El Santos Laguna: mal juego y falta de sistema

Por: José Meléndez

¿Si el futbol profesional no es un espectáculo de paga entonces qué es? Podríamos decir que es un fiasco, algo sin sentido. Dejando fanatismos aparte, lo que es muy difícil debido a la manipulación mediática tan tremenda, un aficionado paga un boleto de entrada al estadio o enciende su televisor para divertirse y pasar un buen rato. Por supuesto que hay predilecciones; el deseo y el regocijo de que gane el equipo de tu preferencia, lo que es un añadido de la posible emoción. Alcanzar el campeonato es una fiesta, a la cual los cronistas deportivos, casi siempre desmesurados en su vocabulario, le llaman “la gloria deportiva”.

Para los dueños de los equipos, los entrenadores y los jugadores, el futbol es un negocio y una profesión que debe dejar dinero a los primeros y enormes sueldos a los entrenadores y jugadores. Se supone que donde hay un mayor virtuosismo, más sueldo se gana. Se supone, porque a diferencias de otras profesionales donde se debe tener un nivel de excelencia, los futbolistas suelen ser inestables; de altas y bajas.

La gran mayoría de los aficionados de tradición del Santos Laguna opinan que el equipo, desde el periodo del entrenador portugués Pedro Faría Caixinha, cambió su sistema de juego ofensivo, de mucha garra y con buen espectáculo, para adoptar un sistema que se fue volviendo chato, aburrido, “canchero”, como dicen los argentino a eso de salir a especular, meter uno o dos golecitos y echarse atrás para defenderlos, ofreciendo partidos aburridísimos que transcurren en la media cancha y en el pelotazo.

Aun así, con ese sistema, Caixinha  ganó el campeonato de liga en el clausura 2015, pero al siguiente torneo el equipo llevaba un récord desastroso, así que decide renunciar: le convenía, por cuestiones de mercadotecnia, retirarse como un entrenador campeón. Y lo logró: se colocó rápidamente en un club europeo.

Después, quién sabe de qué manera extraña, el club contrata a Francisco Ayestarán Barandiarán, un técnico español  que no da una y tiene que renunciar a finales de 2015, después de un torneo desastroso donde, además de falta de espectáculo se vio incoherencia en el sistema empleado o, más bien, no había sistema. En medio del aburrimiento muchos aficionados siguieron yendo al estadio y pagando por ver perder o empatar a su equipo.

Para el torneo de clausura de 2016 el club contrata a un argentino, Luis Fernando Zubeldía, un técnico con una carrera precoz que comenzó en el Club Atlético Lanús de Argentina en el 2008, cuando apenas contaba con 27 años de edad, donde le va bien pese a su precocidad. Se va a Europa, donde dirige al Barcelona Sporting Club, en donde dura solo algunos meses, antes de hacerse de palabras con el presidente del equipo y verse obligado a renunciar.

Pasa al Racing Club de Avellaneda, en Argentina, donde nuevamente le va bien, para los recursos del club y se reposiciona, lo que le permite contratarse en el equipo Liga de Quito, donde le vuelve a ir bien, pero donde ya define claramente su estilo: el estilo “canchero” muy común en el futbol argentino; especular, defender, pelotear en la media cancha y meter un golecito, para luego echarse atrás y pelotear el resto del partido.

Al llegar a Santos Laguna aplica ese mismo estilo, porque además el equipo cuenta, desde hace años, con un plantel que se puede considerar de medio pelo: jugadores de sueldos no muy altos, ninguna figura importante y algunos juveniles que son incluidos, con la expectativa de que alguno o algunos de ellos prendan y se coticen para contribuir al negocio, tratando sin éxito de seguir el sistema que está utilizando el club Pachuca, actual campeón de la liga MX.

Con empates aburridísimos, victoria de uno contra cero (también aburridísimas después de que se mete el gol) y mucha suerte, Zubeldía logra meter al equipo a la liguilla en su primer torneo como técnico, sólo para que lo eche fuera el Pachuca en la primera ronda, con un empate en casa (uno a uno), cuando debería haberse tirado hacia adelante con todo lo que tenía a mano, para ir a perder a Pachuca frente a un equipo muy superior que fue, como se ha dicho, campeón.

Pero no puede decirse con exactitud que el estilo de Zubeldía es implantar en la cancha un estilo defensivo, porque a lo largo del torneo de clausura 2016 los aficionados no pudieron ver un sistema coherente de juego debido al cambio de posiciones ilógicas, que eran desconcertantes porque no son las posiciones naturales que dominan los jugadores.

Para este torneo, que comenzó en julio, el Santos Laguna lleva tan sólo 2 puntos de 15 posibles y cero puntos en el torneo de copa, después de cuatro partidos donde ha perdido dos y empatado dos, pero ambos empates ¡cero a cero! Hasta el inicio de la sexta fecha el manejo de los refuerzos, que es un grupo de jugadores de medio pelo, para no variar, ha sido un desorden.

Pongamos un ejemplo: en el partido de copa contra el Veracruz, Zubeldía metió al moreno colombiano Mauricio Cuero como volante por derecha, donde estaba generando peligro para los jarochos, pero para el segundo tiempo lo cambia a la posición de volante por izquierda y ya no pudo hacer nada. ¿Si el jugador es un volante natural por derecha y se estaba viendo bien, para qué lo cambia al lado izquierdo?

Curiosamente el porcentaje de efectividad en toda la carrera de Luis Zubeldía es de un 55%, casi idéntico al de Pedro Caixinha, que era de 54%, lo cual da una idea de lo que se puede esperar de él, si trajera un buen plantel, pero ese no es el caso en el actual Santos Laguna.

Alejandro Irarragorri siguió esta temporada su proyecto de negocios que manejó desde su llegada al Santos: cotizar a un jugador y después venderlo muy bien en millones de dólares. Eso trató de hacer con la única figura que tiene: el portero argentino Agustín Marchesín, pero las cosas no le salieron bien, porque no le quisieron dar la cantidad de millones que pedía, ni en Argentina ni en Europa, quedándose con un palmo, para luego inventar una historia que nadie se ha creído, sobre la poca seriedad de club argentino Boca Juniors, quienes están acostumbrados a vender caro y comprar barato, lo mismo que Irarragorri; se encontraron dos que caminan igual y se tropezaron. Su último movimiento fue quitar de la dirección técnica a Zubeldía y contratar a “Chepo” de la Torre, acción que al parecer la afición aprueba desde el desánimo.

Por lo pronto la entrada más barata al estadio es de 250 pesos y el vaso de cerveza sale en 80 pesos. ¿Los vale el espectáculo que se está vendiendo?

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