Jóvenes: desempleo, violencia y política

Por: Marcela Valles

Y en el centro de todo están los jóvenes. La zona metropolitana de La Laguna tiene un millón 244 mil 175 habitantes y el promedio de edad es de 24 años; lo mismo ocurre en todos los municipios de la periferia de la región. De acuerdo a un estimado del último censo del INEGI de 2010, el 95% de los desempleados son jóvenes y, todavía más revelador, las autoridades federales de seguridad consideran que de los aproximados 70 mil muertos que implicó la llamada “guerra contra el narcotráfico” en el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa, más de un 90% eran jóvenes, proporción que se sigue presentando en la criminalidad actual.



Los sociólogos y economistas nacionales e internacionales, consideran que el “bono generacional”, como se denomina al alto porcentaje de jóvenes que componen la sociedad mexicana, es el principal activo del país, a diferencia de países desarrollados donde la población es cada vez más vieja, con muy bajas tasas de natalidad, lo que propicia que sean inmigrantes venidos de los países pobres del sur del hemisferio quienes están conformando la mano de obra de trabajo, especialmente de trabajos que implican un gran rendimiento físico.

Por desgracia este “bono generacional” se está desperdiciando, pues son los jóvenes los que están sufriendo las consecuencias del muy bajo crecimiento de la economía, que se prolonga ya por casi dos décadas si se descuentan tres años donde estuvo por encima del índice de crecimiento poblacional. Son también los jóvenes quienes no tienen oportunidades de desarrollo profesional, o del ejercicio de las carreras universitarias que estudiaron, lo que les empuja a la informalidad y, a muchos de ellos, a la delincuencia. Tanto en los medios urbanos como los rurales la fuerza del crimen organizado está compuesta por jóvenes que fluctúan entre los 18 y los 25 años de edad.

La Comunidad de Instituciones de Educación Superior de La Laguna, estimaba en 2012 que la Comarca Lagunera estaba en riesgo de perder a toda una generación de egresados universitarios, pues debido a la falta de plazas de trabajo por la muy baja inversión en el sector empresarial, 6 de cada 10 jóvenes que se gradúan dejan la región porque no hay empleos calificados.

De acuerdo a la misma Cieslag, cada año egresan alrededor de mil 200 jóvenes de las universidades laguneras, pero sólo entre 40 y 45 por ciento encuentra trabajo en la región. “El resto tiene que salir a otros estados o países”, comentó el entonces presidente de este organismo, Mario Valdés Garza.
De acuerdo a la firma de recursos humanos Manpower, el panorama para ese mismo año (2012) era poco alentador. El pronóstico de empresas laguneras para crear empleos en el resto de aquel año había caído con respecto al trimestre anterior, y era menor a la tendencia nacional y la de Coahuila, de acuerdo con estimaciones de la firma,

“Hay un optimismo moderado, cauteloso todavía, en cuanto a la contratación”, externó Salvador Alcocer, gerente de negocios de Manpower.

En 2012, a pesar de que la región norte del país, que abarca Coahuila, Durango, Zacatecas y Chihuahua, muestra mayor dinamismo en la creación de empleos con un aumento en el porcentaje de empresas que planeaban aumentar su personal, en La Laguna había una baja.


DESEMPLEO, MALA PLANEACIÓN Y BAJOS SUELDOS

Del 2012 a la fecha la tendencia de la economía de la región lagunera, más específicamente de la zona metropolitana, ha variado favorablemente con el anuncio de una nueva empresa coreana (YURA Corporation) que generará 4 mil nuevos empleos directos y la próxima apertura de dos nuevas empresas del tipo PYME. Sin embargo, la inversión en la reactivación del sector de servicios es modesta, por ejemplo en el municipio de Gómez Palacio la inversión en nuevos negocios sumó un total de apenas 130 millones de pesos en 2014, y en 2015 ascendió a 267 millones de pesos.
En 2016 el gobierno estatal de Coahuila anunció la instalación de dos plantas industriales de la empresa Lear Corporation, con una inversión de 1,000 millones de pesos.

La primera planta de Lear empezará a trabajar en noviembre de este año. En total las dos nuevas plantas de la empresa especializada en la fabricación de asientos para automóvil, generarán un estimado de 7 mil nuevos empleos cuando estén trabajando a su capacidad total.

Con las dos nuevas plantas en La Laguna, Lear Corporation sumará 10 plantas en todo Coahuila.
Para el mes de abril se esperaba el anunció de una nueva empresa para la región lagunera.

Estas nuevas inversiones vienen a romper una muy larga sequía de inversiones en la región lagunera, particularmente en la parte de Coahuila, porque en la parte de Durango la inversión privada nacional y extranjera sigue paralizada en el sector industrial.

La mayor parte de los empleos que se generarán son no calificados, lo que representará una oportunidad de empleo para jóvenes sin una formación escolar profesional, que son la mayoría. No obstante, hay algo delicado: parte del atractivo que han encontrado los inversionistas en la región lagunera son los bajos sueldos, algo que socialmente al mediano y largo plazo es muy desafortunado, para ello hay que recordar el modelo de Ciudad Juárez,  Chihuahua. Tanto YURA Corporation como Lear Corporation, operan un esquema de uso de mano de obra intensiva del tipo maquiladora, con sueldos base muy bajos, aunque se ofrecen las prestaciones sociales de ley.

Se debe considerar que tan solo en el periodo de 2012 a la fecha han egresado de las universidades de la región 6 mil nuevos profesionistas. Se estima que al menos un 45 por ciento ya ha emigrado, pero el resto está en busca de un empleo calificado, con un sueldo básico que pueda cubrir sus necesidades indispensables.

Aunque la Comunidad de Instituciones de Educación Superior de La Laguna (Cieslag) reconoce el grave problema del desempleo en los nuevos profesionistas egresados, se ha negado a tomar medidas concretas para ajustarse a una planeación de la oferta y la demanda de especialidades en la región. La oferta de carreras universitarias es anárquica, sin ningún estudio de viabilidad que la soporte, lo que propicia que exista una sobresaturación de egresados de ciertas especialidades, acumulándose una bolsa cada vez más grande de desempleados y subempleados, pero además derrumbando los niveles de sueldos que pagan las empresas, quienes sí operan con base en la sobreoferta que existe en el mercado.

El sueldo de un recién egresado en la región lagunera fluctúa entre los 7 mil y los 8 mil pesos mensuales, como tope, lo que provoca que la nueva generación se enfrente a lo que podría considerarse como un muy difícil o inviable arranque de su economía personal. La mensualidad de un coche nuevo del nivel más económico fluctúa entre 3 mil 800 y 4 mil 200 pesos mensuales, pero para ello hay que ahorrar primero el enganche. La renta de un departamento modesto está en un promedio de 2 mil 500 pesos mensuales. Tan solo estos dos gastos absorberían la totalidad del sueldo de un joven profesionista.

Lo anterior tiene, entre otras consecuencias, el prolongar la dependencia de los padres y la estancia en el hogar paterno por varios años, o bien una baja calidad de vida que no corresponde a la formación profesional recibida, la cual fue costosa si se realizó en una institución de carácter privado. Pero no importa si un joven ha egresado del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, ITESM, donde la colegiatura promedio está sobre los 100 mil pesos semestrales, o de cualquier otra universidad pública: las bajas oportunidades de conseguir un buen empleo y un buen sueldo parecen la mismas, con la diferencia que los hijos de familias de nivel socioeconómico alto pueden recibir ayuda para iniciar su propia empresa o negocio.

Además de otros factores, la falta de oportunidades de empleo y los bajos salarios están influyendo en retardar la edad a la cual se casan los jóvenes, que podría alcanzar hasta un promedio de 30 años en el transcurso de la próxima década, además de modificar el estilo de vida matrimonial, ya que ambas personas requieren sostener un empleo para alcanzar un ingreso conyugal suficiente.

Los especialistas en economía calculan que la formación de un patrimonio por parte de una persona joven de clase media o media baja, con formación profesional, se prolongara al menos por seis o siete años más, con respecto a la generación de sus padres, ya que es más difícil la adquisición de ciertos bienes básicos, como la compra de automóvil, la adquisición de vivienda a crédito y el equipamiento de la misma.


INDIFERENTES A PROPONER Y PARTICIPAR

Siendo abrumadora mayoría, los jóvenes deberían tener un papel clave en la política, específicamente en la elección de políticos a cargos públicos y en el comportamiento de las instituciones gubernamentales, pues el promedio de edad a nivel nacional es de 28 años. Sin embargo, son los jóvenes los que menos participan en temas de política social, los que menos proponen; al menos ésas son las conclusiones de la reunión G20 YEA, realizada a finales de abril en la ciudad de Torreón, la cual convocó a cerca de 400 jóvenes profesionistas, bajo la organización de Jóvenes de Coparmex y la asociación civil Renacer Lagunero.

En la opinión de César Amín Anchondo Álvarez, presidente nacional de la comisión de Jóvenes de Coparmex, este sector de la población tiene el mayor potencial, pero no es lo mismo dejar un “like” en el Facebook a generar propuestas y llevarlas a las personas indicadas.

“Al país le urge la participación ciudadana, le urge que los jóvenes, que somos mayoría, le entremos al tema político y a participar en las decisiones democráticas del país. Hay que investigar, hay que ser críticos con la información, no podemos convertirnos en jueces de Facebook.”

Añadió que este sector es el que menos vota en las elecciones, cuando lo que se requiere es llevar sus opiniones a la acción. Consideró que si hay opciones para los jóvenes en la actualidad, pero hay temas que se deben combatir, como la corrupción y la impunidad.

“Si no combatimos la corrupción, todo lo que hablamos de desigualdad, de pobreza, todo eso no va a cambiar, porque los recursos que se asignan se pierden en este gran mundo de la corrupción y de la impunidad”, comentó.

“Nuestros papás y nuestros abuelos no se sentían escuchados, vivían en un régimen donde no se escuchaba a la gente. Hoy nos damos cuenta de que podemos participar y si ves resultados en algo, te das cuenta de que puede inferir en las decisiones públicas; esto da motivación a participar.”

En el escenario estatal y nacional se sigue imponiendo la escasa participación de los jóvenes, quienes diluyen la mayoría de sus inquietudes, inconformidades y propuestas a través de las llamadas redes sociales, las cuales se han convertido en una especie de catalizador de la inconformidad y la posible militancia político-social. Todos los instrumentos de las redes sociales son virtuales y, aunque llegan a influir en algunas decisiones gubernamentales, sólo es de una forma marginal. El acceso inmediato a toda la información posible, con frecuencia termina en simples comentarios banales o bien se desvía hacia temas sensacionalistas y superficiales, desde la comodidad de picar un teclado mientras se escucha música o se realiza cualquier otro tipo de actividad.

El Partido Verde Ecologista de México, PVEM, se presenta ante el electorado como “el partido joven” y, siendo un partido con graves antecedentes de corrupción, demagogia y ser, literalmente, propiedad de una familia que lo maneja a su antojo, obtiene un promedio de 7.5 por ciento de todos los sufragios que se emiten en el país, lo que le da grandes beneficios de carácter económico y político, pero es completamente ajeno a la problemática, a la idiosincrasia y a las demandas de los jóvenes de este país, tanto de las clases medias como populares.

Los jóvenes son el centro de la sociedad mexicana, porque representan a la mayoría de la misma, pero son ellos los que sufren de manera más directa la ineficiencia de los gobiernos, de las instituciones públicas y del sistema político en general. Son también quienes pagan el mal funcionamiento de la economía y sus crisis recurrentes; quienes tienen en su manos el cambio, pero no ejercen sus derechos políticos y no militan en los partidos o en organizaciones de la sociedad civil de manera amplia y propositiva y, desgraciadamente, son los jóvenes también quienes componen la fuerza militante del crimen organizado y no organizado del país. En suma, son los herederos de un futuro incierto ante el cual no asumen una postura militante.

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