Educación pública: abajo

Por: Bun Alonso


En un contexto nacional donde las movilizaciones del magisterio son constantes, el 19 de junio maestros del CNTE y padres de familia simpatizantes realizaron bloqueos en Nochixtlán, Oaxaca, contra la reforma educativa. La policía federal disparó. Hasta ese día, se hablaba de siete muertos —asesinados. La reforma educativa, patrocinada por el presidente del país y por Aurelio Nuño, secretario de Educación Pública, llega manchada de sangre. No sólo se ha desoído a maestros y padres de familia disidentes, sino también a decenas de intelectuales e investigadores especialistas en educación que han dicho que la reforma no es educativa sino una administrativa-laboral que viene a modificar las relaciones de poder en vez del aprendizaje. 

En Torreón existen escuelas primarias con infraestructura deficiente, atendiendo a alumnos provenientes de contextos de pobreza y marginación. ¿Puede la reforma educativa ofrecer soluciones en ese aspecto?

Noé se dedica a algo que muchos no considerarían como un empleo: es pepenador o charrasca o chacharachero. O bien, un poco más en forma: recolector urbano. Con los 50 o hasta 150 pesos que obtiene por día se las tiene que ingeniar para mandar a su hijo más pequeño al kínder y a sus otros dos a la primaria (segundo y quinto grado), mientras su esposa se queda en casa. No quiere que ellos anden como él: hurgando en la basura de otros para separar lo que de ahí se pueda vender: cartón, latas, vidrio, cobre. No quiere, tampoco, que algún día se vayan a quedar con las ganas de seguir estudiando, como le pasó a él con la carrera de mecánica automotriz que tuvo que dejar por falta de dinero. Vivo al día, dice. Y que hay días en que no puede llevarles de almorzar a sus hijos a la escuela, pero que tratan (él y su esposa) de que la comida esté lista para cuando ellos lleguen. Viven en la colonia Zaragoza Sur de Torreón, aunque los chicos van a una primaria de la colonia Rincón la Merced.

Noé sabe de las carencias que tiene la educación pública, pero nadie le ha contado nada acerca de la reforma educativa. Ni los maestros de sus hijos ni los directivos de la escuela.

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—Al niño de sexto sí le encargan mucho (tareas) de internet, y pues el niño mío va ahí a un internet que está aquí por el bulevar (Laguna Sur) y les cuesta creo diez pesos la hora.
—¿Cómo cuánto te gastas a la semana en eso?
—Pues casi ya en sexto sí le han encargado diario, por eso a veces o hay para las tortillas o hay para ir al internet —dice Rosa Reséndiz y se ríe como no queriendo—. A veces se junta con otro compañero y pues ya nada más van media hora en lo que van a hacer la tarea y van de dos cincuenta y dos cincuenta cada uno.
—¿De plano a veces hay que elegir entre las tortillas o la tarea? —pregunto.

Rosa Reséndiz vende churros, dulces, papas y nieves cada tarde a un costado de un centro comunitario de DIF Torreón de la colonia Santiago Ramírez, al sur. Su esposo, taxista, había partido hace un rato a seguir trabajando.

Según una encuesta nacional reciente sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH), en el estado de Coahuila un 59 por ciento de hogares no tiene acceso a internet. Y más en específico, una publicación del Instituto Municipal de Planeación y Competitividad (el IMPLAN) de Torreón, nos dice que en el sector donde vive Rosa el acceso a internet en los hogares se encuentra en un rango de bajo a muy bajo. Las encuestas e investigaciones no ahondan en las razones de por qué el resto de la población no tiene internet en sus casas, pero una razón fuerte, con seguridad, será la falta de recursos económicos para contratar el servicio. Muchos deben optar por las tortillas a la navegación web.

Con días buenos y días malos, a la familia no le alcanza solamente con el dinero que el esposo gana con su taxi. Por eso Rosa tiene que vender lo que vende, para obtener un ingreso extra y con ello solventar los gastos de una casa donde viven ella, su esposo y tres hijos: uno en kínder, una niña de ocho años que va en segundo de primaria y un chico de once en sexto grado.

Los dos van a la escuela primaria Narciso Mendoza en el turno matutino. Ahora en la educación pública básica sólo se paga una colegiatura anual por padre de familia; es decir, un solo pago sin importar el número de hijos que estén cursando la primaria. Así, Rosa, Noé y tantos otros más pagan alrededor de 360 pesos al año por sus hijos.


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Perla Palacios es una maestra que después de clases suele llegar con dolor de cabeza a casa. En la escuela primaria Pablo L. Sidar, donde trabaja, ubicada en el ejido Santa Fe de Torreón, la luz eléctrica se corta constantemente y los aparatos de aire acondicionado no funcionan. El calor no sólo provoca dolores de cabeza en ella sino también en sus alumnos, quienes además tienen que lidiar con dolores de estómago por el agua que beben (muy pocos en casa tienen la posibilidad de comprar agua purificada de garrafón).

—Vienen en los libros, me llama la atención que vienen cosas irreales para mis alumnos. No están contextualizados los libros, están descontextualizados totalmente. Viene por ejemplo “consulta en internet”. Bueno, ¿y si mis niños no tienen?

En una ocasión, Perla realizó un estudio del contexto donde se encuentra la escuela. Las encuestas que aplicó incluían una pregunta sobre el nivel de escolaridad de los padres de familia o tutores.

—Hay muchos papás que no saben leer —dice—. De hecho, yo tengo dos mamás que no saben leer ni escribir. Les digo a las mamás: si no saben, aprendan; cuando usted quiera puede venir y decirme y yo le voy a enseñar.

Una estimación del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) muestra que en Torreón hay poco más de 68 mil personas con rezago educativo: casi un 11 por ciento de la población total. Es decir, que no terminaron la primaria.

Hace unos días había visitado a la familia de un alumno suyo (Sara Ortega, la madre y Miguel Ángel, el chico), en la colonia Real del Sol en una zona ubicada muy al oriente de Torreón, en la periferia. La maestra Perla me dice que sus alumnos pocas veces salen de ese sector: no van al centro de la ciudad porque sus padres no tienen el tiempo ni el dinero para llevarlos. Y las vacaciones para muchos consisten en ir a la pizzería más cercana. “Ellos viven nada más ahí”, dice la maestra. Entonces pienso en el libro de crónica y ensayo “El hambre” del periodista argentino Martín Caparrós donde escribe que el hambre, además de desgastar el cuerpo, es esa imposibilidad de imaginarse en un futuro, que quienes sufren hambre en el planeta viven en mundos sin más horizontes que sí mismos. Algo parecido sucederá acá. Y quizás una de las posibilidades que hay para imaginarse un poco más allá de su colonia es la escuela.

Para llegar a ella, Sara y su hijo caminan cerca de 20 minutos y en el trayecto cruzan un tajo de aguas negras. El padre es albañil, aunque antes Sara aportaba a la economía familiar vendiendo gorditas y tacos por la noche. Miguel Ángel, su único hijo, va en tercer grado. En general, a partir del quinto año los maestros comienzan a encargarles tareas que requieren consultas en internet. Le pregunté a Sara que si cuando su hijo fuera en ese grado tendría para contratar el servicio.

—Yo creo que sería para café internet. Sí, porque pues ahorita está bien caro contratar el internet.
Para familias como la de Sara, la vida es una constante toma de decisiones: elegir entre comprar algo y dejar de comprar otra cosa, como no comprar las tortillas para tener una hora de internet, por ejemplo. Sacrificios les llama Sara: “Dejar de comprar algo para que no les falte nada o algo que me pida, pues hay veces que hay que recortarle a lo que el marido da para poder pagar”.

—Ahora con esto de la reforma educativa, ¿a ustedes les han platicado algo?
—Pues la verdad no, la verdad no hemos sabido —contestó.

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Para Ulises Regalado, maestro normalista, la mayoría de los maestros de la región lagunera se encuentra muy sometida a la línea sindical del SNTE.

—Pues esos maestros, llamados institucionales, son quienes no se atreven a hablarles a los padres de familia sobre la reforma, aunque sepan que les está afectando a ellos mismos como maestros, a los padres, a los niños, y no les hablan —dice.

Ulises actualmente da clases en una secundaria del ejido La Luz y en la Escuela Normal de Cursos Intensivos; pero ha tenido experiencia en educación popular en Parras, en Jiménez, Chihuahua y en la colonia El Sacramento de Gómez Palacio. Ha participado en foros y jornadas de información sobre la reforma en distintas comunidades de La Laguna.

—Luego los maestros sí te reciben, pero cuando les dices: ¿pueden reunir a los padres de familia? No, ahí ya no le entran. ¿Qué es lo que hacemos nosotros? Ir a la comunidad, vamos con algún liderazgo que sepamos que tiene simpatía con nosotros, voceamos y es como empezamos a informar.
Hablamos sobre escuelas primarias como la Pablo L. Sidar que en ocasiones carecen de servicios básicos como luz eléctrica o de salones de cómputo y de bancas para todos los alumnos.  
        
—Y ésta al ser una reforma administrativa laboral pues no atiende estos problemas. No tienes posibilidad de trabajar con estos muchachos más que a fuerza de tesón personal, ¿no? Porque no es un proyecto nacional el sacar a los muchachos del rezago.

En 2005 apareció Mexicanos Primero, “una iniciativa ciudadana, independiente y plural que tiene como objetivo impulsar el derecho a la educación de calidad en el país”, dice en su sitio web. Aunque de iniciativa ciudadana e independiente tiene poco: la fundación fue creada por Emilio Azcárraga Jean, dueño de Televisa. En su presidencia está Claudio X. González, quien ya había sido presidente de Fundación Televisa. Un club de empresarios creando asociaciones ciudadanas. Es poco probable que algunos de ellos hayan visitado alguna vez una escuela como en la que da clases la maestra Perla. En un reportaje de enero de 2014 de la revista Contralínea titulado “Reforma educativa, autoría de Mexicanos Primero” se dice: “En septiembre de 2012, Mexicanos Primero publicó Ahora es cuando, documento que enumera las metas que, a decir de esta organización empresarial, debe lograr el país en un periodo de 12 años (de 2012 a 2024) para alcanzar al mundo desarrollado en cantidad y calidad educativa. Destaca, en la página 30 del escrito, que ‘para 2013 debe ya iniciar una reforma del orden jurídico nacional, con cambios a la LGE [Ley General de Educación] y la reglamentación que le siga’”. Así, muchos opositores a la reforma acusan a esta organización empresarial de inmiscuirse en la educación pública.

—Y también eso es privatizar la educación; es decir, qué están haciendo organismos privados participando en el diseño o en la evaluación de las escuelas, sin entrar a su contexto, sin considerar las relaciones entre maestros, entre alumnos, sin considerar las condiciones socioeconómicas, y rara vez hablamos de esto: el negociazo que ha implicado la evaluación, mal llamada evaluación porque es una medición.

Para el maestro Ulises, uno de los errores más grandes de la reforma es poner al maestro como el factor más importante del sistema educativo, porque de esa manera se coloca al maestro por encima de las condiciones sociales de los alumnos.

—Y por más, por más que se quiera —dice—, el maestro no puede ser más importante o más trascendente que las condiciones reales en que vive un muchacho.

Ulises conduce un programa de radio sobre educación que se transmite cada lunes por Radio Torreón.

—Gracias a ese programa he podido conocer datos que de verdad me han dejado impresionado; por ejemplo que el 36% de las escuelas que hay en el país no tienen drenaje, por ejemplo que el 24% de las escuelas no tiene agua potable, 10% de escuelas no tienen baño, por increíble que parezca —lo dice mientras lee de una libreta los datos que un exalumno de la normal le proporcionó cuando hizo un trabajo de investigación sobre necesidades reales de las escuelas.

—¿Y el panorama para los alumnos ubicados en regiones de clase baja? ¿Tú cómo ves el panorama para ellos? —le pregunto tiempo después.

—Para mí depende de los esfuerzos que hacen los maestros por vincularse con las comunidades. Si los maestros siguen estando alejados de las comunidades en que están inmersos y creyendo que ellos son profesionales elegidos para otras cosas, entonces el panorama es oscuro —contesta el maestro Ulises, y que ha visto cómo muchos maestros comienzan a tratar a su alumnos como casos perdidos, como chicos que ya no van a  estudiar, que van para la maquila: le atribuyen un futuro desesperanzador, dice, para la explotación, mano de obra barata.



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