El brevísimo reinado del ACID JAZZ


Los ochenta terminaban, el jazz había pasado por una revisión radical. Todos los estilos que existieron desde principios de siglo eran utilizados y reciclados una y otra vez. Frank Zappa ya había declarado la muerte del jazz y no era el único. La revisión cultural y musical se convertía en simples homenajes que parecían salidos de una galería; la posmodernidad alcanzó, casi sin esfuerzo, al jazz. Ahora parecía ser parte de un museo donde la humanidad visita sus estáticos logros modernos. En algunas ocasiones para revalorar y en otras para destruir y pisotear.

Pero pronto la revisión se repetiría hasta la náusea y algo nuevo tendría que nacer. Así apareció un estilo que buscaba llevar al jazz, una vez más, a las listas de popularidad. Durante los ochenta no sólo Miles Davis incorporó rap y hip hop a su música. De hecho, por primera vez el trompetista había llegado tarde a la innovación. Aun así, quedó prendado del ritmo que nació en Nueva York y hablaba sobre el mundo crudo y violento, crónicas musicales sin temor.

El nuevo estilo de jazz tenía un poco de hip hop, una gran dosis de funk, una gran dosis de standards y tecnología moderna. Este sonido sería bautizado como acid jazz.

Los acuñadores de tal nombre fueron de los locutores y DJ’s Gillies Peterson y Eddie Piller, quienes se unieron para formar una compañía discográfica que grabará a los eclécticos y funkys nuevos grupos. El nombre se les ocurrió como una broma para molestar a la vieja guardia de jazz y atraer a los jóvenes. Habrá que decir que el nombre se encuentra propiamente relacionado con el acid house, ritmo bailable que es la música de fondo para el consumo de éxtasis. Apostaban por regresar a la pista de baile y que el jazz volviera a la ilegalidad. Para lograrlo, los músicos y DJ’s presentaron una pegadiza combinación de música y drogas, era el regreso al undergroud.

Entonces sucedió lo previsible, la broma fue tomada en serio por los expertos del negocio que con rapidez hicieron crecer la escena. Los medios prestaron atención al estilo y el jazz volvió a las listas de popularidad.

El golpe más fuerte lo dio el grupo US3 con su disco Cantaloop, quienes tenían un jazz teñido de soul, pop y rap, aparte de utilizar, previamente autorizado por la empresa, el sonido Blue Note. La pieza Cantaloop, quizá la más recordada era un standard de Herbie Hancock llamada Cantaloupe Island. Desde los sesentas ningún álbum de Blue Note Records alcanzaba la lista de los primeros diez. Las elevadas ventas hicieron que ejecutivos y productores pensaran que el nuevo sonido era una mina de oro.

El acid jazz era una música vibrante, joven y llena de vida. Se convirtió en un puente de sonidos entre la tradición jazzística y los nuevos sonidos. Y ése fue su gran problema, aquello que intentaba superar, la revisión hasta el cansancio de la tradición, terminó enterrándolo. Aun así, los noventas vieron revivir al jazz y se convirtió en una referencia del momento, aunque apenas duro unos cuantos años.
Existen una infinidad de grupos que iniciaron en la vena del acid jazz y que continúan trabajando, algunos son: Collective Groove, The Brand New Heavies, Cassandra Wilson, The Young Disciples, James Taylor Quartet y Urban Species.

Y como un pequeño gusto personal, me detendré por un momento en un proyecto que no es necesariamente acid jazz pero ha estado relacionado el estilo durante un momento. Medeski, Martin & Woods, está integrado por un baterista, un tecladista y un contrabajista, quienes exploran, desde mi perspectiva, una música alucinante. La banda que no es rock ni pop ni jazz ni funk ni soul ni free, pero produce una aleación compuesta de todo lo anterior, además integra otros elementos y un virtuosismo que deja a cualquiera en un viaje de ácido pero sin sus consecuencias. Es un grupo que le debe mucho a los tríos de órgano de los sesenta, al funk de los setenta y al acid rock. Pero no es un grupo retro o que camina hacia atrás, su sonido es la respuesta al momento que vive el jazz y la música en general.


Siguiendo lo que el jazz ha entregado al mundo desde los noventas para acá, pareciera que el acid fue el último momento poderoso. Así como en los sesenta el rock dejó fuera de la jugada al jazz, a finales de los noventa la revancha del pop fue demasiado fuerte. Al parecer el jazz se encuentra en estado de reposo, a pesar de que cada año se editan una infinidad de discos, pero con la paradoja de que ni a la industria discográfica ni a la mayoría del público le interesan.
El jazz es la música de la pobreza. Incluso aquellos que han hecho una vida dentro de este estilo y viven de él, jamás llegarán al alcance mediático y los millones de dólares que producen la música popular. En comparación, los millones vendidos del primer disco de US3, Hand of the Torch, no es nada frente a la inmensa industria que hoy es el pop y similares.

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