Pornografía y redes sociales: la disolución de la intimidad



Resulta evidente la disolución entre el espacio público y el privado. La híper-exposición obtenida mediante la omnipresencia de los dispositivos móviles y de video, aunada a una cultura mediática, conciben la vida como un espectáculo en el que la actividad más intrascendente o íntima debe ser exhibida; una construcción de lo personal sustentada en la mirada del otro cuya definición –de lo personal– es enmarcada y filtrada por los estereotipos, los modelos imperantes, la tendencia y la moda. En este entorno en el que el cuerpo se transforma en objeto y la mirada en un objetivo cuya expectativa es el reconocimiento, la caza del comentario, la aprobación, la reacción o la simple validación de la presencia, la búsqueda de fama efímera y la necesidad de estar bajo la mirada transgreden la privacidad, nos ubican en el espectáculo de la violencia y de la sexualidad, los impulsos primarios de vida y muerte que ahora no se contraponen sino que se hermanan en una vorágine audiovisual. La pornografía, el género de la transgresión y lo explícito por excelencia, ha dejado su definición como obra acerca del sexo y la prostitución para filtrarse en la sociedad mediatizada como un motor comercial y un pretexto para obtener la presencia virtual, además de una constante infranqueable en el internet.


PORNOVIDEOS, SEXTNG Y POBREZAFILIA

Los escándalos por la filtración de videos eróticos, fotografías íntimas en la que los protagonistas están en actos sexuales o en desnudos parciales, totales o explícitos, son la materia frecuente en las noticias y en el cotilleo de las redes sociales. Desde aquella aparición del video sexual de la actriz Pamela Anderson y el rockero Tommy Lee en 1995, cuando no existían las redes sociales y el internet apenas comenzaba su auge, la difusión viral de videos sexuales y pornografía tuvo en el anonimato de la red una veta magnífica. Pocos años antes, desde la llegada de las reproductoras y grabadoras de video caseras la filmación de obras pornográficas dejó de ser el territorio de una lucrativa industria subterránea dirigida a sujetos quienes recurrían a los materiales en la clandestinidad, para convertirse en un registro posible de la intimidad erótica cuyo resguardo resulta celoso. Baste decir que el video sexual mencionado tuvo un auge debido a su origen ilegal: fue robado y difundido sin autorización y llevó a sus protagonistas a incrementar su fama a grados que la ausencia del escándalo no les habría proporcionado, incluso determinó el alto pago que Pamela Anderson recibió en los posteriores desnudos que realizó para la revista Playboy. En fechas recientes, en México, las protagonistas de videos sexuales, fotografías y escándalos de acoso recibieron ofertas tras la presencia magnificada: la joven guanajuatense “Lady 100pesos”, Lorena Aguirre. tuvo proposiciones de revistas y de televisoras para aparecer en fotografías y como conductora; la oficial regiomontana Nidia García obtuvo contratos para bailar en centros nocturnos tras publicar fotografías en “topless” uniformada dentro de una patrulla, después de ser despedida de la corporación en Escobedo, Nuevo León; Vivian Cepeda, modelo de Multimedios, protagonista de un video sexual fue la portada de la revista Playboy al igual que Tania Reza, conductora de un programa grupero en Televisa de Ciudad Juárez que fue acosada por su compañero al aire, lo que generó un escándalo nacional. Asimismo son frecuentes las filtraciones de videos eróticos de políticos, la reciente atribuida al conductor regiomontano Ernesto Chavana, los casos de filmaciones amateurs distribuidas por las aplicaciones como Whatsapp, y las ilegales obtenidas de cámaras ocultas en moteles y hoteles de México, todo un subgénero en la pornografía que circula.

Sexting: la difusión por medio de teléfonos móviles
de fotografías y videos de contenido sexual
producidos por el propio remitente,
adolescente y adulto.
En el caso de los políticos y los personajes públicos tendríamos que especificar el modo en que la exhibición de tales conductas privadas tienen injerencia en el quehacer público y económico, además de evidenciar conductas ilegales como lo documentado en el libro “Los demonios del edén, el poder que protege a la pornografía infantil”, en el que la periodista Lydia Cacho reveló la complicidad entre el poder político y las mafias de prostitución infantil en México. La “Deep web”, una vertiente subterránea del internet es el principal instrumento mediante el cual pedófilos y tratantes comparten imágenes y videos criminales. El libro acaba de ser reeditado dentro de la colección “México roto” de Proceso-Grijalbo y lo encuentra disponible en los puestos de revistas y en la librería del semanario en línea.

El “sexting” es un fenómeno reciente que consiste en la difusión por medio de teléfonos móviles de fotografías y videos de contenido sexual producidos por el propio remitente, adolescente y adulto. El fenómeno ha dado pie a hechos como la “sextorsión” y el “bullying cibernético”: el chantaje y la extorsión con la amenaza de difundir los videos obtenidos mediante el intercambio o la intrusión en los teléfonos o la posible exposición de los materiales en páginas específicas con el afán de acosar y hacer mofa de los protagonistas. En el año 2013 el DIF Torreón emprendió una campaña contra páginas en las redes sociales Facebook y Twitter donde se comenzaron a recabar materiales protagonizados por estudiantes de la Comarca Lagunera quienes eran exhibidos víctimas de exparejas despechadas; dichas páginas fueron eliminadas. En España, en Navarra, ante el aumento en los casos de “bullying cibernético” se instituyó un curso de “Sexting seguro” en el que se recomienda no utilizar las redes sociales convencionales, utilizar servicios como Imgur donde pueden borrarse las imágenes, disociar los perfiles las cuentas, de las imágenes o videos, evitar los rasgos de identidad como tatuajes y el rostro; y sobre todo tener conciencia de que en internet se es un mero producto. Dado que la tendencia es infranqueable y alegando el modo en que el “sexting” es una buena forma de seducir, alimentar las relaciones e interactuar, la sexóloga y pedagoga Soraya Calvo dio las recomendaciones.

En nuestro país el fenómeno del “sexting” tuvo una vertiente clasista en la red social Twitter con el fenómeno de la “pobrezafilia”. Mediante distintas etiquetas se crearon perfiles donde se comparten fotografías de mujeres y hombres desnudos o semidesnudos en escenarios que evidencian la pobreza económica de sus protagonistas: habitaciones atiborradas, patios grises, tinacos, antenas chuecas, hogares en obra negra, con techos de lámina o con paredes de tabique, etcétera. El fenómeno, extendido a varios países de Latinoamérica como Colombia, Argentina, Chile y Costa Rica, refuerza la idea de la disponibilidad sexual debido a la pobreza; es discriminación y cosificación que en los videos y retratos expone a los protagonistas con énfasis en sus genitales, pechos y trasero, y representa una agresión a la dignidad, además de la transferencia de pornografía infantil en el caso de los menores. El material se roba de los teléfonos y dispositivos, procede del llamado “sexting” y se saca de contexto para configurar un reflejo entre las carencias económicas y un futuro de prostitución. Dicha expresión se enmarca en un avance de la ideología neoliberal que refuerza los estereotipos y convierte al ser humano en mercancía.

Pobrezafilia: vertiente clasista del “sexting”
difundida en Twitter; consiste en fotografías de mujeres
y hombres desnudos o semidesnudos,
en escenarios que evidencias la carencia económica.
La pobrezafilia refuerza la idea de la disponibilidad
sexual debido a la pobreza.
Es importante reconocer que más allá de la censura moral vivimos una sexualización de la sociedad. La publicidad y los medios masivos, la propaganda y las producciones culturales, incluso las infantiles, se ven influidas por el entorno de la comercialización de lo sexual: los chistes picantes y de doble sentido en las películas y programas para niños; las alusiones al sexo, la violación, la pedofilia, el sexo grupal, el bestialismo y otras parafilias en la publicidad; los estereotipos y roles de los géneros; la difusión de imágenes y videos de pornografía suave o erotismo cosificador en el que se muestra a la mujer –principalmente– y al hombre como sexualmente ávidos y disponibles; e incluso la no tan conocida “Regla 34” que afirma: “si existe, hay porno de ello, no hay excepciones”. La sentencia se originó en un webcomic de 2003 elaborado por Peter Morley-Souter quien describe la conmoción que le produjo encontrar una parodia pornográfica de la tira Calvin y Hobbes. Esta regla explica por qué incluso ante los filtros de imágenes puede presentarse alguna iconografía de carácter erótico. Versiones pornográficas de infinidad de caricaturas, programas y gente de la farándula modificada con programas de edición de imagen y video circulan en internet, la gran mayoría producida por aficionados o por la industria pornográfica que no desaprovecha el auge de un fenómeno cultural para lucrar con la versión sexualizada. Tras difundirse la regla adquirió las siguientes variantes: «Artículo 34: Hay porno de ello». «Artículo 34: Si existe, hay porno de ello». «Artículo 34: Si existe, hay porno en Internet». «Artículo 34: Si puedes imaginarlo, existe como pornografía en Internet». «Artículo 34: Si existe, hay porno de él. Si no, iniciar la carga».


¿QUÉ HACEMOS CON LO PORNOGRÁFICO?

La pornografía se ha incrustado en las dinámicas culturales masivas perdiendo su carácter oculto desde finales del siglo XX gracias al desarrollo tecnológico y a una transformación de nuestra postura respecto a la sexualidad y al erotismo. Más allá del dilema moral y de las discusiones acerca de “lo sano y liberador” contra “lo libertino y degenerativo” que pueden presentarse, debemos comprender la dinámica lucrativa y de explotación que hay detrás del fenómeno: un tentáculo más del capitalismo salvaje que ha transformado la sexualidad en mercancía basándose en el estímulo implacable que como género corporal –el que produce reacciones fisiológicas– genera. Quizás sea necesario replantearnos la concepción del sexo en nuestra sociedad, los tabús y los atavismos con respecto al ejercicio de la sexualidad y la disolución de lo íntimo en una sociedad del espectáculo, un entorno en el que las redes sociales conciben la mirada de otro ausente, espacios donde nos concebimos con base en modelos, estereotipos impuestos que deben ser cuestionados. Dado que aún no podemos llegar al respeto del gozoso ejercicio de la libertad sexual con el consenso de quienes participan en el acto –con las restricciones y los castigos obvios hacia el abuso sexual–, ni tampoco, tras más de dos mil años de cultura judeocristiana, deshacernos de los atavismos que condenan al cuerpo; tendremos que poner en perspectiva y bajo una lupa fría la mecanización y automatización de la sexualidad como mercancía, suceso que tiene a sus más feroces aliados en la pornografía, la hipersexualidad mediática, la restricción del placer y la incomprensión de la diversidad sexual.

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