Causas y consecuencias del enojo social

PORTADA #298

Julio de 2016


Por: Álvaro González

Enrique Peña Nieto  es, de acuerdo a los sondeos de opinión cuatrimestrales, el presidente de la república con el nivel de aprobación más bajo de que se tenga referencia en la historia moderna de México, considerando que la medición de esta opinión ciudadana es algo nuevo, pues anteriormente no se toleraba. Es posible que en el final de su periodo José López Portillo haya tenido un nivel de aprobación muy bajo, pero no se permitía medirlo. Esta desaprobación social, que tiende a bajar aún más, ha terminado por irritar al propio Peña Nieto, quien ha declarado públicamente que en el país se percibe “un mal humor”, un malestar generalizado: se considera que, en general, las cosas no van bien, pero particularmente por el mal desempeño del gobierno federal y de una gran parte de los gobiernos estatales y municipales.





Habría que plantearse si las cosas realmente van tal mal, en comparación con otros periodos gubernamentales, o hay una menor tolerancia ciudadana que se traduce en esa irritación o “mal humor”. Los hechos indican que ambas cosas están sucediendo, lo que ha complicado la vuelta del PRI a la presidencia de la república y la continuidad de los gobiernos del viejo partido en estados donde había gobernado desde que existe el actual sistema político.

También hay que plantearse qué consecuencias está teniendo este “mal humor” social, así como los cauces que puede tomar en el corto y mediano plazo, porque la experiencia internacional demuestra que la irritación de amplios sectores de una sociedad de régimen democrático puede llevar a cambios benéficos pero, paradójicamente, puede generar también procesos muy destructivos, donde el populismo, el fundamentalismo, el conservadurismo y el anarquismo , entre otras corrientes, pueden aprovechar y canalizar esa irritación social para hacerse del poder y desencadenar procesos que empeoran mucho más los problemas de determinadas sociedades.

En Latinoamérica  el caso más extremo es el de Venezuela, que ha sido devastada por el populismo y, más recientemente, el caso de Brasil, donde no se sabe dónde van a terminar las cosas después de un periodo en el cual se hablaba  a nivel internacional del “milagro brasileño”.

Ahora mismo en los Estados Unidos se vive un proceso electoral donde un Donald Trump se ha convertido en el candidato del Partido Republicano y podría llegar a la presidencia del país más poderoso del  mundo, con consecuencia imprevisibles para el mundo y para México en lo particular, todo en buena medida debido a la incompetencia de los propios políticos profesionales, a las fallas del gobierno de Barak Obama, que han generado una irritación en amplios sectores conservadores de la sociedad norteamericana, particularmente entre los anglosajones con niveles de educación e ingresos bajos. El estridente candidato republicano está despertando varios de los sentimientos más oscuros de la cultura norteamericana, y está agitando la irritación y “el mal humor” de racistas, fundamentalistas, segregacionistas, belicistas, aislacionistas y otros ismos que sobreviven en el subsuelo de esa sociedad y cultura.


PEÑA NIETO, MAL Y DE MALAS

Peña Nieto llega al poder debido a tres factores principales: el miedo generado por la violencia de la llamada “guerra contra el narcotráfico” que desató el gobierno de Felipe Calderón; la división interna del PAN que propone a una candidata de bajo perfil y sin respaldo partidista (Josefina Vázquez Mota), y el rechazo a la opción populista que encabeza Andrés Manuel López Obrador.

La vuelta del PRI a la presidencia se da además con un sistema político casi intacto, debido a la negativa de los gobiernos panistas para emprender reformas profundas, aun cuando el gobierno de Vicente Fox gozo de un nivel de aceptación social muy amplio, lo que ya no sucedió con Felipe Calderón.

Por su edad se suponía que Peña Nieto representaba a una nueva generación de un PRI que había estado desplazado del poder por 12 años, pero realmente se trataba de un político formado en una de las camarillas más corruptas que han existido en el viejo partido (el grupo Atlacomulco). Su primera decisión importante, y hasta ahora la única, fue el lanzamiento de una serie de reformas estructurales, que se supone cambiarían el rumbo del país y terminarían con los principales problemas que causan lo que llamamos el enojo social: la inseguridad, la corrupción, la pobreza, el atraso de varias regiones, principalmente los estados del sureste y, de manera especial, la mala marcha de la economía, que sigue con índices de crecimiento muy pobres, de apenas un 2% anual en promedio.

Estas reformas no fueron consensuadas a nivel social, sino cabildeadas entre los partidos políticos en la Cámara de Diputados y el Senado de la República, donde luego fueron aprobadas, ya con más dificultad, las leyes secundarias.

Inicialmente todo fue un aplauso internacional: México se encaminaba finalmente hacia la modernidad y se integraba a los países emergentes del mundo, como una de las quince economías más importantes.

La violencia, a nivel nacional, descendió, de hecho ya había comenzado a descender desde 2012, el año de la elección presidencial, pero siguió descendiendo en varios estados del país donde había alcanzado niveles realmente graves, como era el caso de Coahuila y Durango, pero no ha desaparecido ni se ha reducido a los niveles que tenía todavía en 2006, al término del periodo de Vicente Fox.

Los precios internacionales del petróleo se derrumbaron a niveles históricos, lo que generó varios problemas: una drástica caída de los ingresos del gobierno federal como nunca antes se había dado; la quiebra técnica de PEMEX y la inviabilidad de la reforma energética. Sin dinero el gobierno federal ha tenido que hacer recortes al gasto público, con lo cual se paralizan programas, hay menos flujo de recursos hacia los estados, se cancelan grandes proyectos de infraestructura y no hay dinero para maniobrar políticamente.

Finalmente esta falta de recursos lleva a endurecer la política fiscal, afectando a las micro y pequeñas empresas, pero de manera especial a las clases medias. Este año se regresa al  incremento de los precios de las gasolinas y del gas, que son las últimas medidas pero, en medio de la austeridad, el sindicato de PEMEX y su caudal de privilegios se mantienen intacto.

En el sector salud la inversión real es mínima y se pronuncia el deterioro del servicio, mientras los servicios de salud privados se encarecen de manera agresiva, volviéndose inaccesibles para una gran parte de las clases medias.

Desde la ley de 1997, el estado había dado un golpe muy duro al sistema de pensiones y jubilaciones del país, eliminando la ley de 1973, que ya ofrecía un régimen general muy desfavorable a los trabajadores. Todo se hizo en nombre de la modernidad, al crear las afores o fondos bancarios, pero realmente el estado se deshizo del compromiso social. Casi 20 años después los trabajadores se han concientizado de la situación que tendrán que enfrentar al momento de su jubilación, mientras todos los sindicatos que dependen del estado conservaron un régimen de excepción a través de los contratos colectivos de trabajo y de los poderosos sindicatos, los cuales ocupan posiciones estratégicas, como salud, energía y educación.


METIDOS EN UN ATOLLADERO

Rodeado de un círculo de funcionarios con un perfil más orientado hacia la tecnocracia, la hora de la verdad llegó para el gobierno peñista al momento de tratar de implementar las grandes reformas estructurales, particularmente la de educación, donde sus operadores políticos no lograron un buen consenso en términos generales, pero han actuado con una ineficiencia absoluta en el desmantelamiento de las mafias y grupos radicales agrupados en torno a la llamada Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, CNTE.

Al poner en la cárcel a sus principales dirigentes, con elementos sólidos para fincarles responsabilidades penales, las fuerzas de seguridad federales y los encargados de inteligencia no previeron la participación de grupos de profesionales de la agitación, los que tienen sus territorios principalmente en los estados de Oaxaca y Guerrero. Se cayó en la provocación y el saldo ha sido de siete muertos, lo que sucedió en el mejor  momento para la CNTE y los grupos de extrema izquierda que la arropan.

Tampoco previeron que Andrés Manuel López Obrador, el líder nacional de Morena, un populista que se ha venido radicalizando aún más pero que va por su última oportunidad de buscar la presidencia de la república, estaba al asecho del gobierno peñista. Los errores de junio propician que toda la facción de la izquierda radical monte una estrategia de agitación política poniendo como cabeza de playa al CNTE, una posición que esta corrupta agrupación jamás había soñado tener.

Metido en una verdadera emboscada política por sus propios errores, el gobierno federal se encuentra en una situación complicada, que puede comprometer la reforma educativa; la estabilidad política de los estados del sureste del país, todo ello cuando el sexenio ya va en su cuarto año.

El malestar dentro del gremio del magisterio oficial por las consecuencias laborales que implica la reforma, tal como esta ha sido aprobada en las cámaras, tiene arreglo, pero evidencia que el gobierno tuvo un distanciamiento de los gremios intelectuales y académicos, las agrupaciones civiles, el mismo sindicato de la SNTE a nivel de los estados y en general entre la sociedad civil, donde los padres de familia no conocen las virtudes de una reforma a la educación y, la gran mayoría, no está consciente de las deficiencias tan graves que está teniendo la educación de sus hijos, cuando la educación es el principal vehículo de movilidad social.

Aun con todos los errores y la incompetencia del gobierno federal, la educación es un asunto de interés esencial para el país y, en consecuencia ya debería haber una manifestación general de todos los sectores en torno al tema. Para el país sería desastroso que se impusieran las condiciones de la izquierda radical y populista en el sistema de educación nacional. Sin una buena educación no hay desarrollo y el actual sistema es ineficiente. Peña Nieto y su equipo se han quedado en solitario, mientras una reducida facción de izquierda populista, corrupta y clientelar se mueve a placer, ayudada por un timorato regente pseudoizquierdista de la ciudad de México.

Por los últimos 29 años el PRD ha gobernado la ciudad de México. Durante todo ese tiempo la capital del país no ha tenido una transformación sustancial, no obstante que recibe enormes subsidios. Quitando el periodo que cubrió Cuauthemoc Cárdenas, el cual dejó inconcluso, los gobiernos subsiguientes han tenido fuertes problemas de corrupción e ineficiencia y, a partir de la elección presidencial del 2012, un rompimiento interno de donde se desprendió Morena y la lucha de tribus al interior del PRD.

Este mediocre desempeño de la izquierda y la corrupción de sus gobiernos, no han impedido que la mayoría de los habitantes de la capital tengan una preferencia política de izquierdas, con un rechazo muy fuerte hacia el PRI y en menor medida hacia el PAN, el partido de centro-derecha, por lo que gran parte del “mal humor” social se genera inicialmente en la capital, donde están concentrados la mayoría de los medios de comunicación del país, de los grupos de intelectuales, los comentaristas y las organizaciones que forman opinión pública a nivel nacional.

Si la reforma educativa está en un atolladero, el sistema nacional contra la corrupción no ha dado un solo golpe contundente en lo que va del sexenio; por el contrario, la corrupción se ha incrementado al nivel de los estados, hasta alcanzar niveles escandalosos, lo que propició que en las elecciones del pasado 5 de junio el PAN se hiciera de 7 gubernaturas de las doce que estaban en disputa, entre ellas las de estados que habían sido gobernados solo por el PRI, como Veracruz, Tamaulipas y Durango.

Puesto contra la pared, el gobierno de Peña Nieto ha dado instrucciones para impedir que los gobernadores de Chihuahua, Quintana Roo y Veracruz evadan la justicia una vez que terminen sus mandatos. Es muy probable que más de un gobernador estará en prisión antes de las próximas elecciones de 2017, pero en la aprobación de la ley conocida como 3 de 3, el gobierno federal compró el enojo de los medios empresariales, para posteriormente recular cuando ya el agravio estaba cometido. La ineficiencia de los operadores políticos es pasmosa, pero no hay cambios.

Electoralmente quien ha capitalizado el “mal humor” social ha sido el PAN, lo que confirma la tendencia del país a buscar opciones de centro-derecha cuando está en contra del PRI.

La economía sigue en problemas, aunque la devaluación del peso frente al dólar tiene dos aristas: por un lado beneficia las exportaciones, el turismo y las remesas, que son las principales fuentes de ingresos del país y, por la otra, encarece las importaciones. La caída de los precios del petróleo va para largo, pero las inversiones de capital extranjero han seguido fluyendo, aunque no con el volumen que se esperaba. La economía mundial no está bien; la economía mexicana tampoco puede estar bien si depende tanto de los Estados Unidos, lo cual le ha tocado al gobierno de Peña Nieto. ¿Estaría mejor la economía con un gobierno diferente? Los expertos opinan que no mucho.

A nivel personal, el presidente de la república carece del don del encanto. En campaña manejó una imagen joven y era considerado físicamente atractivo para una buena parte de la opinión femenina, pero hoy luce un semblante demacrado, desencajado, que ha propiciado inclusive que sus contrarios expandan el rumor sobre un mal estado de salud. Como orador es frío, sin color, sin contundencia; no mueve y mucho menos inspira. Su formación intelectual, desde el principio, se percibió pobre, lo que limita mucho su discurso. Jamás se sale del protocolo; jamás abandona un comportamiento rígido (ni se divierte ni se enoja) y su biografía se puede resumir en cinco líneas. Que sea impopular parece no necesitar de mayores explicaciones.


Y EN MEDIO ESTÁ EL PAÍS 

El gran problema es que él es el presidente de la república, y lo va  a ser hasta finales del 2018. Si la situación del país se descompone, lo menos importante es que sus niveles de popularidad bajen; lo realmente importante es que nos va mal a todos. La solución en un sistema democrático es la alternancia, pero no aquella de desplazar del poder a un partido para que entre otro que no se atreve a cambiar, o peor aún que nos suba a una aventura de corte populista.

El papel estratégico de los medios de comunicación está dejando mucho que desear, atraídos por el sensacionalismo, la falta de análisis profesional de los problemas del país y la imposición de políticas editoriales que se guían por la rentabilidad publicitaria. Desde esta visión sesgada la problemática del país se reduce a tres o cuatro temas escandalosos que se repiten, por temporada, una y otra vez.

En las encuestas y sondeos de opinión, que han demostrado que son cada vez menos confiables y están manipuladas por quien las paga (ahí están las elecciones del 5 de junio pasado), Andrés Manuel López Obrador ya aparece con insistencia como el más conocido de los aspirantes a la presidencia, porque está en una campaña permanente en los medios electrónicos, de hecho está en “campaña” desde hace más de diez años, pues ha sido dos veces candidato a la presidencia de la república (2006 y 2012).

Le sigue en “popularidad” Margarita Zavala, la esposa del expresidente Felipe Calderón, una mujer que en el más elemental análisis y hasta en el sentido común no está calificada para ser presidente de la república; se llega a la tontería de compararla con Hilary Clinton. También ha ganado “popularidad” Ricardo Anaya, el precoz presidente nacional del PAN, quien se tomó los 600 mil spots institucionales del partido para promover su imagen. Mientras, Rafael Moreno Valle, gobernador saliente de Puebla, es ignorado no obstante que cualquier análisis objetivo indica que su formación y trayectoria son muy, muy superiores a la de los últimos dos, pero no pertenece a las tribus de la membresía partidista del PAN, aunque sea un exitoso panista.  



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