Vivir y morir en USA: la antología de cuento policíaco traducida por escritores mexicanos.


La traducción siempre es un asunto peliagudo. Sin meternos en problemas de lingüística o, incluso, filosóficos, dedicarse a la traducción debe ser complicado y supongo que ser un traductor que trabaja con literatura tiene todavía más dificultades estilísticas.

Cuando un escritor y tiene un encargo literario las dificultades técnicas disminuyen, pero no así mantener las intenciones de la obra original. Pienso que el escritor que traduce es más parecido a un músico de jazz que se enfrenta a un standard. Su obligación es, no sólo tocar correctamente, con una técnica sobresaliente, sino también reinterpretar la obra que tiene enfrente. Si es un músico solvente, la pieza llegará a puerto sin sobresaltos. Si es un músico que viaja por encima de la media, la pieza podrá cambiar y elevarse técnicamente, pero manteniendo el espíritu y la intención original.

Tengo a la vista, mientras escribo esto, Vivir y morir en USA, una recopilación de cuentos de la editorial estadounidense Akashic Books. Este libro, editado por Océano, no es una recopilación común, tiene la particularidad que los cuentos fueron traducidos por distintos escritores mexicanos.
Akashic Books es una editorial independiente dirigida por Johnny Temple fundada en 1996 y ubicada en Brooklyn. Se ha caracterizado por llevar la literatura a un público masivo sin sacrificar la calidad. Tiene múltiples colecciones, aunque la más popular es su serie noir a la cual pertenecen los cuentos de Vivir y morir en USA.

El género policiaco tiene distintas vertientes, nace con los cuentos de Edgar Allan Poe y se va a desarrollando paralelamente al siglo XX, se pueden distinguir algunos estilos sobresalientes: las formas inglesas, en donde los detectives son por completo analíticos, racionales y templados; resuelven los misterios tranquilamente y casi sin agitarse.

La escuela estadounidense se caracteriza por ser mucho más violenta, utiliza un contexto miserable para desarrollar a los personajes. Su lenguaje es menos elaborado pero las acciones suelen ser trepidantes o psicológicamente amenazantes.  Dentro de ese género existe el llamado noir, estilo muy violento, en donde el protagonista no sólo puede dañar a otros, sino también ser por completo autodestructivo. La gran diferencia con el hardboiled, otra pequeña variante del policiaco estadounidense, es que el personaje principal no es un detective sino una persona ordinaria en situaciones extraordinarias. En ese caso, los cuentos de Vivir y morir en USA entran en esta definición con facilidad.

La traducción, decía, es una serpiente venenosa que muerde al primer descuido. Si el traductor es un escritor lo suficientemente hábil es probable que pueda salvar cualquier escollo sin tropezar ni despeñarse.

Pienso que los escritores seleccionados para hacer esta traducción han probado desde hace tiempo sus habilidades, varios son los más cercanos a mí, por ejemplo, Luis Jorge Boone, Raquel Castro, Alberto Chimal, Álvaro Enrigue, Daniel Espartaco, Julián Herbert, Daniel Krauze, Fernanda Melchor, Jaime Mesa, David Miklos, Luis Muñoz Oliveira, Juan José Rodríguez y Carlos Velázquez. No creo que ninguno de ellos o incluso los otros autores que no conozco, hayan hecho un mal trabajo. Lo anterior deja leer entre líneas que hay un problema con la antología.

No hay uno, sino varios. El más grave, como yo lo veo, es la desigual selección.
Me parece que existen cuentos que valen mucho la pena y otros que se perderán en las arenas de la literatura estadounidense, no se diga de las mexicanas.

De estos últimos, algunos son más decepcionantes que otros, por ejemplo, el cuento de Georges Pelecanos, más conocido por ser parte de los escritores de la serie The Wire. Quien ha seguido al autor sabe que se caracteriza por su realismo y la creación de tensos arcos narrativos, pero en este cuento desde el título uno se entera de que el arco en realidad es un plano inclinado que nos lleva hasta el fondo del aburrimiento.

Otro cuento decepcionante, no importa cuánto se haya esforzado el autor-traductor en componerlo, es “De paseo” de James W. Hall. La historia resulta no sólo inverosímil por sí misma, sino que el autor no logra crear un mundo virtual en donde la relación entre el personaje principal y su compañero sea creíble por un segundo. No se diga el final por completo flojo.

Pero, así como hay cuentos que no terminan de convencer, también hay cuentos que sobresalen por alguna razón.

Uno de los mejores pertenece al escritor de bestsellers Michael Connelly, “Mulholland Dive”. O el cuento de Joyce Carol Oates, “Corre y besa a papá”, que deja al lector inquieto. Otro gran cuento es el del tijuanense Luis Alberto Urrea, bestseller estadounidense y no tan conocido en este país. “Amapola” hace que el lector quiera avanzar lo más deprisa que pueda para llegar al sorpresivo final.
Más allá de los altibajos en la calidad de los cuentos presentados en esta antología, lo más importante, me parece, es el hecho de que sean escritores mexicanos quienes hicieron las traducciones.

Hace poco, el 19 de mayo para ser exactos, la editorial Anagrama publicó en su cuenta de Facebook una respuesta a todos los cuestionamientos que ha recibido por años sobre la calidad de sus traducciones. Quienes leemos autores estadounidenses y no somos españoles, estamos hartos de los modismos que terminan ensuciando el texto original. En esa respuesta, la editorial nos mandó por un tubo, (en traducción anagramesca, “nos mandó a tomar por culo”) y explicó que las políticas de traducción no cambiarán.

Por ese tipo de situaciones editoriales, me parece muy afortunado la existencia de esta antología. Lejos quedaron los “tío”, “chavales”, “follón”, “joder” y similares. Es incluso refrescante mejor leer “güey”, “cabrones”, y “chingados” y al mismo tiempo conocer la obra de autores estadounidenses no tan famosos de este lado de la frontera.

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