UBER en La Laguna: ¿competencia desleal o un servicio mejorado?

Por: Aldo Valdés


La región recibió a Uber con trombas. Entre regulaciones confusas, detenciones arbitrarias y hundimientos en las calles, la popular empresa de transporte comenzó su aventura lagunera de manera accidentada. Por si fuera poco, hubo administraciones que decidieron subrayar las fronteras geográficas y prohibir las operaciones de este servicio privado en sus demarcaciones. La opinión pública se dividió sobre todo en dos grupos: uno que defendía a Uber como una alternativa a los transportes tradicionales y otro que rechazaba a esta empresa y la acusaba de competencia desleal. Es necesario analizar las características de este servicio con el fin de tener un panorama más completo de lo que la llegada de Uber representa para distintos sectores de la sociedad lagunera. 

La antipatía hacia Uber no es algo endémico de nuestra región. La empresa de San Francisco se ha acostumbrado a esquivar problemas legales en todo el mundo y a identificar poros en las distintas legislaciones con tal de conseguir su regularización. Hoy en día, el único continente en el que Uber no tiene presencia es la Antártida. Sólo en México hay más de una docena de ciudades en las que este nuevo concepto se ha tenido que enfrentar a demandas y agresiones que, a pesar de ser constantes, no han logrado detener su expansión.

El crecimiento acelerado de Uber se debe a diversos factores, desde la ausencia de políticas integrales de mejora en el transporte público, pasando por el mal servicio que prestan diversas empresas de transporte privado y el mayor uso de tecnologías móviles por parte de la clase media mexicana. Un viaje en Uber puede resultar mucho más cómodo y económico que un desplazamiento en taxi.
Un punto importante a considerar en el proceso de expansión de la empresa es la oportunidad laboral que representa para algunos segmentos de la población económicamente activa del país. Cualquier persona que cuente con una licencia de conducir, un smartphone y cumpla con los requisitos básicos que plantea la empresa puede convertirse en chofer de Uber. Ser propietario de un automóvil no es necesario ya que en México se ha popularizado un esquema de concesiones similar al de su pariente el taxi.

Es interesante observar quién presta el servicio y quién lo demanda. El panorama económico de distintas ciudades del país es muy perceptible en variables como éstas. Mientras en la Ciudad de México abundan los choferes que trabajan para otros, en lugares más pequeños como Torreón, San Luis Potosí o Toluca es común que los dueños de los coches sean también sus conductores. El tiempo libre se puede usar para generar ingresos extra y así aprovechar un automóvil que de otra manera permanecería estacionado. Incluso estrellas de antaño como Lupe Esparza han decidido  trabajar en esta modalidad.

Los usuarios de Uber representan la otra cara del análisis. En muchas ocasiones, los clientes pueden ser personas que han abandonado su lealtad a otros medios de transporte y se han acercado a la nueva app en busca de un mejor servicio. En estos casos es entendible el reproche de los taxistas, pues la empresa californiana se estaría colando en su nicho y ordeñando una cantidad considerable de pesos sin haber tenido que pasar por los mismos filtros legales y económicos.

Sin embargo, también existen porciones del mercado que no utilizaban taxis antes de la llegada de Uber, ya sea por cuestiones aspiracionales, tabús elitistas o desconfianza. Uber encontró en esa población a un público cautivo y ha logrado posicionarse incluso como una alternativa al auto particular. El uso de este servicio por la noche en zonas con establecimientos de ocio se incrementa de manera notable, convirtiendo a este esquema en una alternativa a los desplazamientos bajo el influjo del alcohol.

Algunas de las ventajas presumidas por la aplicación
UBER no representan una mejoría sustancial en los
desplazamientos, sino simples ornamentos que
atraen a los usuarios por cuestiones
estéticas o de status. 
En este caso en particular es importante mencionar que Uber no pretende brindar un servicio comunitario. Se trata de una empresa privada que busca maximizar sus utilidades y que encontró un nicho respaldado por los hábitos y las características socioeconómicas de sus usuarios. A pesar de que en distintas ocasiones Uber ha subrayado aspectos de responsabilidad social en acciones como los desplazamientos gratuitos para la donación de sangre o campañas de adopción animal, estos detalles se relacionan más con estrategias de mercadotecnia que con una voluntad genuina de atender problemas de interés público.

Aun así, estas pequeñas acciones reflejan un contraste entre la manera de operar de Uber y la de su competencia directa. La ausencia de un sistema de transporte público de calidad en la región y la poca capacidad de renovación de otros servicios privados de transporte también han abierto un camino para la expansión de esta compañía emergente. La innovación es un tema clave en los procesos de atracción y retención de clientes por parte de Uber, pues además de comprender muy bien el contexto en el que opera, aprovechando las deficiencias de la competencia, las funciones de la aplicación simplifican mucho los desplazamientos.

Los precios varían según la oferta y la demanda, generando operaciones simples que permiten estimar un costo basado en la cantidad de kilómetros recorridos y el tiempo de viaje. Al solicitar un automóvil la aplicación despliega información del conductor, del vehículo y del cliente, permitiendo el reconocimiento previo entre los proveedores del servicio y los usuarios. Es común que los choferes ofrezcan agua a los clientes, además de permitirles elegir variables como la temperatura del coche, la música o la ruta a seguir. El costo del servicio se descuenta de una tarjeta de crédito o débito al final del recorrido, promoviendo la practicidad de los pagos en línea.

Al llegar a su destino los usuarios pueden evaluar a los conductores y viceversa. Esta función también genera valor, pues se pueden destacar aspectos positivos o negativos de los actores involucrados con el fin de mejorar el sistema. El acceso a la información, sumado a la calidad del servicio, produce un sentimiento de satisfacción entre los clientes que con el tiempo se traduce en lealtad.

La sofisticación de este tipo de modelos y su aceptación en regiones como La Laguna delatan ciertas fronteras demográficas y socioeconómicas. Para utilizar Uber se requiere de un dispositivo móvil con acceso a internet además de una cuenta bancaria. Al mismo tiempo, las brechas generacionales pueden actuar como diques; un nativo y un migrante digital no se comportan de la misma manera al elegir este tipo de servicios. Uber puede representar una opción muy práctica para algunos segmentos de la población, pero de ninguna manera representa una solución a los problemas de transporte en la región.

Además, algunas de las ventajas presumidas por la aplicación no representan una mejoría sustancial en los desplazamientos, sino simples ornamentos que atraen a los usuarios por cuestiones estéticas o de status. Uber no democratiza el acceso a otros medios de transporte, si no que encuentra en la fragmentación del mercado grandes oportunidades para crecer. Por eso las variables demográficas y socioeconómicas juegan un rol central en el éxito de este tipo de modelos, que apuestan por una mayor sofisticación en mercados ya existentes y aprovechan las dinámicas de la revolución digital para refinar su oferta.

Por otro lado, existe un gran valor simbólico en el taxi que se difumina al apreciar esquemas como Uber. El conocimiento necesario de la ciudad y el desarrollo del sentido de ubicación ahora es sustituido por sistemas de gps y mapas en línea. Las historias del taxi y la constante interacción con los clientes desaparecen ante la prudencia y la cortesía servicial del conductor.

Uber, sin embargo, puede representar una transición entre esquemas tradicionales y un cambio más radical que se avecina. Pronto, la digitalización y la automatización estarán presentes en muchas actividades cotidianas, sin que los sistemas de transporte representen una excepción. Las clases medias y altas, más propensas a consumir este tipo de servicios encontrarán en las economías de acceso (mal llamadas economías compartidas) distintas maneras de disminuir los costos de distintas actividades.

En cuestiones de vivienda, transporte y turismo, los paradigmas se desplazan hacia el desapego a la propiedad. ¿Para qué tener un automóvil si los congestionamientos viales son cada vez peores, la gasolina representa un gasto sumamente alto y el coche pasará la mayor parte de su vida útil estacionado? Las dinámicas de sofisticación de otras esquinas del mundo llegan poco a poco a La Laguna y coyunturas como el arribo de Uber representan buenos pretextos para apreciar estos cambios.

Comentarios

  1. Sr. Valdés, con el respeto que me merece, me parece que una persona da información por éste tipo de medio, debería de enterarse de viva voz de las personas que nos dedicamos al asunto de los taxis, conocer los conceptos legales, muchas personas han atacado a nuestra fuente de trabajo, sin saber la realidad, si usted en un momento desea que le aporte algo sobre el tema con gusto lo haré, creo, que muchos medios hace una tareas superficial y no profundizan sus noticias, estoy a sus ordenes.

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