Los bancos no son para pobres



Daniel tiene un problema grave: su madre está enferma y requiere de una operación quirúrgica que le cuesta 10 mil pesos. La familia se ha reunido y, de a poco cada uno, han juntado 7 mil pesos, así que hay que buscar la manera de conseguir otros tres mil pesos. Para ellos, que se dedican al comercio informal, la única posibilidad es recurrir al Nacional Monte de Piedad. Cargan con su televisión y se dirigen a esta popular institución de préstamo. El valuador les indica que se les pueden prestar 2 mil pesos, pero el valor de avalúo de la televisión es de 3,194 pesos. El interés oficial es de un 3% mensual (36% anual), pero es sobre el precio de avalúo no sobre el crédito que se les da, con lo cual el interés real es cercano al 4.5% mensual y el costo anual sube hasta un 54%. A los cuatro meses tendrá que pagar 390 pesos de intereses, y en los dos siguientes cuatrimestres 319.20 pesos. No hay alternativa: es la única posibilidad para una gente pobre de obtener un crédito personal.

Acudir a otras instituciones es carísimo, como la casa de empeño Dondé, que se ostenta como una fundación de beneficencia y cobra casi tres veces lo que el Nacional Monte de Piedad o, peor aún, recurrir a casas de empeño como FirstCash, que tiene una tasa de cobro mensual que ronda el 20% mensual.

Recurrir a otras opciones como Compartamos, Prosperemos, Financiera Independencia, Avance, cooperativas prendarias y demás es carísimo; se puede contraer un crédito que se pagará dos, tres o más veces, en el supuesto caso de que se cubran los requisitos que solicitan, que no son pocos.

La otra alternativa es tan oscura como riesgosa: recurrir a los agiotistas de barrio, que prestan con un 10, 15 y hasta el 20% de interés mensual, ya sea que pidan algún tipo de prenda si el préstamo no es muy grande, o si sí lo es, el endoso de escrituras de viviendas o de automóviles, los que no pocas veces terminan perdiéndose. Es un mundo soterrado, porque opera sólo a través de las relaciones personales, de boca en boca y de recomendación en recomendación, bajo la advertencia de que negarse a pagar puede traer como consecuencia la “cobranza” de sicarios profesionales. Dentro de los medios populares es bien conocido que un prestamista que no inspira miedo a su clientela incumplida no es agiotista.

La familia Torres ha vivido de manera directa esta experiencia. Por la enfermedad de uno de los hijos y para cubrir unas deudas que venían arrastrando, recurrieron a un agiotista para solicitarle un crédito de 80 mil pesos. El requisito fue endosar las escrituras de su casa, ubicada en la colonia Jacarandas, con un valor de avalúo cercano a los 400 mil pesos. Los intereses eran altísimos: 12 mil pesos mensuales, que estuvieron pagando con muchos esfuerzos por casi tres años, pero finalmente ya no pudieron, el agiotista, a quien además le habían firmado pagarés, les cargó intereses sobre intereses y la cuenta creció más allá de los 200 mil pesos. Desesperados, acudieron a  pedir una consideración y lo único que lograron fue desastroso: entregar la casa y recibir “la diferencia” de su valor, que en este caso fue de apenas 95 mil pesos. Los Torres consideran que corrieron con suerte; otros agiotistas se esperan hasta que se dé una mayor acumulación de intereses y se quedan con los bienes.

La realidad es que para los pobres en México no hay bancos que otorguen créditos. Lo más que se puede obtener de la banca comercial es el servicio de cobro de nómina con tarjeta de crédito, pero ese trámite lo hace el patrón. Cubriendo ciertos requisitos se puede tener acceso a una tarjeta de crédito, pero eso más que un beneficio puede ser un grave riesgo, pues el costo total anual puede alcanzar el 50% o más de intereses, en caso de que no se pague a tiempo el total del adeudo mensual, lo que es algo demasiado frecuente en una gente de escasos recursos económicos.

El problema es que en México el 52% de la población vive en condiciones de pobreza, por lo que los servicios bancarios están reservados para una parte de la clase media y para la clase alta, si se trata de obtener algún tipo de crédito personal o de cualquier otro tipo. En ciertas circunstancias esto puede ser un serio problema, pero viéndolo desde el punto de vista del costo del dinero puede considerarse un beneficio no tener acceso a la banca comercial, cuyo dinero es carísimo, pero no se obtiene hasta después de haber pasado por enredosos trámites administrativos, que incluyen toda una investigación.


CRÉDITOS CARÍSIMOS

María de la Paz y Sergio son un pareja de profesionistas que tienen ocho años de casados y dos hijos. Han decidido comprar casa en un fraccionamiento cerrado de los que se promocionan al nororiente de la ciudad. Sergio se considera exitoso: gana 17 mil pesos mensuales libres, un salario considerado como alto en la región, mientras que María de la Paz percibe 10 mil pesos mensuales libres.

De acuerdo a los encargados de ventas del fraccionamiento, para ellos hay un “Crédito Hipotecario Inigualable  AAA”, que ofrece Bancomer. Ellos creen en lo “inigualable” y lo adoptan para comprar una vivienda con un costo de un millón 115 mil pesos, que no es sino una casa con recamara principal, dos recamaras chicas, sala comedor chicos, cocina sin equipar, sala de televisión chica, espacio para estacionar dos automóviles, un pequeño jardín, una diminuta lavandería, todo en un terreno de solo 147 metros cuadrados. El equipamiento de la casa correrá por cuenta de ellos, que es una cantidad considerable.

Están entusiasmados, porque además la casa muestra está decorada por profesionales con muebles de diseñador, carísimos y para ellos inaccesibles, pero esto es algo que el entusiasmo pasa por alto.
La realidad de los números de la hipoteca son mucho más fríos, sin concesiones. El enganche mínimo es de 111,500 pesos, en lo que tendrán que invertir todos sus ahorros de años. El avalúo, que es negocio adicional del banco, costará 3 mil 487 pesos; los gastos de investigación 780 pesos y los gastos notariales 66 mil 900 pesos. El total es de 71 mil 167 pesos, más los 111,500 pesos del enganche mínimo. En eso se irá todo cuanto poseen en ahorros y se quedarán con algo de deuda, pues es una erogación de 182 mil 667 pesos en total por tener acceso al crédito de la casa.

La mensualidad será de 9 mil 699 pesos, el 30% de sus ingresos totales a un plazo de 20 años. Cuando estén en el año número 10 del crédito, deberán de capital 753 mil 531 pesos y habrán abonado tan solo 252 mil 968 pesos a la deuda, cuando a los 55 años de edad terminen de liquidar su casa, habrán pagado 2 millones 317 mil 788 pesos, un poco más del doble del valor de avalúo que tuvo la casa al momento de contraer el crédito. En 9 años el banco recupera todo su dinero y los 11 años restantes son de ganancias, un negocio que se aplica de igual manera en el financiamiento de automóviles nuevos y usados.


CON DINERO SE OBTIENE DINERO

Si un muchacho del medio popular se gradúa de la universidad y decide convertirse en emprendedor, va a requerir de un capital mínimo, lo mismo le pasará a un muchacho de clase media. Para ello podrían recurrir al banco, pero en cualquiera de los dos casos no tienen un historial crediticio, así que incumplen con el primer requisito, pero además deben cubrir con toda una burocracia bancaria que incluye una investigación a fondo. Si la salvan, por un crédito de 250 mil pesos les cobrarán un interés promedio del 39 por ciento anual, más IVA, a un plazo máximo de 36 meses, con pagos fijos y opción de liquidar antes sin castigo. La posibilidad de obtener el crédito es muy difícil, pero si tramitaran un crédito PYME (para pequeñas y medianas empresas), los costos de los intereses son exorbitantes. Por los mismos 250 mil pesos, el costo es de un 3.33 mensual más 11 puntos, más 2% por comisión de apertura, lo que hace un costo de 49% más impuestos, algo que es financieramente muy difícil de manejar para un negocio o empresa pequeña. Sin embargo es la realidad de los servicios bancarios para las pequeñas empresas en México, así que no sólo los pobres están excluidos de los bancos, también todas las pequeñas empresas, que son las que más empleo generan en el país.

Revista de Coahuila hizo un simulacro en el Banco Santander para obtener un crédito PYME por 350 mil pesos. Después de tres meses de trámites burocráticos y de cubrir un listado realmente grande de requisitos, “el comité decidió que no era factible otorgar el crédito”, así de simple. Entre los requisitos hay exigencias prendarias, esto es un respaldo de algún bien que valga mucho más que el crédito solicitado, estados financieros, récord bancario, investigación de los buró de crédito, declaraciones de impuestos al día, llenado de formularios, entre los más importante.

Para animar a sus clientelas, no son pocos los bancos que colocan enormes anuncios en sus fachadas ofreciendo “fantásticos” rendimientos del 4% anual en las inversiones de ahorro, aunque con letra muy pequeña colocan la leyenda “menos impuestos” o “aplican restricciones”. Negocios “insuperables”: pagar a 4% anual menos impuestos el ahorro, no importando que sean cantidades considerables y cobrar 35% anual los créditos personales, que son los baratos, porque el más frecuente, que es el de tarjeta de plástico, se cobra desde un 34% anual hasta un 52%, lo que no sucede en ningún otro país de mediano desarrollo del mundo. Tal vez de ahí venga el discurso oficial de que tenemos un sistema bancario “capitalizado”, “sano” y “fortalecido”.      

¿Qué hace entonces la gente pobre cuando necesita dinero para cubrir una necesidad? Se recurre a la familia, a ciertas prácticas de ahorro comunitario, que son denominadas como “pitarras” y consisten en ahorrar semanal, quincenal o mensualmente una determinada cantidad, se sortean números y cada uno de los integrantes del grupo va recibiendo su cantidad, más un pago adicional para el organizador y responsable.

Hay otros recursos, en este caso sólo para mujeres, a través de financieras como Compartamos, que organiza un grupo de ahorro, con un monto inicial de 5 mil pesos por persona, por los cuales hay que pagar 75 pesos por cada mil, por un plazo de 16 semanas, lo que hace un total de 6 mil pesos, con 20% de interés cada cuatro meses, pero no se tiene que dar ninguna prenda o bien en garantía. El monto de lo prestado va aumentando con cada año que participa la persona, hasta alcanzar cantidades de 30 mil o hasta 40 mil pesos, lo que ordinariamente se maneja y se reparte por familias. Es dinero caro, pero finalmente accesible.

Es de llamar la atención el hecho de que la mujer es considerada como más confiable para el otorgamiento de crédito porque cumple con su compromiso, mientras que entre los hombres el índice de incumplimiento es bastante más alto.

En lo referente a vivienda la gente pobre autoconstruye sus casas, en terrenos que compran con facilidades o que provienen del precarismo. El motivo más frecuente de urgencias económicas son problemas de salud, ya sea porque no se cuente con el servicio del IMSS o porque esta institución en su incompetencia los obliga a buscar servicios privados de medicina, que son bastante caros.
Quienes tienen automóviles los adquieren ya muy viejos en cantidades reducidas y ellos mismos los reparan, en caso de desperfectos, o bien recurren a la compra de autos “chocolates” u “Onappafos”,  que son automóviles norteamericanos usados introducidos ilegalmente al país. En comunidades como los ejidos, prácticamente el total de los vehículos que se usan son “chocolates”, lo que les permite no pagar impuestos de tenencia ni placas.

La compra de ropa usada de procedencia norteamericana es una práctica muy común. Se vende a través de la red de “tianguis” que operan en la región. Una camisa puede costar 15,20 o 25 pesos, dependiendo. Hay ropa de todo tipo.

Los zapatos se compran en abonos en las cadenas de zapaterías que operan en la ciudad, como “B Hermanos”, “La moderna” o “3 Hermanos”, donde se compra con vales pagaderos a ocho quincenas con dos meses de gracia para comenzar a pagar. Este sistema de vales está extendidísimo en las colonias populares y de clase media baja. Además de zapatos se pueden comprar con vales otros objetos como celulares, mochilas, entre otras cosas. Los vales los otorga una vecina, que a su vez responde de manera personal ante el establecimiento, a cambio de una comisión. Si un cliente no paga, el distribuidor tiene que pagar: el establecimiento nunca pierde.

Los muebles se adquieren a través de alguno de los miembros de la familia que tenga empleo formal, en establecimientos como Coppel, Elektra, Famsa, donde hay que presentar un comprobante de ingreso, un comprobante de domicilio y una identificación, bajo condiciones muy desventajosas. Los muebles, además de baja calidad, tienen precios muy altos con respecto al mercado. En el caso de Famsa es obligatorio comprar un seguro para el respaldo del artículo, en caso de que salga defectuoso, por una cantidad de 55 pesos mensuales en una compra de 12 mil pesos a crédito. Además de que el seguro muchas veces no se respeta, la tienda se queda con él, aunque implique un pago anual de 660 pesos, que se agregan al costo de la mercancía.

En definitiva el arte del pobre es la sobrevivencia, el ingenio y la resistencia a la adversidad; para ellos no hay bancos, tienen que arreglar sus problemas de la mejor manera que les sea posible, como puedan.

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