Los buenos tiempos ("Ojos en la sombra" de Jaime Muñoz Vargas)








Hace ocho años, Jaime Muñoz publicó por primera vez el libro de cuentos Ojos en la sombra dentro de la colección Siglo XXI de la Universidad Autónoma de Coahuila. El objetivo de esa colección era o es, (reconozco que no me preocupé por conseguir más libros de esa colección), publicar a escritores contemporáneos del estado. Nadie gana dinero, el autor recibe unos cuantos libros como pago y prácticamente no mete la mano en la edición. Así es el juego editorial en provincia. 

Creo que ésa es la razón de que existan tantos libros locales mal editados. Tomemos por ejemplo la primera edición de Ojos en la sombra. Comenzando por la portada ya entendimos que el cuidado editorial no será tan exigente. La portada es de verdad fea, mucho, muy fea. Otra asunto, el uso de cierta tipografía hace engorrosa la lectura y también que el libro esté plagado de erratas. Cualquier editor sabe que los gazapos son casi imposibles de erradicar, pero en esa edición habitaban demasiados entre las páginas, tantos que en ocasiones afectaban la lectura gravemente.

Por eso creo que la reedición del libro el año pasado dentro de la colección El Guardagujas del Conaculta y bajo el cuidado del Consejo General de Publicaciones es un acierto. Una portada más atractiva, tipografía más pequeña pero cómoda y un formato agradable al lector hacen que releer el libro sea casi imperativo.

Jaime es un escritor con una larga lista de libros desde los ochentas. La reedición de este libro con más profesionalismo me parece un buen ejemplo del tipo de escritor que es el gomezpalatino en el mundo literario nacional. Es un autor que conoce el oficio y con experiencia en esto que llamamos literatura, una profesión ingrata y hermosa al mismo tiempo.

En la nueva edición, corregida y embellecida,  los cuentos cumplen a cabalidad con las características que esperamos dentro del cuento moderno. Las lecciones de Poe, Cortázar, Chejov, Borges y tantos otros experimentados cuentistas parecieron instalarse en los huesos del autor como un tumor inextirpable. Todos y cada uno de sus cuentos juegan con el lector, engañándolo, despistándolo, dándole falsas señales para al final atacar con un uppercut rotundo que lo hace rodar por el ring sin ninguna posibilidad de levantarse.

Y es que eso causa leer un buen cuento: es un colapso delicioso, la posibilidad de olvidarse del mundo, de los gastos diarios, de los pagos, de las deudas, de los problemas laborales, de la pareja celosa, de las envidias y la porquería diaria que envilece y destruye a tantos.

No importa si el cuento tiene un final pesimista o cínico o alegre o simpático o patético. Nos encanta leerlos porque nos gusta el drama ajeno, que a los personajes les pase todo y nosotros estemos a salvo, felices de que un escritor nos ha dejado husmear en la vida de otros. Es por eso que un buen cuento, no importa que tan triste sea, siempre nos dejará satisfechos. En el fondo, el lector es un despiadado; mientras peor le vaya al personaje, más disfrutará su dolor.

Todo esto es lo que sucede con los cuentos de Jaime Muñoz. Los personajes sufrirán, tanto los dramáticos como aquellos que narran historias desternillantes, todos la pasarán mal en algún momento.

Tres palabras se me vinieron a la mente después de leer Ojos en la sombra: memoria, decepción y resignación.


MEMORIA
Todos los cuentos tienen personajes que recuerdan. Ancianos que vuelven a sus miserables quince minutos de fama, adultos devolviéndole a su mente las amistades adolescentes perdidas, escritores que narran sobre los no tan lejanos horrores de una dictadura militar, hombres que se lamentan las oportunidades amorosas fracasadas y hasta el mismo autor que platica anécdotas de juventud. Las historias viven en el pasado de los protagonistas, es por eso mismo que casi todos suenan patéticos en su necesidad por oponer el pasado al presente y darse cuenta de que todo tiempo pasado siempre fue mejor. Esto me lleva a la…

DECEPCIÓN
No solamente decepción por la juventud desaparecida, sino también por los ideales caducos y abandonados. Decepción también por la ruina presente y las acciones que condujeron a ésta. Decepción porque los personajes, aunque lo saben, no desean culparse a sí mismos sino a los demás. Finalmente, decepción porque el mundo ya no es lo que era. Y por esta razón se llega a la…

RESIGNACIÓN
Porque los personajes de Jaime Muñoz tienen el destino escrito. No el más amable con ellos pero necesario porque los finales felices no existen en la realidad. Resignación porque la vida actual, la vejez, los hijos y el cansancio no permitirán que salgan de la inacción. Siempre el de al lado, el vecino, el desconocido será quien tome la iniciativa y realice lo impensable. Ninguno de ellos, ni siquiera para revivir las ideologías muertas por unos minutos, es capaz de hacer algo realmente extraordinario. Así los personajes de Muñoz son perdedores que se saben, pero eligen no hacer nada al respecto más que recordar cuando eran jóvenes y la vida todavía no los molía a con sus puños de miseria, envidia y fracaso. Acordarse de cuando no eran perdedores y el futuro se veía confiable, brillante, promisorio. Casi como si un dios los hubiera elegido.

twitter: @puratolvanera

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