TEATRO: Tres perfiles laguneros en la capital

Por: Lucila Navarrete



José Juan Meraz (Gómez Palacio, 1974), Raquel Mijares (Torreón, 1987) y Sinaí Segovia (Gómez Palacio, 1989) son algunos de los actores y creadores escénicos laguneros que establecieron residencia en la Ciudad de México, y se formaron en instituciones de prestigio como el Centro Universitario Teatral de la UNAM (CUT) o la Escuela Nacional de Arte Teatral del INBA (ENAT). Hoy por hoy estos actores se desemepeñan exitosamente en el cine y en el teatro en la capital del país. Con ellos tuvimos la fortuna de conversar sobre su oficio.

Desde los años treinta la Comarca Lagunera comenzó a gozar de un dinamismo teatral y cultural originado en la necesidad de incorporar a la próspera ciudad de Torreón en la lista de metrópolis del país. Ninguna ciudad puede preciarse de ser metrópoli si no cumple con el requisito de promover las “bellas artes”. Sin embargo, esta tarea resulta muchas veces compleja, sobre todo cuando prevalence la indiferencia social, o bien las instituciones, sobre todo de carácter oficial, entorpecen el fortalecimiento de las disciplinas artísticas. No obstante estas limitaciones, a las que se añade el hecho de que los artistas cuentan con pocos incentivos locales, la Comarca sigue siendo semillero de escritores, actores, músicos y artistas plásticos. Algunos permanecen, otros migran a los centros culturales más improtantes del país, otros van y vienen.

En el caso del teatro, figuras como el empresario Isauro Martínez en los años treinta, el periodista Luis Díaz Flores Campos y su amigo el médico Alfonso Garibay Fernández en los años cincuenta, Magda Briones en los setenta y Sonia Salum en los ochenta, han sido pilares en la promoción o práctica de esta disciplina en la región. Cuantiosos han sido los teatreros (además de músicos, pintores y escritores) que se formaron directa o indirectamente con ellos. Cómo olvidar a la generación de los años setenta, conformada por Rogelio Luévano, Héctor Herrera, Virginia Valdivieso, Alberto González Domene, Pepe Méndez y Salomón Atiyhe, entre otros, quienes acompañados por Magda Briones, trabajaban con escaso presupuesto en montajes, conciertos y exposiciones. Algunos de estos artistas se implicaron posteriormente en la recuperación del entonces muy venido a menos Teatro Isauro Martínez, que estuvo a punto de ser demolido de no habérsele entregado al INBA y posteriormente a un patronato. La recuperación del TIM, reinaugurado en 1982, marcó un hito en el desarrollo de la disciplina teatral lagunera en las últimas tres décadas. En él se involucraron maestros que diseminaron el teatro con pocos recursos y para otros espacios, como los de corte escolar o universitario.

Desde entonces, figuras como Rogelio Luévano, Sonia Salum, Jorge Méndez, Virginia Valdivieso, y después Alejandro Alvarado y Martha Eugenia Chávez, entre otros, han sido fundamentales para la formación inicial de actores laguneros que eventualmente migraron en busca de una profesionalización de su vocación.


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José Juan Meraz, director y actor de teatro y cine, cuenta con una larga trayectoria y se considera a sí mismo un “creador escénico”. Se inició en el arte durante su etapa universitaria en el entonces ISCYTAC, en el taller que dirigía Consuelo González Garza, quien a su vez estaba a cargo del Teatro Mayrán.

“Llegó un momento en que yo empecé a hacer giras con un grupo sólido digirido por Jorge Méndez, quien por cierto cambió mi visión del teatro y del oficio actoral. Él fue un pilar importante para mí junto con Rogelio Luévano.”

José Juan decidió entonces abandonar la carrera de Comunicación en el tercer año, y comenzar a explorar las posibilidades para formarse profesionalmente como actor. “Yo llegué a la Ciudad de México a los 20 años e hice examen para el CUT. Éramos cerca de 800 aspirantes y nos quedamos 12, sólo 7 egresamos y todos tenemos trabajo.” De esa etapa en el CUT José Juan hace énfasis en la solidez de su formación: “Es una escuela tan prestigiosa que sólo por egresar del CUT me abrió las puertas inmediatamente”.

En el ’99 comenzó su carrera como protagonista de una obra de Michel Marc Bouchard, “Los endebles” (2000), bajo la dirección de Boris Schoemann: “era una obra para 11 hombres, la producción era del CUT, íbamos a estrenar en la UNAM pero en eso estalló la huelga. Buscamos dónde presentarnos y caímos en el Teatro la Capilla, con Jesús Rodríguez. La obra fue un suceso y se creó la compañía teatral ‘Los endebles’.” Al cumplir los 10 años de estrenarse se hizo una conmemoración (2010) y se llevó a Torreón.

“Empecé a hacer mucho teatro y mucho cine. Hice el protagónico de “Cementerio de papel” con Mario Hernández. Seguí haciendo teatro; representé Macduff en “Macbeth” para el teatro Julio Castillo en el 2005, trabajando al lado de Arturo Ríos, el actor de teatro que más admiro.” Continuó con Schoemann en “El camino de los pasos peligrosos”, “que se presentó en Torreón en varias ocasiones”. Participó en la cinta “Exxxorcismos” (2002) y “El misterio de los almendros” (2003), en las que tuvo papeles estelares bajo la dirección de Jaime Humberto Hermosillo. Además ha trabajado en papeles estelares o protagónicos para cintas como “Cementerio de papel” (2006) “Guten tag, Ramón” (2013) y “Familia gang” (2013).

Ha colaborado para TV Azteca, Telemundo y Canal 11. “Yo siempre evité hacer televisión –confiesa– hay mucho dinero desperdiciado. Durante un tiempo yo me negaba. Pero finalmente la tele me da oportunidad de sostener mi compañía que fundé en el 2011 junto con Daniel de la O.” En televisión ha estado presente en “El encanto el águila”, “Gregorio la cucaracha” y en las temporadas 2, 3 y 4 de “El señor de los cielos”.

En su compañía teatral “Sin sonrisa teatro” actúa y dirige: “Ya tenemos 4 espectáculos en repertorio, los 4 dirigidos por mí. Nuestra compañía es un laboratorio, buscamos nuestro propio lenguaje. Hemos estado en varios espacios de la Ciudad de México. Tenemos un proyecto de pentalogía sobre las fases del duelo. Ya hicimos ‘Negación’, ‘Resignación’ e ‘Indignación’. Hicimos también una obra para niños, ‘Mene’ que versa en torno a la pérdida del padre, y con la que el público llora mucho”.
Sobre su relación con la Laguna señala su deseo de que sea más estrecha. “Hubo un tiempo que no tuve nada qué ver. A Torreón llevamos ‘Los endebles’, ‘El camino de los pasos peligrosos’ y mi monólogo unipersonal ‘Voces de un asesino de cara larga y sin sonrisa’ que se presentó en el Teatro Nazas. Quisiera además llevar ‘Negación’.”


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Raquel Mijares es una joven actriz egresada del CUT y también de la carrera de Comunicación de la Ibero Laguna. Aunque ha trabajado como comunicóloga para productoras de la región, se considera sobre todo actriz, razón por la que migró a la Ciudad de México, si bien con poca experiencia amateur en Torreón, sí con una vocación íntima arraigada desde la infancia.

“Desde niña me sentí fuera de lugar. Yo sentía que la escuela tradicional no era para mí. De chiquita mis papás me metieron a un taller de teatro par niños en el Isauro Martínez con Virginia Valdiviesa. Fue un lugar en el que yo aprendí a escuchar y a ser escuchada; si de algo yo carecía en mi niñez fue escucha. En el taller sentí por primera vez que podía ser escuchada y que yo también podía escuchar. Sin embargo, dejé el taller por cuestiones económicas. Pero Vicky por fortuna me invitó después a un montaje. Desgraciadamente ella falleció a la mitad de un segundo montaje y yo corté toda relación con el teatro. Tenía alrededor de 9 años.”

En la preparatoria del Tec de Monterrey y después en la universidad estuvo en algunas obras, aunque fue realmente a través del actor Héctor Iván González que retomó la disciplina, al participar en “La insurgenteada”, una obra en la que además no pudo actuar. Raquel entonces, decidió establecerse en la Ciudad de México y prepararse durante un año con la también lagunera Martha Eugenia Chávez Vélez, actriz de larga trayectoria.

“Una vez dentro en el CUT fue complicado porque la carga de trabajo era muy pesada –señala Raquel–. Desde mi segundo año me contactan para hacer ‘Autopisa a un copo de nieve’ (2013) para Casa del Lago, y desde entonces yo no he dejado de hacer montajes. Al año siguiente, con algunos compañeros de mi generación, formamos una compañía, ‘Todo lo que no fuimos’. Estrenamos ‘El reino de los animales’ que ya lleva 3 temporadas, y ‘Sopa de letras’.”

Para poder sostenerse Raquel da clases y además colabora impartiendo un taller de teatro en una asociación civil para discapacitados. “Yo quiero que la docencia sea mi fuente de ingresos más importante, sobre todo porque me interesan los vínculos entre pedagogía y teatro.” Si bien no descarta trabajar en televisión, su gran pasión es el teatro, una disciplina que es “formadora de mejores personas, porque sobre todo se trata de otra dimensión, de una disociación en la que tú como actor, entiendes desde otro lugar al ‘otro’. El teatro es una forma de compasión, de comprensión de nuestra complejidad y de nuestras heridas.”

La compañía en la que es cofundadora, “Todo lo que no fuimos”, recientemente fue acreedora de la “Incubadora de grupos teatrales” de la UNAM, una convocatoria que consiste en premiar obras, otorgando gastos de montaje, difusión y espacio.

“Lo que presentamos fue un proyecto de 4 historias para niños, con la intención de acompañar el desarrollo cognitivo de los niños desde preescolar hasta la secundaria. Tomamos un taller de dramaturgia con Tere Valenzuela para poder escribirlas y me gustó esta primera incursión dramatúrgica; me gustaría seguir escribiendo. Esta primer historia ‘Por qué Pedro Pelotas no quiere bañarse’ es para edades de 5 a 8 años y trata sobre un niño que no quiere bañarse porque está creando un mural con materiales caseros y él se siente parte de su mural.”

Actualmente se encuentra montando “La Cactácea” del director y dramaturgo Alberto Villarreal. Además quisiera reestablecer un vínculo con su terruño: “yo no he hecho mucho por acercarme, aunque monté con Héctor Iván una versión libre de ‘Medea’, que llevamos a un foro-librería en Torreón. No puedo negar toda una historia que yo traigo de allá, una historia de contexto”.


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Sinaí Segovia es el más joven de los tres. Se ha desempeñado en televisión, teatro y cine. Desde niño supo que tenía necesidad de la ficción: “A los 12-13 años ingresé en el teatro del ICOCULT con el maestro Alejandro Alvarado. Este maestro se tomaba las cosas muy en serio; hay gente que entiende mal el oficio. Eso no era un taller de verano.” Durante su tiempo en el ICOCULT, entre los 13 y los 17 años, fue también alumno de Martha Eugenia Chávez, quien influyó profundamente en su vocación.

“Desgraciadamente me fui de Torreón porque no hay espacios de formación profesional para actores. No puedes vivir de ello a menos que des clases. Para mí era importante trabajar con profesionales egresados de una escuela, sobre todo porque quería hacer cine.” Así que terminó la preparatoria y se instaló unos meses después en la Ciudad de México, un lugar que le aterraba por la hostilidad, el clima y la inseguridad. “Elegí la ENAT, pero el cambio fue drástico, tenía 18 años. Además el horario de la escuela es de las 8 am a las 10 pm. Te absorbe toda tu vida, pero te prepara para la vida real. En mi generación egresamos 45: sólo el 10 % de las fichas repartidas. Siento que cualquier egresado de mi escuela puede hacer cualquier cosa.” En la ENAT contó con maestros como Claudia Ríos, Xóchitl López y Martín Acosta. En particular a este último admiraba desde que llegó a vivir a la Ciudad. Después montaría con él su primer obra como actor profesional, “La cacatúa verde” (2011), con la que se reestrenó el Teatro Principal de Puebla.

Desde que se graduó no ha dejado de participar en cortometrajes para el CUEC y del CCC. Además trabajó para la lagunera Elvira Richards, directora de castings: “Fui su asistente de dirección y aprendí mucho sobre qué se tiene que hacer delante de cámaras. Entendía sobre la actuación pero no entendía el formato del cine. Me tocó ver castings con grandes actores como Kotsifakis. Elvira me hizo varias audiciones, así nos conocimos.”

Sinaí señala como uno de sus grandes retos la obra “La cosa del mar” (2014) de la dramaturga alemana Rebekka Kricheldorf. Luis López, el director, le había ofrecido el montaje desde que Sinaí estaba estudiando. “Es un texto cargado de humor negro, hay mucha crueldad. Para mí significó mucha maduración.”

Asimismo ha trabajado para Argos en “La señora cero”, para Televisa en “Como dice el dicho”, “La vecina” y “Antes muerta que Lichita”. Está por estrenar el largometraje “Mala copa” y recientemente acudió al Festival Internacional de Cine de Morelos a presentar el cortometraje, “Prohibido caminar en círculos”, dirigido por Fabián León López, en el que es protagonista. Su profesión fundamentalmente la ha enfocado en el cine.

“Creo que si quisiera dedicarme al teatro me regresaría a la Laguna. A mí el teatro me cambió la vida y pienso que transforma no solamente viéndolo sino haciéndolo Hay algo que me tiene muy orgulloso: hace unos años durante la administración de Rocío Rebollo en Gómez, metí una propuesta de teatro ambulante, que actualmente se llama ‘Teatro Móvil’.” Si bien Sinaí no pudo encabezar el proyecto, impartió un taller para darle inicio en el 2011. “Yo lo pensé para una docena de personas que nunca hubieran tenido una experiencia con el teatro, sobre todo de colonias de bajos recursos y en condiciones de violencia, pero que además se les pagara simbólicamente.”

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