridad y de miedo colectivo: el crimen organizado se había empoderado de todo el medio noctámbulo y antrero de La Laguna. Sucedieron cosas realmente terribles: matanzas de jóvenes a mano de grupos de sicarios sacados de los rincones más siniestros del submundo criminal.

La sociedad no protestó abiertamente; el miedo era muy grande y la noche de Torreón y de La Laguna se apagó. No solo los jóvenes sino todos quienes deseaban salir a disfrutar de la noche se tuvieron que recluir en sus casas o en lugares familiares cerrados y protegidos, pero ni ahí se sentían seguros. Dejar salir a los hijos de noche, si es que se accedía, era un Jesús en la boca; una zozobra que no terminaba hasta que el hijo regresaba sano y salvo.

Hoy los bares para jóvenes y adultos, los antros, los restaurantes y los lugares para eventos musicales se han renovado. Esos malos años parecen haberles dado un nuevo impulso a los empresarios del giro para meter nuevos conceptos; también movieron a muchos jóvenes para organizarse y recuperar la calle a través de la música y el arte. Cuando concluya el proyecto de la Morelos, que deberá ser en los últimos meses de este año, el centro de Torreón podrá consolidar ese nuevo ambiente.


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Son las diez de la noche, está cayendo una suave llovizna y el clima es más fresco, ya comimos unos tacos en un camioncito de comida estacionado cerca del bar donde yo tomaba cervezas heladas y oscuras y él su tequila “divorciado”; ahora estamos entrando a un antro ubicado muy cerca del boulevard Independencia, la principal avenida comercial de esta ciudad, que también las vio negras en el periodo de la violencia.

Aquí la clientela ya no es tan joven, diríamos que ya sufre el asedio de los demonios del medio día, aunque los demonios no tienen hora en esta vida, yo le tengo más miedo a los demonios que vendrán a los sesenta y ni se diga a los ochenta, pero ya encontraré la forma de exorcizar a esos otro demonios. Por lo pronto estamos dentro de este antro que tiene una enorme pantalla al frente, un área central y dos desniveles, todos repletos de mesas. Es la hora de la música ochentera, discotequera.

Tres mujeres (vamos a decir que de 40 años porque eso de calcular la edad a mí no se me da, menos ahora con tanto truco) bailan alrededor de su mesa, desprejuiciadas, libres, no parecen necesitar de hombres para divertirse, tal vez más noche no faltaran quienes se acerquen o tal vez no tengan el mínimo interés en que lo hagan. El caso es que hace cinco años ni pensar en que un grupo de amigas podría salir de antro y beber hasta las dos o tres de la mañana, para luego tomar su coche e irse a su casa. Había miedo hasta de manejar un buen coche por las calles de la ciudad.

Sigue habiendo algunos problemas de seguridad, de ello dan cuenta los medios y el chismeríos de las redes sociales, pero es un hecho que Torreón ha recuperado la noche y lo ha hecho con gran entusiasmo, pero esto debe de haber implicado mucho trabajo policiaco, gubernamental y muchos debieron correr gran peligro para enfrentar la ferocidad y locura psicópata de la bandas del crimen organizado; sin embargo, tengo la impresión de que le hemos escatimado el mérito a quienes lo han logrado.

Si hago memoria, duré cerca de cuatro años sin pisar un antro cuando vi con horror lo que había sucedido en Las Juanas, aquel antro que estaban estrenando en la Saltillo 400 y donde se dio la masacre de decenas de jóvenes, uno de ellos un gran muchacho que yo había visto jugando basquetbol en la selección del colegio donde estudiaba mi propio hijo.

La política puede ser de una mezquindad terrible, donde unos políticos están buscando con una gran lupa donde hay porquerías, donde algo puede ir mal para lanzárselo en los medios a los otros, eso cada día está peor, pero creo que es de elemental honestidad darle el mérito a quienes han logrado la recuperación de nuestra noche.

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