El tema LGBTTTI: sin debate real en México

Por: La redacción


En 2010, Joaquín López Dóriga entrevistó a Enrique Peña Nieto, entonces gobernador del Estado de México, en el noticiero estelar de Televisa, en torno a la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) sobre la constitucionalidad de las adopciones para personas de un mismo sexo, luego de un amparo originado precisamente en el Estado de México. Peña Nieto fue claro en su postura: “Estoy a favor de respetar la preferencia sexual de cada quien. En lo personal, no comparto esta idea de quienes se unen, dos personas de un mismo sexo, tengan derecho de adoptar”.

De manera sorpresiva, en mayo de este año Enrique Peña Nieto, ahora como presidente, sorprendió al país al lanzar una propuesta de reformas al Código Civil Federal, que incluye un paquete de reformas y acciones contra la discriminación homofóbica, pero lo realmente polémico es que incluye modificaciones para que las parejas de un mismo sexo puedan ejercer el derecho de adopción.
Textualmente, Peña Nieto argumenta que el derecho a la adopción no se contrapone con el interés superior y los derechos de la infancia y, por el contrario, que es discriminatorio que la orientación sexual de los adoptantes incida en el ejercicio del derecho.

Apenas tres meses antes, el gobierno de Peña Nieto había logrado la primera visita a México del papa Francisco I, en la cual se manifestó abiertamente católico y para asombro de los sectores más liberales de su propio partido y de la sociedad mexicana, tomó la hostia sacramental de manos del pontífice, lo mismo hizo su esposa.

La doctrina oficial de la Iglesia Católica está decididamente por la familia tradicional y, enérgicamente, condena la adopción por parte de parejas del mismo sexo.

¿A qué juega Peña Nieto con posturas tan contradictorias, cuando más del ochenta por ciento de la sociedad mexicana es de filiación católica y un restante diez por ciento de filiación a otras iglesias cristianas, que son aún más enérgicas en su rechazo no sólo a la adopción sino a las relaciones de lo que ahora se denomina LGBTTTI (lesbianas, gays, bisexuales, travestis, transexuales, transgénero e intersexuales)?

En abril de 2016, los sondeos más serios de opinión dieron a conocer los resultados en torno a la calificación del desempeño del presidente de la república y éstos son desastrosos: los ciudadanos le dan una calificación de 4.4 sobre 10 a su desempeño, pero los líderes lo califican con un 3.7, el nivel más bajo para un presidente en la historia política de México desde la revolución de 1910 a la fecha.
La visita papal, que fue cabildeada con tanto esmero, no sirvió de nada para incrementar la calificación del presidente ante los ciudadanos y el llamado “círculo rojo” de la sociedad mexicana. El presidente estaba molesto y no lo podía ocultar, él mismo se encargó de afirmar que “hay un mal humor” en el país y, lo que es peor pero no lo dijo, él está en el centro de ese “mal humor” o enojo colectivo, como se le quiera decir.

La iniciativa de Peña Nieto fue lanzada el 16 de mayo de este año, apenas tres semanas antes de que hubiera elecciones en 12 estados de la república, en las cuales el PRI perdió 7 de 12 gubernaturas, entre ellos varios estados que jamás había perdido y que son estratégicos para la elección presidencial de 2018. El gran ganador fue el PAN.

Si lo que buscaba Peña Nieto era alguna medida desesperada para incrementar su nivel de aceptación, el efecto ha resultado en apariencia contradictorio, porque está adoptando una medida muy polémica en un país que, quiérase aceptar o no, es mayoritariamente conservador con respecto al tema LGBTTTI, sin recurrir a ningún procedimiento democrático, como podría ser una consulta o, al menos, un debate abierto entre los diferentes sectores de la sociedad mexicana interesados.

La iniciativa presidencial suscitó de inmediato la reprobación directa a Peña Nieto, mientras que la dirigencia del PRI se quejaba de que al menos cinco obispos habían operado a favor del PAN en las elecciones por las gubernaturas, lo cual no se ha comprobado hasta ahora.

La polémica en torno a conferir todos los derechos y obligaciones al matrimonio lésbico-homosexual y la adopción de hijos, que hasta ahora ha estado reservada a las parejas heterosexuales, se ha dado dentro de un círculo muy pequeño de dirigentes de la iglesia católica, de algunas iglesias cristianas, de organizaciones que defienden la familia tradicional y, por la otra parte, de asociaciones que están por la lucha contra la discriminación y el trato igualitario a personas con  preferencias sexuales diferentes, pero no se está involucrando a sectores realmente representativos de la sociedad.

El debate en la Cámara de Diputados y Senadores, hace tiempo que dejó de ser representativo de lo que realmente piensa y opina la sociedad civil. El PRI acatará la línea presidencial; el PRD y Morena estarán en la misma línea, más por intereses políticos que por convicciones ideológicas y el PAN, que se supone es el partido de centro-derecha va a cuidar también su imagen en función de las elecciones del 2017 y la presidencial de 2018.


MUCHO RUIDO, MUCHA INDIFERENCIA

Puesta en la cresta de la ola mediática y con una postura eficazmente proselitista y proactiva, la comunidad LGBTTTI ha ganado casi todos los espacios de opinión y un apoyo contundente del medio del espectáculo, lo que le ha llevado a pedir cada vez más y poner en una situación de descalificación a la gran mayoría que es distinta y que obligadamente debe ser escuchada, porque de eso se trata el juego democrático.

Aunque la comunidad LGBTTTI hace mucho ruido, hasta ahora la mayoría de los ciudadanos no le habían prestado demasiada importancia al tema, que inclusive sigue siendo abordado con humor y mucha dosis de folklore, que ha sido la postura tradicional que se tenía hacia la homosexualidad en México, lo que contrasta con el tono grave del discurso de la otra parte, que se ubica como una minoría discriminada y agredida que está peleando por sus derechos.

El lema de la última marcha nacional del orgullo gay, realizada en la ciudad de México el 25 de junio pasado,  fue: “Todas las familias, todos los derechos. ¡Ya!”, lo que voluntaria o involuntariamente coincide con la postura de las iglesias y de todos los sectores conservadores del país: el debate es en torno a la familia; su composición y sus derechos, pero este debate no se ha dado y ha sido, penosamente, el problema de la imagen presidencial, el que ha generado una iniciativa que ni los propios reclamantes esperaban que fuera en tales términos.

La agrupación conservadora Consejo Mexicano de la Familia, realizó una encuesta en varias ciudades del país que refleja en buena medida lo que está pasando en torno al tema LGBTTTI entre el ciudadano común.

Sólo mencionaremos una de las preguntas, para efecto de interés periodístico: ¿Sabes en qué consisten los términos lesbiana, gay, bisexual, transexual, travesti, transgénero e intersexual? La casi totalidad de los entrevistado supo definir los términos lesbiana, gay y travesti; solo un 50% definió correctamente el término bisexual, pero los términos transexual, transgénero e intersexual fueron definidos tan solo por un 0.6 por ciento de los entrevistados.

Un aspecto adicional que llama la atención son los términos que emplean los entrevistados para responder, los cuales fueron considerados como un “lenguaje fuerte y casi siempre inapropiado” por los entrevistadores, quienes fueron contratados para el propósito y no estaban involucrados ni ideológica ni doctrinalmente en el tema; eran estudiantes universitarios.

En resumen, la mayoría no puede definir en qué consisten las siglas LGBTTTI que se emplean de manera ordinaria en los medios de comunicación y en la internet. En los Estados Unidos de Norteamérica, la variedad de esta lista de términos se vuelve cada vez más larga y difícil de comprender para la gente ordinaria. Se requiere ser un experto en el tema por lo barroco de unos términos que hasta hace algunos años ni tan siquiera existían.

¿Al momento de legislar la iniciativa presidencial los diputados y senadores van a requerir ponerse a investigar en qué consisten exactamente esas denominaciones y en base a qué criterios concretos se establecen, o sólo se trata de un argot dentro del medio? Tal vez el solo preguntarlo resultará ofensivo, pero la ley tiene que ser precisa; meticulosamente precisa.

UN PUNTO DE VISTA PROFESIONAL

En entrevista para Revista de Coahuila, la doctora Ángeles Flores, terapeuta, graduada por la Universidad Autónoma de Nuevo León, y especialista en el tema de terapia familiar y de pareja, aborda, desde su experiencia de 20 años en el consultorio, el tema en cuestión.

-Mucha gente no conoce el significado de algunas denominaciones que está empleando ahora la comunidad LGBTTTI, como transexual, tránsgénero, intersexual e inclusive travesti.

-Así es, inclusive para muchos psicólogos que están especializados en otras áreas  no es fácil entender exactamente qué se trata de expresar con estos términos. En mi experiencia te podría decir que inclusive hay diferencias entre las mismas asociaciones o grupos involucrados sobre la definición precisa de lo que quieren decir, porque son una serie de subdivisiones y categorías que se generan en los países anglosajones, especialmente en los Estados Unidos, y son adoptadas en países como el nuestro, además son algo nuevo, hace diez años no se utilizaban, por lo menos no en México.

-Por ejemplo, ¿en qué consiste una persona que se autodefine como transgénero?

-En los Estados Unidos algunos lo definen como una persona que se diferencia de la identidad hombre-mujer, lo que te llevaría a plantear que existe una identidad diferente a la que conocemos; un tercer género, pero esto es muy difícil de definir en términos del análisis de la personalidad o inclusive en términos clínicos, cuando tratas a una persona concreta en la consulta.

-¿Existe alguna línea en el análisis de la personalidad que explique todos estos términos nuevos?

-Yo creo que sí. En principio se trata de la búsqueda y la definición de la identidad de una persona concreta, que nació, creció y fue educada con un determinado género y desea cambiar, lo que le coloca en una búsqueda o un proceso de cambio de identidad; esto puede ser muy difícil porque puede ir desde una etapa de lucha interna, a una fuerte crisis y posteriormente a una definición y una aceptación, pero luego vienen sus relaciones con la familia y los grupos sociales en los que interactúa, que es otro proceso y es en buena medida lo que explica por qué existe el movimiento por la tolerancia y la inclusión social.

-Antes parecía más simple…

-Sí, yo lo recuerdo en mi periodo como estudiante de psicología, pero de fondo existen muy pocas cosas nuevas, todo esto ya existía, sólo que no se le hacía público, no se discutía y el número de personas involucradas era mucho más pequeño. En principio sí deseas tener una visión simplificada, que es riesgosa porque cada persona es diferente y debe ser entendida como tal; una mujer o un hombre con una identidad heterosexual desean cambiar y realizan cambios en la composición tradicional de su género. Lo más sencillo de entender es que una mujer decide relacionarse con otra mujer y un hombre con otro hombre, pero además de relacionarse desean efectuar cambios en su personalidad, porque no sólo se trata de sexo. En este proceso puede suceder que el hombre o la mujer decidan adoptar actitudes, comportamientos y convencionalismos del otro sexo, como una mujer vestirse de hombre o un hombre vestirse de mujer y actuar como tales de manera externa y ante los grupos sociales con los que conviven; a esto ya le dan otra definición, como puede ser la de travesti aunque, como te decía, no hay acuerdo en esto de las denominaciones.

-Si antes era simple ahora parece demasiado complejo.

-La complejidad surge en buena medida de la lucha por la identidad. Una persona puede ser homosexual y ser funcional, empática socialmente, sin mayores conflictos de identidad, segura de sí misma, inclusive muy exitosa en términos sociales. Desafortunadamente las cosas no son tan sencillas como se desearan. Puede surgir la discusión de si se nació con tal o cual preferencia de sexo por cuestiones biológicas; la tentación de mutilarse físicamente para eliminar algunas partes de su cuerpo, inclusive los genitales y también se puede vivir en un conflicto permanente entre adoptar el género masculino o el femenino, o de qué manera mezclar ambos. Yo he atendido y atiendo personas con serios conflictos, que sufren mucho emocionalmente y enfrentan problemas como la depresión y, en casos extremos, desarrollan tendencias suicidas.

-¿El cambio de preferencia sexual tiene un origen de conflicto familiar?

-Con mucha frecuencia, pero no necesariamente; en mi experiencia como profesional de la psicología te podría decir que sí son mayoría quienes vienen de una familia tradicional disfuncional, pero otra parte vienen de familias que pueden considerarse funcionales. Algo importante es que se da en todos los extractos sociales.

-¿Ayuda el que formen parejas y busquen ser una familia?

-Definitivamente sí. Creo que ése es un tema muy interesante. Cuando dos mujeres o dos hombres deciden formar una pareja, con un compromiso, suelen ser mucho más estables y más felices emocionalmente, además se alejan de la promiscuidad que se da en las relaciones furtivas y de los riesgos de salud, pero tal vez esto la gente lo conozca poco: las parejas lésbicas y homosexuales enfrentan conflictos muy parecidos a los que enfrentan muchas parejas heterosexuales. Es muy común que aunque son dos mujeres o dos hombres, uno adopta un rol que se podría considerar masculino y el otro el femenino.

-¿Esto significa que no sólo los heterosexuales tenemos derecho a sufrir?

-(Risas) Tu frase lo define casi todo, es muy feliz; las parejas lésbico y homosexuales pueden tener problemas de celos, de infidelidades, del manejo de su economía, de tipo sexual, de relación con sus parientes, de aburrimiento, de intolerancia del carácter del otro y tienen peleas, que en ocasiones se pueden salir del control y llegar hasta la violencia o al maltrato emocional. También se desgastan con el tiempo al paso de los años. Tal vez no sean ni mejores ni peores que las parejas heterosexuales, solo diferentes.

-¿Son la mayoría los que forman pareja?

-No, son mayoría quienes sostienen relaciones transitorias, informales, por desgracia la promiscuidad es muy alta, sobre todo entre la gente más joven y proporcionalmente entre los homosexuales, los bisexuales y lo que denominábamos como transgénero. Yo, a manera personal y como psicoterapeuta te podría decir que me preocupa más el caso de las personas bisexuales y transgénero.

-¿Por qué?

-Una persona bisexual tiene relaciones con hombres y mujeres, es frecuente que sean casados o que tengan una relación de pareja con alguien heterosexual o de su mismo género, lo que puede motivar muchos conflictos, porque una de las partes no acepta lo que considera como infidelidad, además está de por medio el problema de la higiene, de la salud, pues el nivel de promiscuidad suele ser muy alto. Hay situaciones que no se pueden manejar como tolerancia o intolerancia, porque estamos hablando de que existen relaciones emocionales, gente que sale muy lastimada. No sé cómo se le maneje dentro del medio a estas clasificaciones o denominaciones de género, pero la experiencia de la consulta es esa.

-¿Cuál es su opinión del lema “Todas las familias, todos los derechos ¡YA!”, que es el lema de la última marcha por el orgullo LGBTTTI y la iniciativa del presidente de la república?

-Es lo mejor que puede pasar, si la situación existe hay que resolverla y ésa me parece una buena manera; realmente la comunidad lésbico-homosexual es muy pequeña en relación a la población del país; por ejemplo, son muchísimas más las parejas que viven en unión libre en México, a quienes no les interesa formalizar un matrimonio y eso ni siquiera es noticia. Creo que tampoco hay que ver cosas que no son, por experiencia te puedo decir que las personas LGBTTTI que desean casarse y formar una familia son una minoría dentro de la minoría. La gente que está dentro de agrupaciones y que acude a marchas o manifestaciones son también muy pocas, muchos me comentan que prefieren la privacidad y la discreción en sus vidas.

-¿Crees que esto podría ser un debate en torno a la familia en México?

-Si pensáramos en lo ideal, debería haber una debate amplio sobre la familia, porque todo está cambiando y está cambiando aprisa, las cosas suceden de forma espontánea, para bien y para mal, sin que exista reflexión, sin nadie que realice investigación sociológica y menos aún psicológica. Me viene a la mente ahora el problema tan fuerte que tenemos sobre la cantidad de familias donde, funcionalmente, el padre está ausente, que es algo que ya se daba, pero ahora también la madre está ausente porque está trabajando en la maquila o en cualquier otro trabajo. ¿Y los hijos? ¿Quién los está atendiendo y educando? Pero me temo que va a ser muy difícil que ese debate se realice, no veo voluntad gubernamental ni veo liderazgos sociales que lo puedan dirigir; pero ojalá sucediera, yo estaría puestísima.

-Finalmente ¿Qué opinas de la adopción por parte de parejas lésbico-homosexuales?

-Este es un tema muy delicado, porque involucra a terceros, que son los niños, quienes además por su condición no son personas que puedan adoptar decisiones sobre sí mismas y sobre la vida que desean. Ya existen procedimientos establecidos para llevar a cabo la adopción y suele ser un proceso largo y minucioso de evaluación de la pareja que solicita adoptar, en ocasiones difícil, por la cantidad de aspectos que se consideran. Existen algunas variantes en torno a la evaluación de la pareja solicitante, dependiendo de la institución que tenga en custodia al niño o niña. Desgraciadamente yo no tengo elementos para poder establecer una opinión sobre cuál es la experiencia de adopción de parejas lésbico-homosexuales, menos todavía de cómo evolucionan las relaciones en diferentes etapas del hijo adoptado, creo que en México muy poca gente tiene un conocimiento profesional de ese proceso, porque se da muy poco y además es nuevo. Sólo conozco dos casos que he tratado, pero no eran adopciones propiamente sino parejas en donde una de las partes recogió a un sobrino y en la otra era una adopción pero no legal, sino de facto entre parientes, en ninguno de los casos he podido darle seguimiento. Considero que se van a tener que revisar los requisitos y el proceso de adopción, que podría volverse más riguroso de lo que ya es. Me inquieta que el proceso de adopción pueda prestarse a presiones políticas y de agrupaciones, en las cuales una pareja que objetivamente no reúne los requisitos, alegue discriminación y ejerza presión.
   


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