El país de los refrescos


Por: La redacción

De acuerdo a la Encuesta Nacional de Salud (2006), la ingesta de refresco supera inclusive el consumo de productos básicos, por debajo sólo de la leche y las tortillas.

La Encuesta Nacional de Ingresos y Gasto en los Hogares (ENIGH) del INEGI en 2010, establece que se destina entre el 7.5 y el 12% de los ingresos de las familias a la compra de refrescos, aguas azucaradas y jugos embotellados, destacando los refrescos de cola, con el 70% por ciento de todo el mercado.

La encuesta también establece que de cada 10 hogares en el país, 6 consumen refresco de manera habitual, pero hay estados como Coahuila, y en general el noreste de México, que tienen un consumo superior al de la media nacional de 164 litros por persona al año, debido a sus condiciones climáticas, a la influencia de la cultura norteamericana y a la eficiencia de las empresas refresqueras para promover sus productos.

Pero ¿cuál es el problema de consumir esas cantidades de refrescos por parte de las personas, niños y adultos?

La doctora Guadalupe Fabián San Miguel, directora médica de la Federación Mexicana de Diabetes (FMD), afirma que el alto consumo de refresco tiene una incidencia directa en la diabetes y la obesidad. Las posibilidades de que esto suceda, opina, han ascendido de un 9.2% en 2012 a cerca del 12% en 2013, lo que es muy preocupante para el sistema de salud pública del país y en particular de estados como Coahuila.

De acuerdo con la última encuesta de salud, el consumo de calorías y azucares se ha triplicado en los últimos años en los niños (de 81 a 250 kcal) y duplicado en los adultos (de 100 a 250 kcal), por el consumo de refresco, aguas azucaradas  y jugos embotellados.

Para el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) por cada porción de 277 ml de refrescos consumidos de manera diaria, el aumento de las posibilidades de padecer diabetes y enfermedades de sobrepeso aumenta hasta en un 60%, pero la presentación más chica que usualmente se consume en el mercado es de 355 mililitros, sin embargo la presentación que acapara la demanda en refresco es de 600 ml.

Los estudios del INSP establecen que en los consumidores ocasionales de refrescos son un 15% más propensos a padecer sobrepeso y obesidad, tanto adultos como niños.


¿QUÉ HAY EN LOS REFRESCOS?

Básicamente el problema de los refrescos y de los jugos embotellados es su muy alto contenido de azúcar, lo que propicia que quien los consume exceda las necesidades del organismo en glucosa, que se convierte en calorías y en grasa en el organismo, pero el riesgo más importante es la cantidad de glucosa que se acumula en la sangre, lo que hace trabajar de una manera adicional a ciertos órganos del cuerpo, como el páncreas.

En una medición de los contenidos de azúcar de los refrescos, actualizada en 2013 por la Secretaría de Salud, se establece que un refresco de 600 ml de la marca 7up contiene 70 gramos de azúcar, lo que equivale a 14 cucharadas pequeñas; la coca-cola contiene 63 gramos o 12 cucharadas; la Fanta sabor fresa 78 gramos y 15.6 cucharadas; la Pepsi 68 gramos y 13.6 cucharadas y la Mirinda 78 gramos y 15.6 cucharadas, por citar algunas de las marcas más vendidas en nuestro país.

De acuerdo a los especialistas en nutrición, el organismo de un adulto requiere entre 80 y 85 gramos de glucosa diariamente, los que provienen, en una alimentación sana, de las frutas, los carbohidratos, como el pan, y de algunos otros alimentos, pero la mala alimentación que lleva la mayoría de las personas propicia que el consumo de un refresco de 600 ml equivalga casi al total de glucosa requerida, por lo que si se suman todos los demás alimentos, entre los cuales suele también haber un alto contenido de carbohidratos, se propicia la obesidad y con ella todos los males que le acompañan, principalmente la diabetes y la hipertensión.

Llama la atención que el 70% de los refrescos consumidos son de cola, lo que la propia Secretaría de Salud explica por dos razones principales: contienen cafeína y se ha comprobado que ésta es adictiva, de ahí que el consumidor habitual se acostumbra a consumir diariamente una cierta cantidad de cafeína y azúcar, lo que le genera una sensación de bienestar físico. El otro factor es lo atractivo y eficaz de la publicidad que manejan las empresas refresqueras que producen las colas, las que se han convertido en verdaderos íconos de la cultura del consumo. Una de las primeras palabras que aprende a expresar un niño pequeño dentro de ciertos medios es “coca”, lo que da una idea de este fenómeno.

Los refrescos no son los únicos en muy altos contenidos de azúcar. Los jugos embotellados, tés, red bull, yogures y otras bebidas que se encuentran en el mercado tienen contenidos casi similares y en algunos casos hasta superiores de azúcar, por lo que deberían ser considerados como de consumo moderado y restringido a los menores de edad.

El año pasado el poder legislativo le fijó un impuesto especial a los refrescos, pero las empresas refresqueras estuvieron cabildeando para que éste se disminuyera, lo cual ya se había logrado pero tuvo que entrar nuevamente a debate por la presión de algunos partidos políticos; no obstante, el cuestionamiento es si gravar con impuestos especiales a los refrescos es la solución para bajar su consumo por parte de la población, lo que no ha funcionado con otros productos de menor penetración social, como el tabaco y el alcohol.

Lo comprobado es que el alto consumo de refrescos sí tiene una incidencia directa sobre el incremento de la obesidad y de las enfermedades que ésta propicia, por lo que se requiere disminuir su consumo excesivo, como una medida de salud pública, lo que sólo se considera que es posible a través de la educación del consumidor y, en particular, de la educación de las familias en sus hábitos de vida y en su alimentación.


Comentarios

Entradas populares