PEÑOLES y los hijos del plomo: más de 15 años sin soluciones reales

Por: Bun Alonso

La base de datos de la Secretaría de Salud registra a más de 36 mil personas envenenadas por la industria Peñoles en Torreón. Al menos cuatro kilómetros y medio a la redonda es territorio afectado. A través de la Unidad de Salud Ambiental, USA, la empresa atiende a los niños con plomo y realiza brigadas de limpieza y barrido en las colonias de los alrededores. Tras más de 15 años de haberse detectado los primeros casos de envenenamiento, éstos siguen apareciendo. 


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Imelda dice que la tierra de la calle donde vive está llena de plomo y que Peñoles no quiere ayudar a la gente. Señala a dos niños que están afuera junto con ella y dice que tienen más de 10 de plomo —más de 10 microgramos por decilitro, que es más de lo que marca la norma oficial.

Imelda es una señora que vive con sus ocho nietos en casa: una casa cuya mitad es jacal y la otra cemento.

Jacales —hechos de cartón, láminas, bloques de madera— y casas de cemento es el panorama común de la última calle de la colonia Santiago Ramírez, al sur de Torreón. El gobierno federal llevó a cabo un programa nacional de construcción de viviendas. Son cuartos pequeños con la fachada de color blanco y con una placa que reza “Cruzada contra el hambre”.

—Nos sortearon y salimos nosotros, pero la mayoría es puro jacalito.

Dice también que tiene miedo por el daño que el plomo les vaya a causar a sus nietos.

—Los niños no quieren a veces comer. Nos dicen “deles mucha fruta”. Si no tenemos, de dónde les vamos a dar la fruta. Peñoles nomás dice deles pero pues no aporta nada.

En cambio, en la calle donde vive Selena —mujer joven, madre de dos niños y de una pequeña— no hay jacales y el piso está más o menos cubierto de cemento. Por eso sus hijos no sobrepasan los 10 microgramos por decilitro. Sin embargo apenas hace poco —llevan un año y medio viviendo en esta colonia— la sangre de los niños estaba limpia. Es decir, como la debemos tener todos: sin una sola partícula de plomo.

—Desde que llegamos aquí empezaron con problemas respiratorios, con vómitos, con granos en la piel, y como yo tengo al niño malo del corazón a él le afecta mucho y cuando uno va a revisión allá a Peñoles ellos dicen que no atienden del corazón, que atienden pura gripe. Y pues a él ya lo llevo con cardiólogo, pero me ha dicho el cardiólogo que sí le afecta mucho: el polvo, el plomo, el agua sale sucia con mucho sarro. Aquí compramos garrafones, hasta tres o cuatro garrafones para dos semanas, cocinamos con agua de garrafón.

La situación económica de Selena —tiene un esposo que es auxiliar de enfermería en el Sanatorio Español— le permite evitar el agua contaminada con arsénico, lo que no ocurre con otras familias de esta misma colonia.


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Lo que es común también en la Santiago Ramírez, sobre todo en la última calle, son los pisos de tierra. Ningún programa de pavimentación del municipio ha llegado para acá. La colonia es desigual. Basta pasar de las primeras calles a las últimas para darse cuenta de ello. Casas grandes, de colores, con autos afuera; mientras que en la parte de atrás, como ya lo dije, casas de jacal se alternan con las de cemento, niños descalzos entre la tierra compartiendo espacio con perros. Y por estas condiciones es que en las últimas calles de la colonia la mayoría de los niños están contaminados con altos niveles de plomo en la sangre.

Mientras una de sus niñas, de no más de dos años de edad, juega en el piso de tierra con sólo un short blanco, Candelario —hombre de unos 30 años, sin playera y con dos letras grandes tatuadas en su abdomen—  dice que sus cuatro hijas tienen plomo.

—Yo en realidad no sé bien cómo está el rollo ese, pero dicen que lo tienen en la sangre que por la tierra, porque juegan en la tierra.

Después dice que tampoco sabe exactamente de cuánto es el grado con el que están contaminadas porque la encargada de llevar a las niñas a consulta es su esposa, pero que de una de las niñas una vez escuchó que tiene como 15 y que no sabe si es mucho o poco.

Candelario me pregunta si es muy peligroso el plomo en la sangre. Le digo entonces que puede causar dolores de cabeza, vómitos y asma. Se queda callado, un poco cabizbajo, y después mece la cabeza de arriba abajo lentamente, como si acabara por comprender algo.



Días después me entero por el doctor Manuel Velasco Gutiérrez que el plomo no puede ocasionar el asma sino otros metales. Velasco Gutiérrez es pediatra y fue el médico que detectó el primer caso de un niño con plomo en la sangre. Lo visité en su consultorio en la Clínica de Diagnóstico, el mismo donde en 1998 llegó a consulta un niño con anemia de la colonia Luis Echeverría. A pesar de habérsele suministrado hierro, el pequeño seguía pálido. Fue entonces cuando el doctor le detectó el plomo y lo mandó con el toxicólogo Gonzalo García Vargas, uno de los que más saben de intoxicación por plomo en la región, dice Velasco Gutiérrez.

Poco tiempo después llegó otro niño de la misma colonia con la misma situación: anemia causada por plomo. Así, en pocos días, el pediatra Manuel Velasco logró detectar alrededor de 50 niños envenenados por este metal. Todos de la colonia Luis Echeverría.

—Al ver que en pocos días era un número no esperado, entonces se hizo de mi parte una comunicación hacia la Secretaría de Salud, de tal manera que las medidas que se hicieron fue identificar si había más niños contaminados y se llegó finalmente a un diagnóstico situacional  de que aproximadamente 25 mil niños tenían plomo por encima de los 10 microgramos en la sangre.

Dice el doctor y explica que la normatividad de plomo en sangre ha ido bajando a través de los años, desde los 50, 40 hasta llegar a los 10 microgramos por decilitro según la norma oficial mexicana.
A aquellos primeros niños con el veneno del plomo dentro de ellos aún no se les consideran dados de alta, dice Manuel Velasco. Tendrán que pasar entre 20 y 30 años. El metal lo que ha hecho durante este tiempo es irse a depositar a los huesos. Estos ahora adolescentes de entre 15 y 19 años siguen contaminados con plomo, ya no en la sangre sino en los huesos. Y lo mismo sucederá con la generación actual de niños de colonias aledañas como la Santiago Ramírez. Claro, sólo si son atendidos adecuadamente y si las condiciones en las que viven son salubres. O bien, quedará la opción —una opción que desean pero que para muchos habitantes les resulta casi imposible— de irse lejos de allí, de vender su casa y de comprar o rentar otra en otro lugar donde no los envenene Peñoles.
—¿Se han registrado muertes por casos de plomo en niños? —le pregunto al doctor.

—Afortunadamente no ha habido registro.

—Los casos más graves, ¿a qué consecuencias llegan?

—El daño, si es mayor, a nivel de las células del cerebro, que vienen siendo las neuronas, afecta en la inteligencia, lo que denominamos el IQ; entonces, a mayores concentraciones de plomo en la sangre, mayor daño y disminución de la inteligencia. También hay daño a nivel de los riñones.
El plomo en la sangre no mata, pero impide vivir como se debiera.


Vista del "Cerro negro" y el complejo de Peñoles, desde el Cerro de las Noas.

Carmen Chávez vive en la colonia Luis Echeverría. En su estudio guarda cajas llena de papeles, revistas, recortes de periódicos, entre otros materiales que documentan la lucha que desde hace años varios padres de familia llevan contra Peñoles y por la salud de sus hijos. Tiene, entre otras cosas, una edición de mayo de 1999 de la revista estadounidense BusinessWeek con una nota al respecto, un número de Revista de Coahuila del año 2007, y un cartel con las fotografías de varios niños y niñas. Algunos de los que aparecen son: “Alejandra Gpe. Villa Rodríguez. Tengo 23 mgs. de plomo y estoy perdiendo el oído”; “Carlos Guillermo Pineda Luna. Tengo 137 mgs. de arsénico”; “Eliot Rafael Esparza Quiroga. Tengo 41 mgs. de plomo”. Todos ellos son ahora adolescentes.

Por el año 2005 Carmen Chávez y otras vecinas y vecinos formaron una asociación civil con un nombre larguísimo: Una luz de esperanza para niños y adultos contaminados con plomo, cadmio, arsénico y otros tóxicos A.C.  

—A veces no traíamos para la gasolina. Arreglábamos que atendieran los doctores a personas que estaban muy enfermas, y ahí vamos a pelear por ellas. Como que nosotros éramos las abogadas de las personas de las colonias. Nació a petición de la asamblea que hacíamos aquí en las colonias.

El cuatro de mayo de este año se manifestaron afuera de la Unidad de Salud Ambiental de Peñoles. Pedían tres cosas: que no desapareciera la base de datos con los afectados, que se realizara un estudio de plomo en hueso y que los afectados fueran atendidos por la Secretaría de Salud y no por la misma empresa Peñoles.

Fue aproximadamente en los inicios de los 2000 cuando Peñoles compró 20 hectáreas de casas de un fragmento de la colonia Luis Echeverría para reubicar a esos habitantes. En ese sitio construyeron un bosque e instalaron la USA, la Unidad de Salud Ambiental, en la que atienden a los niños de las colonias de los alrededores. Cada tanto tiempo, una brigada de limpieza visita las colonias y limpia las casas donde viven estos niños. Carmen dice que al ser la empresa la encargada de realizar los exámenes para medir el nivel de plomo, muchas veces oculta los resultados. A ella le pasaba. Por ser una de las caras más visibles de la organización y de las más enérgicas, en los estudios que la empresa les realizaba a sus hijas solía aparecer que ya no tenían plomo.

Al día siguiente de la manifestación, Miguel Riquelme, alcalde de Torreón, recibió a los vecinos en una reunión, y el nueve de mayo volvió a realizarse otra. Esa ocasión estuvieron presentes el gerente de Vinculación de Peñoles, Antonio Baca Padilla; el director del Grupo Metales Químicos, el  ingeniero Rafael Rebollar González; un representante de salud del estado y el de salud del municipio, quien es precisamente el pediatra Manuel Velasco.

Carmen Chávez recuerda que el doctor siempre las acompañaba al frente de las manifestaciones en contra de Peñoles, pero que ahora se ha mostrado más moderado. Eso se lo atribuye a que seguramente cuida su puesto en la administración municipal de Riquelme. Y no lo culpa: cualquiera cuidaría su fuente de ingresos. Carmen también cree que las autoridades respondieron rápidamente porque se encontraban cerca las elecciones para diputados locales: había que quedar bien. Me muestra una hoja con las tres principales demandas que exigen; la primera comienza diciendo: “DELITO de la empresa Peñoles. Quieren desaparecer a los afectados de la base de datos”.

—Nos dijeron que fuimos muy drásticos, que por qué le pusimos que es un “delito”, que ellos no son delincuentes. Les dije “no, ustedes no son delincuentes, son asesinos”.

Carmen recuerda que durante la reunión una de sus compañeras de la asociación exigió que Peñoles se fuera de La Laguna y que hasta había golpeado la mesa para que todos miraran que hablaba en serio.

—A esta señora luego luego le dice este señor de Peñoles: “señora, señora, le vamos a comprar su casa”. Y ya le están comprando la casa.

Carmen también se quiere ir lejos pues ya sufre de asma. En la reunión comentó que ella tiene un terreno pero que no se puede mudar porque no tiene agua ni drenaje. El alcalde se sorprendió porque la colonia donde se encuentra el terreno tiene, según él, todos los servicios públicos, y entonces le dijo que contara con ello.

—¿Y en qué quedaron esas reuniones?

—Mmm… pues nos han dado atole con el dedo.

—¿Entonces ya no dijo nada Riquelme?

—Ya Riquelme no nos recibió, no nos atiende, nos manda representantes.

De entre todos los archivos que guarda, me muestra una hoja blanca donde escribió recientemente con pluma negra: “Este monstruo de mil cabezas crece cada vez más con la complacencia o complicidad del gobierno. Tiene poco tiempo que abrieron nueva planta Estroncio”.

Una de sus cabezas es la de la cara amable, guapa: la de empresa socialmente responsable. Carmen dice que entre varias vecinas Peñoles se encuentra bien posicionado. Les lleva tallercitos de manualidades o de cualquier otra cosa, les limpia las calles y sus casas, organiza tours a museos —en conjunto con el instituto de cultura del municipio— y torneos de futbol que mantienen entretenidos a sus niños. Y eso a ellas les gusta. Carmen les toca el hombro, les da palmaditas suaves y les pregunta que si todo eso vale la pena a cambio de la salud de sus hijos que son envenenados todos los días.

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