El mariachi que quedó


Para muchos es memorable la época de abundancia en Torreón. Recordamos esos viejos buenos tiempos de la nieve Estrella, de la COTSA (Compañía Operadora de Teatros) que manejaba todos aquellos cines que dejaron nostalgia en la Comarca Lagunera (Nazas, Modelo, Torreón, Variedades, Princesa, Laguna, y Cinema El Dorado). Las ferias y la Zona de Tolerancia, todo este festín de buena y barata vida que se daba a granel en la Comarca; había grandes tiendas departamentales, buenas zapaterías, un clima tranquilo y apacible que cobijaba esta Laguna. Había también buenos espectáculos, casinos y bares. Pensar hoy en el gran Gota de Uva por la Matamoros esquina con Múzquiz, me lleva a recordar a los tríos que se ofrecían toda la noche, los conjuntos norteños y, esta vez en particular a los hoy casi desaparecidos mariachis laguneros.

Foto: Sahian Muro
En los tiempos del algodón y de la uva los mariachis abundaban por toda la Múzquiz hasta llegar a ese bar que albergaba toda la farándula musical pachanguera. El bar Gota de Uva, con su gran espacio por el lado Múzquiz y la entrada al billar por la Matamoros, abría de 10am a 6am. Mi tío Alfonso trabajaba con un trío llamado D’ Velar y me contaba de todos los cancioneros, norteños y mariachis que por allí reinaban (Los Gavilanes, Nueva Aurora, Mariachi del Cerro de la Cruz, Los Fernández) y que traían gente de Jalisco; los consentidos de Radio Ranchito y Canal 2 eran Los Madrugadores, de Pablo Pacheco; todos bien vestidos con el traje de charro, sombrero, botas y pistolas de verdad, algunos con decoraciones bordadas sobre las espaldas de las chaquetas.

Entonces empezaban las serenatas. Era común ver una larga fila de coches desde el Boulevard Independencia hasta la Morelos, los clientes se detenían para pedir precios a los mariachis. Una vez me dijo mi tío que la hora costaba de 300 a 500 pesos. No todos traían las mismas canciones, pero el repertorio era muy amplio; Los Fernández traían música clásica mexicana y Los Gavilanes manejaban un repertorio muy antiguo al estilo los violines de Villa Fontana, pero Los Madrugadores sí se las sabían todas, decían los abuelitos de Torreón: canciones vernáculas y antiquísimas de la revolución, que se bailaban en aquellas fiestas patrias, decían, además sus precios eran moderados y traían 4 trompetas 4 violines, 4 armonías y 4 cantantes con buen pulmón para cantar a viento libre el famoso Niño perdido. Todos los mariachis traían su móvil: una gran furgoneta muy bien equipada; con grandes rótulos del nombre del mariachi. De jueves a domingo eran llenos totales en esa ruta, la ruta de la armonía, como le llamaban los conductores y transeúntes que frecuentaban esos rumbos para alguna fiesta, serenata, boda o lo que se le pareciera. El mariachi en esos tiempos era muy concurrido y a veces hasta hacían falta, sobre todo en fin de año, día de las madres y las fiestas patrias.


Foto: Sahian Muro
MEJOR EN OTRO LUGAR

Una noche saliendo del bar Elvira nos encaminábamos hacia el Gota de Uva para seguir la juerga y allí nos encontramos a El gallo, un integrante de los Gavilanes; su amigable sonrisa nos invitaba unas cervezas. Afuera del Gota muchos platicando, comiendo los loches de queso de puerco del Zambo; otros tratando de convencer a las damas de noche, otros haciendo apuestas con las cartas, el cubilete y el dominó. El Gallo nos decía que había mucho jale; es más, nos estaba invitando a tocar. Para esto yo tocaba rock con La Resaca, grupo que duró 9 años en el Elvira, y no me gustaba la ranchera ni la norteña, pero El Gallo decía que el dinero compraba estilos y que después no le haríamos el feo para nada; a él le iba muy bien, vivía en una buena casa, traía coche nuevo, vestía y calzaba de lujo, traía locas a muchas; él siguió con su vida de mariachi y nosotros con el rock. Años después me enteré que murió en una balacera precisamente afuera del Gota de Uva, lugar que como tantos en la Laguna, vivieron mucho tiempo en la calma para después ver cómo la violencia arrasó con lo que tanto tardó en construirse. Desaparecieron mariachis, norteños y tríos.

Foto: Sahian Muro
Hoy los pocos mariachis que quedan se anuncian en la sección amarilla del directorio o en los clasificados del periódico y ya pocos van a Gota de Uva: Zapopan, Apache, Así es México, Imperial, Juvenil y Nuevo Tequila). La hora se cobra entre $2500 y $3000. Tienen de nueve a doce elementos entre trompetas, violines, guitarras, voces y varios etcéteras. Ya todos bailan y tocan al son que les pidan, con un nuevo estilo al que llaman mariachi loco.

Me platicaba Milton du Barril, un cantante fuera de serie que conocí en el bar Elvira: “acababa de llegar, eran como las tres de la madrugada y andaba buscando mota. Le hablé a un mariachi y me dijo ‘fíjate que ya los mariachis venden, está tan fregado el trabajo que andan moviendo la droga’. Le compré y me metí al billar, en eso pasaron varias camionetas blancas y empezó la pelotera; una balacera de más de 40 minutos que dejó como dieciséis muertos”.

Así comienza la desaparición del mariachi: muchos murieron vendiendo droga, otros de cirrosis y otros más de abandono y pobreza en el Cerro de la Cruz.

Gran parte de la fuga del mariachi es culpa del hampa, del desempleo, de la falta de conservación de la cultura musical y de sus tradiciones.

El poco mariachi que sobrevive en Torreón hoy se mueve en el oriente, en las afueras de Hipermart Independencia, en Abastos y en la carretera a Matamoros.

Otra de las razones por las que el mariachi ha ido desapareciendo, me dice Javier, retirado de un antiguo mariachi cuyo nombre no quiso mencionar, es que ellos cobran mucho más que un grupo de banda, o que un dueto de tecladista y vocalista. Las celebraciones que amenizan son distintas, pero de igual forma les ha pegado la baja en la economía nacional.

La guerra de Calderón y su continuidad terminó no sólo con el mariachi en Torreón sino con toda la vida nocturna musical que disfrutábamos desde hace décadas, discos, salones de baile, terrazas, burreros, taxistas, músicos, damiselas.

Desde el 2004 ya estaba en pique el Gota de Uva y todo el mercado Alianza; se estaban cerrando todas las cantinas pues las balaceras empezaban a fincar el terror y los músicos se estaban yendo hacia otras partes, otros rumbos.

Foto: Sahian Muro


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