Embarazo escolar: causas y efectos

Por: La Redacción

Estamos en medio de una revolución sexual: nunca antes había habido tanta información, ni tanta libertad sexual en un país de corte católico y cultura tradicional como el nuestro, pero esta apertura informativa y esta libertad no están resultado en un ejercicio más responsable de la sexualidad, sino todo lo contrario: la región se enfrenta a un serio problema de salud pública por el alto índice de niñas y adolescentes embarazadas.

Las estadísticas que recaba el sector salud son por demás inquietantes: por lo menos un 40 por ciento de la población menor de edad es sexualmente activa, pero sin adoptar ningún tipo de medidas de protección, pese a las campañas del uso de anticonceptivos, que han planteado inclusive vender condones en secundarias y preparatorias. Sin medida alguna de precaución de por medio, los adolescentes se exponen, además de a un embarazo temprano no deseado, a contraer diversas enfermedades venéreas, incluido el VIH y el Virus del Papiloma Humano, precursor de cáncer, además de padecimientos más comunes como la sífilis y la gonorrea, igualmente muy riesgosos para la salud de la mujer, más aun considerando que inician su etapa reproductiva.

En cifras oficiales de la Dirección de Salud Municipal, mensualmente un promedio de 125 menores, que van de los 12 a los 18 años de edad, se convierten en madres prematuras y, de acuerdo a las nuevas disposiciones que recientemente ha implementado el Congreso del Estado de Coahuila, no pueden contraer matrimonio, aunque un alto porcentaje  de ellas tampoco lo desea hacer, ya sea por decisión propia o de sus padres.


MACHISMO, BAJA AUTOESTIMA, IRRESPONSABILIDAD

Elizabeth es estudiante de la escuela Secundaria Federal No.9, ubicada en el barrio torreonense Jacarandas. Se embarazó antes de los 15 años y recientemente tuvo a su hijo, cuatro meses después de que su “novio” desapareciera por temor a que lo responsabilizaran. En este ciclo escolar que inicia está de regreso a la escuela, por exigencia de sus padres.

Cuando se le cuestiona sobre su vida sexual, comenta que ella ya tenía varios meses sosteniendo relaciones con su novio, pero no tiene una explicación del por qué. Después de pensarlo y de insistir en la pregunta, comenta “es que me gustaba y yo quería a mi novio”, pero éste, aclara, fue el que estuvo presionándola para que tuvieran relaciones sexuales. Primero comenzaron jugando, después masturbándose y finalmente comenzaron a tener relaciones, pero él se negaba a utilizar condón; le decía que así no le gustaba.

Sobre la información sexual señala que la ha obtenido de ver la televisión, de las películas, de revistas que llevan algunos compañeros a la escuela y de su novio, que le decía: “hazme esto, hazme esto otro, me gusta así…”. Reconoce que ha recibido información sobre la sexualidad responsable en la escuela y también por otros medios, pero tiene un problema del que no parece consciente: una autoestima muy baja, pues ella considera que si no hacía lo que le pedía su novio, é se iba a ir con otra, “porque eran como tres las que querían con él”, dice. “Yo creo que hacía lo que él me pedía, porque además aquí en mi casa no sé pero como que falta quién me quiera”. Y ésa parece ser una parte muy frecuente del problema: la falta de integración familiar, la mala comunicación y el machismo que las somete desde muy temprana edad.

¿Qué hacer como madre a los 15? Con Elizabeth y con la mayoría de los casos de adolescentes de clase media baja, quien asume el papel real de madre del hijo es la abuela. Ya no se le corre de la casa, tampoco se busca que obligatoriamente el novio “responda”, pues tiene apenas 15 años y no se mantiene ni a sí mismo. Es la abuela la que vuelve a tener la crianza del infante, y la adolescente, este es el caso, regresa a su vida ordinaria, o al menos lo intenta, porque tendrá responsabilidades con el hijo y, de fondo, ya nada va a ser igual.


¡AHORA A VER CÓMO LE HACES!

De una u otra forma Elizabeth  tiene la protección de su familia, pero Paulina está en una situación mucho más desprotegida. Se embarazó a los 14 y recientemente tuvo a su hijo. Su madre es trabajadora doméstica, por lo que está fuera de casa todo el día, el padre es alcohólico y dura días, en ocasiones semanas, perdido. Tiene dos hermanos más y además vive con ellos la abuela, en una casa ruinosa de la colonia La Polvorera.

Cuando su madre se enteró de que estaba embarazada, lo único que atinó a decirle fue: ¡Ahora a ver cómo le haces, pendeja, por andar de caliente, y yo jodiéndome todos los días para que fueras a la escuela!

Ahora, con 15 años, Paulina dejó la secundaria, donde ya tenía problemas de aprovechamiento por juntarse con un grupo de muchachos, sus amigos, al que pertenece el que la embarazó. Ella considera que eran sencillamente amigos que se juntaban para “el cotorreo”, que consistía el vagar por las tardes, asistir a fiestas los fines de semana, donde los muchachos toman alcohol y algunos de ellos comienzan a iniciarse en las drogas.

 “Yo nada más le entraba un poco a las cervezas, porque ellos me invitaban, pero pastillas nunca probé, me daba miedo porque luego se puede poner uno muy loca; si teníamos relaciones, yo si tenía miedo de embarazarme, pero no traía dinero para comprar condones, porque pos están caros y los chavos preferían comprar las cheves. Cuando nos poníamos a tomar, mi amigo me llevaba a su casa a la salida y yo pos no le podía decir que no, la verdad él me gustaba, porque se portaba bien conmigo, pero pos la verdad que no éramos novios, nada más amigos.”

Cuando el padre de Paulina se enteró, sólo atinó de gritarle, darle unos empujones y meterla de un jalón a la casa. A Paulina no le interesa lo que piense su padre, de hecho no le interesa su padre, hacia quien guarda fuertes resentimientos; con quien siente vergüenza es con su madre, quien, pese a que la trata verbalmente de una forma agresiva, le está ayudando para que compre pañales y le consiguió un trabajo por las mañanas que consiste en limpiar un negocio de billares, donde gana cien pesos diarios, cinco días a la semana. Esos días regresa rápido a su casa porque le encarga su pequeño hijo a la abuela, pero la abuela tiene el problema de que ya se le olvidan las cosas, además de que sus manos son inseguras, temblorosas, y tiene miedo de que se le vaya a caer el niño.

-¿Qué vas a hacer ahora que tienes un hijo?

-No, pos ya qué puedo hacer, nadie me lo va a cuidar, mi mamá no puede, me tuve que salir de la secundaria. A mí me hubiera gustado ser enfermera, pero también estaba difícil, porque con lo que saca mi mamá apenas nos alcanzaba para vivir, porque mi papá es borracho y luego casi no viene. Ahora ver mis dos hermanos qué pueden hacer cuando crezcan; uno de ellos está enojado conmigo, dice que estoy bonita pero que soy muy pendeja, yo lo oigo y hasta me siento mal.

-¿Qué fue de tu amigo, el padre de tu hijo?

-No pos la verdad, pos él se porta bien conmigo, pero tiene la misma edad que yo. Mi papá ya lo amenazó con que lo va a golpear si lo ve por aquí, y sus papás también están en contra de que se junte conmigo, pero a veces a escondidas platicamos un ratito, cuando salgo del trabajo; me dice que me quisiera ayudar pero pos cómo.


¿QUÉ HACER?

El problema es complejo, la solución parece estar en las familias y específicamente en la formación que se les da a los adolescentes. Esther Rodríguez, psicóloga y terapeuta familiar, opina que estamos ante un problema social complejo, porque los adolescentes están llenos de información en torno al sexo; tienen un bombardeo permanente a través de los medios y de las redes sociales que los invita a practicar la sexualidad; gozan en una gran libertad para tener relaciones con adolescentes del sexo opuesto, pero se han perdido dos cosas: la base moral que se inculcaba a las adolescentes en nuestra cultura y el papel formativo de los padres, especialmente de las madres en el caso de las mujeres.
“Pasamos de una cultura tradicional, con muchos tabúes y prohibiciones, a una cultura light, donde casi todo está permitido; donde las madres, que son mujeres jóvenes, no tienen la capacidad o la disposición de establecer una comunicación más efectiva y de dar una formación. Podemos tener campañas informativas por parte de las organizaciones públicas, pero yo creo que el problema no es la información, que llega por todos lados, sino la formación para la responsabilidad y para que los adolescentes se vayan formando un plan de vida y carrera; porque si tienes mucha libertad y mucha información pero no sabes qué hacer con ella, el problema se seguirá dando”.

Cuestionada al respecto comenta que a ella le ha tocado atender algunos casos y, en su percepción, el problema está en el funcionamiento de la familia. “Me ha tocado ver que los muchachos adolescentes siguen teniendo un fuerte arraigo al machismo, a dominar a la mujer, que en este caso se traduce como seducción; pero también he visto que las adolescentes no tienen una responsabilidad de cómo y cuándo ejercer su sexualidad, no existe una base a la que se le puede llamar como moralidad o ética indispensable, sobre su condición de seres sexuados y reproductivos. El sexo es básicamente placer y eso es muy riesgoso, principalmente en un adolescente que está definiendo su identidad y sus relaciones afectivas. La experiencia del consultorio me dice que muchas adolescentes buscan en las relaciones sexuales una compensación afectiva que no encuentran en sus padres, o que no saben canalizar sanamente a través de amistades escolares o familiares”.

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