La crisis del CRIT Durango

Por: Bun Alonso


El Centro de Rehabilitación Infantil Teletón (CRIT) Durango quedó inaugurado en Gómez Palacio la tarde del 25 de noviembre de 2009. Su construcción se consiguió con parte de lo recaudado —casi 443 millones de pesos— durante la edición televisiva de 2008 del Teletón. En la inauguración, entre otros, estuvieron presentes la primera dama de ese entonces, Margarita Zavala, Ismael Hernández Deras como gobernador de Durango, el alcalde de Gómez Palacio Mario Calderón Cigarroa y Ricardo Rebollo, que se presentaba como diputado federal pues a inicio de ese año había pedido licencia para dejar la alcaldía de Gómez Palacio e ir por la diputación. Ese personaje, un año antes había firmado un convenio por 30 años con el que el municipio donaría cada mes una cantidad millonaria al CRIT. Es el mismo convenio que hoy, el actual alcalde, busca cancelar o renegociar y que tiene preocupados a todos los que integran y asisten a este centro.



La mujer acaba de enterarse. Está descansando junto con su hijo en el área al aire libre de este centro de rehabilitación y acaba de enterarse de los problemas económicos por los que se atraviesa.  

Es el CRIT Durango, ubicado en Gómez Palacio. Se encuentra en problemas desde que en junio de este año el ayuntamiento de la ciudad anunció que cancelaría un convenio que tenía con ellos desde 2008 y con el que aportaba cada mes un millón 800 mil pesos. Aunado a eso, las bajas donaciones ciudadanas han hecho que últimamente se hable de que este centro podría cerrar. 

La mujer se llama Fabiola Mancha Salazar. Dos o tres veces por semana consume cerca de cuatro horas de su vida sólo en transporte para llegar aquí desde el poblado de Sapioriz, del municipio de Lerdo, y para después regresar a casa.

Fabiola tiene un hijo con hidrocefalia leve y parálisis, al cual un tiempo atrás, antes de venir al Teletón, llevaba a una terapia particular donde tenía que pagar 250 pesos por sesión. Aquí, me cuenta, sólo paga nueve pesos por terapia. O, más bien, pagaba, porque acaba de salir de la reunión que el director tuvo con otros padres y madres de familia donde les anunció que las cuotas subirían a partir del próximo mes, algunas hasta el doble. Tenía, además, tres meses sin venir. Por eso se acaba de enterar.

—Están en quiebra, dicen.

En el centro ya hay un par de carteles pegados anunciando el aumento. También hay fotocopias en exposición mostrando las diferentes actividades que los familiares realizan donde se lee que al 20 de julio han recaudado más de 63 mil pesos en venta de comida, ropa, rifa de despensas, bazares y más. Es parte de lo que se ha tenido que hacer para sobrellevar la crisis.

En el área de espera, se conversa sobre lo mismo.

—Yo pago 10 y 11 —dice una mujer que aún no ha entrado a reunión con el director.

—Pues ahora va a pagar 20 y 22 —le anuncia anticipadamente, sentada frente a ella, otra mujer que ya tuvo la reunión.

—Pues es que de todos modos en otro lado es, mire —añade otra mientras con una mano simula sostener una moneda grande—: es mucho más. 


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A finales de 2008, el Congreso del Estado de Durango autorizó a la administración municipal de Gómez Palacio —en ese entonces encabezada por el alcalde priista Ricardo Rebollo— firmar un convenio con el CRIT Durango con el cual se comprometió a donarles un millón 800 mil pesos cada mes durante 30 años. Situación extraña, pues los convenios que se han firmado de apoyo al Teletón han sido por 10 años. Leticia Herrera, la mujer que este 31 de agosto asumirá el cargo de alcaldesa de Gómez Palacio, calificó hace poco como aberrante que el convenio haya sido firmado por tantos años. 
José Miguel Campillo, el actual alcalde, anunció en junio pasado que cancelaría el convenio. El municipio, dijo, se encuentra en una situación complicada por falta de recursos. Y que el dinero destinado al CRIT era mejor dirigirlo a obras públicas para la ciudad o a programas sociales. Con ese dinero, dijo, se podrían pavimentar dos calles cada mes y entregar 20 mil becas educativas mensuales para niños y jóvenes. 

Es tal el problema de presupuesto del municipio, que tiene pagos atrasados con el CRIT por 18 millones de pesos —a los cuales, el ayuntamiento se ha comprometido a ir liquidando paulatinamente.  
Según el alcalde, el centro podría seguir funcionando con la mitad de recursos si disminuye en un 17 por ciento sus gastos de operación. Y citó un ejemplo: al Centro de Rehabilitación y Educación Especial (CREE) lo maneja el gobierno estatal y atiende a tres mil personas con la mitad de recursos que usa el CRIT. Además sugirió que el personal fuera solidario con los niños con discapacidad y trabajaran sin cobrar, de manera voluntaria. 

No por seguir la recomendación del alcalde, sino por problemas económicos, el CRIT Durango ya tuvo un recorte de ocho por ciento en su plantilla laboral. 

Actualmente, en el centro se atienden a alrededor de mil 300 niños que vienen tanto de Gómez Palacio, como de Lerdo, Torreón y alrededores. Ya entrado en el calor de la polémica, el alcalde Campillo dijo a la prensa que le parecía injusto que su administración estuviera desviando recursos del municipio para atender a niños que venían de otros municipios. Entonces convidó a que los alcaldes de la zona metropolitana también aportarán un recurso económico mensual. 

«Lo hemos comentado de manera muy personal con los otros alcaldes de la zona metropolitana y es una situación en la que nadie quiere agarrar más compromisos de los que ya tienen», dijo el alcalde Campillo a los medios. 

El asunto lo heredará la alcaldesa electa, la también priista Leticia Herrera, quien sin asumir el cargo todavía ya anunció que pedirá al gobernador electo de Durango, el panista José Aispuro, que pueda absorber la cantidad por la que se había comprometido el ayuntamiento de Gómez Palacio —no lo he mencionado, pero el CRIT también recibe un apoyo mensual del gobierno estatal, que se mantiene, y que junto con el municipal sumaba tres millones 600 mil pesos.

Además, el alcalde torreonense Miguel Ángel Riquelme, tras la declaración del gomezpalatino, dijo que su administración aportaría un solo donativo importante durante la colecta anual, pero que no se encontraba en condiciones para adquirir un compromiso de esa naturaleza.


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—Es injusto lo que hacen —dice Elena Villarreal, abuela de un niño que nació a los cinco meses y medio —. Mucha gente no entiende porque no tiene niños discapacitados.

Al nacer, el pequeño estuvo tres meses en incubadora. Ahora no camina y tiene un problema neuronal. Elena, la abuela, es la encargada de llevarlo a sus terapias porque la madre del niño trabaja. Me platica que el niño necesitaba una férula y que el CRIT financió la mitad del costo. Como los demás testimonios, la abuela y el nieto antes acudían a otro lugar a rehabilitación. En su caso, iban al Hospital General de Lerdo donde les cobraban 150 pesos por sesión.

Nidia lleva dos años y medio viniendo a este CRIT con un hijo que tiene dificultades para mover el lado derecho del cuerpo. Ella sí estaba enterada de los problemas que se han avecinado en las últimas semanas.

Antes de venir aquí, llevó a su hijo durante 11 meses a terapias a la clínica del IMSS número 51. Sin embargo, dice, los cambios en la movilidad de su hijo los comenzó a ver cuando llegó aquí. Pero ahora sabe y ha escuchado decir que la Clínica C —la que atiende a niños menores de cuatro años— podría cerrar y entonces a esos niños los tendrían que juntar con los de las otras clínicas, con niños mayorcitos. Y que además el número de terapias semanales se reducirían, por lo que la rehabilitación tomaría más tiempo. 

Su hijo, poco más de cuatro años de edad, está de pie, tomado de las rodillas de su mamá, y grita, se le ve contento. Es hora de una de sus terapias. Parece que, de cualquier manera, pronto terminará su rehabilitación. 

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El problema fuera de ser regional, es nacional. 

Uno de los CRIT también en riesgo de cerrar es el de Quintana Roo. Su gobierno, al igual que el ayuntamiento de Gómez Palacio, ha dejado de aportar donaciones y tiene un adeudo de 70 millones de pesos.  

Hay otro con el mismo riesgo: el de Veracruz, pues el gobierno estatal ha dejado de aportar los ocho millones de pesos anuales a los que se comprometió en 2008 con un convenio —éste sí firmado por 10 años. El adeudo es de 108 millones, lo que ha ocasionado que se despida al 25 por ciento de la plantilla de personal. Mientras que en otros centros han tenido que cerrar turnos por la tarde. 
A parte de esto, las donaciones ciudadanas han bajado considerablemente. Los directores de estos centros de rehabilitación coinciden en una misma causa: campañas de desprestigio.  

«La situación es que ha bajado la confianza en Fundación Teletón. Pensamos que esto se debe mucho a las campañas en redes sociales e internet, que se manejan desde el anonimato. Calumniando y difamando, sin saber lo que es la realidad», dijo Gabriel López Ortega, director del CRIT de Gómez Palacio a los medios en mayo pasado. 

A nivel nacional, se maneja similar discurso: «Son casi nueve años de una campaña sistemática contra Teletón, de calumnias, de difamaciones y mentiras», declaró recientemente Fernando Landeros, presidente de la Fundación Teletón, en una entrevista para Milenio.

Todo esto ya se empezaba a rastrear desde la edición de 2015 del Teletón cuando Landeros, el director general de Televisa y otras de las cabezas decidieron cambiar el formato: la meta, esa ocasión, no fue ya recaudar y superar cierta cantidad de dinero, sino superar las 500 mil visitas —físicas y virtuales— en los 22 CRIT del país.  

Ese diciembre de 2015 los conductores Marco Antonio Regil y Pedro Ferriz de Con y acompañantes no se fueron a dormir hasta que anunciaron que se habían recaudado 327 millones 267 mil y poco más de pesos. 

Pero los números hablaban y decían cosas, tales como que el monto era del 30 por ciento menos que el del año anterior —cuando la transmisión televisiva se había tenido que alargar una hora y media más con tal de alcanzar la meta— y que las donaciones hechas por el público habían caído por más de 146 millones 800 mil pesos. Marco Antonio Regil justificó la situación en vivo diciendo que esa había sido la edición más corta del Teletón —con 16 horas al aire— y que además habían logrado la donación más alta por hora en la historia —y entonces lo hicieron pasar como un triunfo y lo celebraron y gritaron «sí se pudo». 

Al final, ese 2015 se tuvieron que conformar con haber superado la meta de las visitas a los centros de rehabilitación con más de 600 mil.  

La edición del Teletón de este 2016 será decisiva para el futuro de la fundación. Lo sabe el presidente nacional de ella, lo saben los directores de los principales CRIT en riesgo, sus trabajadores, los padres de familia. 

Y están preocupados.  

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