Manipulación del pensamiento, guerra económica y golpe suave:

Los tres mecanismos contra la recuperación de la soberanía.


En el análisis de las circunstancias específicas de una nación o territorio resulta indispensable evidenciar la correlación de fuerzas políticas, económicas y sociales tanto en lo interno como en el marco de la globalización. La organización civil: su nivel participativo. Los partidos políticos: la configuración del congreso o asamblea nacional, el marco legal, la Carta Magna, los mecanismos para el ejercicio político ciudadano constante o ya definido. La concentración de las fuerzas productivas: la presencia de transnacionales, la bursatilización de la economía, el nivel de las importaciones y exportaciones, los ámbitos de los mercados interno y externo, el estado de la banca. La presencia de poderes fácticos y alternos dentro y fuera de la legalidad (el poder mediático-propagandístico, las asociaciones religiosas, los grupos delictivos), además del uso de los aparatos de seguridad y represión del estado. 

Tal perspectiva puntillosa es poco frecuente en el ciudadano común debido a las dinámicas de sobrevivencia, el estado líquido de la cultura –donde la sucesión y el flujo informativos y culturales son la norma-, la concentración mediática y la construcción del consenso, además de la banalidad pseudo-informativa, el info-entretenimiento, el analfabetismo funcional y sobre todo una constante despolitización manifiesta en el hecho de concebir la política como un terreno que sólo interesa a los partidos políticos y a la dinámica de las instituciones del estado, en lugar del ejercicio cotidiano de las relaciones ciudadanas en la Polis y las circunstancias y decisiones que determinan la vida común. Todo ello sin olvidar lo que Umberto Eco denominó “la invasión de los necios” gracias a las redes sociales y la extrema mediatización: “El drama de Internet es que ha promovido al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad”, mencionó el escritor y filósofo italiano e instó a “crear un filtro de información con un equipo de especialistas en Internet, porque nadie es capaz de entender hoy en día si un sitio es de confianza o no”.

Basta con ver quiénes constituyen los consejos de administración y propiedad de los conglomerados mediáticos para distinguir una tendencia a la manipulación, la creación de visiones homogéneas y la defensa de intereses político-empresariales en beneficio de un status quo lesivo para la mayoría de la población, pero favorecedor de la enajenación y la despolitización. Los dueños de la voz masificada son los grandes negociantes bajo el amparo del poder económico y reaccionario, quienes al ver sus objetivos en peligro emprenden campañas de odio, escarnio y pánico moral tergiversando y simplificando los fenómenos al enfocarse en el efecto emocional de palabras, frases y lugares comunes (“vándalos, dictadores, peligros, rijosos, amenazas”, etcétera). Gracias a la presencia dominante y a la repetición de agendas usando un lenguaje efectista, sumado al carácter conservador de la sociedad latinoamericana, son presentados como “villanos” las políticas y gobiernos que buscan eliminar o siquiera aminorar la desigualdad, la dependencia, el saqueo de los recursos nacionales y la destrucción de la soberanía; son llamados destructores de un falso escenario de progreso y bienestar sustentado en cifras manipuladas y en abstracciones alejadas de la realidad evidente en lo cotidiano. A esto se suma una manipulación subrepticia del discurso individualista y del consumismo en el que la superación personal es el camino al éxito y a la riqueza, y en el que la pobreza y el malestar social no se nos presentan como el producto de políticas gubernamentales en un modelo económico explotador y entreguista, sino como resultado de la falta de esfuerzo, incapacidad para identificar oportunidades, defensa de “privilegios” (los cuales son en muchos casos los derechos básicos) o la negativa a “cambiar uno mismo para que cambie el entorno”, como si la transformación individual evitara mágicamente la continuidad en la aplicación y los efectos de las políticas económicas.

Contra tal sembradío de homogeneidad, el internet y los mecanismos de información alterna generan una posibilidad de revelar el discurso manipulador, aunque la abundancia de información en las redes sociales no está exenta del falso discurso o de la simplificación, las descabelladas teorías de la conspiración y la banalidad de la opinión desinformada. Para contrarrestarlo es importante reconocer cuáles medios y espacios tienden al ejercicio periodístico profesional y comprometido, sobre todo la búsqueda de la información comparada y la identificación de un discurso calcado y reiterado por los grandes consorcios. Convertir, de ser posible, la información en un interés semejante al de nuestras aficiones más recalcitrantes y recuperar el afán por obtener una perspectiva ampliada acerca de los diversos fenómenos, sin dejar llevarnos por la inmediatez y la estridencia del escándalo mediático desinformativo.


La guerra económica: un mecanismo de presión y división

Ante el capitalismo salvaje del modelo neoliberal los movimientos progresistas o cuando menos reformistas de México y América Latina tienen en las relaciones de las fuerzas económicas su principal obstáculo. En la globalización debemos considerar la debilidad de los estados nacionales frente a las corporaciones cuya riqueza es incluso mayor que la de varios países, además del poder e influencia que representan en las naciones donde extienden sus ramas apropiándose de las empresas de origen local, la banca y el mercado bursátil.

Conseguir el poder político mediante elecciones, ya de por sí poco fiables, no garantiza la aplicación y defensa a cabalidad de un proyecto nacional. Obtener el poder político no es obtener el poder económico y el tablero donde se disputan las definiciones de la distribución de la riqueza deviene en una lucha entre la legislación, la organización popular y la presión de las fuerzas de la economía.
El acaparamiento, la creación de un mercado negro, la cancelación de las cuentas bancarias, la moratoria de pagos impositivos, el uso de moneda alterna, los aumentos en los costos de bienes y servicios y la fuga de capitales son sólo algunos de los instrumentos que el poder económico ejercita para desestabilizar un proyecto nacional en beneficio de las mayorías. Un país en el que no se conciben nuevos mecanismos de fomento al mercado interno y anulación de la dependencia, de la oferta de mano de obra eficiente y empobrecida, además del imperialismo económico expoliador de los recursos, difícilmente logrará los objetivos básicos de un programa de gobierno transformador de la realidad ciudadana, donde la miseria alcanza a la mayoría de la población. Sin la conformación y transformación del pensamiento y sin la organización ciudadana en defensa de la soberanía, aunada a la fragua de bloques internacionalistas de países y trabajadores con objetivos emancipadores, el mencionado proyecto se quedará en el espejismo de la esperanza.

El ya mencionado machaqueo mediático producto de técnicas psicológicas aplicadas en la propaganda y la publicidad (Las “relaciones públicas” del sobrino de  Sigmund Freud, Edward Bernays) es un instrumento desestabilizador que junto al paramilitarismo, las guerrillas urbanas y el financiamiento de grupos contrarrevolucionarios y de choque, en maridaje con los grupos conservadores internos, ponen en jaque a gobiernos debilitados por la guerra económica y han logrado, como lo muestra la historia del intervencionismo norteamericano e internacional en Latinoamérica en el siglo XX, la instauración de regímenes genocidas, represivos y criminales que continúan y perfeccionan el modelo expoliador, empobrecedor de las mayorías y creador de una casta política-económica-militar enriquecida hasta más allá de la obscenidad durante décadas.

El ejemplo en el siglo XXI lo tenemos en Venezuela: con resultados menores gracias a la transformación de la conciencia popular, la organización y la fuerza armada, pero aún con la presión mediática y económica nacionales e internacionales y un sabotaje constante. Basta darse una vuelta por la “Biblioteca del ContraGolpe” en Facebook y Twitter (@VideoTkContraelGolpe) entre otros tantos medios alternativos, para ver documentales e investigaciones que amplían y ponen en duda el discurso dominante con respecto a las complejidades de la nación no exenta de graves errores gubernamentales y corrupción.

En nuestro país una transformación paulatina es difícil de obtener debido al control electoral, la despolitización, la falta de conciencia y las condiciones económicas, sobre todo el escenario en el que la concentración de la dinámica económica está en un grupo de grandes empresarios y muchísimas transnacionales, sin olvidar el gatopardismo aliancista que nos presenta a la mayoría de los partidos políticos como una falsa oposición: los más grandes el PRI, el PAN y el PRD como comparsa, sin olvidar los partidos satélites cuyas alianzas definen sus intereses. Además, los movimientos reformistas de mayor peso, encabezados por Morena, tienen objetivos limitados al probado y fraudulento terreno electoral o a la búsqueda específica de solución a las demandas gremiales; movimientos que pueden caer bajo el peso del espontaneísmo y no han conformado aún la masiva unidad necesaria con los ciudadanos y los diversos movimientos para llegar a la defensa de la voluntad popular electiva y la derivada lucha por la instauración y sostenimiento de un proyecto transformador, y sobre todo la transformación de la conciencia de los ciudadanos en antagonismo con las taras actuales.


El golpe suave: mecanismo legítimo para la regresión neoliberal

“Golpe de estado suave”, “golpe encubierto” o “golpe blando” es una expresión atribuida al politólogo estadounidense Gene Sharp quien en el manual De la dictadura a la democracia recomienda una serie de técnicas no frontales y de inicio no violentas para desestabilizar un gobierno elegido democráticamente y conseguir su caída; de este modo las acciones no parecen haber sido realizada por un grupo económico y político. El autor ha sido ligado a la CIA y entre los métodos destacan la transformación de la influencia de una minoría en protesta a una mayoría mediante el incremento de los conflictos y la promoción del descontento para generar factores de malestar, desabastecimiento, criminalidad, manipulación del dólar, paro patronal y denuncias sin sustento (pero muy mediatizadas) sobre la corrupción gubernamental. Otros instrumentos son declarar el fraude electoral ante elecciones legítimas, sin pruebas evidentes (contrario a la andanada habitual de fotos, video y registro en nuestro sistema electoral mexicano);  aprovechar los mecanismos de referendo revocatorio y las vías legales para la separación temporal de los poderes financiando la participación en el sufragio; la constitución de una fuerte presencia opositora en las cámaras donde se destaca la agenda empresarial tras la incorporación, en los partidos opositores, de elementos entrenados en el golpe blando; cambios legislativos que anulen los derechos y programas constituidos a favor de la población y supriman el control estatal sobre esquemas efectivos; el juicio político con fines de destitución de los mandatarios presentando argumentos falsos pero mediatizados para concebir una percepción negativa; presentar como reivindicaciones laborales o ciudadanas acciones golpistas mediante revueltas donde se busque el secuestro y la expulsión del máximo gobernante. Todo esto se suma a la guerra económica y una escalada mediática, política y callejera donde el descontento de las clases privilegiadas y afectadas por el cambio de modelo hacia el bienestar de las mayorías intenten restaurar el viejo orden de desigualdad, prebendas e invisibilidad política de los pobres y de los explotados.

Detrás de todos estos movimientos y técnicas se encuentran la injerencia norteamericana y los intereses de las gigantescas corporaciones internacionales, quienes ante la reconfiguración del escenario económico mundial y utilizando las bases militares y las agencias financieras, buscan retomar el control de los recursos y los gobiernos en su habitual intervencionismo, hechos bastante bien documentados y comprobados en papeles oficiales desclasificados, así como en estudios de la historia reciente disponibles en librerías y en la información en línea que puede ser cotejada.
Ante estas perspectivas de dominación y retroceso contra los movimientos a favor del bienestar general, es indispensable tener en consideración la necesaria transformación de la conciencia ciudadana para la efectiva, progresiva y real conversión de nuestras circunstancias, la concepción y defensa de un proyecto nacional y continental que anule la degradación vertiginosa en la que nos encontramos. Todos los malestares sociales son producto de la política económica de un país, de sus reflejos ideológicos; desarrollar la conciencia para transformarla en acciones y participación con objetivos a largo plazo evitará que más temprano que tarde nos veamos aún más afectados por un modelo que destruye cualquier posibilidad de futuro, bienestar, seguridad y justicia.




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