Marcados por EL RÍO: el agua lagunera, para vacas y grandes empresarios



LIGAR MEDIANTE FANTASMAS

Conocí a una bella e inteligente mujer en el DF que, en ese momento, vivía asfixiada por amoríos con poetas. Están locos, me dijo, así que pensé que mi acento norteño y mi orientación por la narrativa habían provocado nuestro encuentro; sin embargo, lo que atrajo su atención, me lo confesó en la mañana, fue mi playera de David Bowie. ¿Qué hay en Torreón?, me preguntó. Hablé de comida, de futbol, de música, de historia, del calor y del río. ¿Tienen un río? Sí pero ya está seco, contesté. Entonces no es un río, me contradijo. Claro que sí, me aferré, es un río pero no corre todos los días, pero sí lo he visto en fotos y en vivo.

¿Cómo explicarle a un fuereño que el río es de verdad aunque no fluya salvaje y libre por donde debería?

Concluimos que tenía que visitar Torreón y vivirlo. Es una cita, acordamos.


RESISTENCIAS, ALTERNATIVAS Y NUEVAS FORMAS DE ORGANIZACIÓN EN EL CAMPO LAGUNERO.

El jueves 26 de noviembre salimos de la Plaza Mayor de Torreón a las ocho de la mañana con destino al área protegida del Cañón de Fernández. Un grupo de ejidatarios de municipios de Francisco I. Madero y Matamoros, investigadores sociales y varios interesados entre los que destacaban niños nos reunimos para el primer día del foro organizado por el Colegio de San Luis, Encuentro Ciudadano Lagunero en defensa del agua, CEIDIL A.C., y coordinado por la Maestra en Gestión sustentable del agua Migdy García Vargas.

La carretera es un llamado. Incluso la terracería. Esos caminos ejercen la atracción abismal de lo desconocido. Veo por la ventana cómo el desierto de la Laguna se transforma  a medida que nos acercamos al Cañón. Aparece un golpe de verdor que, como habitante de la aridez, me resulta agresivo. Cerros verdes, álamos, ahuehuetes, mezquites todos enormes. Los niños desconocían que a tan sólo una hora y media de la ciudad, La Laguna pudiera cambiar tanto. Y en realidad lo que los niños nunca habían visto era el río. Sabían que existía. Todos hablamos de él. El Padre Nazas. Pero no lo han visto fluir. El Nazas es como ese fantasma de las leyendas que se aparece a gente mayor que cree en espectros; los niños lo recrean en la imaginación que es otra manera de vivirlo.

Llegamos al ejido Graceros y Loma Verde que corresponde al municipio de Lerdo pero, por su historia que nos relatarán después, también al municipio de Cuencamé de Durango. Desayunamos gorditas y café. Pensé que haría frío pero el clima tiende hacia lo caluroso. Gladys Aguirre, directora del Parque Estatal del Cañón de Fernández nos guía al salón de las asambleas ejidales donde los ejidatarios de Graceros nos esperan. Migdy platica el objetivo de la plática: que los ejidatarios de las diferentes localidades que comprende la región lagunera se conozcan y platiquen sus problemáticas en torno al agua, que se logren vínculos y organización para buscar soluciones regionales.


EL RÍO ABRE SURCOS Y CABEZAS

He visto en dos ocasiones al Río Nazas fluir por sus avenidas. En 2008 y 2010. La segunda vez fui al puente plateado sobre el lecho seco que une a Torreón con Gómez Palacio para ver la llegada del Nazas. El puente estaba lleno de gente y carros. Esperábamos hasta que se hizo de noche y vimos cómo poco a poco aparecía un líquido oscuro y espeso, abúlico; quizás esperábamos un torrente indomable que destrozaría las casas de las orillas como dicen que sucedió en 2008. Pese a lo decepcionante de ese momento, seguimos ahí de pie, atrapados por el magnetismo del agua y la imaginación. Días después el río tomó forma, llenó sus arterias y brazos subterráneos. Me enteré que no sólo absorbió pedazos de tierra sino cabezas de hombres que se tiraban desde los puentes y, por la poca profundidad del río, estrellaban su cabeza contra la tierra. El agua no llegó indómita y espectacular pero puso en evidencia su atracción mística para los laguneros.


EL CASO DE GRACEROS Y LOMA VERDE

Los ejidatarios contaron, por instrucciones de Migdy, cómo ha sido su relación con el agua. Empezaron los de Graceros.

Antes de 1968 el ejido Graceros y Loma verde se encontraba donde ahora está la presa Francisco Zarco “Las tórtolas”, en el municipio de Cuencamé, Durango. En ese entonces el río atravesaba al ejido: de un lado las casas, del otro las parcelas. Platicaron que para ir a trabajar se iban nadando y que los niños tenían que aprender a nadar desde pequeños porque a veces iban con sus papás a llevarles el lonche. Había agua para el uso doméstico y para el uso agrícola.

Hay que precisar que La Laguna pertenece a la cuenca Nazas-Aguanaval y que ésta, en términos hidrológicos, puede dividirse en tres partes: alta, media y baja. Incluso la cuenca abarca más municipios de Durango y de Zacatecas. Cada parte con flora y fauna particulares. Los municipios como Torreón, Matamoros, San Pedro, Francisco I. Madero, etc. corresponden a la parte baja: clima desértico.

Después de 1968, con la presa, movieron el ejido a donde actualmente se encuentra en Lerdo. Han pasado cuarenta y siete años y todavía los ejidatarios pelean la indemnización por las tierras. A partir de entonces el acceso al agua es racionado, se cierra la presa y no tienen agua ni para uso doméstico ni agrícola.

Podría parecer normal: o hay agua para toda La Laguna o no la hay para nadie; es decir, la construcción de la presa se hizo como promesa para administrar el agua y que así todas las localidades tuvieran acceso y no sólo los que estaban cerca del río.

“Ustedes tal vez crean que nosotros por estar cerca de la cuenca tenemos agua pero no es así, estamos igual que ustedes”, dijo uno de los ejidatarios de Graceros y Loma verde.

Al día siguiente, viernes 27, en el mismo marco del foro pero ya en el centro de Torreón, Gerardo Jiménez, Maestro en Sociología rural, explicó que en La Laguna hay muchísima agua para vivir bien, el problema es que está mal administrada, hacemos mal uso del recurso. ¿Quién administra el acceso al agua? ¿Qué hacemos, como comunidad, con el agua?


EJEMPLOS DE FRANCISCO I. MADERO

Los ejidatarios de Madero platicaron que tampoco tienen agua suficiente. ¿Quién la tiene entonces? ¿Por qué CONAGUA les impide abrir pozos o excavar a mayor profundidad a los terrenos de razón social y, sin embargo, los ejidatarios ven que los ranchos privados, los que pertenecen a empresarios, siempre tienen agua?

La producción agrícola ha dejado de ser rentable.  No existen precios de garantía. Los insumos son muy elevados, apenas se recupera la inversión. ¿Así quién va a querer trabajar el campo? Muchos campesinos terminan vendiendo o rentando las tierras a los empresarios. Curiosamente es así cuando las tierras sí tienen acceso al agua. Otro problema que resaltan es el relevo generacional. Y lo constata la presencia de puros adultos mayores en el salón. Los jóvenes abandonan las tierras, las venden, las rentan, emigran, no persisten por la lucha de sus derechos como lo hacen los mayores, quienes relatan por todas las dependencias que han pasado y que les han cerrado las puertas, señalan a los dirigentes de asambleas y comisariados ejidales como cómplices de esa estructura de corrupción que impide que los campesinos hagan valer sus derechos.

¿Cómo rebasar por la vía legal a esa estructura de corrupción? ¿Qué hacer cuando durante años de luchas no se ven resultados alentadores?


LAS TÓRTOLAS

Hay días en que invariablemente te persigue la idea de una persona. Una calca, una sombra. Pienso en esto por la imposibilidad de que ella pueda ver lo que veo. Insisto en esas ideas de compartir, de encontrar maneras de enriquecer esta experiencia llamada vida. Le mando un par de fotos en cuanto tengo señal de internet en el celular. Nos bajamos del camión en cuanto llegamos a la presa Francisco Zarco. De un lado apenas un hilito de agua: el río que los niños no conocían. Al otro lado el agua apresada. Tomamos las fotos de rigor. Los cerros nebulosos erguidos sobre la cama de agua azul. Un ejidatario que también es vigilante ambiental y guía del Cañón de Fernández nos platica que del lado donde estamos es Lerdo, el otro extremo es Mapimí, a un lado del cerro es Cuencamé y del otro lado es Nazas. El vigilante es de estatura baja, delgado, piel tatemada como buen ranchero, texana, camisa vaquera desfajada de un lado, pantalones cafés, un cinto con hebilla de la bandera de México, tenis desgastados y lentes de gota que no se ha quitado ni cuando estuvimos en el interior del aula donde platicaron las anécdotas y problemáticas.

Las eras se acaban en fuego o en agua, dice, la primera era, la de Adán y los dinosaurios, se acabó con fuego. Después vino otra era, la de Noé, que se acabó con agua. ¿Cuál creen que nos toca ahora? Sí, está escrito que con fuego nos vamos a acabar. ¿Saben cómo se formaron estos cerros, mírenlos cómo la parte de uno embona con la del otro, eso se debe a que cuando se acabó en fuego pues se fundió y después con el agua se enfrió hasta volverse piedra y se fueron moviendo hasta separarse, así como en una olla de presión que se quiere salir y reventar, así le pasó a la tierra.

Tengo deseo de una cerveza, una mojarra frita y la presencia de ella aquí en Las tórtolas, como se le llama también a la presa, seguro de que ambos encontraremos, con la mirada clavada en el agua, algo de magia o de fuego entre nosotros.

El vigilante señala una escultura blanca de un Cristo con los brazos abiertos justo en sobre la superficie del agua junto a un cerro. Ahí está nuestro cementerio, dice, fue lo único que dejamos cuando nos cambiamos, dejamos a nuestros muertos bajo el agua.


VISIÓN DE ALDEA

Cuando hablo de drogas en Torreón me remito al pasado. ¿Se acuerdan cuándo todavía había dílers, cuando vendían gramos a doscientos cincuenta, cuando había de dónde elegir? Parezco un anciano hablando de los mejores tiempos, como si la vida antes del 2006 hubiera sido la de una aldea de caricaturas.  No es así. En lo ingenuo se esconde lo terrible. Una oreja encontrada en el campo de una típica y pequeña ciudad esconde un mundo perverso, como en la película Blue Velvet, de David Lynch. O la desaparición de una jovencita en apariencia inocente esconde un entramado de corrupción, perversiones y maldad primigenia como en la serie Twin Peaks del mismo director. Así he aprendido a ver a La Laguna.

Cuando los ejidatarios hablan de la escasez del agua inmediatamente salta la pregunta. ¿Escaza para quién? Podemos ranchear y efectivamente confirmar que los ejidos, es decir, el sector público del campo lagunero, carecen de agua y la que tienen es de pésima calidad. Existe el caso emblemático de Finisterre. Un lugar donde el agua ha estado contaminada con arsénico durante años, lo que ha provocado el desarrollo de enfermedades en los habitantes. Consumir esa agua durante años ha causado que les amputen extremidades gangrenosas. Es un pueblo de mochitos, dice la gente.
¿Por qué no hay agua? ¿O por qué hay agua envenenada? Escribí líneas arriba que las investigaciones revelan que en realidad hay muchísima agua pero mal administrada.


VISIÓN DE CUENCA

La parte alta de la cuenca Nazas-Aguanaval es un clima de bosques que ha sufrido sobreexplotación de la madera. Los bosques y la vegetación filtran el agua al subsuelo. Han deforestado para poner establos de ganadería que también acaban con la flora. Es decir, hay menos agua que se filtra a los mantos acuíferos que alimentan a La Laguna.

La parte media es de pastizales. Se dedica al ganado, principalmente como exportación a los Estados Unidos. El sobrepastoreo ha producido peladeras, es decir, lugares secos y, volvemos a lo mismo, donde hay menos vegetación hay menos filtración.

La parte baja es desierto, matorrales. Aquí no se produce el agua, nos llega de manera subterránea de la sierra y, superficialmente, por el río Nazas.

El agua del subsuelo se recarga de manera natural manteniendo su calidad para el consumo humano. Existen ocho acuíferos en La Laguna. El que abastece a la mayor parte se llama El Principal. El problema es que los usuarios extraen más agua de la que deberían para que se pudiera recargar.  El 90% del agua de los acuíferos es de uso agrícola. ¿Qué producimos que consume tanta agua? El 80% de las tierras irrigadas son de alfalfa, alimento para el ganado. La alfalfa requiere 20 millones de litros por hectárea. Una vaca requiere de 30 a 50 litros o de 80 a 100 litros por día dependiendo del tipo. En La Laguna se producen cerca de 8 millones de litros de leche al día. Es decir, se practica ganadería intensiva, se favorece el cultivo de forrajes que necesitan mucha agua y no son del desierto. La conclusión es que el modelo de crecimiento de la región lagunera ha sido exitoso para unas familias pero insostenible por la sobreexplotación de los recursos naturales.

Esto no sería problema si la extracción no rebasara la cantidad que el acuífero necesita para poder recuperarse. Además existe una red de complicidades y corrupción que les permite a los empresarios extraer agua ilegalmente. CONAGUA otorga permisos, volúmenes de agua tanto para el sector privado como el social. Sin embargo es común ver que aparecen pozos en ranchos, mientras que por otro lado, en ejidos se les prohíbe perforar a mayor profundidad para llenar sus norias. Quizá no exista control sobre la apertura de pozos ilegales pero ¿y esos pozos cómo nutren su energía eléctrica para funcionar? CFE también está involucrada.

CONAGUA da permisos para explotar el agua. Se extrae más del doble de lo permitido. Nadie hace nada. El alcalde de Torreón, Miguel Riquelme, anuncia que en Torreón ya no existe problema de arsénico cuando la norma nacional NOM-127-SSA1-1994 (0.025 mg de arsénico por litro de agua) ya está caduca a nivel internacional pues la OMS señala que el límite debe ser 0.010 mg de arsénico por litro de agua. Si se apega a la norma nacional, son minoría los pozos contaminados en La Laguna. Si nos atenemos a la internacional, casi toda la región lagunera consume agua envenenada.


ESCASEZ DE AGUA, ¿PARA QUIÉN?

El foro permitió reconocer problemáticas idénticas pese a que los ejidos se encontraban unos junto a la presa y otros lejos de ella. Los ejidatarios señalaron que eran los grandes empresarios quienes podían comprar autoridades y que además, como lo señalaba el Maestro Gerardo Jiménez, los corporativos lecheros y agropecuarios eran los que acaparaban el agua para sus actividades. Hay agua para las vacas y cultivos insostenibles pero no hay para el uso doméstico. Y esto no es sólo una problemática de las afueras rurales, las mismas ciudades dentro de sus colonias carecen de agua. ¿Crecemos económicamente a consta de qué?

Una de las soluciones, que a juicio del mismo Gerardo, es imperativa es la de poner medidores a todos los pozos para que no se extraiga más agua de la permitida. Sin embargo los productores se han negado.


EPÍLOGO

Finalmente aquella bella chilanga conoció Torreón. No llegó por mí ni por el río fantasma. Jamás cumplimos esa cita. Llegó con su pareja que resultó ser lagunero. Se casaron hace tiempo. El novio no es poeta.

Por mi parte viajo tratando de domar la carretera Saltillo-Torreón. Viajé por motivos laborales y de placer. Siempre el gozo. De ida las semillas saladitas animaron mi resistencia al tedio. De regreso hay algo que palpita de manera misteriosa que me pone nervioso. Existe un canto hipnótico en el paisaje desértico de Coahuila. Manejar aquí no es para cualquiera. No se sabe dónde empieza la aventura y dónde nos seduce trágicamente el mito.



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