Legislar desde la cueva: LOS TOROS

Por: Jacobo Tafoya

Existe una agenda no escrita de legislaciones de moda, estatal y nacionalmente, o al menos pareciera que son varios los gobiernos que toman las banderas de las polémicas más discutidas por distintos grupos sociales para legislar sobre éstas y ganarse la simpatía ciudadana, mientras en lo evidente hay graves carencias y agravios gubernamentales: corrupción, violación de derechos humanos, nepotismo, ineficiencia, inseguridad, desvío de recursos, etc. Hablo de temas como el aborto, la mariguana, el matrimonio homosexual, la adopción homoparental, los derechos de los animales (circos y mascotas) y hasta Über; todos con su debida importancia para el avance humano y con sus repercusiones en nuestra sociedad, pero pareciera una agenda creada para entretener las discusiones y tapar con polémicas las verdaderas cañerías de nuestro país por las que se mueven nuestros gobiernos. Ahora en Coahuila, el tema en discusión es nuevamente la tauromaquia. El viernes 21 de agosto de 2015 dicha actividad fue legalmente prohibida por el congreso estatal, pero este movimiento meramente político no detiene la discusión ciudadana.

Es de lo más fácil querer definir la llamada fiesta brava polarizándola como cultura o tortura. Para quienes defienden la tauromaquia lo más simplón es decir “no vayan a los toros si no quieren” (“pero dejen de tocarnos los cojones” completaría luego Joaquín Sabina) o querer descalificar los argumentos en contra porque los dice una persona que come carne. Para quienes defienden la vida del toro también resulta simplón luego sumarse a esta defensa por mera moda, sin una consciencia a fondo de lo que se está criticando, y reciclando argumentos que se le leyeron o escucharon de alguien más: asegurar que los toros salen drogados o lastimados al ruedo, por ejemplo, sin saberlo a fondo. Lo cierto es que a la mayoría de los que formamos ambas posturas nos falta verdadera investigación sobre el tema, su historia, sus condiciones, sus repercusiones sociales y ecológicas.

Algunos taurinos argumentan que los toros para la lidia se habrían extinguido ya sin la tauromaquia, que carecen de un hábitat natural, que hubieran evolucionado o que la ilegalización de la actividad en cuestión llevaría precisamente a la desaparición de la especie, pues es la única razón por la que estos animales siguen existiendo. Creo que para darle validez a estas afirmaciones tan drásticas habría que respaldarlas estudiando varios años biología conservacionista y evolutiva, briogeografía y tal vez hasta paleontología; podría entonces hablarse sobre el pasado, y los hipotéticos presente y futuro de los toros utilizados para la lidia, ya siendo capaces de desligar todo esto del egocentrismo humano. Los taurómacos dedicados a la crianza y el registro del toro saben que no existe una raza del Bos taurus zoológicamente clasificada como “Toro de lidia”, pues la bravura no es inherente sino desarrollada para el registro y la actividad. Según explican Miguel García Dory y compañía en su “Guía de campo de las razas autóctonas españolas” (Madrid, editorial: Alianza Editorial, 1990, p. 228) es dudoso integrar a una heterogénea población bovina dentro del concepto de raza, pues la única característica común asignada y requerida es el temperamento agresivo cuando son acosados. Por lo tanto, poco fundamento tiene augurar la extinción de una especie que en sí no existe. Argumentos como éste deben estar a la lengua de taurinos y defensores del toro, para que la discusión y el análisis de la problemática alcancen los niveles necesarios de validez y consciencia. Ambas partes necesitan informarse mucho más, si lo que queremos es avanzar.

Existen campos subjetivos de la verdad. Los debates pueden fallar cuando cada parte argumenta desde su propio campo y no en uno neutral, pidiéndose la valoración de conceptos subjetivos propios de un solo lado (en el caso de la tauromaquia: honor, valentía, cultura, amor, respeto por la vida, etc.). Si se romantiza lo ya de por sí abstracto, se cierran los canales de comunicación. Por ejemplo, el novillero lagunero Jesús “Güerito” Sotomayor lanzó en rueda de prensa, el 6 de agosto, un mensaje para el congreso estatal coahuilense pidiendo que no hicieran ilegales las corridas de toros en el estado; su mayor argumento fue “les pido de corazón que no corten mi sueño, mi anhelo” y después pidió respeto para su minoría argumentando que los taurinos también respetan el matrimonio igualitario y la adopción homoparental, a pesar de no estar de acuerdo. Se cometen, entonces, falacias de la lógica en el debate (en este caso las falacias de Sotomayor son “uso indebido de términos emocionales” y “uso indebido de la analogía” –lo que habla de una profunda ignorancia de la lucha social con la que se está comparando–; los animalistas suelen caer en la falacia reductiva al simplificar la tauromaquia como tortura indefendible y punto). Como siempre sucede, hay quienes hablamos a favor, neuralmente o en contra de algún tema, sin el interés, la capacidad o el conocimiento necesarios para el argumento sólido.


Creo que el asunto es que todos debiéramos estar en contra de la legislación simplista que no analiza repercusiones ni define realmente roles de los involucrados (ahora que es ilegal la tauromaquia en Coahuila, ¿quiénes serán los responsables de preservar la vida de los toros que ya no será negocio de espectáculo? ¿o pasará igual que con los animales de circo abandonados?, por ejemplo). Debemos estar en contra de la legislación irresponsable, fachosa y sin consenso ciudadano que sólo busca, repito, un posicionamiento en la simpatía gubernamental y electoral. Si la tauromaquia se desvanece de nuestra sociedad mexicana y coahuilense, debiera ser por falta de interés colectivo, porque ya vayamos socialmente volteando hacia otro lado y no interesa más una actividad de esta índole, igual que han quedado obsoletas tantas otras actividades. Necesitamos dejar de permitirles a nuestros congresos que sigan legislando con tan solo checar el Facebook desde su cueva de intereses políticos.

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