¿Cuánto nos cuesta el sureste?

Oaxaca, Guerrero y Chiapas nos parecen distantes, no así los conflictos políticos; la lucha de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, CNTE. Las barricadas, los bloqueos y el desastre del sistema de educación básica son sólo parte del problema; el asunto de fondo es que la economía de estos estados tiene un grave atraso con respecto al resto del país, pero su población crece a un ritmo mucho más alto que el promedio nacional. La consecuencia necesaria es un círculo vicioso de pobreza y, para tratar de remediarla, la canalización de recursos públicos que producen otros estados del país, en lo que se ha vuelto una dependencia permanente.

De una u otra manera, mucho de lo que sucede en estados como Oaxaca es posible porque están recibiendo dinero que no producen, de otra manera es muy difícil que toleraran a los líderes de organizaciones políticas que, como los de la CNTE, tenían el control de gran parte del presupuesto público, lo que los hizo millonarios y, para afianzar su “liderazgo”, permite que miles vivan también del dinero público sin desempeñar su trabajo.

Económicamente Oaxaca ocupa la posición número 20 entre los 32 estados del país, con un 1.5% del Producto Interno Bruto del País, pero tiene 3 millones 800 mil habitantes, lo que le coloca en el penúltimo lugar en productividad, sólo por debajo de Chiapas que ocupa el primer jugar nacional.
El problema es que la economía de Oaxaca, como consecuencia de lo que ha estado pasando, va a tener problemas más fuertes para crecer e, inclusive, sostener en buen nivel el sector turístico, que es su fuente más importante de riqueza. Apenas el mes pasado el gobierno de Enrique Peña Nieto había lanzado un proyecto para darle impulso al Programa de Desarrollo del Sur-Sureste 2014-2018 o Proyecto de Impulso a Zonas Económicas Especiales.

Pareciera una barbarie decir que el desmantelamiento de la CNTE es necesario, inclusive una prioridad política del gobierno federal, el problema era cómo hacerlo, porque el riesgo de violencia resultaba inminente y, no por casualidad, ha venido a estallar al ingresar a la cárcel a los líderes de esta organización, para quienes la reforma educativa es sólo un excelente instrumento de agitación y de clientelismo político. Con o sin reforma educativa el desplazamiento de la CNTE hubiera generado un conflicto.

Para darnos una idea del costo que tendrá subsidiar a Oaxaca, a Guerrero y a Chiapas, basta referir que Yucatán genera el 1.4% del PIB nacional y tiene una población de 1 millón 955 mil habitantes, la mitad que Oaxaca, prácticamente con el mismo PIB.

Chiapas está en una situación aún más improductiva que la de Oaxaca, pues genera el 1.9% del Producto Interno Bruto del país, pero con una población de 4 millones 796 mil habitantes creciendo a un ritmo más alto que la mayoría de los otros estados. Campeche produce el 5.1%  del PIB y tiene apenas 822 mil habitantes, por eso sólo a quienes no conocen este estado les pareció un disparate la frase aquella de una de sus diputadas, quien afirmó que “en Campeche sólo es pobre el que no trabaja”, lo cual, en términos objetivos, tiene mucho de cierto.

Quintana Roo genera el 1.4% del PIB nacional, pero con una población de apenas 1 millón 325 mil habitantes, pero Guerrero tiene casi el mismo PIB (1.5%), con una población de 3 millones 388 mil habitantes, casi tres veces que Quintana Roo. Sin Acapulco el PIB de Guerrero sería mucho más bajo.
Los tres estados que conforman la península de Yucatán, quienes son por cierto muy orgullosos de su cultura y consideran que es una injusticia histórica haber dividido políticamente a la península en tres estados, como una decisión política de los gobiernos centrales, en lo cual parecen tener mucha razón, han logrado un nivel económico muy distinto al de los otros tres estados del sur teniendo, por lo menos en el caso de Yucatán, mucho menores recursos naturales.

Los tres estados del istmo, Oaxaca, Guerrero y Chiapas suman una población de 12 millones de habitantes, el 10% del total de la población del país, pero generan apenas el 4.9% del PIB. El estado de Nuevo León, con casi la tercera parte de la población genera el 7.5%, todavía más: el PIB de Nuevo León equivale al PIB de Oaxaca, Guerrero, Chiapas, Hidalgo, Zacatecas, Nayarit, Colima y Tlaxcala juntos.

Los siete estados del norte del país, sin contar a Durango, pero tomando en cuenta a Baja California Sur, que es muy pequeño, representan el 22.8% del total del Producto Interno Bruto del país, con una población de 20 millones 529 mil habitantes, lo que significa que son casi 4.5 veces más productivos que los estados del istmo que hoy están en tensiones políticas.

La CNTE ha involucrado en su conflicto a parte de los maestros de Michoacán, pero Michoacán es un caso aparte, porque goza de condiciones muy distintas. Este estado, que tiene enormes recursos naturales, turísticos y debería, por su ubicación, contar con un importante desarrollo industrial, mantiene un nivel de riqueza bajo, en comparación con los estados del norte, en gran medida debido a la izquierda política y, de manera más específica, a la familia Cárdenas, que la mantuvo durante décadas como su coto de poder. Cuatro miembros de la familia han sido gobernadores del estado en diferentes épocas, el último de ellos: Lázaro Cárdenas Batel, hijo de Cuauhtémoc, con quien comenzó la descomposición de la seguridad y el empoderamiento del crimen organizado. Para ellos el desarrollo de una clase empresarial fuerte en el estado siempre era motivo de sospecha pero, como supuestos socialistas, nunca propusieron ninguna alternativa de desarrollo. Michoacán debería estar al nivel de Jalisco, por lo menos.


OTROS POBRES Y REZAGADOS

Los tres estados del istmo son los más rezagados, pero existen otros estados del país cuyas economías no han logrado despegar o tienen niveles de productividad muy por debajo de la media nacional. Entre esos estados se puede mencionar a Zacatecas, Tlaxcala, Hidalgo, Morelos, Nayarit y Durango; estos seis estados suman apenas el 5.9% del PIB del país, menos que Jalisco, que individualmente tiene el 6.3%.

Tlaxcala e Hidalgo son dos estados del centro del país que se han ido rezagando, pese a que de ellos emana una parte de la clase política que controla el poder central. Tlaxcala genera apenas el 0.5% del PIB con una población de 1 millón 169 mil habitantes e Hidalgo, que es un estado perdido en las proximidades de la enorme sobreconcentración de la capital de México, tiene una economía que representa el 1.5% del PIB nacional, pero con una población de 2 millones 665 mil habitantes, casi semejante a Coahuila.

Zacatecas es una pena: un estado con una población de 1 millón 490 mil habitantes y un economía que significa apenas el 0.9% del PIB nacional, mientras que Nayarit tiene apenas el 0.6% del PIB y una población de 1 millón 84 mil habitantes. De Durango ya hemos hecho referencias en ediciones anteriores (#294, marzo de 2016), mencionando que es el estado más pobre del norte de México.
¿Qué significan estos estados con niveles tan bajos de desarrollo para el resto del país? En términos prácticos: subsidio. Al hacer la distribución de recursos federales a cada entidad y la asignación del presupuesto anual, de la bolsa nacional que se forma no se parte de los recursos que ha generado cada estado, sino de una fórmula en apariencia muy complicada, por la cual se toma más en cuenta el factor de población que la productividad, y lo que se puede considerar el factor de pobreza. En consecuencia a los estados norteños les toca proporcionalmente bastante menos, si se toma en cuenta su generación de recursos públicos.

Hay estados como Chiapas, que a raíz del conflicto zapatista que ya cumplió más allá de su 20 aniversario, se les comenzó a canalizar importantes cantidades de dinero público a través de programas de lo más diverso. La cuestión es si todo ese subsidio ha generado un mejoramiento del nivel de vida, pero especialmente si ese dinero, que ponen los demás estados, ha cambiado la estructura económica del estado y, en consecuencia, reducido de manera efectiva la pobreza, al generar empleos o el subsidio se ha ido a un barril sin fondo.

Cuando la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, SHCP, anuncia que la economía del país ha crecido en un año un modesto 2.16% (crecimiento porcentual de la economía en 2014 en datos oficiales), es indispensable hacerse el cuestionamiento de quién está aportando realmente al crecimiento de la economía del país.

Por ejemplo en ese año, 2014, la economía del Distrito Federal (la más grande del país  con el 17.7% del PIB), creció apenas un 0.58%. Veracruz, el tercer estado en población del país y la sexta economía casi tuvo un crecimiento de cero (0.17%). El estado de México, que es la segunda economía (9.2% del PIB nacional) creció un 1.16%. Los tres concentran la cuarta parte de la población del país y el 31.6% de la economía nacional.

¿Quién aporta entonces a ese pobre 2.16% de crecimiento nacional? En los últimos años los estados que están moviendo el crecimiento económico del país son el norte y el bajío, más algunos otros cuatro estados aislados, aunque en el caso de estos tienen economías muy chicas, por lo que sus crecimientos no se traducen en aportaciones importantes.

Los estados del bajío, como Aguascalientes, Guanajuato, Querétaro y Jalisco, en menor medida, están pasando por un excelente momento en sus economías. En el caso de los estados norteños, todos están por encima de la media nacional. Si se quitaran estos estados y otros cuatro más que están creciendo a buen ritmo, el índice nacional se desplomaría de manera dramática. A esto hay que sumar la caída de los precios del petróleo y la situación de la economía internacional, lo que tiene en una crisis a las finanzas del gobierno federal y, en consecuencia, el reparto hacia los estados se modifica, lo mismo que la asignación directa que se hace a través de las secretarías de estado.

En este contraste y desigualdad de economías estatales, unos pagan por otro, lo que sucede en casi todos los países del mundo, pero lo cierto es que hay un castigo a la productividad, porque a los estados del norte y del bajío nadie les regala nada. Si sus economías son más prósperas, modernas y productivas, aún con los índices de población en estado de pobreza que siguen siendo muy altos, se debe al esfuerzo propio de sus habitantes. No el caso de la capital del país, que es la principal economía, ahora con problemas serios de crecimiento, y que se ha visto beneficiada, desde hace casi un siglo, con el subsidio, los favores y los recursos del poder central.    


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