Marcela Pámanes: la integridad periodística

Por: Álvaro González

Ilustración: El Siglo de Torreón
Esto de la profesión periodística es más difícil de lo que la mayoría de las personas se podrían suponer. Además de las habilidades profesionales que requiere, que son muchas, hay una serie de aspectos involucrados que son demasiado exigentes, más si se ejerce dentro de un medio tan limitado como puede ser el de la Comarca Lagunera.

Hace muchos años, más de 20, me ha tocado seguir la carrera periodística de Marcela Pámanes, a quien nunca he tenido la oportunidad de tratar personalmente. Sólo le conozco de vista; conozco a varios compañeros de su generación, con algunos de los cuales guardo amistad. Sin embargo, sí he seguido su carrera profesional en la radio.

La última y una de las pocas ocasiones en que le he visto fue el año pasado, con motivo del Premio Estatal de Periodismo: ella iba por el reconocimiento de los 25 años de trayectoria, yo por el de los 35, aunque generacionalmente supongo que estamos casi a la par, lo que debe pasar es que yo comencé en esto muy joven, y ella sólo cuenta los años que ha laborado para la empresa de radio GREM, que efectivamente son 25.

En esto de los reconocimientos oficiales por trayectoria periodística, hay una variedad enorme de perfiles y eso fue lo que ahí me llamó la atención: Marcela Pámanes es una de las periodistas más destacadas que ha dado la radio en Coahuila, no sólo en nuestra generación sino en varias generaciones más. Eso no lo dicen cuando dan el premio de reconocimiento, porque no habría tiempo y porque no es el propósito de tal evento.

Pero lo más inusual de Marcela es que ha desarrollado toda su carrera en un grupo radiofónico propiedad de políticos priistas de la vieja guardia, cuyas trayectorias no son ni fueron nada edificantes, ni siquiera como políticos, mucho menos como empresarios de medios de comunicación.

Manlio Gómez Uranga, político, expresidente municipal de Torreón, exdirigente estatal del PRI y varias cosas más, fue el conducto, allá en los años ochenta, para que la familia Gómez Uranga le vendiera el Grupo GREM (tres difusoras, entonces solo una de ellas en la FM) a Braulio Fernández Aguirre, que también fue presidente municipal y muchas cosas más dentro del PRI -recientemente fallecido-, y quien comparte la empresa con Luis de la Rosa, el cual había sido su tesorero municipal.

Era evidente que no tenían ni idea de lo que era la radio, mucho menos de lo que era hacer periodismo en radio, por lo que es explicable que comenzaran de muy mala manera, utilizando las difusoras para lanzar programas conducidos por políticos del más bajo perfil, periodistas poco calificados y una línea que se suponía era crítica, pero en realidad se trataba de golpeteo político hacia camarillas rivales o para proteger sus intereses; pero aun entonces aprendieron algo muy importante: el éxito en la audiencia era abrir espacios a la crítica, el problema era cómo hacerlo de manera profesional y no con el estómago.

Las cosas tomaron buen rumbo cuando Marcela Pámanes ingreso a GREM en 1990 y junto con ella periodistas jóvenes, con un perfil profesional mucho más solvente. Tuvieron que pasar años de aprendizaje, suponemos que no fue nada fácil. Originalmente Marcela utilizaba un estilo de locución en el cual su voz se escuchaba muy sensual, sí, como usted lo lee, a tal grado que el estilo de locución distraía del mensaje. Quien no la conociera podría hacerse una imagen de ella, o más bien imaginarla, muy distante de como realmente era y es. Por supuesto que el estilo podría agradar, especialmente a la audiencia masculina, pero distraía.

Pasaron los años y pasaron muchos periodistas por el Grupo GREM, pero Marcela siguió ahí y cobró cada vez más influencia. Es difícil explicarlo, pero este grupo de radio, siendo propiedad de quien era, comenzó a hacer el periodismo más abierto y crítico que se había realizado en la Comarca Lagunera. Uno pensaría que iba a tener su ciclo y se iba a agotar, pero en lugar de ello el proyecto maduró. Hoy Marcela conduce dos programas: Contextos y A Media Mañana, el primero de noticias y análisis, y el segundo una revista radiofónica. Uno líder en su género; el otro con una amplia audiencia, aun cuando de 1990 a la fecha el cuadrante radiofónico de la comarca se ha ido saturando cada vez más. En otra interesante faceta, escribe una columna para la revista Siglo Nuevo de El Siglo de Torreón y publicó el libro de entrevistas Palabra de Mujer, con lo cual aborda el género escrito y hay que reconocer que lo hace bastante bien.

Además de su voz, que ha madurado en su estilo con el paso de los años, de sus habilidades profesionales para la conducción radiofónica y de su buena escritura, tal vez lo más valioso de una periodista que ha tenido éxito y goza de una gran influencia, es que no ha caído en los tres más grandes pecados del oficio: la improvisación, el cinismo y la corrupción. Puedo afirmar, porque conozco los medios tanto periodísticos como gubernamentales, que Marcela Pámanes es una gente íntegra, honesta, lo que es algo muy, muy difícil de sostener en nuestro medio, pero además ha escapado, con igual solvencia, del cinismo: a su edad conserva el asombro, la indignación y la curiosidad hacia todos esos hechos que tienen la condición de convertirse en lo que llamamos noticia.
He conocido no pocos periodistas honestos y críticos, pero a muchos de ellos les ataca un mal del alma bastante triste: la amargura; desesperados porque en su opinión nada cambia y nada cambiara, por lo que el oficio periodístico termina por perder su función y su sentido. Una vez que te ataca la amargura estás perdido: primero porque pierdes la objetividad (todo es una porquería) y, segundo, la capacidad de análisis se atrofia, porque se llena de adjetivos y lugares comunes, lo que además de aburrido cansa a cualquier radioescucha y lector. Finalmente la vida es bella, y ya sea que la disfrutes o no el calendario corre implacable en busca del epitafio, no hay escapatoria posible, más vale esforzarse por buscar el lado amable de la vida, porque lo demás llega solo.

Estaba pensando que, desgraciadamente, es el gobierno la única institución que da premios y reconocimiento a los periodistas, pero todo mundo en el medio sabe que tales premios y reconocimientos no vienen ni del gremio ni de la sociedad civil, en consecuencia pueden ser justos o no, eso depende del factor suerte y finalmente son muy relativos desde el punto de vista profesional, se toman por cortesía, pero lo realmente trascendente es la trayectoria real de cada quien: si cumpliste tu tarea social y si conservaste tu código de ética a lo largo de un pedregoso y resbaladizo camino; porque, como dicen los ingleses, no hay nada más viejo que el periódico del día de ayer, o del programa de ayer, como se quiera.



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