La izquierda mexicana: incoherencias, caudillismo y corrupción

Por: Álvaro González

Si en las elecciones nacionales de 2018 López Obrador vuelve a postularse para la presidencia, el bastión de la política mexicana de izquierda habrá presentado en 30 años solamente dos candidatos al poder ejecutivo. Dentro de este panorama con casi nula pluralidad electoral, la izquierda mexicana padece de vicios políticos, casos impunes de corrupción y protagonistas con turbias usanzas de la más vieja escuela de la derecha nacional. 

El acto de corrupción más recordable y mediático en la historia de la política mexicana, fue aquel video del 4 de marzo de 2004, transmitido por Televisa en el programa de “El Mañanero”, en el cual René Bejarano Martínez, entonces presidente de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, recibe del empresario argentino Carlos Ahumada un maletín repleto de billetes, entre dólares y pesos y, en el toque supremo de su rapacidad, toma las ligas que sujetaban los fajos de billetes y se las mete a la bolsa, lo que le ganó el mote de “El señor de las ligas”.


BEJARANO, EL VIDEOGRABADO

Renunció como diputado y presidente de la asamblea para ser sujeto a un proceso judicial; fue a la cárcel por un brevísimo periodo, pero el PRD negoció de inmediato con Vicente Fox, salió libre y fue exonerado de todo cargo. Aquello, tan escandaloso, quedó en la ambigüedad y, para completar el teatro, exigió que se le dieran disculpas, lo cual jamás hizo la PGR.

La inmensa mayoría de quienes vieron ese video, que fueron millones de mexicanos, jamás había visto a este viscoso personaje, quien parecía ser una figura segundona del PRD y supuso, equivocadamente, que a raíz de semejante video jamás podría regresar a la política, pero todos los que pensaron eso estaban equivocados, de punta a punta.

Todos los expertos en el entresijo de la vida política de la ciudad de México tienen algo muy claro: René Bejarano, realmente un activista profesional desde su juventud, quien tiene hoy 59 años de edad, es el político con más poder real en la capital del país. Él y su esposa, Lourdes Padierna, manejan la red de control clientelar más importante de la izquierda, no sólo del PRD, a través de la organización denominada Corriente de Izquierda Democrática.

Están, literalmente, en todo: barriadas marginales en todas las delegaciones más populosas, control de organizaciones de vendedores ambulantes, agrupaciones de taxistas, organizaciones precaristas, grupos de choque para el control violento, si fuera necesario, de esos gremios, en fin… en casi todo.

Ni en el breve proceso judicial, ni en la cárcel, dejó jamás la política y hoy, junto con la esposa, siguen siendo la fuerza que decide el control político de la ciudad de México para la izquierda, así de simple y así de lamentable. Precisamente este 5 de febrero pasado la izquierda cumplió 19 años de estar gobernando la capital del país pero, en esas dos décadas, entre sus gobiernos y los del PRI no parece haber ninguna diferencia.

El poder capitalino comenzó con la llegada de Cuauhtémoc Cárdenas a la jefatura de gobierno del Distrito Federal, con el cual René Bejarano fue nada menos que Director General de Gobierno. Con Andrés Manuel López Obrador trabajó como su secretario particular y posteriormente fue se coordinador de campaña, manteniendo una fuerte influencia sobre el tabasqueño, a quien le realiza todo el trabajo político sucio, en lo cual es un experto, especialmente en la recolección de dinero negro para financiar elecciones, movimientos, marchas, plantones y cualquier cosa que se ofrezca. Todo esto en el pasado y hasta la fecha.

El video con Carlos Ahumada sólo tiene de extraordinario precisamente el que lo hayan grabado, pero era parte de una relación, entre muchas otras, que llevaba y lleva de manera habitual. El propio Carlos Ahumada, quien posteriormente negoció con el gobierno foxista sus ilícitos a cambio de información, confesó que él había aportado dinero para financiar las campañas de al menos la mitad de los candidatos a las delegaciones del Distrito Federal.

Tal vez la transmisión televisiva que siguió al video del 4 de marzo de 2004 por la mañana, relegó a un segundo término la otra transmisión televisiva de la noche, en la cual René Bejarano toca la puerta de su casa y la esposa no le abre. Los reporteros de la fuente relatan la brevísima conversación que cruzaron ambos personajes: “Eres un pendejo, cómo te dejaste grabar por ese güey”, le recriminó su compañera de andanzas en el bajo mundo de la política capitalina.

Y era sólo eso lo que realmente le irritaba a Bejarano, según lo manifestó posteriormente, que a él, un cocodrilo de pantano, le hubiera ganado en astucia un corrupto empresario argentino al que el propio PRD había inventado a través de contratos de obra pública, por medio de una empresa denominada Grupo Quart, que fue propietaria, como cosa curiosa, del club de futbol Santos Laguna.

Esto irrita a muchos izquierdistas que todavía conservan cierto pudor y ética, pero el hombre que controla el destino político de la ciudad de México es este turbulento personaje, para el cual “escándalos” como el de “la casa blanca” de Enrique Peña Nieto deben ser motivo de risa. Su papel en la disputa electoral por el estado de México el próximo año va a ser muy importante.


CUAUHTÉMOC: CAUDILLO Y LÍDER MORAL

Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano nació en la casa presidencial y heredó todo el prestigio moral de su padre, Lázaro Cárdenas, con mucho el presidente más popular y querido del México postrevolucionario.

Además de la herencia moral y el prestigio, que ya era mucho, tiene ciertos rasgos del carácter del general, pero no los más importantes; sin embargo decidió que él también debería ser presidente de la república y su madre, doña Amalia Solórzano, se lo fomentó con verdadera devoción.

En 1976 Luis Echeverría lo hace senador de la república y, en 1979, renuncia al cargo para convertirse en candidato para gobernador de Michoacán, un cargo que había tenido su padre y su tío. Ocupa el cargo de 1980 a 1986.

En una breve entrevista para el periódico La Voz de Michoacán, de don José Tocavén Lavín, me tocó conocer personalmente a Cuauhtémoc Cárdenas en 1981, era entonces un hombre de 47 años (hoy tiene 82), a quien le decíamos “La Esfinge”, era muy parco, seco en el trato; no sabías si era arrogante o era su día de mal humor, el caso es que era de un trato difícil, nunca se permitía un gesto de amabilidad y su secretario particular podía contar los días en que alguien le sacaba alguna sonrisa.
El caso es que era receloso con todo lo que fuera capital, medios empresariales y educación privada, que fueron los temas que recuerdo tocó tratar en aquella ocasión. Algunos empresarios muy importantes de Morelia, que no eran muchos por cierto, como los Villicaña, tuvieron que echar mano de todas sus relaciones para que el gobierno estatal les permitiera fundar una universidad privada. Ellos hubieran deseado una sucursal del Tecnológico de Monterrey, pero eso era imposible, porque la conocida como Universidad Nicolaita (Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo) era de izquierda, era una mediocridad y una holgazanería institucionalizada y costosa, pero tenía todo el apoyo del gobernador.

Anécdotas aparte, el caso es que Cuauhtémoc Cárdenas fue, como gobernador, uno más de tantos otros gobernadores priistas del periodo, mediocre, en términos más breves, y entonces lo que abundaba en México era el dinero público, aunque en su descargo hay que decir que le tocaron los primeros cuatro años del gobierno de Miguel de la Madrid, que fueron de crisis económica: se había acabado “el cuerno de la abundancia”, pero Cuauhtémoc tenía el proyecto de ser presidente de la república, como su padre.

El resto de la historia es muy conocida, por lo menos para cierta generación, aunque no para los jóvenes de hoy: en 1988 abandona el PRI y lanza su candidatura por la presidencia de la república contra el candidato priista, Carlos Salinas de Gortari. Varias crónicas afirman que realmente ganó, pero aquellos tiempos no eran los de ahora y el sistema electoral lo controlaba el presidente de la república.

Funda, junto con Porfirio Muñoz Ledo y otro grupo de disidentes y gentes de otras organizaciones de izquierda, el PRD. En 1994 se vuelve a lanzar como candidato, en esta ocasión contra Ernesto Zedillo y Diego Fernández de Ceballos, después del asesinato de Luis Donaldo Colosio. El panista Diego Fernández encabezaba las preferencia cuando, inexplicablemente, se desapareció en su mejor momento electoral, lo que le permitió ganar la elección a Ernesto Zedillo.

Un orador bastante limitado, escaso de carisma, con un discurso que nunca fue brillante;  Cuauhtémoc nunca logró volver a ganarse a los mexicanos que estaban en contra del viejo priismo, del cual había sido parte íntima. Desde la elección anterior su tiempo ya había pasado, pero las obsesiones son demonios muy poderosos. Él era el caudillo de la izquierda, si él no podía hacerlo nadie más podía y, además, nadie en la izquierda se lo iba a discutir.

Como compensación y gracias al apoyo del mencionado René Bejarano y otros activistas de un corte parecido, se convierte en regente de la ciudad de México en 1997; el primer político de la oposición que llegaba al cargo. Como en Michoacán, no hizo nada especial o recordable, pero estaba en campaña permanente y, por medio del cargo, tenía una cubertura mediática que aventajaba a la de cualquier otro político. Ernesto Zedillo había dejado las puertas abiertas para que la oposición buscara en firme la presidencia de la república (Zedillo es una figura detestada por el priismo, pero el rechazo es mutuo, hasta la fecha se mantiene a distancia del priismo).

En 1999 renuncia a la jefatura de gobierno del Distrito Federal y busca, por tercera vez, la presidencia de la república. Todo parecía propicio, pero aparece la figura de Vicente Fox, un ranchero a quien lo que le faltaba de capacidad política le sobraba de carisma. Tenía lo que Cuauhtémoc siempre ha deseado y nunca ha tenido: empatía con el mexicano de a pie y se llevó la elección, venciendo por primera vez al PRI en toda su historia.

Cuauhtémoc tenía ya entones 66 años de edad y ya no podía lanzarse por cuarta ocasión, así que dio por concluida su carrera política, pero dejó a su hijo Lázaro Cárdenas Batel como heredero del nombre de los Cárdenas. De 1997 al 2000 Lázaro fue diputado federal. En el mismo año 2000 se convierte en senador de la república, pero renuncia en 2001 para convertirse en candidato a gobernador de Michoacán, cargo que ocupa de 2002 a 2008.

En su periodo y en el de su sucesor Leonel Godoy, ambos perredistas, se da la descomposición social y política que actualmente enfrenta Michoacán, con el empoderamiento del crimen organizado hasta niveles alarmantes. Lejos de avanzar, este rico estado mexicano retrocede bajo el mandato del cuarto miembro de la familia Cárdenas en ocupar el cargo (abuelo, tío, papá y nieto de la familia Cárdenas han sido gobernadores de Michoacán).

Antropólogo de profesión, Lázaro Cárdenas Batel pasó un periodo largo en Cuba, donde no está muy claro a qué motivos obedeció su estancia en la isla, donde inclusive se casó. La versión oficial es que fue a estudiar percusiones, pero hay otras versiones que indican que lo de las percusiones era sólo un entretenimiento, ya que su estancia en Cuba obedeció realmente a una rehabilitación.
Llegó a gobernador de Michoacán con solo 36 años de edad, un estado en el que no había radicado, pero era hijo de Cuauhtémoc Cárdenas.


OTRO CAUDILLO, MÁS CORRUPCIÓN


Al renunciar al cargo de jefe de gobierno del Distrito Federal, Cuauhtémoc Cárdenas dejó en su lugar a Rosario Robles Nava, quien se desempeñaba como su Secretaria de Gobierno, quien ocupa el cargo hasta diciembre de 2000.

La corrupción se desató en la administración de la capital del país. Rosario Robles estaba involucrada íntimamente con el empresario argentino Carlos Ahumada quien, entre otros, comenzó a acaparar contratos de obras públicas con varias de las delegaciones, hasta el escándalo de los videos de 2004, lo que evidenció que, desde el inicio con el gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas ya la corrupción era parte de la administración perredista en la capital del país.

Hubo escándalos como el del “guardadito”, donde se dio una desviación de recursos públicos hacia negocios de publicidad, como preparativos de la campaña que venía y que era la de Andrés Manuel López Obrador.

De 2002 a 2003 Rosario Robles fue dirigente nacional del PRD, del cual se tiene que retirar después de los escándalos de Carlos Ahumada, con quien sostenía una relación íntima y fungía como su “madrina” dentro del medio político perredista. Por declaraciones de otros dirigentes perredistas que habían recibido dinero de Carlos Ahumada, como Carlos Imaz y Ramón Sosamontes, declararon públicamente que el dinero se lo habían entregado a Rosario Robles, como dirigente nacional del PRD. Carlos Imaz tuvo la vergüenza de renunciar, pero en el PRD todo siguió igual.

Sorpresivamente, reaparece en 2012 nada menos que como Secretaria de Desarrollo Social del gobierno de Enrique Peña Nieto y, desde finales de 2015, como Secretaria de Desarrollo Agropecuario, Territorial y Urbano de México, donde ha jugado un papel muy importante para los intereses electorales del priismo.

En el año 2000 aparece en escena un nuevo caudillo de la izquierda mexicana: Andrés Manuel López Obrador, quien venía del PRI y contaba con una larga carrera como activista social. Desde su periodo como universitario tardó trece años en terminar sus estudios como licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública en la UNAM (de 1973 a 1986) y se gradúa con un promedio apenas un poco arriba del 7, pero más por la necesidad de ostentar algún título universitario que por interés académico, pues su tiempo se lo dedicaba todo al activismo político.

A diferencia de Cuauhtémoc Cárdenas, este nuevo caudillo quien fuera presidente del PRI estatal de Tabasco, su estado nativo, posee una personalidad muy carismática y un don de gentes natural, lo que combina con un populismo agresivo, sólo equivalente al pragmatismo con el que se ha manejado dentro del medio político del PRD, del cual fue dirigente nacional, y ahora de Morena, el nuevo partido que ha fundado para deshacerse de las tribus que conforman el perredismo, aunque no de la más importante de ellas: la Corriente Izquierda Democrática, de René Bejarano y Lourdes Padierna.
En diciembre del 2000 asume la jefatura de gobierno del Distrito Federal, cargo que ocupa hasta el 2005. Su populismo no se traduce en obras ni en mayores beneficios para los capitalinos, pero si para él, quien, a base de polémicas y enfrentamientos con la presidencia de la república y haciendo un gasto publicitario cuantioso, comienza su campaña en la búsqueda de la presidencia que ocupaba el panista Vicente Fox.

Su periodo como jefe de gobierno está marcado por la corrupción que inició desde su campaña. En 2004 no sólo se destapa el escándalo del video de René Bejarano, quien era su secretario particular pero realmente su operador en la capital, sino también el video de Gustavo Ponce, su Secretario de Finanzas, quien fue grabado en el casino Bellagio de Las Vegas, Nevada, jugando grandes cantidades de dinero. La información proporcionada por los propios casinos de Las Vegas, filtraron que había acudido a la ciudad del juego hasta 37 veces en el año anterior, esto es que acudía casi por semana, y se registró una desviación de fondos públicos por al menos 3 millones de dólares, en lo que fue un sondeó muy superficial, porque a partir de ahí Andrés Manuel López inventó la teoría del “complot” en su contra, para evitar su llegada a la presidencia de la república.

Gustavo Ponce desapareció de la escena pública y René Bejarano sencillamente de los medios, pero ninguno tuvo que enfrentar responsabilidades.

En lo que es otra historia conocida, Andrés Manuel López Obrador ha sido candidato a la presidencia en 2006, frente a Felipe Calderón, y en el 2012, frente a Enrique Peña Nieto, con quien pierde por un amplio margen, pero a partir de esa elección decide separarse del PRD y fundar su propio partido: Morena (Movimiento de Regeneración Nacional). Primero es presidente del consejo, pero a partir de noviembre de 2015 toma la presidencia del partido, para iniciar su tercera campaña por la presidencia de la república, ya que, indebidamente, la ley  permite a los presidentes de los partidos utilizar las cantidades enormes de spots publicitarios de que disponen para su proyección personal.

No sólo está en campaña mediática, sino que agita a todas las organizaciones radicales de izquierda del país, principalmente en los estados del sureste, para contribuir a deteriorar la ya de por sí muy deteriorada imagen del gobierno de Enrique Peña.

¿De dónde saca dinero para financiar todo ese activismo? Para ello tiene el apoyo incondicional de René Bejarano y otros activistas de izquierda, quienes hacen el trabajo sucio de recabar dinero para “la causa”, y para luchar “contra la mafia que controla al país”. Por lo pronto tiene abierta la caja de recaudación de la mafia que controla políticamente la capital.

El siguiente jefe de gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard Casaubón, un arrogante descendiente de familias francesas venido del PRI, para no variar el molde, hizo una muy pragmática carrera política, hasta ser invitado como Secretario de Gobierno por Andrés Manuel López Obrador, de donde pasa a Secretario de Seguridad Pública del Distrito Federal, cargo del que es destituido por Vicente Fox, debido al uso excesivo e injustificado de la fuerza pública, pero es protegido por Andrés Manuel, quien lo hace su sucesor en la jefatura de gobierno del Distrito Federal. A su salida, cuando ya se pensaba como un posible precandidato a la presidencia de la república, se destapa un enorme escándalo de corrupción en la construcción de la línea 12 del metro en la ciudad de México (Iztapalapa-Tláhuac), pero todo queda impune, por lo menos hasta la fecha. Trató de convertirse en diputado federal, lo que le daría fuero, pero el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación revocó su candidatura.

Este breve recorrido sobre las principales figura de la izquierda mexicana explica el porqué, en un país donde la mitad de su población vive en pobreza extrema, no existe una izquierda sólida, coherente, articulada y electoralmente exitosa para poder ganar la presidencia de la república. A través de los procedimientos que se han comentado, ha convertido la ciudad de México en su fortín y en su principal fuente de financiamiento, pero la capital sigue su caótico rumbo después de casi 20 años de gobiernos de izquierda. En el norte de México la presencia de la izquierda es algo más bien simbólico, lo mismo que en las regiones más prósperas del país.



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