La ficción de jubilarse

Para 1950, según el INEGI, había más de 25 millones de habitantes en México, de los cuales apenas un millón eran mayores de 60 años; en el 2005 existían más de 100 millones de personas y más del 8 por ciento rebasaba los 60 años; para mediados de este siglo se estima que habrá 40 millones de ciudadanos mayores de 60 años. Sin embargo, en 1950 el sistema de pensiones para los trabajadores nunca fue visto como un proyecto elemental a largo plazo, por lo cual hoy los sistemas de pensiones del Estado se encuentran al borde de la quiebra, pues las pensiones de los trabajadores y empleados se encuentran en un fuerte riesgo. La mayoría de quienes se han retirado después de laborar 30 o más años no pueden ni cubrir algunas de sus más necesidades elementales con lo que reciben de su pensión.

En la actualidad, el Estado mexicano está en la encrucijada de poder proporcionar una vida digna a millones de ancianos. El futuro no es alentador; está plagado de incertidumbre. El Nuevo Sistema de Pensiones vigente en nuestro país a partir de 1997 es un plan de contribuciones definidas con garantía de pensión mínima, basado en un esquema de capitalización, obligatorio para los trabajadores afiliados al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

Dicho en forma sencilla, el dinero que concentraba el estado lo pasó a empresas privadas para su administración y manejo financiero, con un esquema de competencia y obligatorio para los asalariados, bajo la denominación de AFORES (Administración de Fondos para el Retiro).

La ventaja es que los fondos ya no estarán bajo la tutela directa del Estado, que solía gastarlos, sino en compañías particulares, que de cualquier manera están respaldadas por el gobierno, pero pueden hacer enormes negocios, cuyos beneficios no redundan necesariamente en bien de los trabajadores. Es un modelo tomado de países desarrollados, pero con ciertas variables.

Las AFORES son instituciones que administran los dineros depositados en la cuenta individual de todos los trabajadores, y tienen el objetivo de ofrecer al trabajador una pensión en el momento de su jubilación. Aunque muchas son operadas por los bancos, las AFORES no funcionan como bancos sino como aseguradoras; son sociedades financieras debidamente autorizadas por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y supervisadas por la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar).

El problema es que la mayoría de los trabajadores desconoce cómo funciona una AFORE y, más aún, cómo obtener el mayor beneficio de ésta, presionando, por medio de la competencia, la oferta de mayores rendimientos. Las AFORES se aprovechan de ello y están prometiendo actualmente intereses muy bajos, pero además tienen comisiones que están consideradas como de las más altas del mundo; un abuso que el estado no ha tratado de corregir.

Otro problema es que las AFORES llegaron tarde para millones de trabajadores que, cotizando bajo el viejo régimen la mayor parte de su vida laboral, les espera una retribución raquítica al momento de su retiro, del todo ineficiente para poder solventar sus gastos cuando ya no estén en edad de laborar.
Los trabajadores no tienen la posibilidad de evitar la afiliación a alguna de estas instituciones, ya que la transformación al nuevo sistema fue total, esto es, no existe la opción de cotizar al sistema de reparto vigente hasta antes de 1997.

El monto de pensión que un trabajador recibirá al final de su vida laboral, está basado financieramente en el capital que recolecte durante su etapa activa. La trayectoria de acumulación de estos fondos depende, a su vez, de su carrera salarial, años de cotización, ahorro voluntario con fines de jubilación y de la tasa de rendimiento neta obtenida por sus cuotas.

El problema es que la mayoría de los trabajadores en México perciben sueldos bajos, por lo que su aportación al fondo de jubilación es proporcional; el ahorro voluntario es difícil que se pueda dar y, al momento de su retiro, no percibirá el mismo sueldo que percibía cuando se encontraba activo, sino sólo un porcentaje de éste.

El Sistema de Pensiones del IMSS, creado a principios de los años cuarenta, fija como edad de jubilación los 65 años, cuando la esperanza de vida a esa edad era de menos de 10 años más, pero ésta se ha ido incrementando, más en la mujer que en el hombre, hasta alcanzar casi los 80 años para la década de 2030, lo que aumentará en casi el doble el estimado de vida de un jubilado y, en consecuencia los fondos de que se deberá disponer para cubrir su pago. Este problema se presenta a nivel mundial, pero en los países desarrollados existen más recursos para poder hacerle frente, no así en México.

Durante casi medio siglo el gobierno estuvo gastando las reservas destinadas a los fondos de pensiones, generando un déficit que ha comenzado a reflejarse ya, generando una crisis que tiene como consecuencia el otorgamiento de pensiones muy bajas y, lo más delicado, la posible quiebra de los sistemas de pensiones de los gobiernos estatales, lo que afectará en especial a los maestros y a los empleados públicos que laboran de manera directa para los tres niveles de gobierno.

Con la crisis del régimen de pensiones las mujeres son las principales víctimas de un modelo económico que al ser jóvenes las orilla al empleo informal, por lo que al envejecer carecen de seguridad social y son condenadas a la exclusión y el olvido.

Según datos del INEGI, en el año 2000 había casi ocho millones de personas de 60 años. De esta población, tan sólo 900 mil mujeres (13.5 por ciento del total) recibían algún tipo de pensión. Las demás (86.5 por ciento) están desamparadas.

Patricia Berumen, abogada laborista, advierte que existen de hecho tres diferentes métodos de retiro para los trabajadores, los cuales marcan enormes contrastes, pues mientras que para una parte menor son atractivos, la mayoría, en la práctica, podrían seguir recibiendo pensiones miserables.

“Todo depende del contrato colectivo y es donde los sindicatos toman fuerza. La Ley Federal del Trabajo indemniza, el Seguro Social pensiona y los contratos colectivos jubilan”, dice la especialista. Sólo quienes tienen acceso a un buen sistema de jubilación gozarán de una ancianidad tranquila, los demás se hallan en zozobra.

Martha Alicia Hernández, jefa de oficina del departamento de jubilaciones y pensiones del IMSS, comenta que los pensionados deciden bajo qué régimen se establece su pensión, ya sea vejez, cesantía, invalides, viudez u orfandad. “Las pensiones las otorga el Seguro Social de acuerdo a la propia Ley del Seguro Social”, dice.

¿Qué diferencia hay entre la nueva ley y la anterior?

La anterior la paga el Instituto con recursos del gobierno federal.

¿Qué beneficios implican cada una de las leyes?

En la ley anterior podías regresar a trabajar después de seis meses de pensionado siempre y cuando lo hicieras con otro patrón. En cesantía y vejez la nueva ley no marca que puedan regresar a trabajar. Igual en invalidez, pueden volver pero con el 50% del salario, de otra manera, la pensión se suspende.

¿Cuál es el trámite a la hora de pensionarse?

El Instituto emite una resolución donde le dice a la persona que ya está pensionada, o que no lo está porque no cumplió con tal o cual requisito. Ellos se presentan en la AFORE con su resolución, ya sea otorgada o denegada para que puedan retirar sus recursos.

¿Cómo son las pensiones para los trabajadores del IMSS?

Tenemos derecho a jubilación y se nos paga una cuota mensual.

¿Y de cuánto es?

Fíjate que no tengo el dato; lo desconozco por completo.

Es imposible que la funcionaria Martha Alicia Hernández ignore a cuánto asciende una jubilación. La renuencia a abordar el tema tiene que ver con la amarga dualidad: los empleados del IMSS, hasta hace algunos años, gozan de un generosísimo sistema de pensiones, en tanto que el régimen de pensiones de los afiliados es lamentable y tiene un futuro en riesgo.


JUBILACIONES DE PRIVILEGIO, PENSIONES DE HAMBRE. 

Doña Estela tiene 67 años de edad pero desde los 48 fue jubilada en Telmex debido a una lesión en la espalda. Era auxiliar de jefe. La telefónica la jubiló con el 87% de su salario. Ella, sin siquiera saberlo es una privilegiada del sistema de jubilaciones de una importante empresa que era paraestatal y pasó a privada.

José Arturo Chávez Núñez, representante en Torreón del Sindicato de Telefonistas de México, comenta que los contratos colectivos más onerosos y con mayores rendimientos a la hora de jubilarse son los de Telmex, Petróleos Mexicanos (PEMEX), Comisión Federal de Electricidad (CFE) y el mismo IMSS. También se puede considerar que el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, SNTE, tiene un régimen de privilegio; aun cuando los salarios de los docentes han dejado de ser lo atractivos que eran en décadas anteriores, conservan muchos beneficios y una jubilación razonable si han cumplido sus años de servicio y se han esforzado por mejorar su categoría, lo que muchos no hacen por simple desinterés y falta de esfuerzo. Este sindicato es el más grande del país y afilia, hoy, a cerca de un millón 700 mil trabajadores, entre activos y jubilados.

La jubilación de los empleados del IMSS representa hasta el 100% de su último salario devengado, en tanto que la de los trabajadores al Servicio del Estado fluctúa entre el 50 y el 95 por ciento de su sueldo base. Según el representante de los telefonistas, los trabajadores del IMSS pueden jubilarse desde los 27 años de antigüedad para las mujeres y los 28 para los hombres sin mínimo de edad, conforme a la ley anterior que sigue vigente para casi todos los trabajadores de la paraestatal. Es decir que si un empleado empezó a laborar en el IMSS desde los 20 años, para los 48 ya está gozando de su retiro.

En la Comisión Federal de Electricidad (CFE) opera un régimen casi semejante, sólo que a diferencia del IMSS, al retirase con el 100 por ciento de su sueldo base, reciben un aumento considerable, porque posteriormente no habrá incrementos proporcionales.

Según la Fundación Mexicana para la Salud, el 65% del presupuesto del IMSS se destina a jubilaciones, pensiones y salarios. Un trabajador del IMSS jubilado en el actual régimen, con 26 años de vida laboral y que en promedio recibe más de 6 mil pesos mensuales como sueldo, en el momento de su jubilación obtendrá 7 mil pesos mensuales. Mientras que un trabajador privado  con ingresos de 4 mil 500 pesos mensuales cotizando al IMSS 40 años antes, recibe en el momento de su retiro apenas más de 2 mil pesos.

El contrato colectivo de los trabajadores de Teléfonos de México establece que todo trabajador que tenga 25 años o más de servicios y 53 años de edad tratándose del sexo masculino, y 48 en el sexo femenino, tiene derecho a ser jubilado cuando lo solicite.

Por 25 años de servicio la empresa lo jubila con el 50% del salario integrado al momento de irse y, conforme sume años de servicio, el porcentaje se incrementará un 5%  hasta llegar a los 31 años de vida laboral, donde se retirará con un 80% del salario. Esto puede ocurrir a los 53 o 54 años de edad.
Cuando un trabajador desee continuar laborando aun cuando ya haya reunido los requisitos de servicio y/o edad, éste recibirá el salario de la categoría inmediata superior, o de estar en la categoría máxima un salario nominal compuesto por el salario de su categoría más el 20%. En caso de que bajo esta nueva condición prestara sus servicios por un mínimo de siete años, su pensión por jubilación variará; es decir, que puede jubilarse hasta con un 100% de su salario nominal, con 60 años de edad o apenas un poco más.

Pero estos son privilegios que reciben los trabajadores jubilados de empresas como las que se hizo referencia, porque la mayoría de los trabajadores del país se encuentra sujeta al régimen general, ya sea el anterior o el de 1997, y sus condiciones de retiro serán completamente diferentes.

Don José Hernández trabajaba para Ferrocarriles de México. Hace más de 11 años sufrió un accidente de trabajo. Apenas puede mover su espalda y, por si fuera poco, es diabético. Los exámenes médicos son contundentes: no puede volver a subirse a un tren. Si lo hace, pone en riesgo su vida y la de mucha gente. A sus 49 años exigió una pensión por Incapacidad Total. El Seguro Social le dijo que se fuera a trabajar y regresara hasta que cumpliera los 60 años.

La abogada laborista comenta que procesos como éste son de lo más comunes y que “el IMSS está tan saturado de pensiones” que prefiere regresarlos y no pensionarlos. Cuenta el caso de un cliente que resultó con quemaduras a causa del trabajo que desempeñaba y que “ni siquiera el aire le puede dar”, dice consternada; no obstante, le dicen que regrese a trabajar y se espere hasta los 60 años. Pese a todo, según la litigante, la mayoría de las veces gana el trabajador aunque el proceso dure más de un año.

Otro rubro pocas veces abordado es el que se relaciona con las indemnizaciones. Y es que muchas empresas prefieren despedir a aquellos  que van “haciendo antigüedad” con el propósito de no jubilarlos con cantidades altas de dinero o simplemente porque “su política es contar con gente joven”. Aquí entra en funciones la Ley Federal del Trabajo, donde de acuerdo a sus estatutos, obliga a la empresa a pagar cierta cantidad de dinero al trabajador despedido quien es imposibilitado a jubilarse y por ende a recibir alguna pensión.

Los contratos que los trabajadores celebran con las AFORES advierten con toda claridad que “no garantizan rendimientos” y que “sus inversiones pueden tener pérdidas o ganancias”.

Un aspecto que se aborda muy poco y que es sumamente importante es el referente al registro de los trabajadores ante el IMSS. Por los costos que significa; por prácticas indebidas de las empresas que están en una buena situación para hacerlo y, adicionalmente, porque el gobierno adoptó la decisión de juntar la cotización del IMSS y del ISSSTE, es una práctica de lo más común que las empresas registren a sus trabajadores con un sueldo menor al que realmente perciben y, en consecuencia, la cotización del fondo para el retiro es mucho más baja de lo que debería de ser, por lo que al momento de pensionarse recibirán una cantidad mucho menor. Empeora esta práctica el hecho de que el gobierno estatal, en el caso de Coahuila, cobra un impuesto sobre nóminas, lo que encarece los sueldos que tienen que erogar las empresas, aunque en general los sueldos en México son muy bajos en comparación con otros países de un desarrollo más o menos similar, como podría ser el caso de Chile.

Según la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), más de la mitad de los trabajadores desconoce el nuevo sistema de pensiones y ocho de cada 10 ignora cuánto aporta bimestralmente a su cuenta de retiro, por lo que no pueden defenderse en caso de abusos.


SISTEMA DE PENSIONES EN CRISIS

Desde mediados de la década pasada, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, vía boletines publicados en distintos diarios nacionales, advirtió que México  podría enfrentar, en pocos años, una crisis fiscal por el déficit  de los sistemas públicos de pensiones, si no lleva a cabo reformas profundas.

Añadió que de no darse una reforma, el déficit anual del sistema de pensiones crecería hasta tres veces en los siguientes 10 años, mientras en las entidades federativas el déficit podría multiplicarse por 2.84 en el mismo lapso de tiempo.

En un documento que las entidades federativas entregaron al Congreso se expone que el pasivo contingente de los sistemas de pensiones estatales asciende a 1 billón 537 mil millones de pesos, cifra equivalente al 25% del PIB. “El pasivo laboral contingente de los gobiernos estatales equivale a casi la mitad del déficit actuarial del ISSSTE”, expone el documento de la Secretaría de Hacienda.
El propio IMSS ha declarado que de no haber transformaciones al actual sistema, se corre el riesgo de una catástrofe en el sistema de seguridad social.

Se adoptaron algunas medidas, pero no las suficientes. Para 2016, 20 de los 32 gobiernos estatales de la república enfrentan una situación de crisis en sus fondos de pensiones tan solo en lo que se refiere a la nómina magisterial que, a nivel nacional, asciende a 1 millón 700 trabajadores, de los cuales 450 mil son pensionados y la proporción tenderá a aumentar de manera gradual por el envejecimiento natural del personal docente.

De los 32 sistemas de pensiones estatales que hay en el país, sólo 9 son viables y 10 requieren una reforma urgente, mientras que el resto se encuentra ya en la inviabilidad. Entre los gobiernos estatales que requieren reformarse urgentemente por inviabilidad se encuentran Durango, Tamaulipas, Zacatecas y Tabasco; los que ya están en inviabilidad financiera son Baja California, Colima, Chihuahua, Sinaloa, Veracruz y Chiapas; los demás requieren reformas para poder ser viables al mediano y largo plazo.

El gobierno de Coahuila tuvo que implementar en el 2015 una reforma a la Ley de Pensiones y Otros Beneficios Sociales de los Trabajadores de la Educación, ya que su situación financiera era inviable  y la reserva del fondo de pensiones se encontraba agotada.

Para poder calcular el impacto social tan solo del sector educativo, es necesario considerar que el 7% de la población nacional corresponde a trabajadores de la educación, retirados y activos, los cuales, considerando a sus familias representan 7 millones 387 mil personas.

A pesar de las reformas hechas por los países de América Latina a sus sistemas de pensiones, solo cuatro de cada diez personas mayores de 70 años reciben algún tipo de ingreso por pensión, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

En opinión del economista y catedrático, José Francisco Castro Mancillas, existen diversos problemas en el sistema de pensiones: “es una situación muy complicada no sólo en México”, dice. Primero explica que el sistema de pensiones se realizó de una forma que las contribuciones de los individuos eran tales que permitían que la vida productiva fuera relativamente corta, como mucha gente del Seguro Social, por lo tal se interrumpe a muy temprana edad la contribución. “El problema técnicamente hablando es que lo que va entrando se está convirtiendo en una cantidad cada vez más pequeña de lo que necesariamente va a salir”, expresa el especialista.

En segunda instancia, Castro Mancillas señala como un problema las onerosas comisiones que cobran los sistemas de ahorro (AFORES); comenta que eso hace que los beneficios esperados sean menos.
El economista hace una analogía con los mantos acuíferos, “¿Por qué existen problemas con el agua?”, se pregunta, “pues fácil, porque le sacamos más de lo que le entra, qué va a suceder, que un día no vamos a tener”. Es el mismo principio con el sistema de pensiones, si hay gente que le mete menos dinero en menos tiempo y hay gente que va a vivir más años, tarde que temprano habrá más salidas que entradas y esto va a estallar, y la única forma es endeudarse”, reitera.

Para la representación del Comité Ejecutivo Nacional en Coahuila del Sindicato Nacional de los Trabajadores del Seguro Social, las jubilaciones cada vez van a ser más. “En estos momentos estamos 3 a 1, en 20 años vamos a estar 1 por 1 y no hay empresa que aguante esto. Esto va a tronar, de dónde vas a sacar para tener un jubilado y un activo”, se preguntaba hace una década, hoy la proporción se acerca al 2 por 1 y los fondos de pensiones ya hicieron crisis.

La reforma de 1997, además de llegar tarde, debió ser mucho más completa y hacer una modificación general al sistema de pensiones y jubilaciones del país. Las proyecciones del Consejo Nacional de Población dicen que en México, a mitad de este siglo, van a existir cerca de 40 millones de personas mayores de 60 años, y la esperanza de vida será de al menos 24 años después de la jubilación o pensión, es decir, hasta los 84 años, “estamos contribuyendo con menos y ahora la gente cada vez tendrá una vida más larga, durante toda esa vida vamos a estar pagando mensualmente grandes cantidades; la carga financiera es muy importante, son cifras muy preocupantes”, considera.
José Castro añade que se reformaron algunos artículos respecto a la provisión del fondo de jubilación, donde asegura, “se están inyectando recursos para el laboral pasivo en relación al salario”. No obstante, para fortalecer el fondo de jubilación, exige que el gobierno y el IMSS aporten la misma cantidad, “debe ser tripartita”.

Por lo pronto las grandes filas para cobrar una pensión seguirán siendo largas y el cheque será corto, pero el problema vendrá cuando los fondos de pensiones se agoten, y no haya con qué pagar ni esas pobres pensiones. Sólo el futuro dirá qué pasará cuando el país se vuelva viejo, un proceso que transcurre día con día.

Comentarios

Entradas populares