Guadiana Tijerina y los Moreira

UN PLEITO MÁS NEGRO QUE EL CARBÓN

Por: Álvaro González


Tres de la tarde, temperatura 43 grados centígrados a la sombra, Nueva Rosita Coahuila, julio de 1978.

Subo al destartalado camión urbano, que va repleto de mineros del carbón. Sólo usan pantalones y zapatos roídos, otros chanclas, el dorso desnudo. Llevan toallas percudidas, grisáceas, atravesadas en el cuello y algunos sostienen cascos de aluminio despostillado o plástico amarillento. Sus ojos muestran un aspecto extraño, con las pestañas y los párpados negros por el carbón. Sus rostros, aunque chorrean por el calcinante calor de la hora, son cenizos. Casi nadie habla; se percibe un profundo cansancio; el aire pareciera apestar a desesperanza. Son los hombres del carbón, uno de los oficios más despiadados e injustos que existen en Coahuila.

Para mí el calor extremo es nuevo, sudo a chorros y reniego por estar ahí, en ese camión, en ese pueblo empolvado, de casas viejas de madera carcomida, recogiendo la historia que me quieran contar los viejos, pero sé que no se puede contar toda esta vida triste y pobre, porque estamos haciendo una monografía de los municipios de Coahuila y se deben contar cosas bonitas, oficiales. Estamos en pleno régimen de José López Portillo y el frívolo presidente “administra la abundancia”.

Pero lo que no sé es que me espera la parte dura del día. Media hora más tarde llegó hasta uno de los “pocitos” del carbón. Se trata de una estructura de madera en forma de cono colocada sobre un agujero negro en la tierra. De las estructura cuelgan dos malacates y asoma lo que luego descubro es una escalera.

Me acerco libreta en mano y abordo al hombre que controla los malacates, un viejo de cara surcada por arrugas como arroyos, pelo canoso y cara tiznada.

–¿Oiga cómo es su vida aquí? –le pregunto con toda la ingenuidad de mi novatez como reportero.

–¿Qué cómo es la vida aquí? Pos de la chingada, pos qué no la ve; pero métase al pozo, allá abajo, porque aquí afuera está fácil. ¡Órale! ¡Anímese!

 –¿Trae pañuelo?

 –Sí, aquí traigo uno. Pos nomas amárreselo en la cara y póngase este casco –me responde con cierta sorna mientras me extiende la mano con un casco de plástico amarillento, que va acompañado con una lámpara.

Me amarro el pañuelo blanco a la cara, del modo que lo hacen los asaltantes de las películas viejas y comienzo a bajar por la escalera, que debe de tener por lo menos cuatro metros de largo, hasta alcanzar un piso negro, en una oquedad que no debe de tener más de tres metros de ancho, a partir de la cual se desprenden dos túneles negros, apenas más altos que un hombre, el aire es sofocante y en el ambiente flota un fino polvillo. Sólo bajar y ya voy empapado de sudor.

Después de recorrer uno de los túneles llegó hasta donde tres mineros tumban carbón a golpe de pico y van llenando una carretilla. El aire se vuelve más sofocante. La luz de las linternas rebota contra las paredes, que proyectan reflejos vidriosos. Los dorsos de los mineros proyectan el reflejo del sudor que chorrea y arroja gotas al ritmo del golpeteo del pico en las paredes de carbón.

Como puedo le pido a uno de ellos si podemos hablar. Se me acerca, el rostro negro, tiznado, la mirada entre extrañada y dura.

–¿Cuántas horas trabajas aquí?

–Pos depende, macizo unas cinco y hago algunos descansos; la chinga está muy dura, pero si quiero sacar más hay que echarle chingadazos.

–¿Cuánto sacas por semana?

–Si me va bien unos tres mil quinientos pesos a la semana (pesos de 1978, casi equivalentes a los de ahora)

–¿Y que más te dan además del sueldo?

–No, pura madre, nomás el sueldo y si duras todo el año en navidad te dan unos tres mil pesos y un regalillo, pero aquí no tienes ni seguro; eso sólo en las mineras grandes, estos son pozos.
 –¿No hay otra chamba menos dura?

–No pos sí, pero pos no tengo oficio y me andan pagando menos, ya nomás que mis dos chavos salgan de la escuela y aviento esto a la chingada.

Cuando salgo del pozo jalo el pañuelo y aspiro dos o tres bocanadas de aire que, aunque caliente, es casi un placer respirar de nuevo a plenitud. Toda mi ropa es casi negra y la camisa la siento pegada a la piel, como un pellejo mojado y polvoso; en todo el cuerpo tengo una sensación pegajosa.

Vuelvo a la cargada sobre el viejo de los malacates, quien me ve ahora con cara de mayor simpatía, ya empapado y tiznado de pies a cabeza.

–¿Y este negocio de quién es, es tuyo?, le pregunto.

–Nombre, qué va a ser mío, pos no me ve. Aquí toda la región carbonífera es de terratenientes, que tienen cientos de hectáreas y hasta miles los más grandes, muchos nomás rentan las tierras al que les paga por la explotación del carbón, que es el que nos contrata a nosotros. Explotan los pozos mientras les conviene.

–¿Y el carbón para dónde va?

–Para AHMSA en Monclova, pero lo que sacamos aquí lo venden a través de “coyotes”, que se encargan de recogerlo y transportarlo, porque pos todo esto de los pozos no es negocio derecho, todo está así nomás, yo trabajé muchos años en una minera grande y tengo mi pensioncita, con lo que saco aquí ayudo a mis hijas, pero yo ya no me meto al pozo.

–Todos dicen que son peligrosos.

–Sí, hay peligro y Dios no quiera pero en cualquier momento puede haber un accidente, porque pos se trabaja sin seguridad, pero pos hay jodidez y mientras la haiga pos va a haber quién venga a pedir trabajo.

Poco tiempo después un pozo cercano a ese que conocí se derrumbó, con un saldo de varios muertos y heridos, pero eso era algo que se venía dando cada cierto tiempo y que se ha prolongado por décadas en la región carbonífera, con el consentimiento de los gobiernos y por la avaricia de un grupo de empresarios mineros que han explotado la que es la única reserva de carbón natural de México, algo que se intensificó a escala a partir de la instalación de las grandes plantas termoeléctricas Carbón I y II, construidas en 1983 y 1993, respectivamente.


***

El trabajo de redacción del día había concluido en el periódico y nos encontrábamos conversando y haciendo bromas en la oficina de la dirección. El director, amigo hasta la fecha y uno de los decanos del periodismo en Coahuila, estaba haciendo la chunga con el caso de un empresario minero del norte: Armando Guadiana Tijerina, un nombre que había escuchado por ahí varias veces, porque le gustaba la política.

El asunto era que las autoridades habían interceptado dos camiones tipo tráiler repletos de contrabando, los que eran propiedad de Armando Guadiana Tijerina, quien, entrevistado al respecto, había contestado con todo el cinismo: “debe tratarse de un muy incómodo homónimo”.

Era, hace casi 40 años, un empresario y político inescrupuloso, que haría un gran capital a partir de la minería y de la explotación de los mineros del carbón. Hoy es propietario de aproximadamente 15 empresas, aunque muchas de éstas deben de ser membretes que se usan y dejan de usar dependiendo del mercado. Se metió a la política para sacar beneficios y fue diputado allá en los años ochenta, pero nunca logró nada más: su reputación no era, ni es, muy buena.

Desde el 2011 enfrenta un pleito que se ha vuelto personal con el exgobernador Humberto Moreira Valdés. El trasfondo de ese pleito es oscuro, como el carbón que explota.

En los años más violentos del periodo calderonista, el cártel que controlaba gran parte de Coahuila incursiona en todos los negocios ilícitos posibles, uno de los cuales es precisamente la explotación irregular del carbón.

El crimen encontró que éste podía ser un negocio muy redituable, pero para llevarlo a cabo necesitaba, primero, de la renta de predios para explotarlos y, segundo, empresarios que hicieran la labor de “coyotaje” para poder venderle el carbón a la Comisión Federal de Electricidad.

Cuando la marina armada despliega un operativo en las regiones del centro, carbonífera y norte de Coahuila para abatir a la organización criminal, la PGR inicia una serie de investigaciones sobre el negocio ilícito del carbón. Entre los investigados aparece José Luis Guadiana Tijerina, hermano de Armando, bajo la presunción de estar involucrados con el crimen organizado en el negocio del carbón, todo a partir de las declaraciones confesas de otro empresario detenido por la Agencia Especializada en la Investigación del Crimen Organizado, de nombre José Reynold Bermea Castilla, también empresario minero que trabajaba en la explotación de “pocitos”, esto a finales del 2012.

A raíz de la muerte de su hijo mayor, Humberto Moreira destapa la red de empresarios dedicados al negocio del narco-carbón, o como se le quiera llamar, algo que ya era plenamente conocido en la región y en todo el norte del estado, pues inclusive muy importantes capos se hacían pasar en la región carbonífera como empresarios de la minería del carbón, asunto que el exgobernador conocía perfectamente.

Ahí nace el pleito con los Guadiana Tijerina, quienes contraatacan a Humberto Moreira tomando el tema de la deuda que había heredado. Armando Guadiana deja el PRI y apoya la campaña presidencial de Andrés Manuel López Obrador en 2012. En el año de 2014, un sicario asesina de cuatro tiros a quemarropa a Bermea Castilla, lo que atemoriza a todo el gremio minero de la región carbonífera. La presunción, hasta la fecha, es que se trató de un asunto relacionado con las actividades ilícitas del negocio del carbón.


***
Desde finales de 2012 el pleito entre Armando Guadiana Tijerina y Humberto Moreira ha tenido cantidad de declaraciones y acusaciones mutuas, pero lo realmente relevante hoy es que Andrés Manuel López Obrador ha convertido a Armando Guadiana Tijerina nada menos que en candidato a la gubernatura de Coahuila por Morena, acompañándolo a principios de este mes en una gira por 15 municipios del estado.

Es por demás irresponsable que una persona con la trayectoria de Guadiana Tijerina se convierta en el candidato de un partido de izquierda que, dice, representa la “honestidad valiente”, pero sólo confirma el pragmatismo cada vez más extraviado del caudillo de la izquierda mexicana, quien utilizará a Guadiana para golpear tanto a los candidatos del PAN como a los del PRI en las contiendas electorales que están por venir, mientras que Guadiana sacará algún provecho de la relación con Andrés Manuel López Obrador.

Es de sentido común que el empresario minero ha aportado a la campaña de Andrés Manuel y hará algo de ruido, pero realmente Morena tiene una presencia apenas simbólica en el escenario político de Coahuila. Lo delicado es que el presidente de Morena tome semejantes patrocinios y, como compensación, los haga candidatos.




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