A la caza de San Pedro: historia de la nostalgia



ESTA CRÓNICA ES HISTORIA Y ES FICCIÓN. En La Laguna estos opuestos se funden para forjar una identidad. Zona de nadie. Interzona. Twilight zone. ¿Cuál es la verdad histórica? Esta crónica no persigue desentrañar los acontecimientos que dan forma al presente; se apoya en ellos, en la lectura de documentos y en entrevistas con especialistas que escriben historia con rigor científico. Esta crónica y las subsecuentes, sin embargo, padecen preguntas que acosan algo imaginario: ¿por qué se transmite la idea de  “Región lagunera” si ya no existe el agua que nos dio origen?, ¿qué criterios nos unen si en realidad no hay unidad administrativa, ni ideológica?

No por ello escribo cosas que no existen. Escribo cosas que dejarán de existir. Las ciudades que habitamos. El mundo que nos habita. ¿Cómo vemos y sentimos el mundo desde La Laguna?
Coincido con Pedro Juan Gutiérrez que escribe al final de un cuento de Trilogía sucia de La Habana: “Lo cierto es que no me interesa nada que sea lineal, recto. No me interesa nada que avance limpiamente de un punto a otro, y sepa perfectamente que esa línea comenzó aquí y terminó allí. No. No hay que pretender nunca ser atinado y sensato y llevar una vida lineal y exacta. La vida es muy azarosa”


ODISEA DE CADA QUIEN

Silencio la tierra va a dar a luz a un corrido.

Somos rancheros. Y como rancheros nos movemos. Mi familia materna tiene raíces en San Pedro de las Colonias y en La Unión. Mis abuelos migraron a Torreón a finales de los cincuenta del siglo pasado. De mis abuelos heredamos enfermedades y visitas forzosas al rancho con los familiares que sólo veíamos en aniversarios, bautizos, nacimientos y funerales. Quizás por eso también heredamos el disgusto por los pueblos sin pavimento, la comida sin cubiertos, las botas sucias, la ropa empolvada, la pronunciación equivocada del español: muncho, haiga, naiden, la calor, etc. Los hijos de los hijos de mis abuelos se volvieron citadinos. He ahí el pecado original del migrante. La sangre no es unión ni familia, es sólo líquido que transmite infecciones.

A mis treinta años estoy seguro de que no soy el único que ha sentido un honesto desdén por lo rural. En Torreón nos vanagloriamos de ser una ciudad. No queremos ir a los pueblos, a los ejidos; pero vamos. El rancho, la comarca, no se ha salido de nosotros.

Por eso cuando vi el anuncio: PESADO “El grupo que vale lo que pesa…” como plato fuerte del Baile de coronación el viernes 4 de septiembre en la Feria de San Pedro, supe que viajaría, como Telémaco, manejaría hasta encontrar al padre, al origen, aunque el encuentro resultara, lo sospeché, un error.


BAILE

Temía que Pesado cancelara su presentación como lo hizo con el baile en la Feria de Torreón el 2 de mayo. Aquella vez tenía dos boletos y el corazón roto. Un baile es el lugar perfecto para corazones solitarios.

¿Qué hechizo, qué fuerza, qué demonio ejercen Beto Zapata y Pepe Elizondo en las damas que se desmayan? ¿Qué fibra presionan con el aliento del acordeón y el temblor del bajosexto? ¿Qué oráculo musitan las dos voces, la primera dulce y la segunda de fondo como un dolor que se arrastra?
Los gordos culpan a la tiroides. Pero Pesado se debe a su talento.


FUEGO EN LA DIMENSIÓN DESCONOCIDA

En 1951 se realizó la primera Feria de San Pedro de las Colonias. El origen tiene algo de poético.
El origen de la feria fue un incendio.

Las verdaderas ferias son incendios. La fritanga se propaga por todas partes, iluminando sus consumaciones con estremecimientos de placer o de agonía.

Una feria es una cosa que será.

Una feria es una cosa que nunca es, pero que debiera ser.

Una feria es una cosa que nunca ha sido, que nunca podrá ser.

Pero el poeta no consideraba el poder del dinero. Fue así que después de los incendios que destruyeron algunos negocios en San Pedro, la Cámara de Comercio pensó en formar un Cuerpo de Bomberos. Pese a la cooperación por diversos sectores de la sociedad, no se juntó dinero suficiente para pagar la máquina apagafuegos en Estados Unidos.

La iniciativa del presidente municipal Dr. Epifanio Cano Frutos fue realizar una gran kermés el 16 de septiembre. Después se propuso la feria y se formó el Primer Comité Organizador cuya acta constitutiva hizo constar:

1.Que los beneficios económicos de la feria se destinarían en primer término al pago de la cantidad faltante de la máquina contra incendios.
2.Que el sobrante sería destinado exclusivamente al sostenimiento del hospital Dr. Francisco U. Ruiz.

Nació la Feria de San Pedro de las Colonias como estímulo económico y beneficio social. También se organizó el concurso para elegir a la Reina de San Pedro y a sus princesas.

Una feria es un incendio.


APUESTAS Y PALETAS

Sesenta kilómetros separan a Torreón de San Pedro. En septiembre la carretera tiende al color verde. A los costados se eleva la espiga del maíz, la alfalfa, el nogal. Encima, sólo el azul.

Llegué a la paletería de mi amigo Marco Chávez, a tres cuadras de la Plaza. Desde que lo conozco se ha encargado de convertir en sus relatos a San Pedro en una zona mitológica donde convergen la verdad y la ficción. A propósito de esto, el escritor Jaime Muñoz Vargas (Gómez Palacio, Dgo., 1964), ganador de premios nacionales como el de Cuento San Luis Potosí 2005, sentenció, hace más de diez años en una sesión del taller literario de la Universidad Iberoamericana Torreón, que con el simple hecho de haber nacido y vivido en el centro de San Pedro, Marco ya tenía un montón de historias para hacer literatura; “no necesitas más, ahí se concentra toda la esencia humana”. Luego una pausa y rectificó: “solamente tienes que superar el libro más importante que se publicó en San Pedro: La sucesión presidencial, de Francisco I. Madero, nada más”.

Resulta paradójico lo caliente que es una paletería. El abanico giraba sin menguar el calor. Cada soplo parecía un suspiro de esos que restan vida. Me senté en la silla junto a un congelador. Marco se sentó en la silla alta frente a la máquina que despacha Melate, Tris, Progol; es decir, apuestas. No pasan ni cinco minutos para que alguien compre números, jugadas, papeles blancos con impresiones en color naranja. Minuto a minuto. Trisero a trisero, clientes que le dictan a Marco el número de jugadas, los dígitos de la suerte y el monto de su apuesta. Marco realiza las operaciones como si trabajara en la línea de una maquila; ya se las sabe, atiende de manera mecánica e imprime el ticket. Los clientes son principalmente rucos, llegan caminando como tirados por la plaga de moscas blancas que desde hace semanas ha mermado la cosecha de melones.

Le había anticipado que vendría al baile. Como no encontré bailadora, prometió encasquetarme una sampetrina bien dada aunque él no pueda acompañarme. Todo aquel que tenga amigos con una esposa embarazada sabrá por qué.


MITZY I

Desafiar a la esposa es una droga. Y éste es un pueblo de adictos.

Vamos en mi carro, un Ford Ikon 2015 con el que me acabo de endeudar “ah, vicio de corazones soltiarios el de andar buscando un látigo para autoflagelarse”. Viernes por la noche. Saltamos de cantina en cantina. Todas vacías. Se sabe: la raza asistió al baile. Entonces manejo a la Feria de San Pedro. Vacía. ¿Dónde está la gente? A los pocos metros encuentro la respuesta: a lado de la unidad deportiva se realiza el baile, ya se escucha un conjunto norteño de los teloneros, pero gran parte del público bebe al otro lado de la reja, es decir, afuera, en la calle, en el camellón, junto a sus carros; adentro, en la pista de concreto, entre las canastas de básquet, el ambiente está tranquilo, marcan las diez de la noche y apenas llega la gente.

¿Y el desfile y la coronación?, pregunto. Quién sabe, responde Marco, hace tiempo que no se hace o quién sabe es que siempre hay pedo. ¿A qué te refieres?

En 1951 la primera Reina de San Pedro fue Concepción Rodríguez. Desde entonces las candidatas son elegidas en una convocatoria abierta para oriundas de la ciudad; sin embargo, se sabe, las candidatas son propuestas por alguna institución como el Cuerpo de Bomberos o la Cruz Roja. En esta ocasión tuvieron siete semanas para conquistar corazones solitarios con actividades como la venta de cerveza. Se trata de recabar fondos para el beneficio social. También se sabe que cuando una candidata ya sabe que va a perder, su aportación económica, sospechosamente, resulta en una bicoca. ¿Tres mil pesos en siete semanas?  Hay que ser ingenuo para creer que no hubo un desvío de fondos.

La Reina de este 2015 se llama Mitzy Lozoya. Entre los parroquianos surge el mote de alcurnia: Mitzy Primera.


ANTES DE LA INVASIÓN

Entre adictos existe la creencia de que San Pedro de las Colonias era la capital de la heroína en La Laguna.

Que se consumía la mejor cocaína de la región.

Que había un pequeño aeropuerto destinado al tráfico de droga.

Cuentan que San Pedro era tierra de chiviricos. La chiva es el mote para la heroína. Que había mujeres apodadas las Popeyinas, putas con los brazos hinchados como los de Popeye por tanto clavar la aguja y desaparecer las venas.

Que en un bar frente al mercado iban niños, jóvenes y adultos y todos se atizaban unas líneas sobre la mesa de plástico Carta Blanca. Una función en horario familiar.

Existía un bar atendido por alguien llamado la Changa, una especie de Madre Superiora de Trainspotting, que vendía, dosificaba y recomendaba la mejor manera de meterse polvo en el cuerpo.
Que podías comprar una pelota de polvo y durar días enteros metido en la cantina.

Que la zona de tolerancia, La Sopa, era el lugar ideal para congalear.

En 2008 me quedé en casa de Marco. En la esquina había un Oxxo. Y junto al Oxxo, un punto de venta de droga que funcionaba las veinticuatro horas con impunidad absoluta. Al menos hasta que los mataron porque la legalidad no intervino.

Antes de la invasión, creen. ¿Pero quién les cree a los adictos?


 LA CHAVECINA

Recuerdo eso mientras bebemos en el baile. Pesado toca su segunda tanda. Antes de ellos tocaron Los Primeritos de Colombia, una agrupación de cumbias de Torreón. Nos metemos sin pagar. Somos rancheros y estamos ebrios. De afuera llega el olor de la adobada. Marco busca a la hermana de su esposa. ¿Cómo es?, le pregunto. No sé, es su respuesta, es de Chávez, bueno de un ejido de Chávez. ¿Y se supone que debo distinguir a una chavecina de rancho entre la multitud de sampetrinos de ciudad?

Pesado no defrauda desde 1993, desde su origen en la ciudad de Monterrey, Nuevo León. No importa cuántos triglicéridos amenacen al corazón de esos norteños, su poder es contundente. No hay hombre que no desee abrazar a su hembra. Ni hembra que no desfallezca. Conozco a quién podría desmayarse con las últimas rolas de la noche, desaparecer, fundirse con el concreto de la cancha de básquet bajo la cálida oscuridad lagunera.

Pesado concluye. Silencio. Ya no hay banda. Silencio. Una marabunta de hombres con botes colgando de su mano salen del enrejado. Las mujeres tropiezan cuando el concreto termina e inician la graba y la tierra. La reja forma un embudo. Al salir buscamos a la cuñada de Marco. Nos damos por vencidos. ¿Y luego? Pues me va a cagar mi mujer. Una vez más, pienso. Entonces nos topamos a la hermana y a una amiga justo al lado de mi carro.


PUENTE

Beber es emprender un viaje a lo desconocido. Sé que estoy con Marco en San Pedro afuera de su casa. Sé que estoy ahí a un lado suyo, en la sombra escuchando rock. ¿Pero él está conmigo? ¿Estamos en el mismo lugar? San Pedro es la Interzona. Orino en el árbol. Marco vaticina “saca lo que tengas que sacar”. Estoy bien, le contesto, pero después de mi respuesta el flujo gástrico salta por el cerco de mis dientes. Tiro la vasca. Y es como si rejuveneciera diez años. Ahora sí, digo, qué rollo. Vámonos, me dice, y me señala un punto en la oquedad.

Cruzamos las vías del tren. Nos internamos en la carretera. No hay luz sino la que salpican la luna y las estrellas. Y, claro, los faros amarillos del Ikon. Marco manotea cuando tengo que dar vuelta. ¿A dónde? No responde. Me vuelvo a preguntar dónde está o desde dónde habla, desde qué recóndito lugar provienen esos ademanes convulsivos.

Adentro de San Pedro. Desde ahí habla. De la tierra que en 1870 era una colonia agrícola fundada por Jesús María Gámez, Epitacio Sifuentes, Gerónimo Berlanga, Juan Acuña, Zeferino Méndez y Francisco Gómez. La voz de una tierra desconocida, rodeada de lagunas y ojos de agua que ahora es un llano despoblado como los ojos de los muertos, y sospecho que eso podemos toparnos: con algún cuerpo humano echado al monte como el de un animal destripado. Seguimos la ruta como la vagancia de los fundadores.

En 1921 San Pedro se convirtió en ciudad. Noventa y cuatro años después la ciudad no ha arribado a todos los rincones. ¿En qué momento una ciudad nos abandona?

Marco me hace la seña que me detenga junto a la carretera. Dejamos el auto. Caminamos hasta donde brilla una línea blanca sobre la tierra. Nos acercamos, cruzamos unos arcos que semejan túneles de un antiguo sistema de riego. La línea que brilla cobra forma. Es un puente colgante sobre un brazo seco del río Nazas. Maderas blancas. Cables fuertes y remodelados, lo asegura Marco, que chillan con cada paso.

Después del llanto de metales y maderas se hace el silencio en la madrugada. Los contornos pálidos de los árboles que nos rodean, la quietud, la luna clara, el estar suspendidos en lo profundo, en la conexión entre un ejido y la carretera me transportan a Twin Peaks, a la sensación de que en cualquier momento se puede materializar el mal primigenio.


DIRTY BOOTS

¿De qué hablamos cuando cantamos el desamor?

No conozco mejor refugio para un corazón solitario que el deseo adolescente e inestable.

El domingo 6 de septiembre la policía municipal de San Pedro detuvo a un grupo de migrantes centroamericanos. Vecinos del lugar bajaron de las patrullas a los centroamericanos y los protegieron.
El baile de coronación se celebró el 4 de septiembre. ¿Cuántos de los asistentes sospechan el futuro amputado que les espera? El sueño fugitivo. La pesadilla migrante.

Al final del baile todos compartimos un par de botas sucias cubiertas de polvo, salpicadas de orines, cerveza y vómito. Nuestro símbolo del viaje. Botas sucias. El polvo que levantamos en la pista de baile es el mismo polvo que cubrirá nuestra tumba.


RENDICIÓN

Regreso a Torreón a ciento veinte kilómetros por hora. Cuarenta minutos bastan para que esté sentado en una cantina frente a un plato de carne asada.

El 21 de agosto el gobernador Rubén Moreira promulgó una ley que prohíbe las corridas de toros en el estado de Coahuila. Los legisladores votaron en contra de la tortura de un animal.

Sé que debo llegar a mi tienda y cuidar el negocio mientras mi papá no está. Hace dos años regresé a vivir a casa de mis padres. A veces me preocupa, otras simplemente recuerdo que Beto Zapata vivió en casa de su mamá hasta casi los cuarenta años. Así es la vida del artista, suspiro frente a la carne asada y muerdo aquel animal sacrificado que me curará el deterioro que me procuré durante la noche del baile.

Todo lo que gime, sufre y se desangra es, en esencia, delicioso.


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