La estructura intacta de El Chapo






Los analistas y la opinión pública han coincidido en el caso de la recaptura de Joaquín “El Chapo” Guzmán: un desproporcionado triunfalismo presidencial y una campaña mediática propagandística, justo cuando el peso del petróleo se hunde, el peso se deprecia y los pronósticos de crecimiento económico bajan.

Siendo objetivos, la recaptura de “El Chapo” es la reparación de un error muy grave del sistema de seguridad gubernamental, específicamente federal, que le estaba costando muy caro a la imagen presidencial y que, inclusive, le había ganado críticas en medios extranjeros muy importantes.
Haber recapturado al narcotraficante debe ser, en todo caso, no el culmen de la acción del estado contra el crimen, sino el inicio de acciones de verdadero fondo en contra de las organizaciones del crimen organizado.

En la polémica entrevista concedida al actor Sean Penn y a la actriz Kate del Castillo (por cierto bastante malita, aunque hay que considerar que ninguno de los dos es periodista), el narcotraficante desliza algunas informaciones sumamente inquietantes e indicadoras de su poder y su fortuna acumulada. Afirma, por ejemplo, que posee una flota de aviones, barcos, submarinos, camiones y vehículos, lo que le permiten ser el más importante introductor de droga a los Estados Unidos de Norteamérica. Algo más: declara que “se le han acercado” empresas petroleras para realizar inversiones lo cual, dice, le gustaría.

En México los grandes capos entran a la cárcel sin más que el uniforme que llevan puesto, el cual les regala el sistema carcelario, pero sus organizaciones y sus emporios económicos se quedan afuera intactos, lo que es una constante que se ha dado desde que comenzó la lucha contra el narcotráfico.

En el caso de Italia, un estado que ha tenido que luchar mucho contra el hampa organizada, las cosas suceden de una forma muy distinta. Por citar sólo un ejemplo: en 2004 la jefatura de la policía de Caserta, concluyó una operación con el arresto de 18 jefes de una familia de la mafia, pero junto con un emporio empresarial (Eurolat), más una serie de empresas paralelas relacionadas con la construcción, bienes inmuebles, casas de labranza (ranchos), líquidos, azucareras, cementeras, usura, tráfico de drogas y tráfico de armas.

Por sentido común en México el lavado de dinero está distribuido en una gama de empresas igual o aún más extensa, entonces la captura de uno de los más importantes capos, si realmente hay toda esa labor de inteligencia que ha presumido el gobierno federal, debería estar acompañada por la confiscación de todo un emporio empresarial y de una infraestructura dedicada a la actividad específica del crimen, de otro modo el capo va a la cárcel y hereda el manejo de su emporio y todo sigue igual, como de hecho está sucediendo en buena medida.

¿A qué se teme? Porque es evidente que si en México el gobierno se resiste a una acción efectiva contra las organizaciones del crimen organizado, en los Estados Unidos de Norteamérica, por la cantidad de capos que mantienen en sus cárceles y por su sistema de inteligencia, deben poseer información detallada de toda la actividad económica que despliega el narcotráfico.

¿El escándalo de ver involucrados a tantos empresarios y agentes del lavado de dinero causaría un efecto que el gobierno federal teme no controlar? ¿O el escándalo alcanzaría a muchas de las esferas gubernamentales en las cuales van, juntos, desde gobernadores hasta altos funcionarios gubernamentales, pasando por militares, policías, jueces y otros más?

En Italia la policía le calculó tan solo a la familia mafiosa Shiavone, que forma parte del cártel de las familias de los Casalesi, ubicados en el sur de la península, una fortuna de 5.000 millones de euros, lo que les coloca como parte de la economía de varias provincias italianas. En México los cárteles de la droga movilizan cada año, de acuerdo a estimaciones de especialistas norteamericanos, alrededor de 20 mil millones de dólares, solo un poco menos de lo que representan las remesas que envía los migrantes de todo el país, consideradas como uno de los tres flujos de capital más importantes de la economía mexicana.

No es posible dejar de preguntarse cómo es que Joaquín “El Chapo” Guzmán, que se supone que era asediado por todo el aparato gubernamental mexicano, tuvo el desparpajo de disponerse a financiar una película o una serie televisiva sobre su vida porque otra que sale en la televisión norteamericana le desagrada; todavía más, que le dé una entrevista exclusiva a un conocido actor norteamericano y a una actriz mexicana para que la publique Rolling Stone, una de las más controvertidas revistas norteamericanas. No estaba tan apurado en su fuga y, evidentemente, estaba disfrutando de su libertad, o de sus “seis meses de vacaciones”, como sarcásticamente le mencionó el jefe del grupo élite de la Marina que realizó la captura.

Viéndolo así, la captura del narcotraficante más famoso de México, no debería ser sino el inicio del desmantelamiento de su enorme organización criminal, porque ésta estaba operando intacta cuando el capo estaba en la cárcel, cuando salió de ella y ahora que ha vuelto de nuevo a su celda.

Existen muchos aspectos sobre el narcotráfico de los cuales no se informa; toda la atención se centra en la persecución de los jefes de los cárteles y, sólo de manera secundaria, en la infraestructura criminal. Las investigaciones que lleva a cabo el gobierno federal mexicano, si se le compara con lo que se realiza en los países desarrollados, resulta un cuento de nunca acabar. Cada que abrimos el periódico nos encontramos con la aparición de un nuevo cártel, que ha surgido, junto con otros, de la división de una organización más grande, lo que puede ser ventaja estratégica porque reduce el poder de organizaciones que suelen rebasar al estado, pero complica muchísimo el mapa del crimen organizado, que se traslada de un estado al otro. Apenas ha descendido el problema en Michoacán, cuando pasa a Guerrero y de ahí a Morelos, cuando anteriormente se concentraba en algunos estados del norte del país. Los que trabajaban para un cártel, se dividen y comienzan a trabajar por su cuenta en todo tipo de actividades ilícitas, como el secuestro, el robo de autos, la extorsión, el robo de gasolina, el contrabando y muchas cosas más. El trasfondo está relacionado necesariamente con el no desmantelamiento de las organizaciones  criminales, con su sola dispersión en el mejor de los casos.

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