Carlos Herrera, el final: ¿hasta dónde llegaba su poder político?

Por: Álvaro González

Carlos Herrera Araluce comentaba, en el estilo campechano que le caracterizaba, que en Gómez Palacio no se movía una hoja de árbol sin que él lo supiera. Tal vez la afirmación no era tan excesiva, pues era impresionante lo informado que estaba sobre todo cuanto acontecía en este municipio de Durango y además en el resto de La Laguna. Fue más tarde en una entrevista para un periodista de la Ciudad de México que lo estaba cuestionando, cuando Carlos Herrera modificó la frase y afirmó que en Gómez Palacio no se movía la hoja de un árbol si él no lo ordenaba. Este comentario sí era ya excesivo, y tal vez producto de su irritación con las críticas que le había hecho el periodista.

Desde una posición modesta de origen, Carlos Herrera acumuló un poder de facto como muy pocos hombres lo han hecho en La Laguna durante las últimas cuatro décadas. Ese poder no sólo era económico y político, sino también mediático y fantástico, porque a lo que es estrictamente objetivo se le suma una leyenda urbana, donde lo real se acrecentaba y se mezclaba con la fantasía, dando origen a anécdotas e historias que eran producto de la imaginación popular, pero a él no le desagradaban, algunas inclusive las festejaba o hasta las producía el mismo.

¿Qué tan grande era y es su fortuna económica? El imaginario colectivo la cree inmensa, y ciertamente a su muerte era una de las personas más adineradas de La Laguna, al menos de la parte duranguense.
¿Qué tan grande era su poder político? La crónica real de las últimas cuatro décadas muestra que tuvo altibajos; periodos buenos y malos, dependiendo de quien fuera el gobernador de Durango. Su primer periodo de bonanza política pareció ir de la mano de Héctor Mayagoitia Domínguez, su amigo que lo hace alcalde de Gómez Palacio por primera vez; de hecho ahí comenzó su vida como político, algo que le apasionaba, pero donde no pudo tener todo el éxito que él hubiera querido.

A su primera alcaldía le siguió la de Régulo Esquivel Gámez. Después, aunque conservó su influencia como empresario y un grupo de amigos y de subalternos con los que siguió influyendo en la política regional, su posición fue más bien discreta.

Los gobernadores que siguieron a Héctor Mayagoitia Domínguez lo consideraban, pero todo indica que no más allá de eso. José Ramírez Gamero, eterno cacique y dirigente de la CTM estatal, fue receloso de su poder y desconfiado (1986-1992); puso primero a un pésimo presidente municipal de Gómez Palacio, José del Rivero Ibarra, y luego enmendó la plana colocando a José Rebollo Acosta (1989-1992), quien se convirtió en una figura importante dentro del medio político de Gómez Palacio, aun cuando no era un empresario muy prominente. Los hijos de Rebollo se convertirían en presidentes municipales, aun en contra de la voluntad de Carlos Herrera Araluce, inclusive con la oposición abierta de éste y todos sus recursos económicos y relaciones políticas.

La llegada de Maximiliano Silerio Esparza como gobernador (1992-1998) fue uno de los periodos negros para Carlos Herrera. El que fuera dirigente nacional de la CNC no estaba dispuesto a concederle nada y actuó de una manera drástica, llegando al extremo de cerrarle un periódico que estaba instalando en la capital del estado, bajo el argumento de que “tú eres empresario, no eres político”. El origen real de esta animadversión no se conoce de fondo, porque el gobierno de Maximiliano Silerio coincide con el periodo de Carlos Salinas de Gortari, y Carlos Herrera tenía una especial admiración por el expresidente, además de buenas relaciones en los medios del poder federal.
Ya para este periodo difícil se había evidenciado que Carlos Herrera tenía, por lo menos en política, una postura que se volvía parte de su carácter: de inicio podía montar en cólera y amenazar con actuar en consecuencia, pero enseguida se imponía en él una postura muy pragmática, que le llevaba invariablemente a no enfrentarse con el poder, fuera del partido que fuera. Se replegaba, bajaba el perfil y se dedicaba a acrecentar sus negocios privados. Para entonces tenía 56 años de edad y estaba en la plenitud de su vida, esperar no era problema.


LOS MEJORES AÑOS

En 1998 le llega su segundo mejor periodo en la política y el más duradero. Ángel Sergio Guerrero Mier se convierte en gobernador de Durango para el periodo de 1998 al 2004. Carlos Herrera es por segunda vez presidente municipal de Gómez Palacio, pero todavía más; se convierte en el hombre fuerte de La Laguna de Durango nuevamente, con la ventaja de que la presidencia de la república la ocupa el PAN, con Vicente Fox y el margen de maniobra política se vuelve mucho más amplio, comparado con el periodo de Ernesto Zedillo.

Se propone entonces, a los 62 años, convertirse en gobernador de Durango, pero al mismo tiempo abre otro proyecto: apoyar la incursión en la política a su hija Leticia Herrera Ale, pues sus otros dos hijos varones optan por dedicarse a los negocios de la familia, que se habían venido multiplicando con el paso de los años.

Leticia Herrera se convierte así en presidente municipal para el periodo de 2001-2004, para realizar una carrera política de tiempo completo dentro del PRI.

El 2003 sería uno de esos años que debieron marcar la vida de Carlos Herrera. Sólo para calentar el ambiente político y poder hacer campaña de imagen, se convierte en diputado federal, pero casi de inmediato renuncia al cargo para presentar su precandidatura a gobernador de Durango por parte del PRI. Su contendiente principal era Ismael Hernández Deras, un político joven de la capital del estado con una carrera muy exitosa.

Todo parecía dispuesto para que Carlos Herrera lograra su propósito, pero en el último momento de la convención interna los grupos políticos priistas de Durango capital, no se sabe si por iniciativa propia o porque recibieron línea de la ciudad de México (eso es algo que se queda ahí para la especulación), deciden cerrarle el paso y es, paradójicamente, José Rosas Aispuru, hoy convertido en panista y en candidato al gobierno estatal, pero entonces un priista de toda la vida, quien se encarga de colocar un puñado de votos para que finalmente ganara  la candidatura Ismael Hernández Deras, quien se convierte en gobernador para el periodo 2004-2010.

Carlos Herrera sufre así la que sería la derrota política más importante de su vida. Siguiendo fielmente su estilo personal, primero monta en cólera, pero poco tiempo después le da su apoyo a Ismael Hernández, e inclusive todavía logra que Octaviano Rendón Arce, una de sus personas más allegadas, sea presidente municipal, quien por cierto hace un papel bastante mediocre. En lo personal, Herrera decide retirarse de la política, aunque en este caso se aplica aquella máxima de José Reyes Heroles: “en política no entras, te meten, tampoco sales, te sacan”. Lo cierto es que nunca más ocuparía un cargo público, no le interesaban las diputaciones, ni las senadurías, ni los cargos burocráticos; le interesaban los puestos de gobierno, que era lo que disfrutaba, pero sobre todo le interesó toda su vida ser gobernador de Durango; al no lograrlo, la política para él perdía sentido.

Ismael Hernández como gobernador tuvo que respetar el periodo como presidente municipal de Octaviano Rendón Arce, pero en el siguiente periodo y contra la voluntad de Carlos Herrera, regresó a la política a la familia Rebollo; de hecho fue algo que hizo de inmediato porque ya le había dado un cargo público a Ricardo Rebollo Mendoza, a quien convierte en presidente municipal de Gómez Palacio para el ciclo 2007-2009. Esto abre un periodo de tensión muy fuerte entre ambas familias. Ricardo Rebollo deja inconcluso su periodo para convertirse en diputado federal, con el propósito demasiado temprano de convertirse en gobernador del estado.

De manera paralela, Leticia Herrera Ale se convierte en diputada federal para el periodo 2006-2009 y emprende la búsqueda de la gubernatura.

Ismael Hernández Deras termina su periodo y coloca como candidato a gobernador a su tesorero: Jorge Herrera Caldera, quien es electo para el periodo 2010-2016, manteniendo la misma postura de su antecesor hacia los familiares de Carlos Herrera. El nuevo gobernador coloca a Rocío Rebollo Mendoza como presidente municipal de Gómez Palacio para el periodo 2010-2013 y a José Campillo Carrete, quien es parte del grupo de los Rebollo, para el 2013-2016, pero al mismo tiempo negocia que Leticia Herrera se convierta en diputada local (2010-2012), para pasar de inmediato a senadora de la república en el mismo 2012, lo que le coloca en la posición de buscar la candidatura a gobernadora por el PRI.

La nueva contienda toma a Carlos Herrera ya cansado a sus ochenta años. Surge el mismo planteamiento de años atrás: presionar para que Leticia Herrera pueda ser candidata, pero nuevamente los grupos políticos de la capital del estado se imponen con la aprobación de la dirigencia nacional del PRI, que ahora sí es factor al ser priista el gobierno federal. Manlio Fabio Beltrones, dirigente nacional del partido les da el apoyo para que se convierta en candidato Esteban Villegas, exalcalde de Durango capital, pero se tiene que dar una negociación  y esta consiste en ceder la presidencia municipal de Gómez Palacio, para la cual se designa como candidata a Leticia Herrera Ale.


LOS ULTIMOS AÑOS

Mientras pasaba por un mal momento político, Carlos Herrera es víctima en el 2007 de un atentado por parte de un grupo de sicarios de una organización criminal que se había apoderado de La Laguna de Coahuila y pretendía la de Durango. Pese al blindaje de la camioneta en que viajaba y al respaldo de sus escoltas, es herido, al igual que su esposa, pero ambos salvan la vida.

Este acontecimiento marcaba el inicio de un periodo de violencia como jamás se había visto uno antes en la historia moderna de La Laguna. Ni los gobiernos, ni la sociedad lagunera en general captaron de momento todo el significado que tenía este atentado criminal, pero a partir de ahí se abrió el infierno de la violencia en la región, que se prolongaría por los siguientes seis años.

Cuando se da el atentado, Carlos Herrera ya era un hombre de 71 años, quien había descansado en su hija Leticia la actividad política y en sus hijos gran parte del manejo de la mayoría de sus negocios, aunque seguía manteniendo su mando indiscutible. Esa ola de violencia modificó para él, y para todos los empresarios importantes de la región, sus hábitos de vida. La familia tuvo que multiplicar un aparato de seguridad tan costoso como incómodo. Las apariciones en público se redujeron ante el peligro siempre acechante de los grupos criminales.

Es muy probable que Carlos Herrera no deseara esta tónica en la última parte de su vida, como tampoco la deseara la familia, pero las circunstancias se impusieron y los riesgos de la violencia no bajaron sino hasta hace apenas un poco más de dos años.

La muerte le sobrevino en el invierno, cuando su hija Leticia es candidata a presidente municipal de Gómez Palacio, el que fue siempre su territorio. Si hacemos un breve resumen de este personaje complejo, podemos encontrar a un hombre hecho en el esfuerzo, venido de abajo y por lo mismo con la capacidad para entenderse bien con los de abajo, pero construyó una fortuna que necesariamente le significó rivalidades, competencias, tratos duros, astucia y el ejercicio de todo el poder que pudo acumular para hacerla crecer aún más. Tuvo amigos y tuvo enemigos, entre ellos gente muy peligrosa y también con poder; su horizonte afectivo era Gómez Palacio y veía con recelo a Torreón, lo cual no tenía ningún problema para expresar abiertamente. Los hombres de poder de Torreón le correspondían la mayoría ese recelo, lo que propiciaba una cierta distancia, pero muchas de sus propiedades y negocios están en Torreón.

Digamos que fue un hombre que vivió a su aire, no se privó de nada. Fue estimado por su círculo de amigos; respetado por sus competidores; temido por sus enemigos, y también controvertido para la memoria colectiva. La cantidad de esquelas a su muerte fue la más impresionante que ha tenido un personaje en la región; su funeral fue multitudinario, abarrotado por gente de pueblo de Gómez Palacio y por toda la clase política local, regional, estatal e inclusive nacional.

¿Qué va a pasar en sus empresas y en la política regional como consecuencia de su muerte? Las empresas son un asunto de familia que debió prepararse con tiempo; la lógica indica que la herencia se distribuirá entre la familia, perdiéndose el mando único que él mantenía de manera férrea, lo que acarreará cambios, pero en política es donde más resonancia tendrá su desaparición. Su hija Leticia hereda la parte política, pero ya sin el apoyo del padre es difícil prever como se comportarán los clanes políticos de Durango, capital, que son los que controlan la política en el estado. Esto se irá reflejando de manera paulatina en el mediano plazo, cuando fije su manejo y sus políticas el nuevo gobierno estatal que emergerá de las elecciones de éste verano.



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