Se complica la política en Coahuila

Por: Álvaro González

EL ESCENARIO POLÍTICO para los próximos dos años se ha complicado de una manera inédita en Coahuila, Torreón y en la Comarca Lagunera. Si las circunstancias en política son determinantes, éste es el caso. La cita de este complicado escenario político-electoral es en el verano de 2017, cuando se renueven los 38 ayuntamientos, la gubernatura del estado y las diputaciones locales; todo al mismo tiempo.

El Congreso del Estado de Coahuila acaba de implementar una serie de reformas políticas que vienen a provocar, en términos pragmáticos, todo un laberinto, pero además hay otras circunstancias: Miguel Riquelme Solís, actual alcalde priista de Torreón, es aspirante en firme a la gubernatura de Coahuila, a lo que se añade que tanto el PRI como el PAN enfrentan una escasez de cuadros políticos y una posición difícil ante los electorados, que les han hecho perder una parte sensible de su votación en las últimas elecciones municipales, estatales y presidenciales.

Lo novedoso de este proceso es que, debido a las recientes reformas, los alcaldes que se eligen en 2017 durarán sólo un año en su cargo, por lo cual habrá nueva elección de alcaldes en 2018, junto con la elección presidencial, los cuales regresarán a un periodo de tres años en el cargo, en lugar de cuatro, pero podrán reelegirse en su cargo por tres años más, con lo que podrá haber alcaldes hasta de seis años.

Lo complicado es que hay muy altas probabilidades de que el alcalde de Torreón renuncie a su cargo a principios de 2017 o finales de 2016, con lo cual habría necesidad de designar a un alcalde interino para Torreón, que duraría solo un año en el cargo, el 2017, pero el siguiente alcalde electo duraría también un año en el cargo, 2018, para que viniera un tercer alcalde por tres años.

En el caso de los diputados locales, serían electos también en el 2017, pero durarían también sólo un año en el cargo, el 2018, pues habría elección nuevamente para diputados, los cuales de manera inédita y muy controversial, se podrán reelegir en el cargo hasta por dos periodos, lo que significa que pueden permanecer en el cargo hasta 9 años si el electorado así lo decide.

El Congreso de Coahuila tenía que empatar un proceso electoral, por mandato nacional, para eliminar costos y simplificar el hecho de que casi cada año haya un proceso electoral en la entidad, pero no había necesidad ni mandato para acortar los periodos de los alcaldes, lo que ha venido a generar todo un laberinto, que resultará inclusive confuso para los electores que , al menos en el caso de Torreón pueden tener tres alcaldes en tan solo dos años, algo que jamás se ha dado en la historia política local.
De esta forma tenemos al menos tres escenarios posibles:

Primero, la renuncia de Miguel Riquelme para ir en busca de la gubernatura, que se da como un hecho desde la perspectiva de hoy. ¿Quién sería designado como alcalde interino por un año? Es evidente que alguien de plena confianza del propio Miguel Riquelme. ¿Pero quién que haga un muy buen papel y cierre el periodo de cuatro años? Unos apuestan por Miguel Mery, primer regidor, un perfil joven, aunque físicamente parece más de lo que es (ya está sobre los 43 años); otros abogan por Jorge Luis Morán, el Secretario del Ayuntamiento, un perfil más bajo y más difícil de vender a la ciudadanía. Se puede dar otra posibilidad.

Segundo, un alcalde interino que sea el mismo candidato en el 2018. Esto significaría buscar un perfil más alto para el presidente municipal interino, quien duraría un año en el cargo, cerraría el periodo, tendría un posicionamiento natural ante la ciudadanía, relaciones y “amarres”, como se le dice en el medio político a los acuerdos. Terminaría en diciembre de 2017 pero regresaría a más tardar en tres meses y medio al proceso interno de su partido y en dos meses y medio más a la elección constitucional, su campaña se simplificaría mucho, porque ya tendría todo el municipio recorrido y el gasto en medios también sería menor, ya que estaría bien posicionado ante la opinión pública, además que ahorraría la búsqueda de un candidato adicional, reduciendo de dos a tres los perfiles que se necesitan.

Tercero, disponer de tres hombres diferentes, o una mujer y dos hombres, depende, uno para el interinato, otro para la alcaldía de un año y otro para la alcaldía de tres años. Esto tiene muchas dificultades, la más importante de ellas es que el PRI está muy escaso de buenos perfiles, como para disponer, en un tiempo tan corto, de tres buenos para cubrir esa sucesión tan singular de alcaldes. Habrá que recordar que en las elecciones presidenciales al PRI le ha ido mal en La Laguna, porque el PAN y, anteriormente, el PRD suben mucho su votación, por lo cual la elección presidencial podría “arrastrar” la elección de alcaldes si los perfiles no son fuertes, lo que significa que deben de tener mucho peso por sí mismos. También hay que tomar en cuenta que tener tres alcaldes diferentes en dos años, uno interino y dos electos, puede causar cansancio entre la ciudadanía, quitándole relevancia a la elección de 2018, que es la más importante de las tres, y en ella se juega prácticamente todo.

Tener tres alcaldes diferentes en dos años,
uno interino y dos electos, puede causar
cansancio entre la ciudadanía, quitándole
relevancia a la elección de 2018.


LOS PERFILES: POCOS Y NO TAN BUENOS

El PRI ha propuesto un esquema político que exige contar con una gran cantidad de buenos cuadros: para cubrir las candidaturas a las alcaldías, a la gubernatura, a las diputaciones locales y a las diputaciones federales, todo al mismo tiempo, pero circunstancialmente y debido al manejo político de los últimos años, está pasando precisamente por una crisis de buenos cuadros, de perfiles altos que puedan competir con ventaja contra quien sea, cuando la ciudadanía se ha puesto más exigente que nunca con el viejo partido.

¿Con que cuadros reales se dispone para la presidencia municipal de Torreón? La lista es muy corta: Rigoberto Fuentes, actual Secretario de Desarrollo Social en el estado; Shamir Fernández, actual diputado local y presidente del PRI de Torreón; Verónica Martínez, diputada local y presidenta del PRI estatal. ¿Quién más? En un segundo nivel Miguel Mery y se acabó la lista, a menos que se quiera agregar a Salvador Hernández Vélez, Secretario General de la UA de C, quien tiene una larga carrera política y está en busca de la rectoría, pero, estando las cosas como están, es un perfil que hace más falta en este rejuego próximo que en la universidad, donde al actual rector todavía le queda la reelección. Hernández Vélez es un cuadro que en experiencia y habilidades electorales está por encima de gentes como Verónica Martínez, con mucho.

En resumen pragmático, el PRI tiene sólo tres perfiles para echar mano de ellos en el caso de la presidencia municipal de Torreón: Shamir Fernández, Rigoberto Fuentes y Salvador Hernández, en orden de posicionamiento ante la opinión pública. Verónica Martínez es un buen cuadro, pero sigue siendo “verito”, una muchacha a la que se le sigue viendo como tal, sino que le pregunten a los cuadros del PRI estatal la percepción que tienen de ella, que sería una percepción partidista, algo no comparable con la percepción de una ciudadanía cada vez más exigente.

Había un cuarto posible precandidato: Antonio Juan Marcos Villarreal, hijo de Salomón Juan Marcos, pero hoy se ha convertido, por esas cosas de la justicia divina, en un prófugo de la justicia, acusado de asociación delictuosa y lavado de dinero, junto con su hermano, Salomón junior, así que está por completo fuera de cualquier posibilidad, junto con su padre.

Otro factor que reduce la baraja política es la salida de Enrique Martínez y Martínez del gabinete federal, lo que deja por el momento en el desamparo a varios políticos que habitaban a la sombra del exgobernador de Coahuila.

Ambos sucesos despejan el camino a la gubernatura a Miguel Riquelme Solís, especialmente el caso de Martínez y Martínez, quien es un hombre de muchas relaciones e influencias a nivel federal, estatal y de Saltillo, capital.

Para diputados locales sí hay de dónde echar mano, porque ya se sabe que diputado local, casi cualquiera.


EL PAN: POCOS Y PELEADOS

Partiendo de que Coahuila es básicamente bipartidista, el PAN es la otra fuerza política que está ante el electorado en esta singular coyuntura. Su problema principal es también de cuadros: la camarilla que controla actualmente el partido en La Laguna y, por lo menos hasta ahora, en el estado, no ha querido repartir el pastel, de tal manera que el número de buenos perfiles es también muy reducido.

Si se hace el recuento de posibles candidatos para la presidencia municipal de Torreón, se puede mencionar a Jorge Zermeño Infante, Marcelo Torres, Luis Fernando Salazar, Jesús de León y se acabó la lista, porque hay perfiles como el de un Carlos Bracho, que fue diputado federal, que tiene con que pelearla en serio (carisma, don de gentes, sin “cola” que le pisen), pero se ha tenido que mantener distante del partido por el problema de las pugnas internas y de la camarilla que controla Guillermo Anaya Llamas. Es también el caso de Jorge Zermeño, quien acaba de perder como candidato a diputado federal y tiene problemas con Luis Fernando Salazar y con Guillermo Anaya, además de estar en malos términos con Jesús De León, a quien nunca quiso apoyar pese a que se le pidió reiteradamente. Las cosas se complican por el factor humano.

Luis Fernando Salazar desea ser candidato a alcalde de Torreón, pero no de un año sino de tres, o hasta de seis si se puede; muy difícilmente va a ceder en su empeño y tiene un control importante al interior del partido. A Jorge Zermeño ya le dieron la oportunidad en la diputación federal y perdió, lo que le dejaría la mano a Marcelo Torres Cofiño para la elección de la alcaldía a un año, eso si el panista quiere.

El problema es que deberán ser dos candidatos a la alcaldía de Torreón, dos a Saltillo y así sucesivamente, además de los candidatos a las diputaciones locales, a la gubernatura, donde se perfila con todo Guillermo Anaya Llamas, y por añadidura para las diputaciones federales en el 2018.
En un momento dado la candidatura a la alcaldía de un año podría ser una posición de “consolación” para alguno de los aspirantes, pero es toda una campaña muy costosa y muy desgastante para un periodo tan corto, que será de mera transición, de ahí lo complicado del asunto.

Las vacas flacas en el PAN de Torreón, que se supone es el mandón a nivel estatal, ya se han reflejado desde la representación del partido en el actual ayuntamiento de la ciudad, donde los regidores y la síndica han jugado un papel muy pobre a lo largo de casi ya dos años. Lo mismo ha sucedido con la elección de presidente del PAN de Torreón, donde María Eugenia Cázares ha ganado apenas con el 25% del padrón del partido, aunque realmente se ha convertido en dirigente con el 20% real, lo que está muy penoso y da una idea del ambiente interno que se vive al interior de la segunda fuerza política del estado.

Esto de la reforma política causa poca satisfacción y,
hasta ahora, le ha aportado muy poco al
proceso democrático, porque ordinariamente
se convierte en un asunto entre
partidos y entre políticos.


¿POR QUÉ TANTO EMBROLLO?

La razón por la que se ha generado tanto embrollo de cara al proceso político-electoral del 2017 no está clara, sobre todo el haber introducido un elemento que mete mucho ruido como lo es el de la reelección de alcaldes y diputados. Un político podía volver a ser alcalde, siempre y cuando no fuera de manera inmediata; un diputado local estaba en la misma situación, pero tener un alcalde por seis años parece un tiempo demasiado largo si tomamos en cuenta que los periodos de cuatro años no resultaron lo más adecuado, de acuerdo a la experiencia. Sería necesario que un alcalde fuera muy bueno para que el electorado lo reelija, pero hay el riesgo de que surja por ahí algún animal político de esos que se les da el populismo y dedicara, con todos los recursos públicos, su tercer año del primer periodo para lanzarse en busca de la reelección, donde se supone debe dejar a un interino por algunos meses para hacer campaña constitucional. Suena complicado desde un punto de vista pragmático.
La reelección de los diputados locales parece todavía más difícil, porque ordinariamente la ciudadanía no tiene un referente claro de si un diputado hace bien o mal su trabajo, lo que obligaría positivamente a los diputados que deseen reelegirse a estar más en contacto con sus distritos; pero aspirar a un segundo o hasta un tercer periodo en el cargo se antoja excesivo, porque podríamos tener diputados de hasta 9 años, tres años más que los propios gobernadores.

Existe la impresión de que este asunto de las dos reelecciones lo negociaron los propios diputados como una canonjía para el poder legislativo, aunque en los últimos años en la política de Coahuila se percibe una tendencia a estar en un constante movimiento de posiciones políticas. Los gabinetes rotan demasiado, para el gusto de los observadores, aunque se trate de las mismas gentes que van de una posición a otra, sin que sean plenamente identificados por la ciudadanía, por lo menos no en las regiones, que son distantes y muchas veces ajenas a lo que sucede en la capital del estado.

Esto de la reforma política causa poca satisfacción y, hasta ahora, le ha aportado muy poco al proceso democrático, porque ordinariamente se convierte en un asunto entre partidos y entre políticos, no de ciudadanos, que son quienes deberían estar en el centro de toda reforma política-electoral, pero además hay la impresión de que se improvisa mucho, a partir de decisiones que se toman en los escritorios de la burocracia gubernamental y no en consensos sociales amplios, de ahí que muchas cosas no funcionen como deberían. Ahí está el caso de las alcaldías de cuatro años, que sólo han durado tres periodos para ser desechadas y regresar a las de tres años, lo que significa que las cosas no se pensaron con la debida solidez.

Lo que tenemos hoy en puerta es un proceso político-electoral muy complicado, pero que será decidido básicamente en las camarillas políticas de los dos partidos principales, los ciudadanos tendrán que adaptarse a estas decisiones ya tomadas, lo que explica que cada vez sea más fuerte el movimiento ciudadano que reclama una mayor participación, a través de candidaturas independientes y de una participación más sustancial y más definitiva en los procesos políticos. Ésta es una tendencia nacional que se irá fortaleciendo en un futuro inmediato.


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