El PRI de Durango: trasfondos de la derrota

Por: Álvaro González

Son las doce del medio día de este domingo 29 de mayo, las calles del centro de la ciudad de Durango luces solas, silenciosas; sólo algunos feligreses cruzan la calle Constitución para entrar a misa al templo de Santa Ana, parecen pocos para el catolicismo de que tiene fama esta ciudad. Hace algo de calor, pero en la placita que está frente a la iglesia la sombra de los árboles refresca. Tres puestos de vendimia: uno de libros, otro de chácharas hechas de piel y piedras de colores y, al final, uno de dulces; los tres esperan una clientela que no llega. Un vagabundo enjuto, seco, se acerca a pedir limosna y sigue su vagancia sin rumbo.

Sobre la banca de la placita, resguardado por la sombra de los árboles, coloco el altero de periódicos y revistas que he adquirido en varios lugares cercanos. Hurgo entre ellos, busco noticias, observo las publicidades, ojeo y ojeo sin parar por casi dos horas. Es el tercer día que estoy en busca de respuestas a un hecho que he medido a través de un sondeo por varios rumbos de la ciudad: ¿por qué  los gobiernos locales y el PRI tienen tan mala imagen ante los ciudadanos en general y, en especial, entre los jóvenes? En ocho días habrá elecciones de gobernador, presidente municipal y diputados locales. El día de ayer fue el mitin de cierre de campaña frente a la catedral, al más puro estilo del viejo priismo de acarreo, pero el sondeo indica que el PRI va a perder, y de manera contundente, no existe duda alguna.

Pero volvemos a la pregunta es cuestión: ¿por qué los gobiernos y el PRI tienen tan mala imagen en una ciudad donde se supone, de acuerdo a las noticias de los medios de comunicación de La Laguna, que aquí se invierte la mayoría del dinero público del estado?

Después de dos horas de repasar todos los periódicos y revistas que pude ubicar, hay algo evidente: no existe la crítica ni la pluralidad más indispensable; el oficialismo es una línea inquebrantable y el gobernador es como un dios: adorable y omnipotente. Es algo muy explicable que la publicidad comercial sea mínima; se confirma el escepticismo y la incredulidad de los ciudadanos hacia los medios y lo dicho por algunos de los entrevistados: aquí todo lo maneja el primo del gobernador, Rafael Herrera Piedra, quien es el que reparte el dinero entre los periodistas, el que da los contratos de publicidad y el que se encarga de la imagen del gobernador y del partido. “Ha hecho mucho dinero, desde que comenzó el sexenio ha robado muchos, muchos millones, pero esto ya no funciona como funcionaba antes, la gente ya tiene las redes sociales y además Durango no es muy grande, la gente se entera de todo”.

Tomo el que se considera como el segundo periódico en importancia de Durango, que en La Laguna es el líder en todo. La publicidad es mínima, pero en la sección de locales hay una nota de media página a todo color sobre el mitin priista del día de ayer. Para mi sorpresa se trata de un boletín oficial muy mal hecho, donde se anticipa el triunfo del candidato Esteban Villegas Villarreal. Ni tan siquiera se aprovecha el espacio. Hay indolencia. No se cuidan ni las formas por ambas partes. En páginas interiores aparece una entrevista a Alejandro González Yañez, “Gonzalo”, el líder del PT. Dice ser de izquierda pero no dice nada, por lo menos nada de importancia.

Siguiendo la versión que me han repetido con insistencia, le regalo los periódicos y revistas a un parroquiano que comparte la banca de a lado, es jubilado, dice tener todo el día para leer y entretenerse paseando por ahí, más los domingos, que a él se le hacen larguísimos. Regreso caminando por todo Constitución e ingreso al Samborn’s para atender una invitación a comer. Desde la sopa hasta el postre se va en escuchar la historia del tal primo del gobernador, Rafael Herrera Piedra, quien es además su concuño, ya que están casados con dos hermanas de apellido Álvarez del Castillo. La historia parece vieja: la compra de medios por parte del gobierno y el uso del presupuesto de comunicación social para robar y hacer relaciones; una práctica viejísima en esta ciudad y en muchas otras capitales del país, sólo que en esta ocasión todo indica que la avaricia y la impunidad se han desbocado.

El tal primo pasó, en un sexenio, de un modesto boletín llamado “Hojas Políticas”  a montar un Grupo Editorial HADEC (Herrera, Álvarez del Castillo), que edita no menos de siete publicaciones, con maquinaria de impresión de última generación. Todas las publicaciones facturan cantidades enormes a los gobiernos municipal y estatal. Todas las publicaciones se regalan, pero además de hacer dinero a través de esta empresa, Rafael Herrera Piedra maneja, sin tener ningún cargo oficial, el área de comunicación social del gobierno estatal y todo, absolutamente todo, lo referente a imagen y relación con los medios lo decide él. Es el responsable de orquestar una campaña permanente en contra de la oposición política y, en particular, del hombre que les obsesiona: José Rosas Aispuro, cuya imagen ha estado creciendo incontenible en los últimos años, sin que tenga que gastar un peso en publicidad.
En la opinión de los comensales que me acompañan, quienes son gentes de medios, Herrera Piedra es un eficiente ladrón pero es un incompetente promotor de la imagen pública, y los resultados están a la vista. “Se ha dedicado a enriquecerse y se cuida mucho, por eso no tiene ningún cargo público, pero no tienen ni siquiera una estrategia de imagen dentro de las redes sociales, donde los están haciendo pedazos”, comenta el más joven de los comensales, quien está también aquí en Durango para cubrir el proceso electoral que se avecina.

Lo cierto es que en esta ciudad gran parte del periodismo que se ofrece está relacionado con chismes, especulaciones, esparcimiento de rumores y de intrigas sobre el medio político, lo cual no le interesa en lo absoluto al duranguense común, preocupado por sus quehaceres y afanes diarios, pues hay que trabajar mucho para poder cubrir los gastos indispensables de una vida apenas mediana. Este periodismo existe porque lo financia el propio presupuesto gubernamental, de ahí que no haya ninguna preocupación por tener una clientela real.

En general al ciudadano común no le interesa lo que pase en el medio político, que se ha vuelto cada vez más cerrado: ya tiene una opinión bastante hecha de lo que son los políticos y de lo que hacen o dejar de hacer los gobiernos; eso lo viven a diario en los servicios, la infraestructura vial, la marcha de la economía local y sus condiciones de vida.


LA CORRUPCIÓN Y EL DESEMPLEO

Rodrigo es un joven de enorme barriga y carácter alegre, trabaja como taxista desde hace tres años porque, afirma, “aquí los trabajos pagan una madre y en el taxi si le pones duro, ganas unas tres veces lo que te ganarías en un trabajito”. Le pregunto sobre política y de inmediato le baja al radio, el tema le apasiona. “Todos los del gobierno son unos pinches rateros, todos; a Ismael Hernández Deras  (exgobernador del estado), le pidieron unas camionetas para dejarlo poner su hotel en Mazatlán, a mí me costa porque yo llevé dos de ellas. Pura robadera, patrón; a Herrera Caldera lo puso Ismael y a Esteban Villegas pues lo puso éste, ya estamos cansados pero ahora sí gana Aispuro”, comenta entusiasta.

Rodrigo comparte una opinión con casi todos los entrevistados: en Durango lo que falta es empleo y que los empleos estén bien pagados, porque los sueldos son muy bajos, pero al igual que la mayoría de los entrevistados, tiene la convicción de que el gobierno estatal posee el poder para subir los sueldos que pagan las empresas. Si uno les comenta que eso no es posible, sencillamente no lo creen.
Manuel es un hombre ya viejo, de melena blanca y enredada, como si la hubiera atrapado un remolino, se dedica al comercio en un puesto de gorditas: Le va bien, dice, “pero aquí a Durango lo tienen bien jodido estos gobiernos corruptos, no es como allá en Gómez Palacio, donde hay muchas empresas y buenos trabajos; si no estuviera viejo, yo me iba a Juárez, allá tengo familia”, platica mientras refresca su boca de dientes chuecos y amarillentos con una cocacola. ¿Usted conoce Gómez Palacio?, le cuestiono, “no, pos la verdad no, nomás ahí de pasadita cuando voy a Juárez, pero hace mucho que no voy”.

Y ésa es otra constante de la mayoría de la gente entrevistada en esta ciudad: no conoce La Laguna y, por la actitud y el tono que asumen, no parece interesarles mucho conocerla, pero tienen la idea de que hay muchas empresas y mucho trabajo.

La corrupción irrita, e irrita mucho a los duranguenses, quienes se muestran cansados de una clase política dedicada al enriquecimiento y a la manipulación; un grupo cerrado que se va alternando cargos y beneficios, pero esto es viejo, la preocupación más importante es la economía, que no crece y, en consecuencia que no hay empleos.

Para los habitantes de esta ciudad, que suma 654 mil habitantes, casi la misma población de Torreón, es difícil comprender que forman parte de un estado pobre; que están en el lugar número 25 entre las 32 entidades del país, con una aportación de apenas el 1.3% del Producto Interno Bruto; que su belleza y sus riquezas naturales son mal explotadas y, ahí parece estar el punto crítico, tienen uno de los índices de industrialización más bajos de todo México.

Francisco, comerciante de toda la vida, comparte la explicación del porqué no hay más empresas en Durango: “son los políticos corruptos, que usan el dinero para muchas cosas pero no para atraer empresas; pienso que estamos algo aislados, pero ahora con la supercarretera a Mazatlán las cosas deben de cambiar. Yo tengo mi negocio, más o menos la voy llevando, pero échale los muchachos, los que se gradúan en la universidad y los de las colonias proletarias, no tienen trabajo y si consiguen uno, pues les pagan un sueldito de hambre. Se tienen que ir a buscarle, pues que más hacen”, comenta en tono ríspido, con enojo.

Casi nadie lo sabe y los políticos esconden los indicadores, pero por ejemplo en el 2014 la industria manufacturera no sólo no creció en Durango, sino que decreció 0.44% y la construcción, que es otro indicador clave, descendió en el mismo año 9.44%.

Los ciudadanos no lo saben pero lo sienten en el bolsillo y en sus condiciones de vida. La población en el estado creció apenas un 1.2% de 2000 a 2010, de acuerdo al censo oficial del INEGI, lo que refleja el alto índice de migración. San Juanita, quien hace sus compras en una tienda de WaltMart ubicada sobre el boulevard Felipe Pescador, vive bien, al decir de ella misma, pero tiene tres hijos trabajando en Los Ángeles, California, quienes le envían sus dólares cada mes. Ella es viuda, “pero gracias a Dios tengo unos hijos muy buenos y son ellos los que nos sacan adelante a mí y a sus dos hermanos menores, que los tengo estudiando; los fregados a veces se quieren ir pero yo les digo que se van hasta que terminen de estudiar”, platica parada frente a un carrito bien surtido de mercancía.
Aquí parece operar la frase aquella de la campaña de Bill Clinton a la presidencia de la república: ¡La economía, estúpidos!

Lo demás ya es historia: el 5 de junio el PRI fue barrido en las elecciones de gobernador y de presidente municipal en el municipio de Durango. Todas las diputaciones locales se perdieron. La votación fue extraordinariamente alta en muchos de los municipios chicos y la oposición se llevó casi la mitad de las alcaldías a nivel estado. El PRI conservó sólo los dos municipios grandes de La Laguna y los más pobres; en la serranía conservó la mayoría de las presidencias municipales, pero con la ayuda del crimen organizado, a decir de los observadores electorales que asistieron a cubrir el proceso electoral, aunque esto último ningún partido político lo afirma públicamente, debido a los riesgos que implica.

La derrota abre una época nueva y alienta la esperanza de los duranguenses de la capital y de otras regiones del estado. El PRI enfrenta ahora un destino incierto.



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