Mas si osaren dos extraños enemigos

PORTADA #300

POR: LA REDACCIÓN


Cuando tocan el himno nacional al subir un campeón olímpico al pódium, se siente emoción, lo mismo si se escucha en algún evento especial en el extranjero o en un festejo auténtico del día de la independencia, de los que cada vez hay menos. Digamos que en lo personal la letra del himno mexicano y de muchos otros himnos no me agrada del todo; a fin de cuentas se trata de un himno bélico y, con lo que conlleva, la guerra es el infierno con todo y héroes.

A lo largo de mi vida, no sólo de mi carrera profesional, nunca me había tocado un hecho tal vez histórico al que se le pudiera aplicar con justicia esa estrofa del himno nacional que dice: “mas si osare un extraño enemigo profanar con sus plantas tu suelo, piensa, oh patria querida, que el cielo un soldado en cada hijo te dio”, pero finalmente me ha tocado.

Enrique Peña Nieto, nada menos que como presidente de la república, lo ha hecho posible al invitar al candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump. Se dio a nivel nacional un sentimiento universal de indignación, de agravio; un sabor a traición a los intereses nacional que jamás se había dado desde hace por lo menos un siglo.

Ya pasada la turbulencia inicial, después de escuchar la no creíble versión oficial y realizado el recuento de los daños, parece claro que Enrique Peña Nieto, encerrado en su despacho y con la sola compañía de su hombre fuerte, Luis Videgaray, quien estaba haciendo las veces casi de un primer ministro, elucubraron lo que consideraron como “un gran golpe de timón”, para levantar la imagen presidencial antes del cuarto informe de gobierno, que se ubicaba en un desastroso 23%, algo inédito en la historia reciente del país.

El propio Videgaray tenía tantos motivos como Peña Nieto: el reporte de la economía mexicana para este cuarto informe no tenía nada bueno qué contar, pese a que la reforma fiscal del 2013, que ha sido durísima para muchos sectores, incrementó la recaudación de 1.3 hasta 2.4 billones de pesos, con un subsecretario de hacienda como Aristóteles Núñez y sus políticas de hierro. Las calificadoras internacionales han prendido los focos amarillos y puesto la alerta: la deuda pública alcanzó un 48% del total del PIB nacional, después de que Vicente Fox la dejara en tan sólo 18%. ¿Dónde están los recortes y todo el aumento recaudatorio?

La economía sigue estancada, con pronósticos  de crecimiento para este año de apenas un 2%, que puede ser aún menor. La reforma energética se atascó y los números del sector público no salen, pese a todos los recortes presupuestales prometidos, mientras que la economía internacional sigue también empantanada y el peso mexicano alcanzó frente al dólar niveles record a la alza de hasta 20 pesos. La inflación asecha.

¿Cuál era entonces el propósito? Todo orienta a que “el gran golpe de timón” era invitar a Donald Trump a México, recibirlo como jefe de estado, tener un diálogo con él en la oscuridad y luego una comparecencia pública, para tratar de “ablandar” su política migratoria; esto antes del discurso de Phoenix, Arizona, donde Trump dirigiría lo que se considera como el mensaje definitorio de su posición sobre el tema. Nada más absurdo, torpe y delicado.

El resultado fue devastador para Peña Nieto y su delfín Videgaray: el anteponer sus intereses personales a los intereses de la nación, aunque esto suele tan solemne, le dio lo que se puede considerar como el golpe de gracia a su mandato presidencial. Sim embargo, lo peor podría estar por venir, dependiendo del resultado de la elección norteamericana el 8 de noviembre de este año.
Diplomáticamente la decisión fue de una torpeza apenas concebible hasta para el sentido común: México se involucró, de la peor manera, en el proceso electoral del imperio; el acto fue utilizado por Donald Trump como le vino en gana y, muy al estilo del personaje, con vesania, mofándose de México, de Peña Nieto y de los mexicanos, hacia los cuales ha dirigido un discurso abiertamente con tintes fascistas, aderezado con insultos públicos altamente ofensivos.

Al día siguiente del mensaje de Trump en Phoenix, Arizona, el New York Time lo calificó como “simplistamente brutal”.

Si se calcula más mal no sale. Trump estaba en su momento más bajo de la campaña y la visita a México le dio aire para avanzar en sus preferencias, cuando la elección tiende a cerrarse. Los analistas internacionales se apresuraron a decir que si Trump llegara a ganar por un estrecho margen, ni los mexicanos, ni los Estados Unidos, ni el mundo se lo perdonarán a Peña Nieto.
La capacidad estratégica fue tan limitada que, ni tan siquiera, se hizo la invitación a Donald Trump condicionándola a la aceptación de ambas partes contendientes, porque tenían prisa en tener a Trump en México. Hilary Clinton por supuesto rechazó la invitación después de lo sucedido y tampoco va a olvidar, gane o pierda la elección; aunque bien valdría dedicar una gran misa para que gane, por el bien de México.

Todo lo demás ya es conocido por tantos espacios que se le han dedicado a ello, ahora lo más importante es tratar de hacerse de una idea sobre lo que va a suceder con los más de dos años que le restan al gobierno de Peña Nieto.


EL DESPEÑADERO 


Después del terremoto y de ese otro fracaso enorme que fue el cuarto informe de gobierno, presentado bajo un formato de un reality show televisivo de muy bajo perfil, en el cual inclusive utilizaron de mala manera a los poquísimos medallistas olímpicos, se esperaba una gran sacudida del gobierno de Peña Nieto porque, en las condiciones actuales, el sexenio está terminado, lo que es muy grave si se considera que aún le restan poco más de dos años y no habrá candidatos presidenciales oficialmente hasta finales de 2017.

Lo único que pasó fue la destitución de Luis Videgaray, algo que se daba por descontado. Al pasar José Antonio Meade a la Secretaría de Hacienda, en sustitución de Videgaray; también se colocó en la Secretaría de Desarrollo Social a Luis Enrique Miranda Nava, amigo íntimo de Peña Nieto y Secretario General de Gobierno durante su gubernatura del estado de México. La designación fue criticada de forma unánime por todos los partidos opositores, los cuales consideraron que es un movimiento político, orientado a tratar de rescatar la gubernatura del estado de México en las elecciones de 2017, utilizando los programas sociales.

Fuera de esto no ha pasado nada, inclusive estaba pendiente quién iba a sustituir a Aristóteles Núñez en la subsecretaría de hacienda para que apriete, aún más, la recaudación fiscal en 2017.

La prensa nacional e inclusive la internacional han criticado el bajo perfil del equipo de Peña Nieto, que está conformado por lo que eran sus dos brazos operativos: Miguel Ángel Osorio Chong, Secretario de Gobernación, y Luis Videgaray, quien desde la Secretaría de Hacienda era, de facto, el hombre más poderoso dentro del gabinete, pero existen varios secretarios de estado que no tienen el perfil profesional requerido ni la experiencia necesaria.

El caso más importante es el de Aurelio Nuño Mayer, Secretario de Educación Pública, un tecnócrata de apenas 38 años de edad, sin ninguna formación ni experiencia en temas de educación, quien, para aparentar más edad, se pinta el pelo con canas. Es un protegido de Luis Videgaray y a través de éste se colocó como Jefe de la Oficina de la Presidencia. Hoy está a cargo nada menos que de la reforma educativa, que se ha vuelto especialmente complicada.

Claudia Ruiz Massieu fue designada como Secretaria de Turismo y ahora como Secretaria de Relaciones Exteriores, cargo para el cual no tiene ninguna formación ni experiencia. En el escándalo de Donald Trump no fue tomada en cuenta, mucho menos consultada y, según ella misma lo afirma, tampoco presentó su renuncia “porque trabajamos en equipo y asumimos las decisiones que tome el equipo”.

Aunque se muestre gran incompetencia en este gobierno nadie renuncia, ni a nadie renuncian. Miguel Ángel Osorio Chong ha sido notoriamente incompetente en el manejo del conflicto magisterial, pero después de la renuncia de Videgaray se le sigue considerando una opción para suceder a Peña Nieto.
Las inconsistencias y la “todología” son las dos principales características que definen a un equipo de gobierno que se ha ido cerrando como grupo, el cual atiende más a la complacencia del presidente que a los resultados en sus respectivas carteras.


¿TRUMP Y PEÑA NIETO NEGOCIANDO?


Todo el activo político y gubernamental de este sexenio estaba depositado en las llamadas reformas estructurales (once en total en un periodo record de 20 meses de trabajo legislativo), las cuales prácticamente redefinirían el estado mexicano, pero al momento en que la casi totalidad de esta reformas pasó del papel a los hechos, se convirtieron en papel mojado.

La energética fue lanzada justo cuando se da el desplome internacional de los precios del petróleo, hasta niveles ni siquiera contemplados. El resultado ha sido, para este año, un incremento en las gasolinas, el diesel, el gas, la luz para los usuarios de más alto consumo, incluido todo el sector empresarial y, adicionalmente, la incapacidad de rediseñar a fondo a las paraestatales Pemex y CFE.
De la reforma educativa se ha dicho casi todo, pero lo más importante que ha generado son conflictos y malas negociaciones del gobierno de Peña Nieto, además de dañar la economía de al menos cuatro estados, tres de ellos de los más pobres y subdesarrollados del país.

La reforma hacendaria, que se implementó en 2013, ha funcionado en el sentido de aumentar la recaudación aplicando medidas muy duras hacia los contribuyentes, que son, sustancialmente, casi los mismos de siempre, pero no ha ayudado a impulsar la economía, inexplicablemente tampoco ha servido para sanear las finanzas del gobierno federal, las cuales, por el contrario, han empeorado.
La reforma en telecomunicaciones ha ayudado a los consumidores, reduciendo los costos de los servicios, pero sigue sin aplicarse en su totalidad.

El llamado Sistema Nacional Anticorrupción ha sido implementado este año, pero a la fecha no ha pasado del papel a los hechos, mientras que la corrupción en varios gobiernos estatales ha sido escandalosa, lo mismo que en muchas dependencias federales y funcionarios del más alto nivel.
El sistema judicial nacional sigue siendo uno de los sectores más atrasados, corruptos e ineficientes del país.

Ante este escenario y después de haber tocado fondo, el gobierno de Enrique Peña Nieto no parecía tener más alternativa que una profunda restructuración de sus equipo de gobierno y, en la opinión de los expertos, una especie de gran alianza o pacto con los demás poderes y fuerzas que integran la república, negociando espacios y aceptando la crítica, para tratar de salvar lo mejor posible la última tercera parte de su periodo, aunque esto implique que su partido no necesariamente gane la sucesión presidencial, porque, de hecho, a partir del escenario actual, no es posible que la gane.

Lo que tal vez más inquieta, no sólo en México sino también en grandes sectores de Estados Unidos, es el hecho que Peña Nieto va a ser quien tendrá que negociar con el nuevo gobierno que surja de la elección norteamericana de principios de noviembre.

Si llegara a ganar la presidencia Donald Trump, el escenario sería históricamente crítico y Peña Nieto ya mostró una gran ineficiencia ante el salvaje y autoritario estilo del showman de la política norteamericana, cuyas propuestas de campaña, de aplicarse, tendrían graves repercusiones para México, algunas de ellas alcances imprevisibles.

Además de la ineficiencia gubernamental, el servicio diplomático mexicano pasa por uno de sus peores momentos.

Si la presidencia es ganada por Hilary Clinton, también habría importantes cambios, especialmente en las políticas económicas y en otros temas estratégicos.

El país está en una situación de incertidumbre inédita y el actual gobierno, lejos de buscar consensos y apoyos para enfrentar lo que puede venir en los próximos años, se ha distanciado de casi todos los sectores, mientras que sus índices de aprobación deben estar ya por debajo del 20%. Incluso los sectores más radicales de oposición, como Morena, por citar un ejemplo, han externado que es necesario parar este proceso porque “no queremos construir a partir de escombros”, lo cual es una expresión excesiva, pero es indudable que sí es necesario parar el deterioro del gobierno peñista, porque esto puede acentuar el daño.

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