Ése no es Hidalgo: la iconografía hechiza del padre de la patria

Por: Jacobo Tafoya

El Hidalgo de Joaquín Ramírez
Cuenta Paco Ignacio Taibo II que para quedar mejor con el pueblo mexicano, Maximiliano de Habsburgo busca respaldar su imagen con la de un ícono heróico nacional (asunto muy común ahora, como lo hacía Calderón con Francisco I. Madero, o López Obrador con Juárez). En ese momento no había una imagen oficial de Hidalgo, así que Maximiliano le pide al pintor cortesano Joaquín Ramírez que vaya a Dolores y regrese con un retrato del cura. Ya habían pasado más de 50 años desde la muerte de Hidalgo, y Ramírez no encuentra quién se lo describa físicamente (por falta de memoria o por desconfianza). Esto lo narra Taibo II en su librito "El cura Hidalgo y sus amigos / 53 viñetas de la guerra de independencia". Después le escuché en una plática que dio en el ITESM CL hace un par de años que el pintor Ramírez, ante la desesperación de no estar logrando su objetivo, le pide a un botánico austriaco que vivía en Guanajuato que pose para el retrato. La imagen que tenemos de Hidalgo, pues, según Taibo II, es producto del imaginario de Ramírez o es la imagen del botánico. No sé por qué Taibo II no ha explorado más este hecho tan importante, si tan seguro está de él.

Luis Montes de Oca
Acuarela de Linati
Lo cierto parece ser que durante la guerra de independencia fue bastante perseguido por la corona hablar de Hidalgo, y mucho más retratarlo, tal vez en un afán de borrarlo de la historia; así que no se conoce retrato suyo hecho en vida. Las primeras imágenes que aparecen son tres, en la década de 1820: la caricatura de Luis Montes de Oca (publicada en un libro de Fernández de Lizardi) y un grabado y una acuarela del italiano Claudio Linati de Prévost (publicadas éstas en el periódico El Iris); en la acuarela (que ilustra esta página) y la caricatura Hidalgo es representado con vestimenta de combate y armado, y físicamente nada similar a la iconografía posterior. Pedro Armendáriz, el teniente del pelotón que fusila a Hidalgo, lo describe de tez morena y ojos verdes. Hay un dibujo a pluma hecho por Manuel Foncerrada y García encontrado en 1811, que más bien es un tosco bosquejo de un monumento ecuestre de Hidalgo y no ayuda a definir los rasgos del cura. Luego aparece ya la imagen del canoso calvo con dos representaciones: la de Antonio Serrano (1830) y la de Juan Nepomuceno Herrera (1841); en ambas Hidalgo pierde el atavío guerrillero y gana el eclesiástico, pero se le pinta con rostro casi sin arrugas (Hidalgo muere a los 58 años). Luego viene ahora sí el retrato oficial del que habla Taibo II, el óleo de Joaquín Ramírez de 1865, "Retrato del Benemérito de la Patria Miguel Hidalgo y Costilla" (240 x 156 cm), de estilo realista, donde vemos la imagen de Hidalgo que será reproducida hasta el cansancio en murales, pinturas, monumentos, billetes, barajitas de papelería y libros de la SEP: un Hidalgo de hombros y ojos cansados y de rostro cada vez más arrugado, con diplomática sotana negra (salvo los muralistas de la vanguardia, que lo procuraron más en plena lucha).
Dibujo de Moncerrada

Hidalgo de Serrano
Nepomuceno Herrera
Según leo, científicamente ya se podría obtener del cráneo de Hidalgo un modelo fiel de su rostro (el antropólogo e historiador yucateco Emiliano Canto Mayén lo propuso hace 7 años), como ya se hizo con Simón Bolívar en 2010; pero dudo que tan tranquilamente nuestros mandatarios estén dispuestos a tirar por la borda siglo y medio de falsas imágenes y arriesgarse a tener de pronto un padre de la patria muy diferente. El asunto es, pues, que ese señor no es Miguel Hidalgo y Costilla, y quién sabe si algún día conoceremos tal cual su verdadero físico.

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